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noviembre 29, 2005

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El estilo Carrió

noviembre 22, 2014

La fuga

 Por Luis Bruschtein

Carrio22–11–2014 / Carrió se fue del FA-Unen acusando a todo el mundo de narco. Podría haberlo hecho antes, cuando eran socios, pero esperó a dar este paso.

Quizá nunca lo hubiera hecho si no se iba. Cobos, Massa y Binner serían los narcos y Pino Solanasun falso progre que estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de ser senador”.

Massa es un competidor externo, pero dentro del espacio opositor, y también ligó. De los precandidatos internos, el único que se salvó fue Ernesto Sanz, que es su pollo para hacer fórmula con Macri, el candidato extra FA-Unen del que tampoco dijo nada. Sanz y Macri fueron los únicos de los que no habló mal.

Es una forma de hacer política: la República no se defiende con argumentos sino con denuncias. El foro es en realidad una comisaría. Si las denuncias fueran verdaderas, la República sería una especie de letrina. Si no, es Carrió la que la convierte en eso.

Un narco no es político ni arquitecto o panadero, es un delincuente. Los relacionamientos con los delincuentes son diferentes a los que tienen los políticos. La ventaja de acusar de narcos a los que piensan diferente es que no hacen falta argumentos y alcanza con la denuncia.

Más allá de sus denuncias, nadie sabe bien lo que piensa Carrió en temas sociales o económicos que hacen a la problemática de la gestión de un gobierno, ni se le escuchan propuestas concretas.

Se podría suponer que no cree en las denuncias que realiza. Si creyera no hubiera buscado a Binner, Cobos ni a Solanas como sus aliados. La forma como los denunció da la impresión de que lo hizo por oportunismo. Fue su forma de romper con ellos.

De transformarlos en adversarios. Y si son competidores se los denuncia como narcos. A pesar de que las denuncias aparecen como el despliegue de una maniobra oportunista, hay ciertas hilachas de ellas que la impregnan.

Carrió no puede descreer de todo lo que denuncia porque esas acusaciones constituyen su identidad. Ella existe a través de esas imputaciones. Si no creyera que son ciertas, aunque sea en una mínima porción, ella también sería una mentira.

Necesita creer aunque sea un átomo de lo que dice. Entonces, de vuelta al rincón esquizo: si cree, ¿por qué buscó de socios a los que ahora denuncia y por qué recién los denuncia ahora? No son cargos menores.

No es solamente Carrió, es una manera de hacer política que ella lleva a su máxima expresión. Es un estilo que quiere confundirse equívocamente en los destellos que emanan de un hito de la historia, Fiscal de la República, tótem y paradigma.

Hay una búsqueda para establecer paralelismos imaginarios con esa performance ética, la seducción del rol de Quijote y fiscal acusador. Es la misma confusión que existe con Rodolfo Walsh y el denuncismo de las corporaciones.

El abismo que hay entre los trabajos de investigación de Walsh, que nunca pudieron ser publicados en los grandes medios, y el denuncismo superficial, pocas veces sustentado, con el que operan los grandes medios en función de sus intereses, es el mismo que hay entre la investigación de los negociados de la carne realizada por Lisandro de la Torre en los años ’30 y las decenas de denuncias irrelevantes que ha presentado Carrió para acompañar las denuncias difundidas por las corporaciones mediáticas.

El equívoco trata de disimular muchas diferencias, pero la más evidente es que ni las denuncias de Walsh ni las de Lisandro de la Torre fueron sostenidas ni respaldadas por el entramado de corporaciones mediáticas y económicas y jueces amigos que apañan las denuncias amarillistas.

Las investigaciones de Walsh y Lisandro de la Torre eran impecables, no simplemente efectistas, ambos cuestionaron a gobiernos militares y no a gobiernos populares y ambos confrontaron y fueron atacados por esas corporaciones, no trabajaban para ellas.

Son contrasentidos que se montan sobre equivalencias apenas aparentes. Y bajo esa apariencia se trata de construir lenguajes que son opuestos a los referentes que utilizan.

Tomarlo a Walsh como emblema del grupo Clarín y equipararlo con esa concepción del periodismo es una broma de mal gusto o aventurerismo.

Lisandro de la Torre, el hombre que jaqueó a la Sociedad Rural y a los gobiernos militares de la Década Infame y que sufrió atentados contra su vida por la eficacia de su trabajo, no puede ser comparado con tacticismos que se basan en denuncias efectistas y mezquinas para desprestigiar a quienes piensan diferente y que, incluso, hasta el día anterior habían sido aliados y no se había dicho nada.

