Tiempos de fútbol (II)
Para los chinos, es un espejo donde mirarse (Wanghailou)
La televisión transmite todos los días los “partidos de los poderosos” por la Copa Mundial de Fútbol. Aunque por no haber clasificado para el Mundial los chinos estamos fuera del mismo, nos pasamos la noche en vela vitoreando a otros. ¿A quién culpar de que un país con una población de 1.300 millones de habitantes no puede conseguir un buen equipo de fútbol?
Pueblo en Línea/ Beijing
Este es el evento deportivo que atrae la mayor atención de la Humanidad y, desde luego, un grandioso encuentro cultural.
China, como país más poblado del mundo y centro de atención global por su sostenido crecimiento económico en más de 30 años, organizó con éxito los Juegos Olímpicos de 2008, donde ganó el mayor número de medallas doradas.
China es hoy también un miembro indispensable de la Cumbre del G-20. Pero casi siempre está ausente en la Copa Mundial de Fútbol.
¿A quién culpar de que un país con una población de 1.300 millones de habitantes no puede conseguir un buen equipo de fútbol?
¿Acaso a la débil constitución física de los asiáticos, porque consumimos menos carne?
Así las cosas, el fútbol chino debía haberse iniciado en la generación de nuestros abuelos, quienes debían haber consumido más carne para mejorar la constitución física. No obstante, los habitantes de nuestros países vecinos, como Japón, Surcorea y Corea del Norte no han consumido necesariamente más carne que nosotros.
¿Acaso se debe a que carecemos de las habilidades que sí tienen otros?
En China nunca faltaron hombres con grandes habilidades.
¡Y quien lo dude, ahí tiene nuestra acrobacia, qigong y wushu! Quien vea la abundancia de hermosas montañas, ríos y paisajes que quitan el aliento, ¿puede decir que está enfermo nuestro país?”
¿Se debe a que el fútbol es un deporte poco familiar para los chinos?
La FIFA ha confirmado que el fútbol se originó en China, donde se le denominaba “cuju”. En la novela “A la orilla del agua” hay un personaje llamado Gao Qiu, homófono del vocablo fútbol en chino.
¿Se debe a la incapacidad de los técnicos? Hemos gastado mucha plata contratando a entrenadores de alto nivel.
¿Se debe a algún mecanismo inservible? Ya disponemos del mecanismo de la liga.
¿Se debe a la corrupción vinculada al juego? Con vistas a detener las apuestas y partidos arreglados se ha desatado una campaña de saneamiento del deporte, la cual ha resultado en la condena a prisión de varios jugadores y directivos.
No obstante, seguimos lamentando que, con una población de 1.300 millones de seres humanos, China no haya podido producir un buen equipo de fútbol.
El Dr. Henry Kissinger, tras su jubilación, fungió alguna vez como comentarista de fútbol. Sostuvo en una ocasión que la Selección de Fútbol de China no había podido salir de Asia y avanzar por el mundo a causa de la rémora de la cultura china:
“los futbolistas sólo saben practicar el colectivismo y carecen de carácter individual y de capacidad de imaginación.”
Esta opinión es errónea. La cultura china destaca, desde luego, por el colectivismo, pero también pondera el carácter individual. Cuando se hablaba de que el caballero debía “cultivar la moralidad, mejorar la familia, gobernar el país y mantener la paz común”, se vinculaba al individuo con el país y el mundo. Muestra de ello es que China ha dado tantos brillantes escritores y grandes maestros de las artes.
Fue Kissinger quien nos llamó la atención sobre la posibilidad de que haya implicaciones culturales en este fenómeno. Debemos entonces asumirlo desde el ángulo de la cultura.
Para empezar, es menester que nos concentremos en 3 aspectos:
En 1º lugar, el fútbol necesita de combinar a plenitud las habilidades individuales con la coordinación colectiva.
Y ahí empiezan nuestras carencias. Nos falta esta capacidad en muchos aspectos; no sólo en el balompié. Al poner énfasis en el individuo, nos olvidamos de la colectividad; y cuando destacamos la colectividad, sacrificamos al individuo.
Hablamos todos los días de marxismo, pero descuidamos que la sociedad ideal que éste enarbola debe
“materializar la libertad, emancipación y desarrollo integral del hombre” a la vez que propugna “el desarrollo libre de todo individuo como condición previa para el desarrollo libre de todas las personas”.
En 2º lugar, el fútbol necesita de una hábil combinación de ofensiva y defensa. No sólo en el fútbol carecemos de esta hábil combinación. Somos buenos en voleibol y tenis de mesa, que tienen líneas claras, pero no en el fútbol, caracterizado por un desplazamiento en constante zigzag, la coordinación tácita y la confrontación enconada.
Sobre todo, somos incapaces de asimilar la “posición Fuera de Juego (Offside)”; ni sabemos cómo “ayudar sin provocar problemas, ni cumplir con el deber sin caer en la posición de fuera de juego.”
Nuestros antepasados establecieron claras líneas divisorias en el territorio nacional, y procuraron garantizar la permanencia de las mismas construyendo la Gran Muralla y aplicando la “prohibición de comercio con el extranjero”.
Pero ahora, en la era de la globalización económica, debemos ampliar continuamente la apertura hacia el exterior, porque ya resultan insostenibles las demarcaciones de antaño. En tanto, debemos librarnos del influjo de una occidentalización excesiva, pero sin que por ello detengamos la ampliación de la apertura, y defendernos de cualquier infiltración, de modo que podamos jugar, en cualquier terreno, un buen “fútbol”.
En 3º lugar, ¿qué utilidad puede tener pasarse la vida desgañitándose vanamente por preservar “el espíritu nacional con el patriotismo como núcleo” mientras seguimos de brazos cruzados?
¿Qué impresión nos causa ver a un jugador de la selección de un pequeño país alzar emocionado su camiseta para besar el logotipo del equipo tras conectar un gol?
¿Vale de algo mirarse el ombligo cacareando la necesidad de preservar “el espíritu de la época con la reforma y la innovación como núcleos”, mientras nuestro gran país de 1.300 millones de habitantes se declara incapaz de conseguir un buen equipo de fútbol, a pesar de reformas e innovaciones?
El fútbol es un espejo, un espejo donde los chinos vemos reflejados nuestros rostros enrojecidos por la vergüenza.
Pero la vergüenza también puede ser fuente de coraje. Ha llegado entonces la hora de que nuestra selección de fútbol, y todos nosotros, nos miremos juntos ante ese espejo.
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Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.
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