Barone entrevistado. Periodista él. Piensa por sí y expresa hasta donde le permiten

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL CREADOR DE LA CARTA ABIERTA Y PANELISTA DE 6, 7, 8
Barone, la pureza de lo impuro

por Diario La MAÑANA

“¿cuántas esquinas tiene el conurbano, pongamoslé un millón? ¿Que masacren en una esquina a una persona, no está dentro de las probabilidades? Porque quiere decir que en 999.999 esquinas, no masacraron a nadie”, pero nadie lo dice, porque no vende, lo que vende es la sangre como el ketchup de luxe de la chuleta, los restos de seso esparcidos por la acera y la mesa de la cena.

Encima, se ‘construye’ un mundo para la víctima, se relata su vida desde la lástima.

ObaroneAgarré a Barone en un momento de “quiebre” con el periodismo. De dudas. De dudas sobre cómo seguir, en instancias de máxima vulnerabilidad del oficio.

“Para ser libre, un periodista no tiene que ser periodista”, advierte este hombre canoso, petiso y tirando a morrudo, de 70 años muy bien llevados, que vive bien en un elegante departamento, un sobrio hogar con un rico pasado, supongo, en el centro de Buenos Aires.

No es libre ningún periodista, como tampoco es libre un médico, que “quizás contra sus principios es forzado por la mutual a atender a 50 pacientes por día, con lo cual traiciona lo que estudió”. No es libre ningún periodista, porque nadie posee la “autonomía de la libertad”, algo que, “filosóficamente, no existe”.

Ni siquiera es libre “el ermitaño de la montaña”, que “no tendrá luz ni canilla para el agua, pero dependerá de muchas cosas; no te convertís de pronto en un hombro lobo”, completa la línea de fuego de su mirada Orlando, en rigor José Orlando, como le gustaría que lo llamaran.

Más: el escritor de ficción tampoco es libre en sentido absoluto, sino presa del contexto y la presión editorial, dado que “él sabe cuándo su libro tendrá más éxito”, abunda.

Pero el periodismo “es una profesión pública, que tiene que ver con la sociedad”, por lo que el periodista “se vuelve más vulnerable”. Para establecer diferencias: “un médico que practique abortos ilegales es un delincuente, y si lo descubren será juzgado como tal”, mientras que la corrupción del periodista “siempre está amparada por esa cosa gaseosa que se llama libertad de prensa. Sin darnos cuenta entramos en esa corporación a veces impune, que comete injusticias a montones, que miente a rajatabla, alerta.

Sin embargo, el quiebre de Barone es más profundo, más íntimo.

Me dio la impresión de que yo también fui estafado, y que yo mentí. Eso es grave, porque uno se cree honesto. Yo trabajé en muchos medios, y estaba creído de que decía lo que quería, cuando era joven mucho más. Pero uno siempre es funcional en un medio grande. Podés jugar de rebelde, pero todo lo que te rodea está cooptado por otros intereses, con lo cual vos servís a esos intereses. En el fondo, lo tuyo es un entretenimiento, no tiene peso específico. Al peso específico lo tiene todo lo que te rodea”, traza una divisoria.

Y hablando de libertad periodística, el domingo 7 miraba la carrera del TC en Balcarce, donde la categoría homenajeó a los hermanos Patronelli, vencedores del Dakar 2010 en cuatriciclos.

¿El obediente periodista de Carburando que los entrevistaba podría haberles preguntado qué creían que sentía, al ver el tributo por la tele, la familia de la mujer fallecida en Córdoba tras ser atropellada por un auto del Rally?

Aunque se codee con ‘la flor y nata’ del automovilismo nacional y cada tanto se ‘coma’ una neumática promotora, el obediente tipito no es libre.

Dice Barone:

a medida que crecés te vas haciendo un nombre, y presuntamente podés tener más libertad. Pero a ese nombre lo tenés que sostener con avisadores, entonces pregunto: todos los grandes periodistas que trabajan en medios donde ponen cataratas de avisos las grandes empresas, ¿pueden hablar con libertad del daño que causa el glifosato, o del daño que la soja provocaría a la tierra?”.