Desplazar al debate por un lenguaje policial y acusar de narcos o delincuentes a los adversarios genera intolerancia y una violencia hueca, sin razón, que llega a situaciones grotescas como la de los cacerolazos donde lo que se expresa es que a los delincuentes se los castiga, no se discute con ellos.

Se quiera o no, en los actos del kirchnerismotan denostado por autoritario y populistano se ve el grado de primitivismo político, atravesado de crispación y violencia y por un complejo de superioridad clasista y antidemocrático, como expresaban las pocas personas que estaban en la Plaza de Mayo en el fallido 13-N.

Las expresiones violentas de esas personas, su intolerancia y sus insultos son sucedáneos de ese lenguaje inflamado de Carrió y de parte del periodismo opositor.

Entre los concurrentes había un hombre mayor, de traje, chaleco, corbata y gomina, con un cartel que decía “Sabsay a la Corte”, porque el discurso de barra brava del abogado se emparenta con el tono patotero del cacerolero.

Bajo la presión de Carrió, el FA-Unen profundizó la tendencia a asumirse en esa falsa identidad, en esos equívocos sobre los que ambula la chaqueña.

La dificultad de instalar un discurso social y económico de centroizquierda para oponerse a un gobierno que se ha apropiado en la acción de casi todas esas banderas, solamente les dejó el espacio en el que reina Carrió.

Los dirigentes de esa alianza que intenta instalarse en el centroizquierda opositor son conocidos por ese discurso acusador de fiscales de la República y no por propuestas sociales o económicas y terminan convocando a energúmenos como los del 13-N.

Esa especialidad es de la chaqueña que, cuando se va de la alianza FA-Unen, les dispara con la misma artillería. A Pino Solanas lo acusó de “falso progre”, o sea “puro relato”.

Son argumentos que ha usado el mismo Solanas para soslayar las medidas progresivas del oficialismo. En las mismas filas de la agrupación de Solanas se produjo un penoso intercambio de acusaciones sobre corrupción, cuando lo que había, en realidad, eran diferencias políticas que se encubrían con esas denuncias.

Los grandes medios opositores mantienen estos enfoques en sus líneas editoriales. Hay decenas de denuncias que surgen como un chispazo y después se apagan.

Con la gran mayoría de jueces a favor de la oposición, como lo muestran las elecciones en la corporación de magistrados, la única causa del vicepresidente Amado Boudou –el más vapuleado– que pudo tener algún avance es por la adquisición de un auto de 1993 en la que los gestores falsificaron la firma.

Todas las causas son tomadas por los jueces que ordenan dos o tres procedimientos espectaculares que son estruendosamente replicados por los mismos medios que promovieron la denuncia.

Y después quedan paradas con muchas dificultades para producir prueba suficiente para una acusación sólida o directamente son descartadas y absueltas, pero en silencio.

Este festival judicial, que en gran medida tiene más de pantomima, llega a un público que vota a Carrió en elecciones legislativas –y votó a Pino Solanaspero le saca el voto en las presidenciales. Es un elector importante, pero minoritario y que está convocado con esas características.

Ese tono de amenazar con juicios y derogaciones, símil fiscal de la República, ya le provocó el primer traspié al FA-Unen con la fuga de Carrió, que lo aplica al máximo. Y como es el eje de la propuesta electoral del Frente, le va a resultar muy difícil competir en la presidencial con posibilidades si no habla de propuestas concretas de gestión, que hasta ahora no mostró.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Bonadio alineado con el massismo allanó el hotel Hotesur

noviembre 21, 2014

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Di Tullio: “Bonadio tiene un claro alineamiento con el massismo, lo cual desenmascara quien está detrás de esta persecución”

21–11–2014 / La presidenta del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Juliana Di Tullio, acusó a la oposición de recurrira su juez para intentar voltear a Cristina“, al rechazar la decisión de Claudio Bonadio de ordenar el allanamiento del hotel Hotesur


DitullioEn ese marco, Di Tullio dijo que “lo que ocurrió ayer con un juez federal, que tiene claro alineamiento con el Frente Renovador, desenmascara a quienes están detrás de esta persecución y amenazan permanentemente a la democracia, las instituciones y al pueblo argentino“.

