Archivos para mayo 20th, 2012

Macri, Ciro James, Palacios y Cia se encaminan hacia el banquillo de los acusados

mayo 20, 2012

Mauricio ya camina hacia el banquillo de los acusados

20–05–2012 / Para el jefe de Gobierno porteño el juicio oral está cada vez más cerca. Compartirá tal destino con Ciro James y el Fino Palacios. Entretelones de un papelón de Estado.


Por  Ricardo Ragendorfer y Walter Goobar

CirojamesEl tal Ciro se apellida James, un nombre emblemático en su gremio.

Aunque bien se hubiera podido llamar Maxwell, en homenaje al Superagente 86, ya que su estilo guarda cierta semejanza con el del simpático personaje interpretado por Don Adams.

Al respecto, hay un episodio que lo pinta por entero. En octubre de 2008, acudió a las oficinas de Ciudad Abierta, la señal televisiva del Gobierno porteño. Iba por cuenta de su empleador, el ministro de Educación, Mariano Narodowski. Su propósito: pedir prestada una cámara.

Aquel individuo achaparrado y rollizo no pasó allí desapercibido. Sonriente, muy locuaz y con una marcada inclinación hacia la autosuficiencia, se exhibió como un verdadero experto en cámaras de video, sin ocultar su preferencia por la modernísima AZ1.

¿La necesitás para grabar un evento? –preguntó un productor.

Algo así. La necesito para grabar el conflicto docente –fue la respuesta.

En ese instante, su sonrisa se hizo amplia. Entonces, habló de su pasado como pluma de la Federal, tal como se le dice al personal civil de inteligencia que actúa en dicha Fuerza. Habló de hazañas en la Triple Frontera. Habló de seguimientos.

Habló de más. En resumidas cuentas, aquel sujeto –contrariando la regla más sagrada de su oficio y también la del sentido común– se vanagloriaba en público de ser un espía.

Exactamente al año, su condición de agente secreto fue difundida en todo el país al estallar el affaire de las escuchas telefónicas.

Ahora –luego de que el juez federal Norberto Oyarbide cerrara la etapa de instrucción del expediente–, semejante traspié profesional acaba de guiar nada menos que al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, a los umbrales del juicio oral.

Sus colaboradores más cercanos dicen por lo bajo que él aún no asimiló con plenitud el escenario que, tarde o temprano, le obligará a alternar sus quehaceres de Estado con otra actividad: sentarsetres veces por semana, durante no menos de dos mesesen el banquillo de los acusados.

Lo hará junto a sus compañeros de causa. Ellos son: el ex jefe de la Metropolitana, Jorge Fino Palacios, el ex ministro Narodowski, además de un grupo de policías y funcionarios judiciales de Misiones y, desde luego, el inefable James.

Todos están procesados por “asociación ilícita, violación de secretos y violación de la privacidad”, a través de la “interceptación indebida” de comunicaciones. Un combo tasado con penas de hasta 10 años de prisión.

OJOS Y OÍDOS DEL PRO. Al comenzar la primavera de 2009, una extraña atmósfera flotaba bajo el cielo capitalino.

Miradas al Sur, en su edición del 4 de octubre de ese año, reveló la existencia de una unidad de inteligencia con base en el hotel Savoy que, en medio del debate parlamentario por la Ley de Servicios Audiovisuales, monitoreaba conversaciones telefónicas de políticos oficialistas y opositores, funcionarios del Poder Ejecutivo y periodistas.

A tal estructura no habría sido ajeno el ex jefe de la Side duhaldista, Miguel Ángel Toma, quien en aquellos días reportaba alternativamente al peronismo disidente, al Ministerio de Seguridad porteño y al Grupo Clarín, tal como el otrora Señor Cinco reconoció después, durante una desafortunada desmentida.

En aquel mismo artículo, este semanario también mencionó una operación en torno al integrante de la agrupación Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado a la Amia, Sergio Burstein, a quien un juez de Misiones intentaba vincular con un homicidio en dicha provincia.

Lo cierto es que Burstein había sido uno de los más encarnizados críticos del nombramiento de Palacios en la cúspide de la Metropolitana, debido a su papel en el encubrimiento del ataque a la mutual judía. James fue detenido el 5 de octubre.

A partir de aquel lunes se sabría que lo del homicidio era en realidad parte de una una ingeniosa estrategia para articular con cobertura cuasijudicial una serie de pinchaduras telefónicas ilegales desde las catacumbas del macrismo.

En Misiones –con la complicidad de dos magistrados locales– se inventaban causas para así ordenar escuchas, las cuales luego se retiraban de la Secretaría de Inteligencia (SI), en la Capital.

