Del LIBRO DE LA FELICIDAD de Marcelle Auclair
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1.0 Está en Ud.
Todos tenemos días malos, mañanas en las que nos levantamos con el pie izquierdo y en que los ojos, al no mirar bien de frente las cosas, deforman nuestro pequeño universo.
Esto es conocido, común y corriente. A algunos, el tiempo tormentoso les pone los nervios de punta, a otros la lluvia les trae toda clase de ideas negras, mientras que otros, de hígado delicado, verán al mundo patas arriba y renegarán de sus más caros amores si la víspera cedieron a la tentación de una sabrosa comida rociada con buenos vinos. En fin, para aquellas personas cuyo humor depende de los cuartos de la luna se ha hecho la palabra ”lunáticos”.
Esto es natural, normal, humano.
Pero no lo es tanto el que conociéndonos nosotros y nuestras debilidades, nuestras intermitencias, nuestras fobias o alergias mentales, nos dejemos engañar en cuanto se presenta la ocasión.
Me parece que si fuera yo de esas personas a quienes vuelve irascible el extremado calor o el frío intenso miraría el termómetro antes de montar en cólera y tomaría como norma no decir nada, estrictamente nada, ni escribir ni decidir nada cuando el mercurio alcanzara tal grado arriba o abajo de cero.
Tenemos, sí o no, una voluntad?
La complacencia hacia uno mismo, en estas pequeñas cosas, puede tener graves consecuencias. Cuántas escenas de entrecasa, rencillas conyugales que dejan agrios recuerdos dependen sólo del estado del tiempo! Y sin embargo, pueden llegar a envenenar las relaciones familiares.
Quienes conviven con nosotros terminan por saber cuál es la cara del tiempo que nos vuelve insoportables, pero esto no sucede con los extraños.
Un mal cuarto de luna puede ser suficiente para crearnos una mala reputación ad vitam aeternam.
Verdaderamente creo que haríamos mejor en no fiarnos de nuestros cambios de humor…
Continuará…
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