MACRI Y EL CASO MARTINS
Misteriosos caminos de la nueva política
14–01–2012 / El escándalo en torno a Martins, acusado de ser el jefe de una red internacional dedicada a la trata de personas, dejó al descubierto un sistema de coimas que involucra a altos funcionarios macristas.

Por Ricardo Ragendorfer – Periodista.
Noviembre de 2010 fue un mes idílico para Mauricio Macri.
Al respecto, hasta diría: “Ahora mi estado civil es feliz.” Fue tras su matrimonio con la heredera textil Juliana Awada ante cientos de invitados que aplaudían a rabiar. Después partió de luna de miel a México.
La situación política le era apacible. Apenas registró la difícil indagatoria al ex ministro de Educación Mariano Narodowski, en la causa por las escuchas telefónicas, en la cual él mismo se encontraba procesado.
Tampoco lo ofuscó un cable revelado por WikiLeaks, donde la embajadora estadounidense Vilma Martínez informaba al Departamento de Estado sobre su “visión maniquea del mundo”: por lo menos le reconocía una visión del mundo.
Y tal vez, riendo para sus adentros, haya evocado tal concepto durante una alegre velada en el club nocturno Mix Sky Lounge, de Cancún.
Esa noche, Mauricio y Juliana departieron largamente con Gabriel Conde, el dueño del lugar en sociedad con el ex agente de la SIDE Raúl Martins.
Una foto de los tres inmortalizaría aquel momento.
El hijo de don Franco no pudo entonces imaginar que 14 meses más tarde tal imagen sacudiría su presente.
Ya se sabe que el escándalo en torno a Martins, quien ahora está acusado de regentear prostíbulos y ser el jefe de una red internacional dedicada a la trata de personas, dejó al descubierto un sistema de coimas y aportes de campaña que involucra a altos funcionarios macristas.
La denuncia corrió por cuenta de la propia hija del presunto fiolo, Lorena Martins, con el patrocinio del abogado Claudio Lifschitz.
En ciertas historias es notable el destino circular de sus protagonistas.
En la mitad de los años 90, el comisario general Jorge “Fino” Palacios, quien en su calidad de titular de la División Antiterrorista de la Federal tenía a su cargo la investigación del caso AMIA, había logrado convertir en secretario del juez Juan José Galeano a un pluma de esa fuerza, tal como se le dice a los civiles que cumplen allí tareas de inteligencia. No era otro que Lifschitz.
Por alguna razón no determinada, aquel hombre terminó traicionando a sus mandantes, al revelar las irregularidades del expediente.
Su testimonio derrumbó esa causa, lo cual a su vez derivaría en la destitución del juez, quien ahora está procesado por encubrimiento junto con Palacios y otros reputados personajes de la época.
El otrora poderoso policía sería contratado en 2008 por Macri para organizar la Metropolitana. Semejante designación provocó la primera gran crisis de la gestión macrista, seguida por el no menos traumático affaire de las escuchas telefónicas.
En tanto, Lifschitz probaba suerte en México como abogado del ya mencionado Martins. Sin embargo por alguna razón no determinada, terminó enemistado con su empleador.
Dicen que su huida de Cancún fue dramática. Y ahora, unido sentimentalmente a la tal Lorena, motoriza las denuncias contra el veterano proxeneta. Y con Macri en la línea de fuego.
Es que, quizás de modo involuntario, su intenso paso por la función pública constituye un verdadero leading case acerca del a veces tortuoso vínculo entre la política y el delito.
Cosa rara en un individuo como él, cuyo apego al orden y a la legalidad es proverbial.
Sin ir más lejos, este asunto le estalla en la cara en medio de su cruzada contra los manteros de la calle Florida, “una mafia que –según sus propias palabras– a los comerciantes honestos les provoca pérdidas millonarias”.
Es, desde luego, muy embarazoso que, en paralelo, se lo vincule a tipos abocados a quehaceres tan poco nobles como el tráfico de mujeres con fines de esclavitud sexual.
Tal paradoja quizás descanse sobre una interrogante: el que agita la llama de la ambición humana por el poder.
¿Ciertos sujetos se dedican a la política para recaudar dinero o, por el contrario, recaudan para hacer política?
En este caso, tal enigma es explicado por sus protagonistas de una manera aleccionadora.
El 26 de julio de 2011, es decir, 5 días antes del ballottage porteño, un lugarteniente local de Martins envía un mail a México:
“Llamó el amigo de Boca (se refería al ex jefe de la Agencia Gubernamental de Control, Oscar Ríos) y me junté con él. Me solicitó si se le puede aportar 10 lucas para solventar gastos de campaña para la segunda vuelta. Y me recordó que el año pasado cuando nos pidió y no la necesitó, la devolvió y te la agradeció, y que le está pidiendo a los que no les pidió en la primera vuelta.”
La respuesta de Martins, enviada a las 23:22 de ese día es la siguiente:
“Yo creo que sí; hay que contribuir para Mauricio. Más cuando todos los negocios están en Capital.”
Aludía a sus 7 prostíbulos que funcionan en la Argentina.
Ambos textos forman parte de una serie de mensajes electrónicos aportados por Lorena Martins al juez federal Ariel Lijo, quien instruye su denuncia.
Por ahora, la explicación oficial del gobierno porteño ante el asunto fue el silencio.
Sin embargo, un dirigente del PRO esgrimió ante Tiempo Argentino el siguiente parecer:
“Ignoro hasta que punto Mauricio estaba al tanto. Puede ser que haya habido gente que agarrara la plata a su nombre. No iba ir Macri en persona a cobrar, ¿no?”
– ¿Y la foto con Gabriel Conde en el club nocturno de Cancún?
– Era un conocido suyo. Lo invitó a tomar una copa. No vaya a creer que Mauricio llevó a su señora a un prostíbulo.
Cosas de la nueva política.
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Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.
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