Archivos para agosto 4th, 2007

La Bella Durmiente

agosto 4, 2007

Anónimo

bella durmienteÉrase una vez una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas de su reino, pero se olvidó, desgraciadamente, de invitar a la más malvada. A pesar de ello, esta hada maligna se presentó igualmente al castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: “¡A los dieciséis años te pincharás con un huso* y morirás!”

Un hada buena que había cerca, al oír el maleficio, pronunció un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: al pincharse, en vez de morir la muchacha permanecería dormida durante cien años y sólo el beso de un joven príncipe la despertaría de su profundo sueño.

Pasaron los años y la princesita se convirtió en la muchacha más hermosa del reino. El rey había ordenado quemar todos los husos del castillo para que la princesa no pudiera pincharse con ninguno.

No obstante, el día que cumplía los dieciséis años, la princesa acudió a un lugar del castillo que todos creían deshabitado, y donde una vieja sirvienta, desconocedora de la prohibición del rey, estaba hilando.

Por curiosidad, la muchacha le pidió a la mujer que le dejara probar. “No es fácil hilar la lana”, le dijo la sirvienta. “Mas si tienes paciencia te enseñaré.” La maldición del hada malvada estaba a punto de concretarse. La princesa se pinchó con un huso y cayó fulminada al suelo como muerta.

Médicos y magos fueron llamados a consulta. Sin embargo, ninguno logró vencer el maleficio. El hada buena, sabedora de lo ocurrido, corrió a palacio para consolar a su amiga la reina. La encontró llorando junto a la cama llena de flores donde estaba tendida la princesa. “¡No morirá! ¡Puedes estar segura!” la consoló, “Sólo que por cien años ella dormirá”. La reina, hecha un mar de lágrimas, exclamó: “¡Oh, si yo pudiera dormir!”

Entonces, el hada buena pensó: “Si con un encantamiento se durmieran todos, la princesa, al despertar encontraría a todos sus seres queridos a su entorno”. La varita dorada del hada se alzó y trazó en el aire una espiral mágica. Al instante todos los habitantes del castillo se durmieron. “¡Duerman tranquilos! Volveré dentro de cien años para el despertar”, dijo el hada echando un último vistazo al castillo, ahora inmerso en un profundo sueño.

En el castillo todo había enmudecido, nada se movía con vida. Péndulos y relojes repiquetearon hasta que su cuerda se acabó. El tiempo parecía haberse detenido realmente. Alrededor del castillo, sumergido en el sueño, empezó a crecer, como por encanto, un extraño y frondoso bosque con plantas trepadoras que lo rodeaban como una barrera impenetrable. En el transcurso del tiempo, el castillo quedó oculto con la maleza y fue olvidado de todo el mundo.

Pero al término del siglo, un príncipe, que perseguía a un jabalí, llegó hasta sus alrededores. El animal herido, para salvarse de su perseguidor, no halló mejor escondite que la espesura de los zarzales que rodeaban el castillo. El príncipe descendió de su caballo y, con su espada, intentó abrirse camino. Avanzaba lentamente porque la maraña era muy densa. Descorazonado, estaba a punto de retroceder cuando, al apartar una rama, vio…

Siguió avanzando hasta llegar al castillo. El puente levadizo estaba bajado. Llevando al caballo sujeto por las riendas, entró, y cuando vio a todos los habitantes tendidos en las escaleras, en los pasillos, en el patio, pensó con horror que estaban muertos. Luego se tranquilizó al comprobar que sólo estaban dormidos.

“¡Despierten! ¡Despierten!”, chilló una y otra vez, pero en vano. Cada vez más extrañado, se adentró en el castillo hasta llegar a la habitación donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló aquel rostro sereno, lleno de paz y belleza; sintió nacer en su corazón el amor que siempre había esperado en vano. Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó…

Con aquel beso, de pronto la muchacha se desperezó y abrió los ojos, despertando del larguísimo sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró:

– ¡Por fin has llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado.