Otras víctimas de la maniobra fueron el empresario televisivo Carlos Ávila, su yerno, Federico Infante, dos altos efecutivos de la cadena Coto, el abogado Francisco Castex, un hermano de Juan Navarro, CEO del Exxel Group, la esposa de un importante anticuario, una mujer vinculada con un empresario de medios y Daniel Leonardo, el cuñado manosanta del propio Mauricio.

Junto a Burstein, el pai Leonardo es el querellante de mayor importancia en la causa, dado que su presencia entre los damnificados apunta directamente al líder del PRO.

Al respecto, en su edición del 13 de junio de 2010, Miradas al Sur publicó un mapa de triangulación de las antenas de esa empresa, correspondiente al lugar en el que se activó el equipo de James a las 23.05 del 27 de mayo de 2008.

Tal estudio –elaborado por el ingeniero Ariel Garbarz en base a datos aportados por Nextelubican al espía en la esquina de la Avenida del Libertador y Tagle, justo donde vivía Macri, inmediatamente después de retirar de la SI las escuchas de Leonardo.

La infografía en cuestión fue incorporada por Oyarbide al expediente y constituye una de las pruebas más sólidas contra el jefe de Gobierno.

TEORÍA DE LA NEGACIÓN. Por más de un año, sobre el macrigate corrió un caudaloso río de tinta. Lo cierto es que, desde la captura de James hasta el procesamiento de Mauricio, esta trama no tuvo desperdicios. Una trama que induce a suponer que si John Le Carre viviera en la Argentina se hubiese dedicado al género del sainete.

Sin embargo, el caso fue relegado al silencio por otras calamidades de la actualidad. “A la gente le importa un carajo el tema de las escuchas”, dijo, en su momento, el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba, al minimizar los posibles efectos del asunto en las elecciones de 2011.

No menos cierto es que dicho vaticinio se convirtió en doctrina: “Si gané la reelección con el 64% de los votos, quiere decir que la gente no les creyó”, diría Macri el miércoles, al reunirse con sus ministros en Villa Crespo, luego de que Oyarbide notificara a las partes que había completado su investigación.

Sin embargo, el hecho de que el alcalde capitalino opusiera su caudal de votos a su inminente juzgamiento preocupa hasta a su propia tropa.

Se sabe que, en aquel cónclave, el ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, intentó soslayar la gravedad del asunto con un argumento de tipo temporal: “El juicio oral aún no tiene fecha; puede pasar muchos meses hasta su comienzo”. Su elocuencia serenó a Macri.

En tanto, el PRO ya inició su lucha para contrarrestar los inconvenientes de la marcha de Mauricio hacia su calvario judicial. El plan consiste en “un abrazo a Tribunales para reclamar una Justicia independiente”. Un ejemplo de que no se debe perder el humor ni en los peores momentos.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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“Vivir con lo nuetro” vs “vivir con lo vuestro”

mayo 20, 2012

Vivir con lo vuestro

Por Eduardo Anguita

Dolaremolino

Reducción. La fuga de divisas en el primer trimestre del año fue de 3.600 millones de dólares, un 45% menos que el mismo período de 2011.

20–05–2012 / Los indicadores muestran que la economía argentina durante 2012 no tiene ningún escenario de crisis por delante. En buena medida porque muchas de las decisiones tomadas a fines del año pasado apuntaron a corregir algunas cuentas.

Algunas difíciles de entender como la restricción de la compra de monedas extranjeras al menudeo o las normas de importación.

Pero –más allá de los métodos con los que se otorguen las licencias de compra de artículos extranjeros o las limitaciones para que, por ejemplo, un residente peruano pueda remitir parte de sus ingresos a sus familiares de origen– el Gobierno Nacional dio muestras de intervenir en los mercados para ayudar a que las cuentas nacionales queden a salvo de los malos vientos externos.

No se trata sólo de las distorsiones del comercio internacional por la crisis en las naciones llamadas desarrolladas, sino también porque la Argentina tiene todavía una pesada carga producto del desendeudamiento externo.

En este sentido, entre capital e intereses, durante este ejercicio, el Estado tiene que hacer frente a vencimientos por cerca de 15 mil millones de dólares.

Y esto es así por la perversa configuración de pagos que hizo Domingo Cavallo quien, asociado con la gran banca privada extranjera, dejó un sistema que fuera cavallodependiente.

El desparpajo y el talento de Néstor Kirchner –apoyado en una sociedad que tomaba conciencia de la situación– permitieron el desenganche de la economía y la política nacional de los poderes externos y sus aliados nativos.

Respecto de los pagos de este año, la estrategia de desendeudamiento no sólo fue de lograr una quita del 75% de los compromisos sino el de redistribuirla para que buena parte de las obligaciones no fueran con acreedores externos sino con organismos estatales.

