Por belloomar | 28 de Agosto del 2009 | xxx Comentarios
Desde que el mundo es mundo, todas las sociedades se preguntan:
¿Qué hacer cuando el líder enloquece?
Reyes a los que les saltaban los tapones, Papas que se hundían en las sombras de la locura, presidentes dispuestos a cambiar el status quo.
Pragmáticos como pocos, los americanos optaron por eliminarlos en atentados sospechosos de conspiraciones varias.
Abraham Lincoln, John Kennedy. Claro que con el tiempo se fueron civilizando. Nixon tuvo que renunciar por el caso watergate y, a partir de ahí, se dedicaron a sostener con paciencia a aquellos presidentes merecedores de chaleco de fuerza (George Bush es el mejor ejemplo).
Con excepción de Chile, donde Salvador Allende terminó muerto, el resto de Latinoamérica desarrolló una metodología, de mínima, más descabellada que el peor de sus líderes lunáticos: matar a la población y proteger al “loco” en cuestión.
Perón terminó exilado y aquí murieron cientos de ciudadanos inocentes.
Isabelita está en España y su gobierno puso la semilla que engendró a la dictadura más cruel de todos los tiempos.
Incluso la salida de Fernando de la Rúa tuvo sus muertos y él sigue de lo más campante.
Cualquiera que haya leído el libro “Yo el supremo” de Augusto Roa Bastos, entiende lo que sigue: nada más peligroso que un dictador en salida.
Autoerigidos próceres de una nueva Argentina, ¿qué esperaban de los Kirchner post derrota electoral? ¿Un milagro?
Dicen que no escucharon el mensaje de las urnas. Obvio que lo escucharon. Por eso se comportan como lo hacen. Y empeorarán.
Saben que la única forma de negociar que tienen es convertirse en víctimas. Es más, del otro lado, lo último que le conviene a la oposición es que se transformen en Carmelitas Descalzas.
¿Tanto nadar para morir en la orilla?
Si la oposición gastó fortunas en estas elecciones fue para tomar el poder, no para cambiar el país.
Ahora bien, ¿cómo seguimos?
Porque si avanzamos con los paros del campo, las peleas por la ley de radiodifusión y la mar en coche, el cuento termina así: varios muertos y los Kirchner a salvo.
O sea, tenemos tres opciones:
A) Hacemos lo mismo de siempre. Es decir, nos matamos entre nosotros y salvamos a los líderes.
B) Copiamos la vieja fórmula americana y matamos a Cristina.
C) Nos convertimos en una sociedad civilizada, evitamos entrar en el juego del gobierno, y dejamos que terminen su mandato con paciencia.
Si no vamos por la última, jamás tendremos futuro.
Fuente: Perfil.com
PD: Si este artículo llegara a ser quitado de la web ya que últimamente hay cosas que se publican y se ve hasta donde llegan y en caso desfavorable se retiran, les dejo una copia del mismo 
Después de este artículo psicópatomarketinero, una vez que lanzó el puñal, continúa y da un segundo paso, ahora nos enseña cómo hay que leer el artículo anterior. Veamos…
Lecciones avanzadas de periodismo. Todo se trataba de un “título gancho”, claro, pero que ironía. Qué hábil que es este personaje !!! Adjetivarlo bien no corresponde. Adjetivarlo mal es algo que les dejo a cada uno de Uds. Solo hay que seguir leyendo, para ver hasta donde pueden llegar las malas artes de la palabra.
¿Hay que matar a Cristina? (Instrucciones para leer un artículo)
Por belloomar | 28 de Agosto del 2009 | xxx Comentarios
En pocas horas, un simple artículo se convirtió en tema de debate a partir de cientos de mensajes. Y como le ocurrió a Orson Welles con su famoso programa radial “La Guerra de los Mundos”, disparó para cualquier lado sin que su autor pudiera hacer nada.
Debería sentirme orgulloso. Sin embargo, algunas de las interpretaciones no sólo me sorprenden sino que me asustan. Entiendo que la gente está enojada, y que usa Internet como medio para descargar energía negativa acumulada; suerte de cable a tierra que los tranquiliza.
Pero de ahí a fantasear con tomar literalmente la idea de “matar a la presidenta”, hay una gran diferencia.
Escribí esta columna como una fuerte defensa de la democracia (?) que, hoy por hoy, gracias a la ambición de muchos y la locura de otros (paros reiterados, declaraciones fuertes, desprecio a las instituciones, etc.), siento amenazada en la etapa post electoral. También, usando la ironía y el humor que me caracterizan, pretendí exponernos a nuestras propias brutalidades.
Lástima que ironizar siga siendo peligroso en nuestro país. Hace mucho bien y abre cabezas.
Pero a veces no queda otra que ponerse serio.
Por si quedan dudas, la idea de la nota, a partir de un título “gancho”, era un llamado a la paciencia en defensa de las instituciones democráticas; paciencia con la figura presidencial en primer lugar.
¿Saben cuál es el drama verdadero?
Si ponía “Dejen que Cristina termine su mandato en paz”, nadie leía la nota.
Fuente: Perfil.com
Sobre el Autor:
Omar Bello
En los últimos años Bello se ocupó de brindar al medio y a los medios una imagen diferente. Lo más distinguible es su vocación por la reflexión más allá de los spots. Desde su formación filosófica se permite sobrevolar el discurso publicitario y aportar reflexiones que trascienden el plano de los avisos. Cada uno juzga lo acertado o no de sus pensamientos pero lo que está clara es su vocación de entender y de comunicar.
Aquí un ejemplo de un comentario enviado al “gran” columnista

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Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.
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