Archivos para agosto 16th, 2012

CTERA: “Macri muestra su peor cara, la delación y la persecución”

agosto 16, 2012

“LA ESCUELA TIENE QUE ENSEÑAR A PENSAR”
0800-PROmacartista

Macriclarin16–08–2012 / El ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, consideró que el “adoctrinamiento de alumnos en escuelas por parte de la agrupación ‘La Cámpora’ es vergonzoso” e informó que su cartera habilitó una línea telefónica gratuitapara que los padres se involucren y nos digan si hay este tipo de episodios en los establecimientos educativos“.

En tanto, el secretario general de SUTEBA, Roberto Baradel, repudió “la actitud persecutoria y fascista” del gobierno macrista, sostuvo que “estos métodos ya fueron implementados por la dictadura cívco-militar” y adelantó que realizarán “las denuncias correspondientes ante el INADI, la justicia y la Corte Interamericana de derechos humanos“.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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El cineasta Subiela. La AFIP no le deja comprar divisas porque se atiene a sus declaraciones juradas que son falsas

agosto 16, 2012

Represalia a Subiela: “Tiene sociedades fantasmas sin declarar”

16–08–2012 / El jefe de la Afip explicó por qué no le dejó comprar dólares al cineasta. Develó que “declara ingresos por $10.000 anuales” y que está categorizado como “astrólogo“.

Eliseo Subiela

EliseosubielaEl titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, quiso bajarle el tono a la decisión del organismo de no permirtirle comprar dólares a Eliseo Subiela argumentando que el cineasta no cumple con los requisitos exigidos.

Echegaray dijo que el director ‘El lado oscuro del corazónno está categorizado como “cineasta” sino como “astrólogo y que tiene a su nombresociedades fantasmas que no han presentado declaraciones juradas”.

El titular de la Afip explicó que Subiela no pudo acceder a los dólares o a los soles peruanos solicitados porque “declara ingresos por $10.000 anuales“.

“Esa cantidad dista de la requerida para cualquier contribuyente” dijo el funcionario en declaraciones al canal C5N.

Subiela se quejó el miércoles porque para un viaje a Perú, en el que iba a representar a la Argentina en el Festival de Lima 2012, no pudo acceder a las divisas.

“Es absurda y ridícula la situación. Lo peor es que el viaje fue auspiciado por Cancillería”, relató el cineasta.

“Vengo del festival de Lima, en un viaje auspiciado por la Cancillería argentina y la AFIP no me dejó comprar ni un dólar ni un sol”, explicó Subiela a Radio Mitre. “Y, obviamente, vas con los pesos y no te los aceptan”, agregó.

El artista enseñó una carta oficial que daba cuenta del motivo de su viaje, pero la AFIP no lo autorizó a comprar “ni dólares ni soles” peruanos.

“Acabo de venir del Festival de Lima, representé ‘Paisajes Devorados’, con un viaje auspiciado, patrocinado por la Cancillería argentina y primero no me dejaron comprar dólares, entonces dije ‘bueno, ok quiero soles peruanos’, tampoco me dejaron. Entonces dije bueno, ok viajo con dinero argentino y con el dinero argentino se me rieron allá cuando quise cambiarlos por soles“, contó.

Según relató el director, “lo más absurdo es que el viaje fue auspiciado por la Cancillería y ni presentando una carta me autorizaron para comprar dólares ni soles“.

Estoy entre desconcertado y enojado, pero más desconcertado. Afuera la gente no puede creer que nos esté pasando esto“, afirmó Subiela, durante una entrevista en radio Continental. “Esto le está pasando a todos los argentinos y es lamentable“, expresó.

Subiela deberá prepararse para vivir en Canadá sin dólares, ya que participará de un evento internacional en el que presentará dos films. Según explicó en su perfil de Facebook, la AFIP tampoco lo dejó comprar dólares canadienses. Según dijo, esta fue la respuesta del ente impositivo.