Al ser absorbida por dependencias públicas, el Tesoro Nacional puede refinanciar casi la mitad de los compromisos.

El resto, digamos unos 7.500 millones, deberán pagarse. Y en dólares.

Parte de ellos surgen de la liquidación del superávit primario, ya que la balanza comercial sigue siendo favorable para el país. Otros salen del Banco Central.

La reforma de la Carta Orgánica permite al Tesoro echar mano de esos fondos. Si se actuara como piden a gritos los medios opositores, en cambio de tomar decisiones políticas soberanas, se volvería al sistema neoliberal y neocolonial que hundió al país.

Dos consideraciones sobre las medidas mencionadas más arriba. La primera es que las medidas que limitan la compra de divisas permitieron disminuir la fuga de capitales.

Aunque todavía es alta, el efecto es innegable: según el Banco Central, el primer trimestre de este año la fuga fue de 3.600 millones de dólares, un 45% menos que el mismo período del año anterior. Muchas de las maniobras fueron cortadas por estas medidas.

Quedó pendiente la explicación del sistema para el público y, sobre todo, cómo se desengancha el mercado inmobiliario del dólar, pero en el contexto macro es mucho lo que suma y deberá comprenderse lo que puede restar en cada caso.

El segundo tema es respecto del gran batuque que arman los medios opositores respecto del dólar blue (o ilegal).

Se trata, simplemente, de presiones para que la Argentina devalúe su moneda. Esto es, para que cada dólar que tenga que comprar el Tesoro –para hacer frente a los compromisos externos– sea más caro.

Y las presiones no son sólo políticas, sino que vienen de la mano del complejo sojero que por estos días debería liquidar exportaciones y lo hace con cuentagotas esperando sacarle más pesos a cada uno de los dólares que liquida.

Con la soja a más de 500 dólares la tonelada, como dijo la Presidenta, “se la llevan en pala”.

Eso sí, que reciban pesos con el dólar a 4,47/4,50 pesos y que, además, paguen las retenciones (35%), con lo cual siguen teniendo un rendimiento altísimo y el Estado puede seguir remando.

Hay otro factor que complica y que no es una maniobra de la City. Brasil está devaluando el real. En los últimos meses, el dólar pasó a cotizar de 1,70 a 2 reales.

Esto se explica por el crecimiento del sector financiero en Brasil, que capta muchos capitales especulativos que escapan de los países –supuestamente– desarrollados. Brasil es la sexta economía del mundo y un país muy complejo, con grupos empresariales multinacionales fuertes.

Es, además, el primer inversor en Argentina y nuestro primer socio comercial. La devaluación allá presiona para mover el dólar acá.

Ahora bien, la Argentina puede manejar sus variables económicas sin depender de los grupos concentrados pero tampoco puede ser autista.

La desaceleración económica del primer trimestre no muestra (un crecimiento del 4,8% del PIB frente al 8,9% del primer trimestre de 2011, según el Indec) ningún efecto negativo sobre la ocupación pero repercutirá, sin dudas, en la recaudación fiscal. A menos producción menor cantidad de impuestos.

BASTA DE CONCESIONES. Aldo Ferrer es el autor de Vivir con lo nuestro, un clásico de lectura imprescindible. Varios de los grandes grupos empresariales parecen tener un pequeño tratado –no publicado– que cambia lo nuestro por lo vuestro.

Pero acá viene lo que se llama sintonía fina. Y refiere a los replanteos imprescindibles que están en marcha. La decisión de nacionalizar el 51% de las acciones de YPF es, por sí misma, contundente. Pero además muestra una tendencia.

La administración de recursos es parte de la esencia de gobernar. Y si la Nación tiene menos recursos, su capacidad de asistir a las provincias es menor.

Y éstas a su vez tienen menos posibilidad con los municipios. Muchos intendentes bonaerenses dan cuenta de las dilaciones o dificultades con la obra pública. De allí que la revaluación de los inmuebles rurales resultó más que oportuna.

Parecía óptimo que esta semana los diputados bonaerenses votaran tal cual lo que habían aprobado los senadores.

Todo indica que habrá modificaciones para gradualizar esto. No se trata de una concesión a los intereses de los terratenientes, sino de una lógica de alianzas para conseguir quórum. Hubiera sido extraordinario ver a Hugo Biolcati resignado a su soledad.

Pero Daniel Scioli fue quien mandó el proyecto y la realidad del trámite parlamentario dio lo que puede ser un resultado más pobre.

Más allá de esto, queda sobre el tapete que no sólo hay que discutir umbrales de pago, sino también normas de administración impositiva.

La cantidad de fideicomisos, sociedades anónimas, cooperativas truchas o prestanombres que existen destinados sólo a burlar al fisco no son un invento sólo de los terratenientes y sus legiones de estudios de abogados y contadores.

