Las incomodidades de la Derecha
21 de Noviembre, 2008
Columnistas – Juan Pedro Manghera
(Tomado de reflexiones del Médico sicoanalista Alfredo Horacio Feijoo 1997)
A propósito de la visita técnica del economista Prat Gay y el Rabino Bergman
La derecha no duerme, se impacienta y actúa sin descanso cuando ve atisbos populares en su horizonte inmediato; entonces, carga sus fusiles y comienzan una lucha desmesurada.
Le sobran recursos humanos y materiales, mitomanías vistosas extraterritoriales para descalificar las señales de existencia de una comunidad que quiere sobrevivir.
Su mirada al pueblo es de una paralizante hipnosis que no acepta lo que piensen, sientan y los intentos de integración y participación de las masas.
Su mirada, desde todos los ángulos es de excesivo desprecio y desinterés. Quieren y necesitan un pueblo autómata, silencioso, callado, dócil, los más dicen ignorante. ¿Para qué? Para llevar adelante su Proyecto Económico elitista, o sea, para ellos “solitos”, en una bolsa que acumula la desvalidación y desamparo.
Sumar para su grupo, acumular para su grupo escandalosamente minoritario y restar para la mayoría.
No escatimar medidas para favorecer ganancias, en un individualismo ruidosamente respetado. Esta ideología de derecha pulveriza los cuerpos intermedios de la sociedad y fragiliza hasta la ruptura los lazos comunitarios tendiendo a la atomización social.
Esta atomización implica la instauración de una sociedad serializada que explica las desigualdades sociales como déficits personales, hasta hacerle vivir las reglas del orden establecido como un destino personal de su propio fracaso.
El mayor amigo de la derecha, el obrero
Dice Jacques Lacan:
“El obrero es como la plebe romana, gente muy distinguida. Están del mismo lado que el amo (de sus ambiciones). Y todo el imperio es todo lo demás.”.
El obrero, que sería el ciudadano salvado de la crisis, el que tiene trabajo, está ubicado en el plano de la identificación, en la verdadera dialéctica del discurso del amo, están del mismo lado, como la plebe romana indisolublemente unida (en lo imaginario) al Senado de Patricios y el resto del Imperio son los demás.
Lacan decía que el proletariado no hace clase, porque no hay un trazo unario, no hay un Ideal del Yo que se juegue ahí, igual que la nacionalidad.
Lo que en el amo es ilusión de completud (Yo tengo todo: el obrero-la materia prima-el producto-el placer), tiene el plus del goce y el placer.
La otra parte es la desilusión de la incompletud. Está tocado por la castración y la falta del goce, de ese plus del amo, que en su exageración se vuelve perversión.
La derecha construye, fabrica un estado de existencia incompleta, basada en el acaparamiento del poder y del placer, desarrolla una apropiación del placer, se adueña del goce, lo hace propio y exclusivo; en tanto, la mayoría lo envidia, lo desea interdictado por los Medios Masivos de Comunicación.
Se lo mira, se lo desea, pero en un verdadero nivel fantasmático de algo que no le pertenecerá nunca.
La derecha:
- Aborrece a la masa carenciada, pero no hace nada por cambiar la realidad, por el contrario la profundiza.
- Ejercita la discriminación, la toma como deporte y culto.
- Sabe lo que dice, piensa, siente, y vive; el resto piensa, dice y siente en función de los dichos y gustos de la derecha.
- Produce placer para sí mismo y para que lo desee el resto.
- Amputan el derecho a la felicidad de la mayoría y los somete a la satisfacción voyeurista.
La derecha no se resigna
La derecha impone el discurso capitalista cuyo sostén actual es el prefijo “trans“: transnacional- transeconómico- transpolítico, en donde las responsabilidades se invisibilizan graciosamente hacia razones mundiales que pulverizan la realidad simbólica tradicional: ya no hay referentes patrios, ni símbolos que den cuenta inmediata de una identidad imprescindible. Ciudadanos del mundo, pero de ojito y con extrema marginación.
La metodología sostenida de la derecha es no resignarse a que las mayorías existan.
Son mentes claras y definidas hacia un objetivo preciso e inconfundible: Reducir la posesión de bienes a pocos, a reducidísimos grupos que articulan sus vidas, precisamente, en reductos que fomentan los exhibicionismos aislados.
¿Qué alternativa le queda a la gran masa de marginados (en todo sentido) descartada del círculo de producción y del consumo?
A esa inmensa legión sólo le queda la impotencia que genera malestar y hostilidad que se expresa a través de la acción individual (delictiva) o grupal que abarca desde cortes de ruta y quema de neumáticos (que es la agresión horizontal, porque perjudica a otros laburantes) hasta otras rebeldías más radicalizadas.
El hombre común debe presionar sobre las Instituciones de gobierno para formalizar un nuevo Contrato Social incluyente, oponiendo resistencia al mentiroso e intencional discurso derechista, que en la búsqueda de votos imprescindibles e incautos, arman edificios de miedo y lucro (lucran hasta con el terror de las mayorías), comprendiendo que una sociedad no se hace de arriba para abajo.
Hay que salir de la lógica de la derecha en que la palabra les pertenece y tiene presencia, únicamente, en la oratoria vistosa, en que las resoluciones económicas tienen resolución técnica y los números no cierran nunca para los necesitados.
Hay que luchar para que el capital sea de todos y no de la dialéctica perversa de la derecha inclaudicable.
Fuente: Argensur
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Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.
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