¡Neuróticos Unidos!

agosto 16, 2012

¡Neuróticos Unidos!

Por Rudy

Quiero en esta ocasión ceder mi espacio gentilmente [1] a los humildes, a los que no tienen otra manera de poder expresarse que no sea su propia voz, o bien, sus síntomas: los pacientes.

[1] O sea, a cambio de una buena remuneración.

¡Neuróticos Unidos!

Por el Paciente Jorge Pechobueno [2]

[2] Nombre de guerra, o de diván, de Fidel Neurotsky, sobrino del licenciado León, que se ha dedicado, como su tío, al psicoanalisis militante, pero, quizás como rebeldía generacional, ha decidido militar entre los pacientes, y no entre los analistas. Fidel ha usado los seudónimos “Comandante Síntoma”, “Jorge Tedoyelalta”, “camarada Catexia”, e incluso “María Nomealcanza”, este último cuando decidió infiltrarse clandestinamente en los temas “de género”.  Su militancia es reconocida por muchos psicoanalistas que, aunque quizás nunca lo digan públicamente, le deben a los años pasados con él, la posibilidad de haber adquirido conocimientos más profundos, y también autos, casas, viajes, e incluso, esposas.

Compañeros:

¡Ha llegado la hora, o al menos los 50 minutos, de que nosotros, los que día a día refundamos la industria psicoanalítica, la agricultura del campo freudiano, los “conejillos de Viena”, dejemos de ser considerados meros “objetos de análisis”, “sujetos del supuesto pagar” o simplemente “neuróticos anónimos”, tan anónimos que hasta nos cambian el nombre a la hora de hacer público el caso clínico que protagonizamos!

Sí, compañeros y compañeras de diván, ¡nosotros nos pasamos años poniendo libido en desarrollar síntomas interesantes, invertimos nuestro capital psíquico y económico para darles trabajo a los psicoanalistas!

¿Y que recibimos a cambio, ehhh? ¡Muchas veces sólo recibimos un silencio o un “ajá”, un “lo vemos en la próxima” a cambio de toda nuestra producción, aunque sabemos que para ellos tiene un valor de cambio mucho mayor.!

¡Compañeros, a la hora de repartir glorias y loores, jamás los comparten con nosotros! ¡Utilizan excusas claramente capitalistas, como el secreto profesional y la propiedad privada del discurso, para no incluir nuestro nombre en sus trabajos! ¡Y si lo hacen, será siempre robándonos una letra, a manera de plusvalía: si nuestro nombre empieza con “b” usarán una “a” y así sucesivamente!

¡¡¡Y nos llaman “Caso”!!!

¡¡¡Somos personas, no somos Casos!!!!!

Ellos aducen “secreto profesional¡pero, mienten, compañeros, mienten!

Si quisieran mantener algo en secreto, ¿no deberían comenzar por mantener en “secreto profesional” el nombre del profesional, y no el del paciente?

¡En su mismo discurso se delata la censura, aluden y eluden el tema, ya que no hablan de “secreto paciente” si no de “secreto profesional”!

Porque tampoco se trata, compañeros, de que nos consideran a nosotros “pacientes profesionales” ya que en ese caso deberían pagarnos nuestros honorarios, tanto cuando concurrimos a sesión como cuando no lo hacemos, respetando nuestra trayectoria, nuestros años de diván y nuestra exclusividad a su servicio…

Un psicoanalista puede tener muchos pacientes a la vez, en cambio, por efecto de una norma caprichosa impuesta por ellos, no por nosotros, y que nos obligan a seguir, un paciente no puede tener mas que un analista por vez! ¡Basta de “desigualdades” entre géneros, los pacientes y los analistas trabajamos juntos, deberíamos tener los mismos derechos!

¿O acaso, compañeros, cuando un analista publica un trabajo oculta su nombre por una cuestión de secreto profesional?