Parece mentira que sean empresas acostumbradas a financiar guerras o invasiones (mineras y petroleras por caso) en otras latitudes las que, a la hora de rendir cuentas lo hagan por declaraciones juradas.

O que algunos multimillonarios tengan repartidos sus negocios en decenas de sociedades que llevan al mismo titular y que si los tributos fueran sobre personas físicas y no sobre sociedades tendrían que pagar mucho más de lo que pagan.

Esto tiene que ver con un cambio notable en el Gobierno Nacional respecto del trato con buena parte de los empresarios que se acostumbraron a manejar sus negocios casi sin riesgo y con todas las garantías de ganancia.

Lo vivió Repsol en carne propia, lo está viviendo su socio local (el grupo Petersen) y posiblemente lo viva el grupo Roggio que maneja los subtes.

Sobre el filo del fin de la semana, la Anses denunció al Grupo Roggio, controlante de la concesionaria Metrovías, por irregularidades en la contratación de servicios tercerizados.

Fue ante la Comisión Nacional de Valores y solicitó “la apertura de la investigación y la aplicación de sanciones, al evaluar que se perjudicó económicamente” a la operadora.

La Anses tiene el 8,55% de las acciones. Desde estas páginas, la edición anterior se advertía que el contrato de los subtes fue firmado por Roggio ante el Estado Nacional, de modo que este grupo sabe que corre el riesgo de ver caída la concesión.

Es decir, Mauricio Macri, que conoce a los Roggio por formar parte de la cartelización de los negocios de la obra pública, se puede quedar obligado a hacerse cargo del subte y sin Roggio.

Sobre todo, sirve para que muchos acostumbrados a “llevarla en pala” se den cuenta que el rigor fiscal y el cumplimiento de los contratos son parte inalienable de las reglas del juego.

Cabe una reflexión respecto de que mayor rigor con las contrapartes (la relación con empresas proveedoras o concesionarias y con los grandes contribuyentes) obligan a quienes reivindican mucho la militancia a que eso no sea sólo un eslogan, sino que esté acompañado de un esfuerzo mayúsculo para mejorar la transparencia, la gestión y la capacidad del sector público para hacer lo que muchos –supuestos– empresarios no hacen.

ANGOLA Y DESPUÉS. Consultado por este cronista el escritor, economista y ex embajador en Angola Eduardo Sguiglia sobre el viaje de la Presidenta a ese país, se mostró muy entusiasta.

Más que por el esfuerzo genuino de vender productos, Sguiglia destacó la importancia de abrir las relaciones con África y, en ese sentido, aclaró que Angola juega un papel muy importante en la región.

El intento de desmerecer a ese país africano por parte de la prensa opositora tiene demasiado tufillo a desprecio racial y a desconocer la importancia de la integración Sur-Sur.

Sería interesante, para que no se vuelvan más papistas que el Papa, que esos medios consulten la página de la CIA y vean que la valoración de esa agencia dista mucho de la consideración de que Angolaes el país más corrupto de la Tierra”.

Es más, allí hay suficientes datos sobre cómo millones de angolanos volvieron a su país en los últimos años en virtud del mejoramiento del clima social y político y también por los avances económicos.

Lo que no pueden ver los que ahora descubrieron lo feo que es Angola es que el Gobierno da muestras de que se desvela por cumplir con las obligaciones externas pero que está en camino de achicar los márgenes de impunidad de grupos empresariales favorecidos por la dictadura de la que formaron parte y por el neoliberalismo que dejó al país al borde de la disolución.

Y, en ese camino, es más que valiosa una política exterior abierta y comprometida con naciones que salieron del yugo colonial.


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La izquierda marxista, sus dilemas y su falta de representatividad social

mayo 20, 2012

Dilemas de la izquierda marxista

por Atilio Boron

Al igual que Hamlet, la izquierda argentina se pasea incansablemente por los confines de la oposición preguntándose las razones por las cuales no logra constituirse como una efectiva alternativa de gobierno. Pero esta imagen es, en realidad, engañosa, porque no hay un errante príncipe Hamlet, sino dos.

El primero –que representa a una minoría dentro de la izquierdase interroga angustiosamente acerca del significado e impacto de los cambios experimentados en fechas recientes por el capitalismo argentino una de cuyas muchas consecuencias ha sido la fragmentación y desorganización del universo popular y su subordinación a las políticas clientelares desarrolladas desde el Estado.

Esto, además, tuvo lugar en un período como el que se abriera luego de la crisis de la Convertibilidad y en el cual se registraron muy elevadas tasas de crecimiento económico las que, sin embargo, no lograron regresar los indicadores de la pobreza a los niveles existentes al período anterior a la crisis.

