Iglesia Católica. Fuerza central de lucha contra el peronismo ?

“La Iglesia Católica fue la fuerza central en la lucha contra el peronismo”

Horacio Verbitsky

02-06-2009

HoracioverbitskyEl periodista y escritor publicó “Vigilia de Armas”, el tercer tomo de su extensa investigación sobre el rol de la conducción episcopal en la historia argentina. Las diferencias con monseñor Bergoglio. Su encuentro con Perón.

Por Jonathan Rippel

- Tanto el flamante Vigilia de armas como Cristo Vence y La violencia evangélica, los 3 tomos de su historia política de la Iglesia Católica, llevan una advertencia en su inicio: “En las páginas que sigue no se encontrará ningún juicio de valor sobre el dogma ni el culto. Sólo un análisis del comportamiento de la Iglesia Católica Apostólica Romana como ‘realidad sociológica de pueblo concreto en un mundo concreto’, según los términos de la propia Conferencia Episcopal Argentina. En cambio su ‘realidad teológica de misterio’ sólo corresponde a los creyentes, que merecen todo mi respeto”. ¿Por qué?

Cuando publiqué El Silencio, en 2005, hubo una mala reacción del cardenal (Jorge) Bergoglio pero por razones que no tienen que ver exactamente conmigo.

Porque cuando murió Juan Pablo II y se realizó el cónclave para la elección del sucesor, en ese momento aparece mi libro El Silencio y alguien, que por supuesto no fui yo, distribuyó dossiers con copias de las partes que conciernen al desempeño de Bergoglio durante la dictadura entre todos los cardenales que asistían al cónclave para tratar de obstaculizar su candidatura.

Hace 10 días volví de Italia y lo que me dijo gente de la Iglesia en Roma es que esos dossiers, que irritaron tanto a Bergoglio, fueron compaginados por (Esteban) Caselli. Bergoglio me envió una persona a verme. Y me preguntó por qué si teníamos tan buena relación, había escrito eso.

Bueno, teníamos buen vínculo sobre la base de quién y cómo era cada uno. Ahora, cuando encuentro en los archivos los documentos que hallé tan negativos sobre el rol suyo durante la dictadura, ¿qué voy a hacer? ¿Voy a fingir que no los vi? Los publiqué porque estoy tratando de hacer una historia en la que se cuente la verdad de los hechos.

– En la introducción de Cristo Vence sostiene: “Sin estudiar el papel central de la Iglesia Católica Apostólica Romana es imposible entender la historia de la Argentina moderna y la tragedia que marcó el último tercio de su siglo XX con extremos de crueldad propios de las contiendas de religión (…). Los hechos siempre tienen múltiples causas y cada autor privilegia algunas aunque no desdeñe el resto. Pero es llamativo que la línea que aquí se desarrolla haya sido tan subestimada (…)”. ¿A qué creé que se debe esa subestimación?

Es consecuencia de que la Iglesia ha logrado naturalizarse de modo que está siempre presente y nadie la ve. Y parte de mi trabajo es desnaturalizarla. (Antonio) Quarracino lo dice:

“Nuestro gran déficit es la historia”.

Pero no es “nuestro gran déficit” sino “nuestra gran inteligencia”. Lo que hay son libritos escolares, anales, como los de Cayetano Bruno, que son prácticamente balance y memoria, tal cura en tal iglesia hizo tal cosa y creó tal obispado, pero nada más.

Aunque la Iglesia ha sido un actor político de primerísimo nivel en todo el siglo XX, no hay estudios sobre su actuación política, porque si tomamos la frase que decía antes, de su doble naturaleza humana y divina, de su realidad sociológica y de su realidad teológica, bueno, ha logrado que la sociedad vea permanentemente el aspecto teológico del misterio, pero no su costado sociológico de pueblo concreto en un tiempo concreto.

– ¿Por qué creé que de la Iglesia Católica salió una importante cantidad de protagonistas, para bien y para mal, de la historia argentina?