 “No quieren que Cristina termine su mandato. Ese es su único objetivo”, agregó la jefa de la bancada oficialista, según se consigna en un comunicado de prensa.

 En este sentido, la jefa de bloque señaló que “están armando saqueos, embestidas judiciales falsas, corridas cambiarias para generar un clima de zozobra en la gente“.

Subrayó que “la impotencia e inoperancia de la oposición y todos sus esfuerzos para generar caos, lo único que hace es demostrarle al pueblo argentino quiénes son y de qué son capaces“.

En ese contexto, Di Tullio apuntó que “no les importa la gente, quieren el poder a como dé lugar y no precisamente a través de los votos“.


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Dos litros de agua al día: ¿Un hábito saludable o mera publicidad?

noviembre 18, 2014

Originalmente publicado en CONER:

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La idea de que resulta beneficioso tomar al menos dos litros de agua al día carecería de base científica y a menudo es promovida por empresas que venden agua dulce, estiman algunos expertos.

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Derogaciones y reacción conservadora

noviembre 9, 2014

Derogaciones

 Por Luis Bruschtein

Badeniysabsay

Gregorio Badeni.
 Daniel Sabsay
.

08–11–2014 / La idea de derogar fue capturada por la oposición. Apareció en algunos discursos y rápidamente salió de circulación. Es el sueño, es el deseo, pero cuando se dice en voz alta tiene una resonancia impresentable, poco democrática.

Entonces se retiró subrepticiamente y volvió a ser el sueño oculto, la sombra de un resentimiento acunado por el sinsentido de que gobiernen los que no tienen razón, los que piensan, visten, comen y sienten distinto de como lo hace el ciudadano civilizado.

Cuando las cosas vuelvan a su sentido habrá que borrar todo lo que se ha degenerado con estos sinsentidos. Derogar. Es imposible un diálogo democrático cuando la oposición deambula con la idea de que el único sentido es el propio y es incapaz de colegir que puedan existir otros sentidos diferentes.

La ceguera encasilla automáticamente cualquier sentido diferente como delictivo, ilegal o inconstitucional.

La Constitución es concebida como un blindaje mágico de ese único sentido conservador. Pero el blindaje real y no mágico no es la Constitución, sino el universo judicial con que se la rodeó, las academias, las corporaciones, las burocracias y aristocracias, las familias judiciales y los ritos ocultistas de juicios que parecen las viejas misas medievales que hasta la Iglesia ya dejó de lado.

Casi todas las leyes que han ido trazando la cristalización de nuevos derechos han sido, una por una, desestimadas por “inconstitucionales” por la oposición.

Parece un chiste, pero es la representación de la intolerancia. Habría que seguir los artículos del constitucionalista Gregorio Badeni (elegido en 1978 como uno de “los diez jóvenes brillantes” por la Cámara junior de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires) en el diario La Nación, donde la palabra “inconstitucional” se repite con la ley de medios, la de Papel Prensa, la Ley de Abastecimiento y en relación con las decisiones del Gobierno en el ámbito de la Justicia.

Versiones periodísticas aseguran incluso que el fiscal Guillermo Marijuán se asesoró con Badeni antes de su embestida judicial contra la procuradora Alejandra Gils Carbó.

En todo caso, las declaraciones de inconstitucionalidad alimentan y se respaldan en un supuesto derogacionismo republicanista que tiene poco de republicano.

Además de haber sido premiado como uno de los diez jóvenes brillantes de 1978, en ese mismo año Badeni fue designado en la intervención del Banco de Hurlingham, vinculado con la represión contra la familia Graiver y con el caso más truculento de persecución a empresarios durante la dictadura.

Toda la plana mayor del banco fue secuestrada y algunos de ellos quedaron en cautiverio en Campo de Mayo, donde fueron torturados ante la presencia del entonces titular de la Comisión Nacional de Valores, Juan Carlos Echebarne, y del ex juez Rafael Sarmiento.

El constitucionalista ya tenía experiencia como funcionario de otros gobiernos no constitucionales ni republicanos.

Durante la dictadura de Alejandro Lanusse fue letrado de la Fiscalía (similar al cargo de secretario de Cámara) de la Cámara Federal Penal, más conocida como Camarón. Y fue designado a dedo sin tener los antecedentes requeridos para esa función.

El Camarón antiterrorista fue disuelto por el gobierno de Héctor J. Cámpora. Paradójicamente, el constitucionalista Badeni nunca fue funcionario judicial de gobiernos democráticos y sí de dos dictaduras.