Hubo una mejoría, sin duda, en relación al punto más candente de la crisis (finales del 2001 y buena parte del 2002), en la cual los indicadores de pobreza y desigualdad se dispararon hasta niveles sin precedentes en la historia nacional, cercanos a los que caracterizan al África Subsahariana.

Pero si bien la recomposición capitalista gestionada primero por el gobierno de Eduardo Duhalde y su Ministro de Economía Roberto Lavagna y continuada luego, en parte con el mismo ministro, en la primera mitad del mandato de Néstor Kirchner, pudo garantizar una rápida recuperación del crecimiento económico los resultados en materia de redistribución de ingresos fueron, en el mejor de los casos, modestos.
 
A diez años de iniciado ese proceso la pobreza, sigue afectando, según cálculos de diversas fuentes (gobiernos provinciales administrados por el kirchnerismo, consultoras privadas, la Universidad Católica Argentina, etcétera) aproximadamente a la cuarta parte de la población argentina.

Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), intervenido por el gobierno nacional y carente por completo de credibilidad, anuncian en cambio, una proporción de personas viviendo debajo de la línea de la pobreza inferior al 10 %, dato éste que no es tomado seriamente siquiera por los sindicatos afines al kirchnerismo a la hora de negociar sus convenios colectivos con las distintas patronales.
 
La paradoja que atribula a este primer Hamlet de la izquierda es que bajo estas condiciones, habiéndose demostrado la incapacidad de la economía capitalista de redistribuir aún en un contexto de elevado crecimiento económico durante más de ocho años, las capas y sectores populares no consideran a la izquierda como una alternativa de gobierno capaz de construir una sociedad mejor.
 
El otro Hamlet, representativo de una opinión mayoritaria en el seno de la izquierda, gusta vestirse con los atuendos del Dr. Pangloss y pensar, como el personaje incurablemente optimista de Voltaire, que tarde o temprano la “verdad de la revolución” madurará en el seno del proletariado y que no hay nada que cambiar.

La propia irrelevancia política y su falta de gravitación electoral y social así como las complejas mediaciones de la coyuntura no hacen mella en su fe en la victoria final.

Para esta concepción sectaria, la tragedia de una izquierda ausente nada tiene que ver con las renovadas capacidades de desarticulación de la protesta social exhibida por el capitalismo contemporáneo, su eficacia para co-optar liderazgos contestatarios, el poderío de su industria cultural para manipular conciencias amén de las debilidades de sus propuestas, sus formas autoritarias de organización, lo arcaico de sus discursos hacia la sociedad o su desconexión con las urgencias sociales de nuestro tiempo.

Autocrítica” es una palabra que no existe en el diccionario de los fundamentalistas de izquierda; “rectificar” es otro verbo desconocido en su lenguaje.

En su versión más rudimentaria esta actitud reposa sobre un axioma indiscutible: si la revolución no se consumó fue porque una cierta dirigencia de izquierda traicionó al mandato popular.
 
Fragmentación
 
Estas dos posturas se encuentran, en distintas proporciones, en todas las fuerzas y organizaciones de izquierda, sin excepción.

Fiel a la tradición peronista, la praxis gubernamental del kirchnerismo acentuó la fragmentación de la izquierda. En realidad, no sólo de ésta: también dividió a la Central de Trabajadores Argentinos en un ala pro-K y otra profundamente anti-K.

Lo mismo hizo con la organización de las pequeñas y medianas empresas y hasta con la más importante central empresaria, la Unión Industrial Argentina.

Partidos centenarios como el radicalismo y el socialismo, así como importantes agrupaciones estudiantiles universitarias, no escaparon a esta lógica de “división primero y fagocitación después” que ha caracterizado al peronismo desde sus inicios.
 
En el campo de la izquierda esta escisión promovida por un poder cuya voracidad es inagotable no hizo sino profundizar su debilidad.

Un sector de ella, principalmente el Partido Comunista (PC), transita por el estrecho y peligroso sendero del “apoyo crítico” al gobierno de Cristina Fernández a partir del reconocimiento del carácter progresista de algunas políticas, como el masivo enjuiciamiento a los genocidas; reorientación latinoamericanista de la política exterior; algunas medidas de política social como la “asignación universal por hijo”, extensión de los beneficios jubilatorios, estatización de los fondos privados de pensión, ley de medios, matrimonio igualitario y más recientemente, re-nacionalización parcial de YPF vía expropiación de las acciones de Repsol.