¿Acaso Sigmund Freud firmó “Reinhardt Erzats”, usando las letras anteriores a la de su propio nombre y apellido para disimular?

¿Acaso Lacan firmó “Imagus Kaminsky”, o Melanie Klein “Lascivia Jones”? ¡No, compañeros, No! ¡Ellos se cuidan de preservar para la posteridad su nombre y apellido, en “sus” (¿o debería decir “nuestras”?) Obras Completas!

¿Por qué debemos aceptar que ellos figuren con su nombre y nosotros no?, ¿Por qué, sólo en secreto podemos decir “ese caso por el que mi analista se ganó un premio institucional, soy yo”, cual amante clandestina transferencial?

Seamos narcisistas, pidamos lo posible: Pongámonos en su lugar del supuesto saber, aceptemos que públicamente ellos deben “mantener su imagen”, que esto podría darles celos a los demás pacientes, y que uno, también, fue alguna vez “el otro”.

¡Somos pacientes, nunca la “falta de paciencia” fue nuestra característica, si no tuviéramos paciencia, seríamos impacientes!

Está bien, dejemos que haga su vida pública mientras nosotros somatizamos en silencio. Pero, ¿y en la intimidad de la sesión, cuando no hay nadie más que el analista y uno en el consultorio, en ese momento tan especial que conseguimos a tan alto precio sólo una vez por semana si tenemos suerte?

¿Ahí tampoco? ¿Ahí también tenemos que limitarnos a contemplarlo/a con orgullo y admiración y festejar “su logro” como si no tuviéramos nada que ver?

¡¿Nosotros qué somos, nosotros qué somos?! ¡¡¡Somos pacientes, queremos paz, somos pacientes, queremos paz!

¡No puede ser, compañeros, que tantos años de militancia, de lucha entre deseo y defensa, de malestar en la cultura, de análisis terminable e interminable, de tipos particulares de elección de objeto, de introducción al narcisismo, de bella indiferencia, de recuerdos encubridores, de fracasos al triunfar, de repetición y elaboración, de inhibición, síntoma y angustia, de chistes, sueños, lapsus y fallidos, de olvido de nombres propios, de Edipo no resuelto, sean en vano!!!!

¿Qué pasó, él/la se olvidó de nuestro nombre propio?

¿No puede incluirnos en su triunfo, no digamos en los aspectos narcisistas, que nadie pretende meterse en el narcisismo de otro, pero al menos en los económicos?

¿No puede obsequiarnos una flor, unos bombones, una sesión gratis, un sueño extra, unos minutos de más, o de menos, pero claramente en homenaje a nuestra participación en su triunfo? ¿O acaso lo hubiera logrado sin nosotros?

Dicen que “detrás de todo gran psicoanalista se esconde siempre un gran paciente”.

Ni siquiera nos tratan de conformar con eso, que tampoco sería justo. ¿Por que esconderse? ¡¡¡Salgamos del diván, Salgamos del diván! Reconozcamos públicamente nuestra condición de sujetos angustiados, y ansiosos y miedosos ¡hagamos la “marcha del orgullo neurótico”, en la que los obsesivos puedan marchar varias veces y tropezar siempre en el mismo sitio, mientras los histéricos miran con bella indiferencia, y los fóbicos apenas se muestren, eso si se animan a salir de sus casas!

¡Cantemos la “Interpulsional”:

“¡Arriba, fóbicos del mundo/
de pie, con nuestra etapa anal!/
¡marchemos, todos hacia el alta,
con la Interpulsional!”


RudyRudy comenzó a trabajar en humor gráfico en 1982, en la revista Humor. Desde 1987 es coautor del chiste de tapa de Página/12 junto a Daniel Paz, y desde el mismo año coordina el suplemento semanal de humor del mismo diario. Escribió para televisión en programas de Tato Bores, Kanal K y Peor es Nada. En radio participa desde 2002 en “La Alternativa”. Mantiene una intensa actividad en humor teatral y ha publicado cerca de 40 libros de humor. En 1994 recibió el Premio Konex de Literatura de Humor, y en 2002 el Konex de Humor Gráfico, junto a Daniel Paz.