La Iglesia Católica, en todo el mundo, fue parte de un proceso muy intenso en el cual hubo una ruptura brusca con una serie de concepciones que habían sido tradicionales en esa institución a partir de la segunda mitad de la década de 1950.

Los últimos años del reinado de Pío XII, el de Juan XXIII, el Concilio Vaticano II y la reunión del Episcopado Latinoamericano en Medellín implicaron un giro pronunciado en las posiciones tradicionales en un momento de cambio acelerado en el mundo. La Iglesia Católica había vivido en confrontación permanente con aquel.

Por supuesto, hubo papados que intensificaron más y menos esta lectura, pero básicamente el mundo era visto como “el contradictor” porque en aquel obraban las fuerzas socialistas y el liberalismo, que eran rechazados por las encíclicas papales.

A partir del Concilio, esto cambia. Por supuesto, antes hubo una serie de cambios graduales. Uno puede enumerar la aceptación de la democracia como una forma de gobierno posible por parte de León XIII en los comienzos del siglo XX, y la opción ya decidida por la democracia liberal representativa hecha por Pío XII en la Navidad del ’44, cuando ya era evidente que las potencias totalitarias no iban a ganar la guerra.

Entonces, Pío XII profundizó esa opción porque la única manera de enfrentar al comunismo que quedaba en el mundo era la democracia liberal tutelada por Estados Unidos.

Y ese fue motivo del gran desarrollo de la democracia cristiana en Europa de la posguerra y de la intensa relación de Pío XII con EE.UU. En la Argentina, en cambio, el Episcopado permaneció congelado en la posición tradicionalista, integrista y, en realidad, si uno tiene que hacer un panorama de largo alcance, recién el ajuste de cuentas con la democracia, la resignación a esta, llega en 1981 con el documento “Iglesia y comunidad nacional”.

– Se tomaron su tiempo.

Sí. Entonces, el impacto que el Concilio significó en la Argentina fue muy fuerte. La Iglesia Católica había sido la fuerza central en la lucha contra el peronismo, porque de alguna manera este plan de democracias cristianas, en el marco de un acuerdo entre el Vaticano y Estados Unidos, chocaba con la fuerza política hegemónica que había en la Argentina, que era, en realidad, la mejor representación de ese programa en la Argentina.

Pero el choque fue porque mientras la Iglesia argentina postulaba un catolicismo integral, el gobierno de Perón planteaba un peronismo integral. Es decir, todo, para la Iglesia Católica, adquiría sentido a partir de Cristo, y para el peronismo, a partir de Perón. Y ese es el eje de la confrontación. O sea, hay un choque de legitimidades que va desarrollándose y que llega al golpe del ’55 con enorme virulencia por ambas partes.

– ¿A qué se refería con que el peronismo era quien mejor podía representar al plan de democracias cristianas acordado entre la Santa Sede y EE.UU.?

Bueno, era una fuerza que reconocía inspiración de su política social en las encíclicas católicas, que era claramente anticomunista, que expresaba incluso el rechazo a las postulaciones laicistas liberales, y que era políticamente muy eficaz: ganaba las elecciones y gobernaba sin mayor dificultad.

Y de alguna manera, se convierte en una especie de religión laica. De ahí la intensidad del choque.

Luego, la Iglesia descubre que la caída de Perón, lejos de haber provocado un avance en ese proyecto de democracia cristiana, lo ha hecho retroceder, porque no hay proyecto político posible sin participación de la mayoría de cualquier sociedad. Y en la Argentina su participación en el golpe del ’55 le ha ganado el repudio de las mayorías populares.

Ahí empieza lentamente una estrategia de recuperación, de relaciones con la clase trabajadora, que básicamente surge de sectores sacerdotales que no comparten la posición de la jerarquía, que están alarmados por ese rechazo popular, y que participan en una experiencia importantísima que es la de la Juventud Obrera Católica a partir de 1955, 1956, 1957, hasta que la jerarquía la desactiva porque percibe en ese movimiento una potencialidad revolucionaria.