Pero junto con estas iniciativas hay otras, de signo claramente reaccionario, como la aprobación de cuatro -no una sino cuatro- leyes antiterroristas entre 2007 y 2011 a pedido de “la embajada”; y otras de carácter regresivo como el apoyo a la megaminería a cielo abierto, la sojización del agro, la extranjerización de la economía, la complicidad con el gigantesco proceso de vaciamiento experimentado por YPF a manos de Repsol, el mantenimiento de algunas vigas maestras del modelo neoliberal establecido por la dictadura cívico-militar (como, por ejemplo, la “Ley de entidades financieras” que consagra la primacía del capital financiero y la renta especulativa), la impotencia reguladora del Estado y la escandalosa regresividad tributaria que caracteriza a la economía argentina.

Esta volátil y contradictoria combinación hace que algunas fuerzas políticas, no sólo el PC, piensen que hay “un gobierno en disputa” y que hay que aprovechar las fisuras e inconsistencias del gobierno de Cristina Fernández para avanzar en una agenda de radicalización de las transformaciones en curso.

Es una apuesta riesgosa y la probabilidad de un desenlace exitoso es incierta, si bien no pocas veces la historia adopta cursos inesperados que toman por sorpresa aún a los actores más prevenidos.

Es por eso que esta tesis del “gobierno en disputa” sigue concitando adeptos en muchas fuerzas políticas y espacios del progresismo argentino, sobre todo cuando se comprueba que, al menos en términos electorales, las alternativas más probables de reemplazo al kirchnerismo serían portadoras de un retroceso considerable en casi todos los frentes, comenzando por los derechos humanos y terminando por la gestión macroeconómica.
 
Renuentes a cualquier clase de “apoyo táctico o crítico” son otras organizaciones de izquierda, de inspiración trotskista, como el Partido Obrero (PO) y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PST), que proponen una política de oposición intransigente y radical al kirchnerismo.

No es de extrañar esta actitud cuando lo mismo proponen para gobiernos como los de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez en Venezuela, amén de tener una actitud sumamente crítica para con la propia Revolución Cubana.

El fundamento de esta política maximalista es la repulsa que emana del reconocimiento de los rasgos más conservadores del kirchnerismo (señalados en el párrafo anterior) acompañada de un simétrico desconocimiento de que, a pesar del mantenimiento de importantes niveles de pobreza y exclusión social, la situación de las capas más postergadas y explotadas de la población ha experimentado una relativa mejoría a partir de los horrores de finales del 2001 y comienzos del 2002, y que los logros del oficialismo no son tan sólo un “relato” sino que tienen una cierta encarnadura en el terreno prosaico pero crucial de la economía popular.

Y esto no sólo surge del examen de algunos datos objetivos sino que, más importante aún, tiene su fundamento en la percepción y la sensación que manifiestan sectores mayoritarios de las clases trabajadoras.

De lo contrario no se comprende cómo la fórmula de la “izquierda dura”, que unificó al PO y al PST obtuvo en las últimas elecciones presidenciales poco más del 2 % de la votación popular contra el 54 % del cristinismo.

La conciencia alienada de la clase trabajadora no alcanza para explicar tamaña diferencia. Sin duda que hay algo más.
 
Esta dispersión de la izquierda marxista afecta también a otros espacios del progresismo, atravesado por similares contradicciones. Con el agravante que por su gran labilidad ideológica son fuerzas fácilmente co-optables por el kirchnerismo.

El Partido Humanista y sectores importantes del Nuevo Encuentro, por ejemplo, se aproximaron tanto en sus políticas de alianzas con el cristinismo que sin darse cuenta terminaron instalados al interior del Frente para la Victoria de la presidenta Cristina Fernández.

Esto revela, nuevamente, la gran dificultad que representa el peronismo como fenómeno de masas y como heredero de la más radical experiencia populista de que se tenga noticias en América Latina, causante en la segunda mitad de la década de los cuarentas, de la mayor redistribución de ingresos en cualquier país de la región hasta el triunfo de la Revolución Cubana.

Es por eso que el peronismo en sus sucesivas encarnaciones: el populismo keynesiano del primer Perón, el ultraneoliberalismo de Menem y el kirchnerismo neodesarrollista, es un Júpiter político que atrae a su campo gravitacional cualquier fuerza que, seducida por su retórica tan desafiante como inconsecuente o por sus componentes más reformistas, intente acompañar sus políticas con la secreta esperanza de conducirlas por una ruta ajena al itinerario trazado por el capital.

Pero si el peligro para quienes piensan en sostener “alianzas tácticas” con tan poderoso aliado es su desaparición, fundido en el magma de un populismo en permanente reconversión y en donde los elementos de derecha adquieren cada vez mayor fuerza, el riesgo para quienes deciden enfrentarlo radicalmente como si fuera un gobierno de derecha más -como si Cristina fuera Calderón o Chinchilla- y mantenerse lejos de su campo gravitacional es quedar reducidos a una expresión eternamente condenada a ser una secta testimonial, de irreprochable radicalismo pero privada por completo de toda relevancia práctica lo cual, hay que decirlo, suscita problemas para nada insignificantes de responsabilidad política que no podemos analizar aquí.
 