Es más, fue socio durante muchos años, en su estudio jurídico, de Mariano Gagliardo, quien llevaba los juicios comerciales de Emilio Eduardo Massera, su viuda e hijos. Gagliardo fue defensor de Massera en el juicio por daños que le hizo y ganó Daniel Tarnopolski por la desaparición de toda su familia secuestrada por el Grupo de Tareas de la ESMA.

Badeni es un académico reconocido y titular de distintas cátedras, pero no deja de ser significativo que un constitucionalista de referencia para la oposición haya sido funcionario judicial en dos dictaduras y nunca lo haya sido en gobiernos democráticos, cuyas medidas, sin embargo, tacha de “inconstitucionales” y antidemocráticas cuando afectan intereses de grandes empresas. Badeni es nada más que un ejemplo.

No se trata de personalizar, sino de mostrar que esta paradoja de rodear la Constitución con intérpretes que pueden justificar una dictadura en defensa de la Constitución está en la raíz del entramado hegemónico del universo judicial, de su conservadurismo y de las fuertes reacciones que produce cualquier medida que tienda a romper esa inercia feudal.

Otro referente menor que aparece en ese cuadro es Daniel Sabsay, un abogado que se autodefine como constitucionalista, pero que nunca presentó una tesis de posgrado en el tema.

Ha quedado en ridículo estos días por la viralización en las redes sociales del certificado de diploma de la presidenta Cristina Kirchner a la que había acusado de no ser abogada. En declaraciones radiales, Sabsay equiparó al Gobierno con algunos hechos del nazismo.

No se puede hacer esas acusaciones a troche y moche sin banalizar así un hecho tan terrible como el Holocausto judío.

Una sociedad que va plasmando derechos está obligada a ir transformando la Justicia, a modernizarla y mejorarla. Son nuevas leyes y nuevas formas de administrar justicia, porque uno de los derechos que se amplían y profundizan es también el de la justicia.

La hegemonía conservadora está tan enraizada en la cultura judicial argentina que en toda esa masa de nuevas leyes y reformas a los códigos que se han producido, la oposición solamente puede ver la búsqueda de impunidad para supuestos actos de corrupción.

Ve el delito y no puede ver una propuesta de progreso, de construcción real de ciudadanía, ya sea debatible o imperfecta. Está tan condicionado ese esquema de pensamiento que cuando se trata de cambiar en un sentido progresivo a la Justicia, solamente puede ver el delito como trasfondo.

Es un pensamiento infantil, como el miedo al hombre de la bolsa. Nadie razonablemente en sus cabales puede pensar que se diseñe y establezca esa masa impresionante de leyes y reformas para lograr impunidad futura por actos de corrupción.

Sería un trabajo monumental al divino botón. Una ley o miles de leyes que establezcan impunidad no tienen futuro, como lo demostraron la autoamnistía de la dictadura, el punto final o la obediencia debida del radicalismo y los indultos de Carlos Menem.

Un argumento poco inteligente como éste sólo puede ser sostenido por ese andamiaje conservador hegemónico que reacciona furiosamente contra los cambios. El miedo no es a la corrupción, sino a los cambios, por eso no se debate, se sueña con derogar y se desea que todo quede como estaba.

La embestida contra la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, forma parte de ese cuadro de fuerte reacción contra los cambios en la Justicia. Cuando fue designada, nadie objetó su idoneidad para el cargo ni su integridad personal.

Cuando movió la estructura del organismo, pasó a convertirse en la peor de todas. En poco tiempo, el fiscal Marijuán abrió varias causas, por la designación de fiscales subrogantes o por el supuesto espionaje a otro fiscal; el portal de Hadad la acusó de corrupción, y también se sumó a esa campaña reaccionaria el sector del gremio de judiciales que responde al moyanista Julio Piumato.

De todas las acusaciones, la más absurda fue la defensa que hizo Marijuán del fiscal Cesar Troncoso, que está siendo investigado porque protegió a un grupo de policías federales acusados de prostituir a dos chiquitas de 13 y 15 años.

Cada pequeño paso que se ha dado para transformar algún aspecto de la sociedad, desde la negociación de la deuda externa, hasta la anulación de las leyes de impunidad, pasando por la reestatización de las jubilaciones y Aerolíneas, entre tantas otras, debió soportar grandes reacciones y protestas de la oposición y de los medios, campañas de difamación, acusaciones que conmocionaron y nunca se comprobaron, todo orquestado como parte de un poderoso arsenal para frenar, destruir y deslegitimar.

