Petróleo: la situación libia pone en jaque la recuperación mundial
Por Angel Jozami
26–02–2011 / La débil recuperación de la economía mundial puede naufragar por el embate de los precios del petróleo que, desde el inicio de la crisis política en Medio Oriente, subió un 20% y alcanzó su marca máxima desde 2008 a la fecha.
Como en 1973 (embargo petrolero), 1979 (revolución en Irán) y 1990 (invasión iraquí de Kuwait), la perspectiva de la economía mundial depende de esta zona vital que, como en el pasado, pone en vilo con sus desgarradoras contradicciones sociales y políticas.
Quizá no por casualidad, este potencial shock petrolero se produce también en un contexto de recesión en el mundo desarrollado, con todas sus consecuencias sobre la economía internacional de conjunto.
Hace un mes, un barril del crudo Brent costaba 96 dólares.
Exactamente hace un mes estallaba la revolución que derrocó finalmente al dictador egipcio Hosni Mubarak, profundizando el ciclo abierto un mes antes en Túnez y extendiendo las rebeliones regionales a Bahrein, Yemen, Argelia y, finalmente, a Libia.
El estado de guerra civil que vive este último país llevó el jueves pasado el precio del barril de Brent a un máximo de 120 dólares, descendiendo al cierre de la jornada a 115.
Más allá de los altibajos que se produzcan en los próximos días, la situación abierta en Libia y en toda la región ha creado una incertidumbre que los operadores no creen que pueda desaparecer en el corto plazo.
La posibilidad de que la descendente producción de Libia llegue a un colapso si la lucha político-militar prosigue más allá de una semana o dos, ya es tenida en cuenta por los gobiernos europeos, de Estados Unidos y de los grandes productores regionales de crudo.
De hecho, el viernes, los precios cayeron debido al anuncio de Arabia Saudita de que podría abastecer al mercado de los 1,7 millones de barriles diarios que produce.
La OPEP, por su lado, también ha mostrado celeridad para mostrar su decisión de incrementar la oferta y frenar el aumento en curso.
Pero la preocupación mayor de los países importadores, principalmente Europa, EE.UU, China y el sudeste asiático, es que la cadena volcánica que constituyen hoy los países árabes siga en erupción, sin conocer un límite en el tiempo ni una definición clara en el campo político.
Si bien la OPEP produce ahora alrededor de un 40% del crudo mundial, contra más del 50% en la década de los ´70, la importancia del flujo petrolero de Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos, además de Libia, es de tal dimensión que una caída de esas fuentes de provisión serían devastadoras para aquellas economías y para la internacional.
La rebelión en Bahrein, de mayoría chiíta, está influenciando parcialmente a este segmento religioso que habita la parte oriental de Arabia Saudita, cuyo rol como productor de petróleo y estabilizador político es clave en la región.
La continuidad de la inestabilidad política en los países en revolución y la extensión de ésta a los demás provocaría un constante aumento del precio del petróleo, amenazando con incrementar la inflación en las naciones desarrolladas.
Esto puede derivar en un proceso de recesión e inflación en esos países, en un contexto económico marcado por sus abultadas deudas públicas y privadas, y tasas de desocupación en constante aumento.
La lucha contra la inflación que exigiría una eventual suba de los precios del petróleo en Europa, EEUU, China y otros países occidentales y asiáticos, obligaría a incrementar la tasa de interés, una política que, a su turno, agravaría la recesión y el desempleo, o lanzaría a los que apenas crecen a una fase recesiva.
Los riesgos y desafíos que amenazan a la tibia recuperación de la economía mundial pueden, en el peor de los casos, transformarse en una segunda recesión de características planetarias y de una profundidad aún mayor que la de 2008-2009.
En el mejor de los casos, los analistas estiman, en su mayoría, que la OPEP vería con agrado un precio del petróleo en torno a los 100 dólares, un nivel que supondría -en cualquier caso- un elemento negativo para la prosecución de la recuperación económica.
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Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.
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