El encantamiento se había roto. La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y diciéndose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca. Al cabo de unos días, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de cantos, de música y de alegres risas con motivo de la boda.

La prudencia humana

agosto 4, 2007

Juan Eugenio Hartzembusch

HartzembuschCayó en la red del pescador artero
un barbo jovencito.
¡Allí fue trabajar el prisionero
para romper el cáñamo maldito!

Chupa, muerde, batalla,
deshilacha el
torzal, quiebra una malla,
y al fin se libra del peligro fiero.

– ¡Caramba!, prorrumpió, ¡de buena escapo!
Viviré en adelante sobre aviso.
Quien me pesque otra vez, ya ha de ser guapo,
Mas una cosa de comer diviso,
que a merced de las olas sobrenada,
por un hilo sutil a un palo atada.

Es, si no me equivoco,
pan, y buena ración; pues me la emboco.
Tírase al cebo el pez sin más recelo,
y al salir de la red, tragó el anzuelo.

Así, con sus propósitos ufana,
se arroja en pos del apetito loco
de yerro en yerro la prudencia humana.

La tragedia de Africa. Más bocas que panes

agosto 4, 2007

La tragedia del Africa es mundialmente conocida. Grandes hambrunas, tierras yermas y una población que crece por encima de la capacidad de generar empleo y riqueza. Por su parte, la Iglesia Católica ha mantenido una frontal oposición al control de natalidad, proponiendo exclusivamente recetas de caridad cristiana que poco sirven para solucionar problemas. Además, las políticas depredadoras de las grandes potencias europeas sumaron años de ignominia y atrasos brutales a estas poblaciones. 

Jerónimo Páez* / Abogado

La escasez de alimentos afecta mayormente a los niños en sus primeros años de vida.

 

En 1985, Hilary NG’Weno, uno de los más inteligentes periodistas africanos, redactor jefe del Weekly Review de Nairobi, publicó en Newsweek un artículo que tituló “La bomba de la población”. En él se sorprendía de que según las tesis de la Administración norteamericana no se producirían problemas en los países subdesarrollados como consecuencia de la explosión demográfica.

Aunque no se atrevían a añadir que había suficiente comida y dinero para acabar con el hambre y la pobreza mundial, sí afirmaban que la solución estaba en el “mágico poder de la libre empresa” más que en el control de natalidad, y ponían como ejemplo los casos de Hong Kong y Corea del Sur. Alguien, dijo el escritor africano, debería indicarle al señor Reagan que mirase hacia Kenia.

Y a este respecto añadió en líneas generales lo siguiente: “Los keniatas habían tenido fe en la libre empresa desde 1963, fecha en la que se independizaron. Durante los primeros años el crecimiento económico de su país fue la envidia de muchas naciones desarrolladas. Llegó, incluso, a estar a punto del “despegue económico” según frase acuñada por W. Rostow.

Sin embargo, no lo logró. Aunque el PIB de Kenia crecía al 6 por ciento, la población aumentaba por encima de la capacidad de generar empleo y riqueza. Debido al impacto de la crisis económica mundial y algunos otros factores, el crecimiento económico se desaceleró, y el país empezó a crecer al 3 por ciento. En seguida se les dijo a los keniatas que el problema radicaba en que no eran económicamente eficientes.

Algo había de verdad en ello y además se había agravado el desgobierno y la corrupción, aunque no era sensiblemente mayor que en décadas anteriores.

La razón principal era que la población seguía aumentando, tanto en la época de las vacas gordas como de las vacas flacas, por encima del crecimiento de la riqueza.

En 1980 el país contaba con 18 millones de habitantes y al final de siglo puede que llegue casi a los 40 millones. Si no se cambia el rumbo, la conclusión es que el país podría entrar en el umbral de la pobreza a comienzos del siglo XXI”.