El discurso periodístico queda entrampado, “contaminado” por el consumo.

“¿Puedo decir que los pobres no deberían comprar celulares, sino libros?”.

En los 60 y 70 , refresca Orlando, “estaba permitido” que un periodista tuviera su propia mirada del mundo.

Hoy,

lo que uno ve es que todos estamos, dándonos cuenta o no, colocados en los lugares donde los grandes poderes te colocan”.

A propósito, para someter al periodista el poder dispone de muchos “recursos que no son corruptos”, como un pulpo capaz de estrangular con sus colosales pinzas a todo un acuario de pequeños peces.

Un recurso simple, hasta cotidiano en toda metrópoli, grande o chica: “te invitan a la primera fila del Colón, o a la platea vip a ver a Los Rolling Stones. ¿Qué vas a decir? Tu mirada está aflojada”, grafica.

Por otro lado, un periodista no escribe para sí, y esa sorda presión también juega a la hora de sentarse frente al teclado a ‘cocinar’ su material:

“uno se autolimita en la mirada, cuando sabe que está mirado por otro”.

Además,

todos tenemos nuestra hinchada y trabajamos para ella, porque tu hinchada espera tu gambeta, si no se la das, la desilusionás. Hasta que un día no te das cuenta y sos cautivo de esa hinchada“, asume.

Está el tema del ego, combustible vital de ese “encantador de serpientes” que es todo periodista: digo yo que a su modo, cada cual busca alimentar su hinchada, y aún cuando se propusiera lo contrario estaría dejando en el intento jirones de su libertad. Llevado al extremo: pensar te hace libre, pero a la vez te ata. 

Orlando Barone comenzó en el periodismo hace muchísimos años, y hace “como 50″ estudió 2 de una carrera que entonces no gozaba del prestigio presente, no se usaba, por así decir.

Fue su “compadre” Adolfo Castelo quien lo convenció de que lo suyo era lo que es.

Antes (esto no me lo dijo, lo leí en Internet), esa dupla que hoy barrería sin despeinarse con tándems como el de Mactas y Hanglin en el ‘Gato’ y el ‘Zorro’, andaba en otro métier: Orlando y Adolfo vendían una tintura para el pelo en las peluquerías porteñas.

Castelo le consiguió un trabajo en la revista Mercado, y su 1º nota fue a tapa:

ahí me di cuenta de que tenía con qué, porque en una revista en la que escribían todos profesionales, aparecí yo, un muchacho de clase media y poco refinamiento, y mi primera nota fue a la tapa”, rescata del cofre de su memoria.

En esos años, lo “salvaba” su “cultura”, pero “no conocía restoranes caros ni hoteles cinco estrellas. Mi mundo tenía una limitación, no mi cabeza”, saca pecho. Adolfo y Orlando fueron buenos amigos: Castelo es padrino de la hija de Barone, y viceversa.

En esos primeros tiempos, un día enviaron a Barone a realizar una investigación sobre los perros de elite. Así se presentó en el club donde están los expertos en razas exóticas, tipo el Jazmín de Susana (entonces serían otras las “marcas” de onda, no sabo nada yo), y acaso como el niño que salta a la pileta en un gesto inconsciente, Orlando se halló en el agua, ejercitando el músculo de su ironía.

Lo que vio fue demasiado para su buen gusto y sensibilidad, y entonces hizo su nota despedazando a “dos viejas ‘cajetonas’ de mierda que me hincharon las pelotas”.

Quedó “muy linda la nota, me divertía con ellas, con los perros y con los pelotudos que tenían al perro como juguete. Ahí estaban los primeros pincelazos de la ironía que manejo hoy, con menor libertad y menor adiestramiento”, ata sus cabos.

Entregó el material, y al toque el secretario de redacción lo convocó a su despacho, irritado:

“’esto es una porquería. ¿A quién le importa tu opinión, por qué vas con prejuicio a ese club? Imagináte que esa señora tuviera que hacer una nota sobre vos y dijera que sos petiso, ordinario’. Qué lección“, clava Barone.

