Archivos para julio 28th, 2007

Legislación farmacéutica. Lo que nos dice el Profesor Universitario E. M. Cocca

julio 28, 2007

Este es un comentario de un lector que ha dejado en el blog en un post no relacionado. Le doy cabida ya que parece querer comentarnos algo.
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Estimado Sr.: como Profesor Universitario, de la Universidad Kennedy. Dictaba cinco asignaturas, entre ellas, Ejercicio y Administración Farmacéutica.

Con más de 50 excelentes alumnos, inquisitivos, ávidos de adquirir conocimientos, mi misión además de enseñar Legislación Farmacéutica, era explicarles como es esta actividad comercialmente, tal es así, que como trabajo práctico averiguamos al azar el costo de un descongestivo nasal en gotas, droga base nafazolina, tiempo en el mercado más de 40 años, consultado el proveedor más importante de drogas para la industria farmacéutica, dio el costo por frasco, 0,03 centavo, precio de venta 11,25 pesos, ganancia por unidad 37.500 %.

Por supuesto esto no tiene parangón con ninguna actividad licita, a todo esto se me invita el 5 de junio de 2007 al Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se realizaron unas Jornadas sobre “Ética y Medicamentos” estando presentes, legisladores, funcionarios gremialistas, las Cámaras Farmacéuticas que supuestamente no habían sido invitadas, pero ahí estaban en segunda fila, farmacéuticos, etc.

Finalizada la Jornada se podían exponer posiciones de cada uno que quisiera hablar, yo fui uno de ellos y en particular me dirigí a las Cámaras de la Industria a los que tenia a pocos metros, el drama es la accesibilidad de nuestro pueblo a los fármacos, se nos mueren compatriotas, en particular niños, muchos de ellos muy pequeños y esta gente sin ninguna culpa gana el 37.500 %, esto es un escándalo de proporciones y el Estado debe y puede solucionarlo, no puede hacerse el distraído.

La respuesta a mis palabras no se hizo esperar, no para intentar solucionar el tema sino para sacarme del medio.

Me citó mi Decano Dr. Capon Filas y la Directora de Farmacia Farmacéutica Magariños, y con un discurso Kafkiano e hiriente, me sacaron la cátedra de Farmacia, días después todas las demás, no estoy arrepentido, no puedo ser cómplice de tamaño despropósito.

Como curiosidad mi ultimo sueldo, aguinaldo incluido fueron 231 Pesos.

Lo saludo cordialmente.

Profesor Universitario.
Eduardo Marcelo Cocca
profcocca@gmail.com

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Elogio de la sombra

julio 28, 2007

28 de Julio de 2007

Por Sandra Russo

Junichiro Tanikazi, un ensayista y novelista que como otros grandes nombres de la literatura del Japón fundó su obra en la nostalgia de una tradición milenaria que se les estaba escapando de las manos, escribió un libro que tiene por nombre el mismo que este artículo y que es una extraordinaria reflexión sobre el papel de la sombra en la vida cotidiana de ese país.

A lo largo de la historia, Occidente buscó e inventó maneras eficaces de iluminar sus escenas públicas y privadas. Oriente, por el contrario, desarrolló su cultura en la penumbra, haciendo de la luz no una constante, sino una aparición, una ráfaga.

La tradición japonesa, alerta siempre y en búsqueda permanente de la belleza y sus repliegues más sutiles, se extendió durante siglos, según Tanikazi, como una articulación entre luces y sombras, haciendo del claroscuro su juego favorito. La belleza, para los japoneses antiguos, no era en sí misma un hecho sino el resultado de la yuxtaposición de lo claro y lo oscuro.

El arte japonés necesita que a la luz la cabalgue la sombra. Esa cultura no rechaza, así, la sombra, no sólo en el arte: es en la vida cotidiana donde mejor se expresa la necesidad de valorar, rescatar y subrayar la actuación de la sombra. Aunque también es posible entender la vida cotidiana japonesa como parte de un arte.

Los occidentales nos llevamos mal con la penumbra. Lo claro es un valor. Claro y oscuro son palabras que en Occidente se escapan de la adjetivación y derivan en conceptos morales. Lo claro es puro, transparente, y lo oscuro nos repele. Tanikazi se inspiró, para su ensayo, en la irritación que le provocaba, allá por los ’50, la iluminación eléctrica.

A conciencia de que semejante innovación tecnológica se abriría paso sola y sin fronteras, Tanikazi, que en el momento de iniciar el ensayo estaba construyéndose una casa japonesa tradicional, encontró la oportunidad de repensar las costumbres de su país y concluyó que todo el monumental código de belleza japonés tenía razón de ser en base a cierta forma de iluminación. Linternas a petróleo, velas, penumbra: la luz define contornos, crea efectos, aumenta lo mínimo, se presta a confusiones, a visiones, predispone al espíritu al estremecimiento de lo visto y lo imaginado.