Este experimento de la JOC va a ser retomado una década después por el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. El Concilio les da a estos movimientos, que surgen de la base episcopal, una protección cupular, porque hasta ese momento estos habían nacido en contradicción con la jerarquía.

Ahora, cuando el Concilio toma algunos de los temas que están planteando estos movimientos sacerdotales, y los legitima y los convierte en política oficial de la Iglesia, hay un gran impulso para los movimientos mencionados, y comienza un proceso de conflictividad con la jerarquía.

Entonces se producen esos fenómenos de acercamiento entre católicos y marxistas, que están participando de ese proceso de ruptura. Y además, en la Argentina, está el proceso de peronización de las clases medias.

Es decir, no sólo la Iglesia intenta acercarse a la clase trabajadora sino que, además, las clases medias se acercan al peronismo. Parte de este proceso se manifiesta también al interior de la Iglesia con la Acción Católica Argentina (ACA), con una serie de movimientos eclesiásticos que originariamente tenían que ser lo que se llama “el largo brazo de la jerarquía” –meros instrumentos de acción del Episcopado– y que se van independizando.

Y van actuando en la realidad política del país, participando en las luchas políticas y sociales en un contexto en el cual no había gobiernos legítimos.

Entonces, ese es el proceso de confluencia de fuerzas que hace que finalmente, cuando comienza en la Argentina la lucha armada, haya en las filas de las distintas organizaciones una presencia muy notoria de militantes que provienen de una experiencia eclesiástica, que han estado en la ACA, o que han sido formados por los capellanes militares en los organismos de formación castrense o en las distintas ramas especializadas de ACA.

– En Vigilia de Armas cuenta que en el archivo de Frondizi hay una minuta sin fecha ni firma sobre un diálogo con el ministro del Interior en el que se afirma que Roma es la que dirige la reacción anticomunista mundial. ¿A tanto llegó el poder del Vaticano?

Así lo vivían en ese momento el desarrollismo y muchos sectores de la propia Iglesia. Por supuesto hay otros factores en el mundo, que era bipolar: capitalismo-comunismo.

Y en la Argentina es muy notable, porque el entonces presidente del Episcopado argentino, el cardenal Antonio Caggiano, en 1961 escribe un prólogo a la publicación de un libro (El Marxismo-Leninismo) en el cual dice que hay un combate decisivo, y que un arma fundamental para esa lucha son las encíclicas papales, pero que además hay que estar preparado para pasar a la acción antes de que el enemigo oprima el gatillo.

Es decir, hay una preparación para la lucha contrarrevolucionaria, como la llama el autor francés que prologa Caggiano (Jean Ousset), muy anterior a cualquier desafío armado por parte de una organización guerrillera en la Argentina.

Ese es un dato muy importante porque hay una tendencia comprensible, pero equivocada, en explicar el golpe militar del ’76 por la existencia de organizaciones político-militares. Sin duda eso favoreció la justificación del golpe y permitió que los militares actuaran con una crueldad sin límites, que en otro momento hubiera sido impensable en la Argentina.

Sin duda se cometieron también por parte de la guerrilla actos muy shockeantes y reprobables, pero la preparación de la represión en la Argentina es previa al desafío revolucionario: y eso está documentado.

– Menciona en Vigilia de Armas su entrevista con Perón a fines del ’72. ¿Cómo fue su encuentro con él?

Tuve en forma muy casual mucho acceso a la intimidad de Perón, porque sus regresos a la Argentina de noviembre del ’72 y de junio del ’73 están muy presentes para todo el mundo.  

Lo que nadie se acuerda es cómo volvió a Madrid entre el regreso del ’72 y el del ’73: bueno, volvió conmigo (risas).  

Ahí está la foto (señala una pegada en la pared de su oficina, en la que se lo ve junto a Perón). Se me ocurrió que en ese momento, con el congreso que iba a designar la fórmula que, en realidad, Perón iba a dejarla elegida, en sobre cerrado para que lo abrieran en su ausencia, toda la tensión política iba a estar puesta en eso y que él iba a estar bastante aliviado después del intenso mes que pasó en la Argentina, y que era una buena ocasión para tratar de conseguir una buena entrevista con él.  

