Cada vez me inclino más a pensar que cierta parte del mundo musulmán sabe más y mejor de Occidente, de nuestros modos de pensar, de lo que subyace en el desarrollo de nuestra cultura, en el cultivo de nuestros valores, que lo que sabemos nosotros de ellos.
Seguramente no tenemos porqué saberlo todo de las distintas culturas del mundo, sin embargo cuando del producto de esa ignorancia se termina por concluir -con la lógica muchas veces ilógica del “sentido común” bien occidental- en afirmaciones que llevan a mucha gente a hablar de “genocidios” de “acciones desproporcionadas”, me pregunto sinceramente como se lucha desde los escrúpulos (Duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es o no cierto, si es bueno o malo, si obliga o no obliga; lo que trae inquieto y desasosegado el ánimo) occidentales de las tradiciones judeo cristianas contra una lógica tan diferente en la valoración de la vida humana especialmente desde la infancia.
Creo que como siempre el mejor camino es tratar de entender la estructura de esa lógica, comprender como funciona, y luego sí poder tomar medidas inteligentes para proponer ideas fecundas para luchar en caso de necesidad ante el peligro que pueda representar para nuestro modo de vida, el sueño de la muerte.
Mientras buena parte de Occidente se haga el desentendido de esa lógica, mientras se piense de manera simplista y se adjetive a Israel como “genocidas”, “exterminadores” o “terminators”, mientras se piense que “abusa porque fue abusado por el Holocausto” los que hoy están tan seguros de sus afirmaciones tal vez tengan que reveer sus creencias en el caso hipotético y no deseado por mi de que Israel como estado efectivamente deje de existir.
[...] Para comprender por qué Israel finalmente se decidió a actuar con dureza contra Hamas, aún a riesgo de que el fuego alcance también a niños, blancos no buscados por cierto, hay que conocer también otras imágenes.
Hay que conocer las imágenes de los niños de Gaza usados durante años por Hamas como instrumentos de odio en su propaganda.
Imágenes de niños pequeños con uniforme de camouflage, portando armas, practicando maniobras propias de campamento militar durante los “campamentos de verano” en los que todo niño promedio quiere simplemente divertirse y pasarla bien.
Y entonando canciones que les enseñan sus guías de Hamas, con loas a la “shahada”, muerte como mártires, y elogios como “éstos son los niños del cuchillo y la muerte”, que hemos visto personalmente en filmaciones de la televisión “Al Aqsa” de Hamas.
Especialmente espeluznante fue una puesta en escena -que no es nueva, aunque estos días ha comenzado a circular nuevamente por la red- de elogio a la muerte y el suicidio, como valores superiores a la vida y al propio marco familiar.
En esa filmación -que siendo yo madre, admito, recuerdo con una mezcla de ira y nudo en la garganta- se ve una niña pequeña, que no parece tener más de 5 años, observando a su madre cuando envuelve algo en una tela, que resulta ser un cinturón explosivo.
Le pide a la madre que se quede con ella, pero la madre sale, se ve la explosión que simboliza el atentado suicida que perpetró y luego, nuevamente, la niña que vuelve al dormitorio de la madre, hurga en su cajón y encuentra explosivos.
Los toma en sus manos y la música de fondo promete, como si fuera la niña misma la que habla, que “nos juntaremos pronto mamá, porque yo seguiré tus pasos”.
“Ahora entiendo qué era más precioso que yo”, dice la niña.
[...]
Fuente: El mundo se parte
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