Como puede colegirse de lo anterior, no hay una solución sencilla para el enigma que representa el peronismo en la política argentina: un proyecto burgués, sin dudas, porque la misma Cristina ha dicho una y mil veces que lo que anhela es instalar en la Argentina un “capitalismo serio”, pero dotado de una envidiable base popular que ha mantenido su lealtad al peronismo durante 67 años, desde las lejanas jornadas fundacionales del 17 de Octubre de 1945.

No es lo mismo, para la izquierda, posicionarse frente a Piñera, Calderón, Santos o Chinchilla, que hacerlo frente a Cristina o, salvando algunas diferencias, frente a Dilma en Brasil.

De ahí la enorme dificultad de la izquierda marxista para hacer política, para pasar de sus más que justificadas denuncias –éticas, económicas, políticas- a la construcción de una alternativa de masas orientada hacia la superación histórica del capitalismo.
 
- Dr. Atilio A. Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina www.centrocultural.coop/pled

Este breve texto re-elabora algunas de las ideas contenidas en el capítulo 7 de nuestro Tras el Búho de Minerva (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000) El libro puede descargarse íntegramente desde nuestro blog: www.atilioboron.com.ar
 
Este texto es parte de la revista “América Latina en Movimiento”, No 475, correspondiente a mayo de 2012 y que trata sobre “América Latina: Las izquierdas en las transiciones políticas” disponible en http://alainet.org/publica/475.phtml


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“En Terapia” cumplió su primera semana en TV

mayo 20, 2012

El psicoanálisis cumplió su primera semana “En Terapia”

Enterapia

19–05–2012/ “En terapia”, la versión local de la tira que fue un suceso televisivo a nivel mundial, terminó en la noche del viernes su primera semana por Canal 7 y acercó, con Diego Peretti en la piel de un analista, una interesante mirada sobre la neurótica intimidad que sobrevuela las sesiones de psicoanálisis.

Ambientada en una de las ciudades con más psicólogos del mundo, la tira que completan Julieta Cardinali, Germán Palacios, Ailín Salas, Dolores Fonzi, Leonardo Sbaraglia y Norma Aleandro, tiene un envío diario y está estructurada a partir de la agenda del analista.

Así, la ficción que este sábado entre las 21 y las 23.30 ofrecerá una maratón de los primeros cinco capítulos, comenzó el lunes cuando Guillermo Montes (Peretti) recibe a Marina (Cardinali), una médica anestesista con problemas de pareja que aparece en el consultorio evidenciando una noche de resaca y llanto.

Acongojada por un ultimátum de su novio que la obliga a elegir entre el matrimonio o la nada, Marina termina confesándole a su terapeuta que está perdidamente enamorada de él.

“Te volviste el centro de mi vida”, le dice ella.

“Pareciera ser otra manera de escaparte de la decisión que tenés que tomar. Yo soy tu analista, los límites son claros y evidentes, no soy una opción real”, contesta él.

El martes es el día de Gastón, un policía de élite del Grupo Especial de Operaciones Federales quien tras un error en un operativo en la Triple Frontera, mató a varios niños y mujeres.

“¿Acá hay reglas?”; “¿yo soy el cliente?”, pregunta mientras le explica a Montes que lo contactó a él luego de una búsqueda exhaustiva de referencias que lo validaran como el mejor psicoanalista de Buenos Aires.

“Acá decimos que el cliente nunca tiene la razón”, retruca Montes e incluso, le agregará que “a veces engaña o esconde cosas y el trabajo del analista es descubrir ese pozo negro donde se esconden esas cosas”.

Poco afecto a que le tuerzan el rumbo, Gastón intentará esquivar -de formas más o menos violentas- los embates verbales del analista, dispuesto a hurgar en sus lazos más primarios donde más adelante podría adivinarse cierta tendencia homosexual.

Los miércoles son de Clara (Salas), una adolescente con arranques suicidas, bailarina clásica, que se quebró ambos brazos en un dudoso accidente de tránsito.

“No vine acá a hablar de mí, vine porque necesito algo de vos”, comenzó -lapidaria- cuando Montes intentó indagar un poco sobre la relación con su madre y la danza.

Porque su intención es que Guillermo revierta un informe psicológico negativo de la aseguradora que niega el accidente como tal y que sugiere que fue la joven quien se tiró contra el coche. Ella, además, resulta ser una compañera de inglés de su hija.

En ese punto, el ciclo descorre el velo entre paciente y terapeuta, ese vínculo donde la intimidad de quien lleva la sesión adelante, jamás se juega dentro de la escena.