Desgraciadamente nadie oyó a quienes nos aconsejaban con visión de futuro. A los errores de la Administración norteamericana, que en la Conferencia sobre la Población celebrada en México en agosto de 1984 se negó a conceder ayudas económicas a los países que trataran de planificar su demografía, habría que añadir los de instituciones como la Iglesia Católica, que tradicionalmente ha mantenido una frontal oposición al control de natalidad.

Juan Pablo II en sus primeras visitas a América del Sur y concretamente en la que realizó el año 1979 a la República Dominicana y a México, países que han sufrido especialmente este problema y sus graves consecuencias, se opuso tajantemente a todo intento de racionalizar la población para adecuarla al crecimiento real de la economía, proponiendo exclusivamente recetas de caridad cristiana que poco sirven para solucionar problemas, aunque contribuyan en alguna medida a mitigar dolores.

A su vez, Argelia, cuando presidía el Movimiento de Países No Alineados el año 1973, defendió la tesis, que siguieron numerosos países africanos, de que el alto crecimiento demográfico era una fuerza de progreso y poder para el Tercer Mundo, acusando incluso de nuevo colonialismo a los países industrializados que propugnaban el control de la demografía.

 

El gobierno civil de Nigeria
tiene problemas de recesión económica,  mayor pobreza e inadecuación
para la gestión socioeconómica.

Promover el desarrollo, crear posibilidades de empleo y
mejorar el acceso a los servicios sociales,
mitigarían la pobreza
.

Hasta la naturaleza es pobre

Es curioso que hoy proliferen los artículos, todos ellos bien intencionados, en los que se nos dice que no podemos vivir en una isla de riqueza rodeados de un mar de pobreza, y en los que no se suele mencionar este problema estructural.

Hay quienes ante la tragedia migratoria subsahariana se les ocurre decir que debemos abrir las fronteras y aceptar a cuantos quieran venir, ya que todo ser humano tiene derecho a vivir dignamente. Este derecho es indudable pero los que hacen estas afirmaciones olvidan que son difíciles de resolver los problemas en los que el corazón aconseja soluciones que rechaza la cabeza.

Otros, con la lógica mala conciencia por el sufrimiento que el imperialismo europeo infligió a ese continente durante gran parte del siglo XIX y del XX, añaden que somos corresponsables de la situación.

En todo caso, grande es el daño que a lo largo de la historia el hombre blanco ha causado al hombre negro. Los más sensatos exigen que incrementemos la cooperación y condonemos la deuda, lo que sin duda es necesario.

Conviene, sin embargo, tener en cuenta que los problemas de África no se resolverán solo con estas actuaciones y que de poco sirven los macroconciertos de los Bob Geldof, Bono y compañía.

Además de las medidas convencionales hay que resolver los problemas estructurales que impiden el desarrollo, entre ellos el hecho de que en muchos de estos países africanos sus actuales gobernantes y señores de la guerra han igualado y, con frecuencia superado, la tiranía, crueldad y explotación que impusieron las depredadoras potencias europeas.

Mucho mejor nos hubiera ido a todos, y en especial a los habitantes de los países subdesarrollados, si no hubiésemos olvidado a Malthus, ya que de haberlo tenido presente -véase el caso de China- muy distinta sería hoy la situación.

Aunque algunos no estén de acuerdo, difícilmente podrán no estarlo con el comentario de Coleridge en su ejemplar del Primer ensayo sobre la población: ¿Es que se necesita un volumen en cuarto para enseñarnos que de la pobreza vienen grandes miserias y vicios, y que siempre está presente, en su peor forma, donde hay más bocas que panes?

Hoy día, Kenia tiene alrededor de 34 millones de habitantes y un PIB por habitante de 900 dólares.

El África subsahariana -cuya presión migratoria difícilmente sabemos cómo resolver y que según ha escrito en un reciente articulo en este periódico Enrique Barón, del Parlamento Europeo, nos sirve para que “descubramos ese territorio lleno de problemas pero también de esperanzas”- alcanza, si incluimos los países limítrofes del área, entre ellos Nigeria, los 220 millones de habitantes y un PIB medio por habitante inferior a los mil dólares por persona.