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Alejandra Gils Carbó. La candidata propuesta por el Poder Ejecutivo fue respaldada por 63 legisladores

agosto 16, 2012

Un trayecto diferente

 Por Mario Wainfeld

gilscarbo16–08–2012 / Alejandra Gils Carbó superó la exigente mayoría exigida para el acuerdo a una procuradora general.

La apoyaron 63 senadores, hubo apenas 3 votos no positivos, provenientes de un sector minoritario dentro del radicalismo.

La funcionaria tiene antecedentes meritorios como fiscal de Cámara, una más que aceptable formación académica y atravesó con garbo la audiencia pública exigida por las normas vigentes. Capacita para el cargo, el resto dependerá de sus desempeños en una tarea por demás exigente.

El resultado es inusual en el encrespado esquema político y parlamentario. El trayecto que precedió al paseo de ayer es instructivo: hubo aciertos de la oposición, también del oficialismo (mezclados con un par de fallas criticables). Y todo se rigió por una legalidad superadora, establecida por el kirchnerismo.

La indignación es la regla de oro de los análisis políticos dominantes. Y las denuncias contra un chavismo extendido, uno de sus más obvios comunes denominadores. Lo sucedido refuta, claro que parcialmente, los simplismos: este caso tiene aristas interesantes, elogiables, que justifican un subrayado. Eso no significa que no hayan mediado errores o personajes que no dieron en la tecla.

Sí expresa, apenas y nada menos, que las instituciones y la mayoría de los actores funcionaron razonablemente en esta ocasión. Es poco glamoroso señalarlo, esta columna asume exponerse a ese reproche tan de moda, entre medios y formadores de opinión VIP.

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El comienzo del recorrido fue la renuncia del anterior procurador, Esteban Righi, inducida de modo injusto y desmedido por el primer nivel del Gobierno.

Esa demasía fue su primer error. El segundo fue postular a Daniel Reposo, un aspirante que no daba la talla.

Su currículum académico frisa con lo inexistente, el modo en que presentó sus antecedentes fue capcioso. Expuesto a la audiencia pública se encaminó solito al bochazo, dejando desairados a los senadores del Frente para la Victoria (FpV) que se colgaron con garra del travesaño como un equipo de Primera C que defiende su valla contra un Barcelona inspirado. No pudieron, más vale, evitar la goleada.

Los opositores “estables”, con la UCR y los peronistas federales a la cabeza, encontraron desde el vamos un filón que explotaron con astucia. Acudieron, como es su regla, a los medios dominantes. La diferencia respecto del canon es que esta vez esgrimían un argumento sólido.

Para lograr el acuerdo son necesarios dos tercios de los votos de los senadores presentes. El FpV estaba compelido a ampliar sus fronteras, a conquistar voluntades de legisladores de “otro palo” o de aquellos que le son afines pero no están alineados de modo incondicional.

Era una causa perdida, acaso de antemano. Lo cierto es que la visibilidad impuesta por las reglas fue fatal para las perspectivas de Reposo. En el camino legislativo, senadores cercanos al oficialismo, como la justicialista santafesina Roxana Latorre o el monobloquista porteño Samuel Cabanchik, se fueron apartando porque el efecto demostración era endiablado.

La oposición, entonces, acumuló fuerzas. Sumó voluntades y forzó el retiro del pliego. Supo unificarse, una destreza que no ha sido su fuerte.

En el segundo tramo, ante una candidata con dotes y discurso sólidos, “la opo” adoptó una conducta bien distinta a la que puso en práctica desde 2008 a 2011. Dejó a un lado el obstruccionismo como método, eligió ser constructiva y ayudar a la gobernabilidad.