Tanikazi se detiene en los retretes, como se lee en las traducciones. Se detiene en los inodoros. En los monasterios japoneses y en los viejos pabellones de té, el ensayista cuenta que todavía, en su época (el autor murió en 1965) era todavía posible gozar de la sabiduría de la arquitectura tradicional japonesa.

Semioscuros, meticulosamente limpios, ubicados en el exterior de los edificios pero en lugares a los que se llegaba a través de galerías techadas, los retretes eran instalados entre bosques perfumados, construidos con shojis –esos paneles de madera y papel que ahora en Occidente se usan como biombos–, y tenían siempre una gran ventana que permitía desde el interior ver el jardín.

El retrete, se sabe, es un lugar funcional a una necesidad fisiológica, pero Tanikazi le da importancia justamente por eso. La arquitectura tradicional japonesa, a diferencia de la occidental, elevó a otro rango las necesidades fisiológicas: no debían estar exentas de belleza.

El maestro Soseki, uno de los novelistas más importantes de principios del siglo pasado, contaba que uno de los grandes placeres de la vida era “ir a obrar” cada mañana al amparo de sencillas paredes lisas de papel, mientras contemplaba el azul del cielo y el verde del paisaje. El lugar en sí mismo era oscuro, claroscuro, y eso era sustancialmente bello: la luz sólo permitía asegurarse de la limpieza del lugar, mientras la naturaleza tenía su luz propia.

La limpieza, no obstante, no ha sido una obsesión japonesa, como sí lo es hoy día entre los occidentales. Algunos hitos de belleza japonesa consisten precisamente en el envejecimiento paulatino de algunos utensilios que cobran más vida y más valor a medida que más veces y más manos se posan sobre ellos, dejando imperceptibles marcas que, sumadas, van opacándolos, dándoles carácter, historia.

Lo que un occidental llamaría simplemente suciedad, dice Tanikazi, es un ingrediente constitutivo de muchas cosas que a los japoneses tradicionales les parecen bellas y valiosas.

Una tetera oscurecida por la grasa y el hollín y el paso del tiempo, les parece bella: la costra que se forma sobre ella, las capas y capas de frotes y usos, embellece una tetera.

Saber que se posee un objeto de esas características “nos tranquiliza el corazón y nos apacigua los nervios”. Los japoneses no gozan instantáneamente de “lo nuevo”, como los occidentales: no disfrutan de “lo que reluce”, salvo que reluzca –y hay que revalorizar y redescubrir esta palabra– por “el efecto del tiempo”, que es una expresión china, y que en Japón se reemplaza por “el desgaste del, tiempo”.

Posiblemente no haya una conjunción de palabras que divida más crudamente dos civilizaciones. Para nosotros, el desgaste del tiempo sólo puede procurar decadencia, desencanto, agotamiento. En el Japón tradicional, sin embargo, nada era equiparable y de precio tan imposible como algo desgastado por el tiempo.

El tiempo desgasta, claro, pero en una perspectiva de sentido totalmente opuesta, los japoneses elevan a un rango superior un objeto común y corriente que ha sobrevivido generaciones: eso va generando una capa de color y sustancia que repele a un occidental y atrae a un japonés: pensándolo bien, ese frote colectivo e intergeneracional es exactamente lo opuesto a lo que Occidente impone como bello. Lo nuevo, lo intocado, lo que no tiene historia.

Está demás decir que esta concepción de la belleza es total y absolutamente contradictoria con una sociedad de mercado, en la que sus miembros son disciplinados para creer e incluso sentir que algo nuevo es mejor que algo usado.

Ya en su época, Tanikazi miraba también con recelo las cerámicas blancas que iban reemplazando lentamente en el corazón del Japón a las antiguas lacas oscuras, ocres, verdosas, marrones, rojas con tintes negros.

Hoy nosotros compramos en casas de diseño platos cuadrados de cerámica blanca creyendo que ellas guardan cierto encanto japonés. Tanikazi nos explica que los antiguos colores que respetaban la estratificación de las sombras guardaban un secreto que Japón ha perdido.

Incluso la vieja tradición de decorar esas lacas con oro molido, que hoy parece recargado para el gusto minimal que suponemos que proviene del Japón, estaban pensados para iluminar con sus ráfagas doradas una penumbra exquisita, generada por las lámparas de aceite o la llama de una antorcha.

“Una laca decorada con oro molido no está hecha para ser vista una sola vez en un lugar iluminado, sino para ser adivinada en un lugar oscuro, en medio de una luz difusa que va revelando uno u otro detalle, de tal manera que la mayor parte de su suntuoso decorado, constantemente oculto en la sombra, suscita resonancias inexpresables.”