El tipo le ordenó reescribir la nota, despojándose de toda opinión. El tomó esa orden como una chance para aprender algo. La nueva nota quedó de todos modos “linda”, si bien “no hubiera pasado por el ojo de un ideólogo marxista”, pero sí “por el de un lector”.

Sabe que hoy, ya siendo Barone publicaría la primera versión, y “me felicitarían, dirían ‘qué excelente, qué mordaz’”.

Sin embargo, mucho de aquella lección casi iniciática quedó tatuado en su alma de periodista:

uno tiene que disparar el arma contra un objetivo, cuando la proporción entre el objetivo y el arma se equiparan. Si desde el lugar de un periodista cautivo de un medio querés destruir el Imperio británico, es una ingenuidad. Lo podés hacer en tu blog, pero no pretendas vivir de eso“.

El escritor inglés Aldous Huxley marcó una vez que una verdad sin interés no tiene nada que hacer contra una mentira emocionante.

Comprobar que es así, que hoy “los medios son la mentira emocionante”, desalienta a Barone, sustenta su quiebre con la profesión. Máxime cuando el periodismo, como nunca, ametralla con ardides y arbitrariedades a una sociedad encadenada a su construcción del mundo.

“Un periodista puede mentir también por omisión. Nosotros en 6, 7, 8, a veces hacemos eso. Pero como la andanada desde enfrente es tan poderosa, dejamos pasar algunas cosas”, concede.

En el mundo, 4 o 5 agencias noticiosas se reparten la producción y distribución de los contenidos informativos.

“¿Podrías garantizarme que lo que te cuentan de Afganistán es cierto?”, inquiere, y se inquiere.

Barone no se cree nada. Sabe dónde está, no practica la falsa modestia, la forma más ruin de la soberbia. No se toma tan en serio.

Es un obrero intelectual, eso. Difícilmente me hubiera recibido tan fácil si se creyera algo, luego de que la única persona que hubo en el medio, su asistente Milena, arreglara todo en un abrir y cerrar de ojos. Difícilmente Barone enferme de ‘broncemia’, un misterioso virus que acecha a todos los que en la vida estamos del lado de adentro de la vidriera.

La charla se extendió 1 hora y 1/2, el jueves 4 a la tarde. Me recibió enfundado en una remera negra muy juvenil, que le he visto en 6, 7, 8, bermudas blancas, zapatillas blancas y medias cortas al tono. En su hogar hay muchos libros, buenos sillones, un plasma, algunos adornos y no mucho más.

El día señalado sólo estaba su mujer, Beatriz, que trajo agua y después café, para desaparecer hacia una habitación lateral. Reapareció sólo una vez, inalámbrico en mano: un tal Crossatto (¿se escribirá así?) quería saludarlo y arreglar para verse.

Orlando le expresó que era un gusto, que él lo llamaría para ir a comer algo a algún lugar de la calle Reconquista. Anotó el teléfono “en otra agenda que tengo por acá”, y no bien cortó, me contó que el tío Crossatto es un tipo de Zárate, que hace exposiciones de cuadros y ha montado una suerte de club de fans de Barone.

“¿Ves? Estas cosas te gratifican”, me confesó.

Barone no hace gimnasia moral, como tantos periodistas y tanta gente que se vanagloria a veces de estupideces, pero con el orgullo al mínimo destaca que renunció a mucha plata, que hoy podría ser un rico & famoso.

“Un día, en La Nación, me di cuenta de que era el bufón del rey. Escribía una columna los domingos, que era muy exitosa, me pagaban bien como bufón, yo decía que estaba en La Nación. Pero me dije: ‘¿por qué no voy a trabajar a un lugar más afín con mis intereses?’”.

Dejó el diario. Al rato también ´saltó´ de Continental, una radio fuertemente ligada a los capitales sojeros y del campo en general, polos del embate incesante de su fina mirada.

A esta altura, con el peso de ser Barone, nadie lo censuró en esos medios.