Es que no sólo se devela que Guillermo tiene una hija, sino que al comienzo se lo puede ver discutiendo acaloradamente con su esposa, Sabrina (Alejandra Flechner), sobre la educación de su hijo menor.

Siguiendo el almanaque, los jueves llegan Ana (Fonzi) y Martín (Sbaraglia), un matrimonio que llega al consultorio con un embarazo inesperado y la intención de resolver el dilema de si tenerlo o hacerse un aborto.

Es que luego de haberse sometido a cinco infructuosos años de fertilización asistida, Ana queda sorpresivamente embarazada y manifiesta sus dudas sobre tener o no ese bebé.

Y cuando el encuentro pareciera reducirse a una mujer que reprocha a su marido “no tener siquiera la posibilidad de dudar” y un hombre negado a que “se mate impunemente a su hijo”, Guillermo advierte la posibilidad de un problema más de fondo.

Enfurecido, Martín lo acorrala pidiéndole una respuesta: “Quiero saber lo que pensás, si aborto sí o aborto no”, lo increpa y luego de un forcejeo verbal, Guillermo remata: “Creo que deberían hacerse el aborto”.

Con un portazo que dio por terminada una extraña sesión, donde los límites del terapeuta aparecen corridos por algún impulso personal, el cuarto capítulo de “En terapia” terminó con un Guillermo desbordado pidiéndole a Lucía (Aleandro), su supervisora, un turno para el día siguiente.

“Te vine a ver porque necesitaba hablar con alguien, siento que estoy perdiendo la paciencia con mis pacientes, que estoy acortando los procesos”, le confiesa a su terapeuta que lo mira con cierto desconcierto porque no lo veía desde hacía diez años.

“A veces siento que si los pacientes miraran dentro mío saldrían corriendo”, agregó luego de contarle sobre Marina, la paciente que le confesó estar enamorada de él y dejar entrever -sin demasiada voluntad- que tiene problemas de pareja.

Y Lucía, al tiempo que le recuerda a él que su padre se fue de su casa con una paciente, decide cerrar la sesión con una previsión lapidaria: “Cuando el analista no puede manejar la transferencia erótica es que su matrimonio se está cayendo a pedazos”.

“En terapia” surgió de la ficción israelíBe Tipul“, que luego fue licenciada a 34 países del mundo, la serie que localmente adaptaron Maci y Esther Feldman, se popularizó en 2008 por su versión estadounidense emitida por HBO bajo el nombre de “In Treatment“.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Subtes. Los usuarios siempre rehenes

mayo 20, 2012

Intereses y berrinches

 Por Mario Wainfeld

20–05–2012 / Las negociaciones colectivas saben ser tripartitas, la referida al conflicto del subte exige más presencias. Hay dos representaciones sindicales, la del gremio central la Unión Tranviarios Automotor y los “metrodelegados”. La patronal, claro. Y, por ahora, los gobiernos nacional y de la Ciudad Autónoma.

El malestar ciudadano por las 36 horas de paro puso contra las cuerdas al grupo Roggio, titular de Metrovías. No tiene margen para regatear mucho. Socios históricos del grupo Macri, fueron forzados por los gremialistas y el Ministerio de Trabajo a exigir la presencia de representantes del gobierno de Mauricio Macri.

El jefe de Gobierno persiste en sus mohínes ausentistas. Desconoce el Acta Acuerdo que firmó, tanto como al principio de ejecución que le dio al decretar el aumento del boleto.

Se empaca en un reclamo caprichoso, improcedente y hasta snob que sabe destinado al fracaso: exige una reunión con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Rehúsa asumir un compromiso de gestión y empioja toda posibilidad de salida perjudicando objetivamente a los ciudadanos “vecinos” que son usuarios del subte.

La patronal está casi resignada a acordar pero ni el gobierno nacional ni los gremialistas (de muy distintas prosapias) admiten que la administración PRO hurte el cuerpo a un convenio que le concierne.

Ayer, el diputado Federico Pinedo hizo algún amague para destrabar el entuerto. La Ciudad será citada a la reunión prevista para mañana, no se hará seguramente uso de la fuerza pública.

La situación es curiosa: las partes corporativas de la paritaria están cercanas a un acuerdo, la real traba es la contumacia del macrismo.

Una salida posible sería que el pacto se realizara y la pugna entre Nación y Ciudad siguiera por otros carriles. Bastaría que Macri cesara con sus berrinches y su inacción para descomprimir la situación que damnifica a los usuarios. Habrá que ver.

Aunque quede antipático decirlo, también irá siendo hora de plantear un debate serio sobre una regulación de las huelgas en servicios públicos que, sin mengua de los derechos de los trabajadores, atienda a los intereses de millones de ciudadanos tan de a pie como ellos.


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