Coinciden en el auto, a la misma hora, todas las mañanas camino al trabajo. Ella, muy formal como siempre, se sienta junto al conductor para no levantar sospecha alguna. Casualmente bajan en la misma estación y toman el mismo vagón, por diferentes puertas claro está. Casi por obra divina, siempre se las arreglan para quedar sentados el uno frente al otro y luego de una mirada tímida, los pensamientos se les escapan por la ventana más cercana. Ni una palabra, siquiera con el rostro, se les oye. Nefasta consecuencia de dormir juntos creo yo.
Fuente: Y cuento corto . . .







Muchas gracias por el link
Saludos