La reacción conservadora, que en cada uno de esos ejemplos arrastró corrientes supuestamente progresistas y de izquierda, demostró el peso que siempre ha tenido en la sociedad. Porque no es algo nuevo y, sin embargo, siempre hay que discutirlo como si fuera un descubrimiento.


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Laura Gutman. Una “provocadora” mediática ?

noviembre 8, 2014

La “provocadora” Laura Gutman

07–11–2014 / La mediática Laura Gutman publicó un artículo sobre el abuso sexual infantil en el que la autora se reconoce entre los abusadores y los abusados.

Lauragutman

Por Santiago Gómez *

La mediática psicopedagoga y escritora Laura Gutman difundió un texto tituladoLa sistematización del abuso sexual sobre los niños” que tuvo un merecido rechazo y repudio en los lectores. En él, la autora aborda la sensible problemática del abuso infantil con la liviandad típica de  los gurúes y maestros del buen vivir, llámese Bucay, Coelho o la mismísima Laura Gutman.

El reconocimiento que estos sujetos tienen en la sociedad debe llamarnos a reflexionar al respecto. La problemática del abuso infantil merece un análisis profundo y cuidadoso, que como bien dice la autora va más allá de las demandas punitivas.

El hecho de que la autora escribió su artículo en primera persona, complejiza aún más un análisis sobre el mismo, ya que exige el respetuoso cuidado que merece el testimonio de una víctima de abuso.

La autora se reconoce entre los abusadores y los abusados. Pero eso no nos exime de las críticas pertinentes ante el relativismo cultural que expresa, que nos recuerda a otro “especialista”, el condenado por pedofilia Jorge Corsi, diciendo que “si llevamos las cosas al extremo, tendríamos que decir que San Martín fue un pedófilo porque Remedios tenía 13 años“.

Sabemos que Laura Gutman no hace más que lucrar con las inseguridades de miles de mujeres que, condicionadas por la venta del ideal de “la buena madre”, con fe intentan alcanzarlo. Son las hijas de la generación “Ser padres hoy”, las que compran sus libros.

“Los abusos no los cometemos las personas de mente atormentada”

Con esa frase la autora comienza su artículo, por lo que se presenta entre los que cometen abusos. Se reconoce entre los adultos que se enamoran de niños y de un modo, que no puede generar más que asco, describe el tipo de niños que elige. Afirma que los niños le generan una atracción automática y se pregunta cuál es el problema.

Uno de los problemas, además de que es delito, es que esta mujer tiene miles de lectores y atiende. La autora reconoce que cuando se relaciona con un niño tierno, siente deseos de devorarlo y lo devora tocándolo, frotándose contra él, por lo que le compra regalos para que guarde el secreto.

El texto de Laura Gutman es de difícil lectura, por la perversidad del mismo. Describe el patrón difundido de los abusadores que les exigen a los niños no contar nada y se pregunta. “¿Pero acaso no nos damos cuenta que estamos haciendo algo malo? Depende.

Podemos percibir que es una relación socialmente condenable. Pero honestamente, también es condenable que nuestra infancia haya sido horrible, que nadie se haya ocupado de nosotros o incluso que la única persona que nos cuidó, nos haya proporcionado amor bajo la misma forma de abuso.

¿Entonces? ¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Desde nuestro punto de vista de adultos con emocionalidad de niños…sólo tratamos de satisfacer nuestro vacío”. Ante esto solo voy a decir: sé de un abusado, que luego de abusar de una niña, se fue de su ciudad creyendo que así escaparía de sí, y al no poder evitar repetirlo con otra criatura, se suicidó.

No hay “depende” en el abuso

La referencia a “adultos con emocionalidad de niños”, no debe ser tomada más que como una referencia personal de la autora. El abuso sexual de un niño es condenable social y jurídicamente. Lamentamos que la Laura Gutman haya padecido abusos, y alarma que cuestione lo que está bien y lo que está mal, para justificar por qué se frota lo que no debe.

Podrán decirme que no se trata de un testimonio, que la narración en primera persona no se trata más que de un recurso literario, pero hasta el momento no leí ningún historiador narrar el nazismo diciendo “nosotros los nazis”.