Muy diversa había sido su praxis cuando se negó a aprobar el Presupuesto nacional enviado por el Ejecutivo o cuando se retiró del recinto para “vaciar” la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Habrá quien malicie que eso sucedió porque escarmentaron como consecuencia de sus traspiés electorales.

Si así fuera, sería una virtud. Puede, incluso, acentuarse la suspicacia y aducir que los adversarios del Gobierno quisieron probar, aun sobreactuar, que son más dialoguistas y constructivos que el kirchnerismo. También sería digno de encomio, comparado con los tiempos cercanos en que jugaban a prepear, a obstruir como costumbre, a ponerse por reflejo en la vereda de enfrente, a exacerbar el prejuicio anti K, sin tomar en cuenta qué se está debatiendo.

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La Casa Rosada mejoró la oferta sensiblemente cuando enrocó a Gils Carbó al lugar de Reposo. No sólo porque la procuradora flamante es más lucida y capacitada, también porque tiene pensamiento propio. Lo demostró en función de fiscal cuando enfrentó a los abogados de Clarín y Techint, en momentos en que el Gobierno no estaba de punta contra esos grupos, por decirlo con delicadeza.

En aquel entonces, la Cámara Comercial convocó a un plenario (unificación de jurisprudencia de todas las Salas) para destituir a la fiscal, por el pecado capital de cumplir con digna fiereza su misión. Reunirse en plenario para atacar a una funcionaria es más que una rareza: una irregularidad.

El diario La Nación, cuya coherencia de más de un siglo es imbatible, se animó a plegarse a la infausta conducta de los camaristas. En un editorial de su sello, bregó contra el acuerdo parlamentario. Quedó en manifiesta soledad, no fungió de vanguardia de la dirigencia política, otra diferencia con circunstancias cercanas.

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El contexto normativo establecido por el kirchnerismo es un decreto que estipula la publicidad de los antecedentes, declaraciones juradas, un lapso amplio abierto a los ciudadanos y estamentos de la sociedad civil para fundar aprobaciones o rechazos. Más la audiencia pública ya mentada.

El régimen es novedoso, similar al fijado para nombrar a integrantes de la Corte. Hay, pues, visibilidad, debate colectivo, una exposición de la persona aspirante. Avances institucionales, pues, de esos que se niegan de pálpito al actual oficialismo.

Cuando ese razonamiento claudica ante la potencia de los hechos, la Vulgata republicana apela a la interpretación psicológica. Alegan que el kirchnerismo produjo medidas valorables, pero que lo movieron intenciones desviadas. Que sus pretensos aciertos son, en rigor, torpezas de un aprendiz de brujo. Querían otra cosa, por ejemplo, una Corte Suprema sumisa y les salió el tiro por la culata.

El psicologismo berreta fracasa en varios frentes. En este caso, hay uno evidente: un decreto que ya no gusta es derogable con el sencillo recurso de dictar otro en contrario. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner no es lerda para decidir ni remisa para legislar: si no obró de esa forma, es porque quiso mantener el acertado régimen que su fuerza creó.

Otro aspecto vulnerable del psicologismo es, pongámosle, más esencial. La intención íntima del gestor de cualquier obra humana es menos precisa y contundente que la obra misma.

Alejandro Dolina pregona que la mayoría de las acciones de los hombres tienen como objetivo levantar mujeres. El dinero o la supervivencia, añade este cronista, podría ser otro motivo.

Sin embargo, las obras (digamos como ejemplo la teoría de la relatividad, el teorema de Pitágoras, el cuadro Las Meninas, el libro El Aleph, el Obelisco) tienen su peso específico que trasciende la supuesta intención originaria. Sin contar que mucho psicoanálisis de pacotilla explica más sobre la mente de los pretendidos analistas que sobre el supuesto “paciente”.