Quizá por nuestra cultura psi, otorgamos a la sombra una connotación que queda atrapada en el universo esquivo y tenebroso de los fantasmas.

Tanikazi, sin hacerlo explícito, da cuenta de una tradición milenaria que había hecho un pacto con la sombra, y también con los fantasmas: algo lleva a creer que los japoneses supusieron la luz como algo inevitable, y cubrieron todo de sombra para disponerse al juego humano del asombro y la ensoñación.

Los occidentales, en cambio, los domingos por la tarde, solemos encender todas las luces. La sombra no nos invita al juego, sino al misterio que nuestra civilización expulsa porque no sabe qué hacer con él, cómo conjurarlo, cómo obedecerle.

Fuente: Pagina/12


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Algunos riesgos de la fertilización asistida

julio 28, 2007

28 de Julio de 2007

Una investigación advierte sobre riesgos de la fertilización asistida

Un trabajo que publica la revista científica The Lancet sostiene que aumentan los riesgos de malformaciones y enfermedades genéticas. Recomienda que las parejas en tratamiento sean informadas.

Por Pedro Lipcovich

En los bebés concebidos por fertilización asistida, “el riesgo de nacer con malformaciones mayores es un 30 % mayor que en los demás bebés”, según una investigación que publica hoy la prestigiosa revista The Lancet.

También “hay un riesgo más elevado de sufrir parálisis cerebral” y de padecer enfermedades genéticas como los síndromes de Angelman o el de Beckwith-Wiedemann; el riesgo de parto prematuro duplica el normal, y el riesgo de placenta previa triplica el normal.

Y “nacen más frecuentemente con bajo o muy bajo peso”, según el estudio. También las anomalías en la cantidad de cromosomas sexuales (por ejemplo, la conocida como XXY) se incrementan, y la probabilidad de aborto espontáneo es hasta un 34 % más alta.

Muchos de estos riesgos no se deben a las técnicas en sí mismas, sino a las patologías de los padres que, de no mediar la fertilización asistida, les hubieran impedido engendrar. En todo caso –según destaca el trabajo publicado en The Lancet–, “estos riesgos no deberían ser omitidos en el asesoramiento profesional a las parejas que consideran la posibilidad de una fertilización asistida”.

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10 consejos para lograr un pancita chata

julio 28, 2007

28 de julio

pancitachata

Hombres y mujeres, llegó el momento de empezar a trabajar para que el verano te encuentre con una figura esbelta y sin rollitos de demás. Conseguir una panza chata no sólo traerá una figura admirable sino que además es un síntoma de buena salud.

Uno de los principales tips es comer más de los que pensás. No se trata de comer poco sino lo suficiente para mantener el metabolismo en movimiento y quemando calorías demás. Para lograr ello es necesario hacer tres comidas y tres colaciones con buenos nutrientes, como proteínas, fibras y calcio.

Levantarse temprano y tomar un rico desayuno es importante para el éxito de una buena dieta. Pero no todo es sufrimiento, disfrutar de la vida es fundamental. Una salida a la semana hace que tu humor cambie y se mantenga bien.

Hacer ejercicio es muy importante. Todas las partes del cuerpo deben ejercitarse, así que es necesario que armes un circuito aeróbico para trabajar todos los músculos con un pequeño descanso entre un ejercicio y otro.

No usar tanto la computadora y levantar la cola de la silla del escritorio donde trabajas más seguido también ayudará para que logres una buena figura. Es necesario encontrar las maneras de moverse más y eso quemará las calorías demás.

Estirar tus piernas también ayudará. Hacer pilates o streching es una buena manera de lograrlo. En caso de que no tengas tiempo de ir a un gimnasio, no olvides hacerlo en tu casa, al salir de la ducha o antes de ir a dormir.

Salir a correr o nadar es importante para tu salud cardiovascular. Y es recomendable que hacerlo una o dos veces por semana, aunque sea en pequeñas sesiones. Los abdominales solos no sirven porque sólo tonifican los músculos, pero no quitan las grasas.
Los masajes también son recomendables. Hacer sesiones de masoterapia para complementar los ejercicios es una buena idea, principalmente para quitar la adiposidad instalada entre la piel y el músculo.

Y nunca olvides incorporar a tu dieta abundantes frutas y verduras (preferentemente sin cáscara). Evitar el exceso de hidratos de carbono (cereales, papas, choclo, batatas, pastas, arroz, pan, galletitas), que pueden distender el abdomen.

El buen tránsito intestinal es importante, se logra mediante la ingesta de fibras, presentes en las verduras como el brócoli y las zanahorias, en las frutas como las ciruelas, las manzanas y las peras, en las lentejas y en los cereales en general.

Fuente: Infobae


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