“¿Pero cómo vamos a afirmar algo así tan alegremente, sin tomar en cuenta las horribles repercusiones que tiene el abuso sistemático sobre un niño? Por supuesto que las consecuencias son nefastas. Sin embargo es preciso que comprendamos las dinámicas completas con la lógica que las sostiene, si nos interesa abandonar las instancias cotidianas de dominación”.

Esperamos que no haya sido alegremente que escribió un texto como ese.

¿El peligro de comprender al pedófilo?

Entre las respuestas al texto de Laura Gutman, encontramos un artículo en Infobae titulado “Abuso infantil: el peligro de comprender al pedófilo” y citó la declaración de una profesional (a quien no nombro porque no sé si fue así su afirmación), que señaló que el artículo en cuestión “Es un texto que ante todo no piensa en las víctimas.

Y lo que hace, con una enorme ligereza y desconocimiento del tema, es ignorar las profundas consecuencias del abuso sexual infantil. Pareciera que el escrito está pensado para comprender la psicología del pedófilo. Y eso es algo grave para quienes trabajamos con víctimas“.

En lo único que concuerdo de esa afirmación es en la ligereza de Laura Gutman, pero comprender o analizar el comportamiento humano, la psicología humana, aún de los seres humanos más aborrecibles, está dentro del campo de la psicología y el psicoanálisis.

Esto no quiere decir que porque uno comprenda justifique. Adentro del campo psi se puede hablar de una perversión, afuera se trata de un o una hijx de puta. Comprender la psicología o la estructura de un sujeto no es grave para quienes trabajamos con víctimas, sino que nos ayuda a pensar en nuestro trabajo.

Cuando Freud y Lacan se referían a la perversión, no estaban pensando ni en Santos ni Carmelitas descalzas. Si comparto con la colega que citó Infobae que “el pedófilo tuvo una elección ética si fue abusado en la infancia; puede tomar la elección de no dañar a nadie como lo han dañado a él. La víctima, en cambio, no tuvo ninguna elección“.

La peligrosa Laura Gutman

La autora en cuestión no es más que la expresión de una época. Ayer era Coelho, antes de ayer Bucay y hoy los libros de moda son los de ella.

A quienes compran sus libros les decimos que el comportamiento humano, la constitución subjetiva, es producto de diversas variables sociales, a las que si se quiere abordar o se tiene deseo de conocer al respecto, no va a ser a través de un autor de best seller que lo conseguirán.

Recordemos que pasaron décadas hasta que Freud consiguió reconocimiento internacional, y Laura Gutman ya se vende en Brasil.

Lacan, Melanie Klein, Winnicott, Bion, Jorge Alemán, por citar algunos, no escribieron libros de fácil lectura ni escribían frases para señalador, que hoy van a Twitter, como cuando la gurú en cuestión afirma “Si –siendo niños- sostenemos y satisfacemos a nuestra madre, se trata de abuso materno”. Dios nos libre de estos personajes. De lo que no tengan dudas es que si la miran, la sostienen comprándoles los libros, se está abusando de ustedes, no tengan dudas.

Ante el malestar que genera la cultura capitalista, aparecen los mercaderes de la miseria humana a vender recetas de felicidad, sin vergüenzas como la autora, que no asumen la responsabilidad de asumir el lugar de formadores de opinión que la sociedad les otorga, y dar el debido cuidado a las palabras que dicen y escriben, ya que las mismas tienen efecto sobre miles de personas.

Cualquier artículo que uno agarre de Laura Gutman no muestra más que su voracidad de fama y reconocimiento, como fiel reflejo de una época.

Pero debemos reconocer algo, por honestidad intelectual, porque algo de lo que dice es cierto. La autora afirma “Luego -cuando devenimos mayores- quizás recordemos el abuso sexual como una experiencia terrible pero no tendremos conciencia de la entrega de nuestra madre o de quienes tenían que cuidarnos. Al contrario, nos convertiremos en los más firmes defensores de quienes nos lanzaron a la fosa de los leones”.

Ello muestra una realidad conocida por quienes hemos escuchado y acompañado a víctimas de abuso. Muchas veces, el trauma radica en que aquel que debía sancionar el abuso, no lo hizo y tampoco hizo nada para evitar que el mismo se repitiera. Esto merecería un profundo análisis que excede lo que aquí nos hemos propuesto.

Para finalizar, manifiesto mi expreso deseo de que dejen de comprar los libros de esta mujer y de todos aquellos que vendan recetas de vida.

* El autor es periodista y psiconalista


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