Y fue así porque él, en un viaje que duró varios días, hizo primero una escala en Paraguay, y fui en el mismo avión; de Paraguay fue a Lima, y fui en el mismo avión, y de Lima a España.

Hasta Asunción lo siguió un grupo de gente relativamente grande, pero después se volvieron para el congreso en el que se iba a decidir la candidatura, y a Lima fue con un núcleo íntimo.

Y llegamos allí y él no tenía pasaje de regreso a Madrid. Y más allá de todos los mitos sobre la fortuna de Perón, así fueran ciertos, en ese momento él no tenía plata. Y estaba preocupado porque pasaban los días y no conseguía pasajes, y se le acababan las reservas para pagar el hotel.

– ¿No me diga que le pagó el pasaje?

No (risas), no tengo esa capacidad y no la tenía entonces. Pero tenía un amigo que era el gerente de KLM en Lima. Y le planteé el problema.  

Me dijo: “Sí, entre compañías podemos conseguir”. Y obtuvo los pasajes. Entonces, Perón estaba muy contento y tenía muy buena onda conmigo, porque era un flaco que apareció ahí y le resolvió un problema.  

Cuando llegamos a Madrid, me dijo: “Le voy a conceder la entrevista, déme un par de días para reponerme porque estoy muy cansado: llámeme a la residencia y hacemos el reportaje”.

Lo empiezo a llamar y siempre me dicen que no está. Entonces comencé a pensar qué podía hacer mientras esperaba, y decidí ver a la gente del grupo estable de peronistas en Madrid. Un integrante del grupo, (Héctor) Villalón, me invitó a almorzar. Cuando le conté el episodio del pasaje, me respondió: “Ah, esto que me cuenta es importantísimo”.

Le pregunté por qué. “Porque cuando Perón tiene plata, (José) López Rega me cierra la puerta. Cuando se queda sin dinero, puedo entrar. Es un gran dato que usted me da. Entonces, le voy a retribuir”, expresó.

“¿Cómo? Bueno, no lo llame por teléfono porque este lo controla López Rega: mándele un télex”, dijo.

“¿Y López Rega no controla el télex?”, le pregunté.

Me respondió: “No puede. Perón decidió poner un télex con papel carbónico en el medio. Entonces, a medida que llegan los mensajes se va arrancando el original y se tramita lo que hay que hacer con cada mensaje, pero queda la copia. Y al fin del día, Perón pide que le muestren el rollo completo: que se lo desplieguen para ver que no haya cortes. No lo lee, pero pide que se lo desplieguen, y se queda con el rollo. Entonces, comuníquese por télex, dígale dónde está y él lo llamará”.

Bueno, fui al correo de Madrid. A la hora, hora y media, llama López Rega, y dice (imita la voz aguda del Brujo): “Querido, ¿dónde te habías metido? El General estaba preguntando por vos, ¿dónde te habías escondido?” (risas).

*”Vigilia de Armas” es el 18º libro de Horacio Verbitsky (Buenos Aires, 1942) y el 3º tomo de su Historia Política de la Iglesia Católica. Varios de ellos han instalado temas en la agenda pública: la corrupción de la clase política por el poder económico durante el neoliberalismo (Robo para la Corona), la manipulación política de la justicia (Hacer la Corte), la responsabilidad castrense y eclesiástica en la última dictadura (El Vuelo, El Silencio y Doble Juego).

La Latin American Studies Association lo premió por “la mejor cobertura periodística de largo plazo en América latina”, por “su rol absolutamente esencial en la investigación de las violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar” y “acerca de la corrupción” bajo gobiernos constitucionales.

Preside el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). Integra el Consejo Rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que preside Gabriel García Márquez; la junta directiva del Human Rights Watch/Americas y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Tiene una vasta trayectoria en distintos medios gráficos argentinos. Desde hace más de 20 años escribe sus investigaciones en Página 12.

Fuente: El Argentino


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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