El método de elección es auspicioso. Los resultados obtenidos por Gils Carbó versus Reposo ante un mismo escenario lo probaron por partida doble, en el mundo tangible, observable, accesible a los sentidos de las personas de a pie.

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Atajarse es forzoso en el clima polémico actual. El cronista explica lo evidente: no cree que las instituciones locales sean un violín afinado. Advierte mucha laxitud en cumplir las reglas, en la esfera pública y la privada, en todo el espectro político.

Pero es edificante ver que no todo es fracaso y vulneración.

La Argentina, se repite el cronista, no es la Familia Ingalls ni la de Heidi. Si lo apuran, el autor de estas líneas sospecha que esos colectivos no han de ser tan perfectos como parecen.

Y que lo serían menos si estuvieran sujetos por dentro a la constante exposición pública, a la vigilancia de la prensa, a la crítica hostil de adversarios. O si todos sus integrantes tuvieran siempre a mano el Facebook, el Twitter o si se sometieran al escrutinio de las redes sociales.

Pero la pretensión de la presente columna no es la de definir (menos propugnar) un Cambalache universal. Ni la de igualar hacia abajo. Apenas dar cuenta de un episodio que contradice el sentido común cutre, que hace demasiada escuela en tantos teclados, en tantos micrófonos, en tantos emisores en programas de cable.

Esta vuelta, el resultado trasunta el buen juego, como pasó con la Selección Nacional ayer. No se validan conductas que van en otro rumbo. Ni se propaga un optimismo futuro absoluto. El porvenir, como siempre, dependerá de lo que hagan los protagonistas en sus respectivos campos de juego.


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Ley de Reforma Laboral de la Alianza. La Banelco a juicio.

agosto 16, 2012

El escándalo y el sistema

 Por Mario Wainfeld

“No hay que dejarse atrapar por el prestigio de los escándalos (…) No son ellos los que dan cuenta del desarrollo histórico. Los regímenes y los sistemas económicos y políticos no mueren jamás por los escándalos. Mueren por sus contradicciones. Es absolutamente otra cosa.”

Los dos escándalos de Panamá,
 de Jean Bouvier

Tribunal15–08–2012/  La Ley de Reforma Laboral buscaba agravar la feroz desprotección de los trabajadores, acentuada por las políticas neoconservadoras que llevaban más de una década y la destrucción económica que le hacía yunta.

Para el elenco gubernamental de la Alianza, esa herramienta aciaga sería una panacea: el password para recuperar la fe de los inversores extranjeros. Los organismos internacionales de crédito y la gran prensa (local y primermundista) clamaban por su sanción. Un gobierno sumiso a la voz de esos amos obraba en consecuencia.

Por lo general, ni al presidente radical Fernando de la Rúa ni a su sucesor peronista Eduardo Duhalde les faltaron votos para aprobar normas en el Congreso, aunque no contaron con mayoría propia.

Diputados o senadores opositores que se retiraban a tiempo, había abstenciones que sumaban al oficialismo… los recursos variaban, los procesos se repetían. El sistema bipartidista a menudo funciona así, como si los antagonistas fueran de un mismo partido.

De todas formas, la reforma laboral parecía demasiado aún para ese bipartidismo acuerdista y aceitado. Hasta que un oportuno cambio de criterio de varios senadores peronistas posibilitó llegar al número imprescindible.

La noche del 26 de abril, varios radicales y un peronista celebraron tras la sesión que aprobó la ley. Se congregaron en un clásico restaurante porteño de comida española.

El jefe de la SIDE, Fernando De Santibañes, Enrique Nosiglia, Darío Lopérfido, Antonio de la Rúa, hijo del presidente, entre los boinas blancas. El peronista, sumado al delarruismo, era el ministro de Trabajo, Alberto Flamarique. La cena, acaso, fue su último festejo antes de la caída y rezumaba simbolismo.