Como firmás, tenés un nombre, te permiten cosas que no le permitirían a un redactor cualquiera. Pero están disconformes igual, y te van aislando: en vez de jugar en el centro jugás en una punta, y después te ponen en el banco, para no censurarte. Ningunearte es una manera de censurarte, porque en los medios siempre se destaca el mejor empleado del mes, como en una fábrica o en una empresa“, remata.

Hoy está en 6, 7, 8 y hace la Carta Abierta para el programa de López Foresi, por Del Plata. “Ahora soy un outsider que tira con perdigones, contra los cañonazos que tiraba antes”, compara, sin media dosis de nostalgia.

Hizo el camino al revés, Barone: de lo impuro fue yéndose a lo puro, de lo dócil a lo rebelde. (“La profesión está muy envilecida; no, no me gusta esa palabra, diría contaminada“, sentenció al comienzo de la entrevista, eligiendo cuidadosamente las palabras, en lo que también lo pinta de cuerpo entero: Barone está en el detalle, en épocas en las que casi nadie, en nada, está en el detalle, en épocas en las que lo primero y más común, y casi siempre lo más eficaz, es el trazo grueso, la canción gritada, desafinada, la nota descolocada. Estar en el detalle es perseguir la excelencia.)

Lo del camino al revés corre para su oficio: comenzó como escritor, ganó premios, y se hizo periodista.

Respecto de escritores periodistas, añora los comienzos de Página/12, en el ´87, cuando “hicieron un diario diferente, y con poca publicidad”.

Algo de ese sueño quedó, pero quedó también Página relegada a un rincón, convertida en un refugio de “psicólogos, antropólogos, artistas”: hoy vende y ‘pega’ poco y nada comparado con Clarín, La Nación y hasta Perfil. Igual, Barone cree que el diario fundado por Lanata sigue siendo el mejor escrito, el que se apoya en las columnas de escritores periodistas, o periodistas escritores, que hacen la diferencia en materia de calidad.  

Durante esta distendida charla que terminó siendo una lección sobre periodismo y sociedad, en algún momento pasó por la inseguridad. Una frase vale como resumen de su mirada, en lo ancho y lo largo:

“¿cuántas esquinas tiene el conurbano, pongamoslé un millón? ¿Que masacren en una esquina a una persona, no está dentro de las probabilidades? Porque quiere decir que en 999.999 esquinas, no masacraron a nadie”, pero nadie lo dice, porque no vende, lo que vende es la sangre como el ketchup de luxe de la chuleta, los restos de seso esparcidos por la acera y la mesa de la cena.

Encima, se ‘construye’ un mundo para la víctima, se relata su vida desde la lástima. “Todos tenemos una vida, si yo cuento la tuya desde la lástima, me pongo a llorar”.

Los medios plantan el contexto, y las mayorías salen a gritar que no se puede vivir más, que es imposible, que nadie piensa en el laburante, que mañana te toca a vos, que hay que meter metralla.

La sociedad consume eso que vos hacés, y no te critica por ser morboso, sigue viendo el programa con mayor énfasis“, asevera.

En síntesis, “hablar bien de alguien” no suma, salvo que sea

“un ídolo, como Sandro. Fijáte que hasta en el fútbol se usa la miserabilidad: lo que pasa con el ‘Ogro’ Fabbiani, con Riquelme, con Maradona. La sociedad está consumiendo eso, y nosotros somos funcionales”.

Orlando Barone es un periodista-periodista, no un periodista-empresario. Orlando Barone no es un tipo ambicioso, no puja por el poder, en ningún orden: se mantiene al margen, para criticarlo, para desnudarlo y diseccionarlo.

Su mirada casi que flirtea con el nihilismo, pero guarda una ración de fe: “creo que el periodismo cambiará algún día, porque se está ahogando en su propia miseria”. También cree que “la sociedad cambiará”, cuando entienda que está siendo usada.

Orlando Barone es un tipo de clase media que se ocupa de molestar a los de ‘arriba’ y avivar a los de ‘abajo’, un laburante de medios que hizo el camino ‘alvesre’: reconoce que él también es impuro, pero lo admite, ésa es su crucial ventaja sobre los que mienten con cara de piedra.