En definitiva, casi 3 veces la población que existía hace 40 años y puede que en peores condiciones de vida que entonces. Los problemas son, por tanto, evidentes, no así las esperanzas. Ni siquiera la naturaleza se ha mostrado pródiga con esta extensa región en las últimas décadas.

 

En Madagascar, las necesidades de agua se  resuelven enseñando a las comunidades a mantener sistemas de agua y saneamiento propios.

 Jóvenes keniatas recibiendo instrucción en  una escuela patrocinada por la ONU.

 

Es posible que alguien pueda argüir que el crecimiento demográfico se está desacelerando, pero ni remotamente tanto como sería deseable. La situación a la que hemos llegado sólo podrá resolverse a medio y largo plazo y con medidas que hoy día, en su mayoría, no se están poniendo en práctica.

Sorprende que aquellas políticas que consiguieron el progreso económico europeo en los siglos pasados, en una Europa que además ya había “despegado”, no se traten de aplicar a los países subdesarrollados: sólo pudimos vencer en nuestros países el vicioso círculo de la pobreza y la ignorancia gracias a que además de ser eficientes económicamente, mantuvimos un crecimiento moderado de la población. Si no hubiera sido así, podría habernos sucedido algo parecido a lo de Kenia.

* Abogado y director de la Fundación El Legado Andalusí.

Via: El Arca Digital

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Para reirte mejor

agosto 4, 2007

Si quieres divertirte y reirte un rato, no hay nada mejor que juntar los posts de humor de Soy donde No pienso.

Risa


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Marcelle Auclair. Herencia no es esclavitud

agosto 4, 2007

Del LIBRO DE LA FELICIDAD de Marcelle Auclair
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1.0 Esta en Ud.

AuclairLo pretérito pesa tan fuertemente sobre tantos destinos que queremos ayudarlo a salir de sus viejas garras.

Su pasado y aun el de los demás: porque como si nuestro propio pasado no bastara para hacernos dudar de nosotros mismos y de la vida, nos estorban además con el de nuestros ascendientes.

Todos ustedes conocen a hombres y mujeres que esperan el cáncer porque ha habido cancerosos en la familia, o la muerte súbita porque el padre murió súbitamente. Ignoran que en este caso no habrá de intervenir la ley de la herencia sino la fuerza de su pensamiento creador de enfermedad y de muerte.

Recién nacido un niño, ya se decreta su parecido con tal abuelo o tía, condicionando así su carácter, estatuyendo por anticipado de sus probabilidades para el porvenir mediante la influencia que ejercen sobre un ser eminentemente receptivo las hadas o las brujas inclinadas sobre su cuna. (Hechiceros inocentes pero no por eso menos nefastos.)

Es exacto que ”recibimos” de nuestros antecesores, ciertos rasgos físicos, ciertas disposiciones del carácter y de la inteligencia: ellos proveen, en suma, nuestra materia prima. Pero a nosotros nos corresponde disponer de ella como buenos artífices. Tal debiera ser el papel del educador durante la primera infancia en vez de considerar como algo fatal la evolución de esas condiciones nativas, aun en sus peores consecuencias.

Por qué no admitir que tal o cual de nuestros antepasados tuvo ya la experiencia de la tendencia molesta que nos ha legado y que convendría tratar de aminorar los peligros en su descendiente?

En vez de decir del chico rabioso: “Sale al padre…” y de dar por sentado su mal carácter, por qué no cultivar muy especialmente en este pequeño ser la paciencia, la calma?

Continuará…

Aplicación. Si en su medio afirman que usted sufre de la indolencia de tal abuelo y que por ende no triunfará en la vida, del arte que tenía tal otro para hacerse de enemigos y que por lo tanto usted no será querido, niéguese enérgicamente a dejarse aplastar así por el peso de un pasado que no es el suyo. Cultive las cualidades diametralmente opuestas a los defectos que quieren infligirle.

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