Y al reconocer su parte impura, de algún modo la purifica. En el purulento contexto actual, Barone es un puro entre los impuros. Más aún, es la pureza de lo impuro, algo así como un tuerto guiando a ciegos que se arrastran hacia el otro lado.

Agradezco a mi colega y amigo Oscar Bissio, por su aporte a la realización de esta nota.

11 perdigones de oro

Por propia voluntad, Orlando Barone renunció a La Nación y a Continental. Hoy trabaja en la Televisión Pública y en radio Del Plata. Abandonó el cañón para tirar con perdigones, según su metáfora. Los siguientes son algunos de los perdigones que disparó durante la hora y media de entrevista exclusiva con LA MAÑANA del domingo, en la que desplegó su descarnada mirada sobre el periodismo:

  • “Para ser libre, un periodista no tiene que ser periodista”.
  • “En el periodismo, la corrupción siempre está amparada por esa cosa gaseosa que se llama libertad de prensa”.
  • “Yo también fui estafado, y mentí. Eso es grave, porque uno se cree honesto”.
  • “Yo creía que decía lo que quería. Podés jugar de rebelde, pero en el fondo lo tuyo es un entretenimiento, no tiene peso específico”.
  • “Dándonos cuenta o no, todos estamos colocados donde los grandes poderes nos colocan”.
  • “El poder dispone de muchos recursos que no son corruptos para someter al periodista”.
  • “Tu hinchada espera tu gambeta, si no se la das, la desilusionás. Hasta que un día no te das cuenta y sos cautivo de esa hinchada”.
  • “Uno tiene que disparar su arma contra un objetivo, cuando la proporción entre el objetivo y el arma se equiparan”.
  • “Ningunearte es una manera de censurarte, en los medios siempre se destaca el mejor empleado del mes, como en una fábrica o una empresa”.
  • “La sociedad consume eso que vos hacés, y no te critica por ser morboso, sigue viendo el programa con mayor énfasis”.
  • “Creo que el periodismo cambiará, porque se está ahogando en su propia miseria”.

Los oasis de Orlando

Dentro del amplio espectro de voces del periodismo de hoy, amplio en cantidad, calidad y diversidad, como todo periodista Barone tiene sus refugios, sus oasis donde beber para seguir:

“Leo mucho a Horacio Verbitsky, me gusta su manera de investigar. Leía mucho a Pasquini Durán. Considero que un gran escritor de notas era Tomás Eloy Martínez. Cruzaba la ficción con la realidad, pero lo hacía bien. Yo como soy un cocinero me daba cuenta, pero si me pongo en lector, era atractivo. Siempre se encontraba con un famoso en el tren, un famoso que había muerto“, enumera, y describe.

También le gustan “cómo analiza” Luis Bruschtein, la “garra” y cómo escribe Martín Caparrós, aunque no comparte su ideología, Eduardo Blaustein, Carlos Polimeni y Víctor Hugo. Sostiene que, entre los relativamente nuevos, Reynaldo Sietecase es “un muy buen periodista”. Y uno de sus preferidos, “siempre“, fue Osvaldo Soriano.

Por el contrario, no le gustan “los que se ponen la patria sobre la espalda”. Cita dos ejemplos: Santiago Kovadloff y Beatriz Sarlo.

Vestidos transparentes

Orlando Barone está a favor de la ley de servicios de comunicación audiovisual presentada por el gobierno nacional y aprobada por mayoría en el Congreso. Dice que lo que hizo la ley fue “abrir el telón”, y que desde entonces “todos estamos en bolas. Pero los periodistas seguimos actuando como si estuviéramos vestidos. Nelson Castro no sale a decir ‘mire, la verdad es que somos vulnerables’. A eso te lo dice Barone, casi un ex periodista“, bromea, o no.

José Castro


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


Si has disfrutado este post Suscribete al boletin de Novedades de Soy donde no pienso o agregame feeds a tu lector de noticias preferido

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 760 seguidores