En otro lugar de Buenos Aires, en la zona de Recoleta (se supone con buenas pruebas y se trata de corroborar en el juicio oral iniciado ayer) los senadores peronistas se repartían una coima por su viraje. Se habría pagado en efectivo, con fondos sacados de la SIDE.

Caso inusual éste en el que el sector privado no aparece como autor del cohecho activo: en general, son particulares los que sobornan funcionarios, magistrados o legisladores. En esta rara (aunque no única) ocasión, tal parece, todo quedó dentro de la corporación política.

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La resistencia al proyecto fue encabezada por sectores sindicales, hasta la CGT participó con módico entusiasmo. La CTA y el MTA conducido por Hugo Moyano fueron los pilares de la protesta, que no bastó. El líder camionero fue el destinatario de la famosa frase de Flamarique anticipando el desenlace en el Parlamento: “Para los senadores, tengo la Banelco”.

Hubo diputados del Frepaso, integrante de la coalición aliancista, que votaron en contra. El resto del oficialismo bancó la ley, algunos considerándola un trago amargo acaso indigno de celebrar con una bien regada cazuela de mariscos. Pero bancando al fin.

El escándalo detonó por filtraciones al periodismo realizadas por senadores peronistas disconformes, con la voz cantante de Antonio Cafiero, quien de todos modos no dio detalles.

Figuras de primer nivel del gobierno exigieron, en flagrante minoría, el esclarecimiento. Las más relevantes y obstinadas fueron el vicepresidente frepasista Carlos Alvarez y el jefe de Gabinete radical Rodolfo Terragno. Chacho renunciaría a su cargo meses después, Terragno sería removido de su ministerio.

La denuncia ganó credibilidad fácilmente en la opinión pública. El senador justicialista por Salta, Antonio Cantarero, confesó la jugada ante la periodista del diario La Nación María Fernanda Villosio. Luego lloverían desmentidas, pero la magnitud de la sospecha era creciente e ilevantable.

Probarlo judicialmente era, siempre lo es, más complicado. Los fondos habrían sido prorrateados entre numerosos participantes: es peliagudo en esos casos seguir “la ruta del dinero”.

En clave judicial, fue vital la confesión periodística del ex secretario parlamentario Mario Pontaquarto, realizada a la revista TxT.

El “arrepentido” será el testigo de cargo crucial, como reseñó prolijamente la periodista Ailín Bullentini en P/12 del lunes. Los otros acusados que están acollarados a Pontaquarto en su suerte futura trataron de desacreditarlo desde el vamos.

Ayer mismo, una consultora que trabaja para Fernando de la Rúa volanteó diatribas contra el “arrepentido” en Comodoro Py.

Pontaquarto atravesó careos, participó en inspecciones oculares ordenadas por el juez federal Daniel Rafecas. Fatigó el despacho presidencial en la Casa Rosada, donde De la Rúa habría dado la orden de “arreglar con Santibañes”.

Y recorrió la SIDE donde se habría entregado la maleta bien provista. Santibañes es un hombre diestro en manejar plata: pasó de empleado mediano de un banco quebrado a ser su dueño. El banco prosperó de sopetón, se hizo millonario. Amigo del ex presidente era de antes, radical no fue nunca, pero dispuso de información calificada para pasar de canillita a campeón.

Rafecas hizo un trabajo notable. Pidió cruzamiento de llamadas de los celulares de los compañeros senadores sospechados. Todos juraban no haber estado ni cerca de la casa de Cantarero, la información dura los contradijo. El teléfono fijo del hogar del salteño delató una llamada particular al domicilio familiar del senador Remo Costanzo, justo esa noche, a la hora de la comida y del reparto.

La prueba “circunstancial” es notable, la validez que se asigne a la palabra de Pontaquarto será clave para la sentencia. De un proceso penal hablamos, rige la presunción de inocencia, que primará en caso de duda.

Los acusados dilataron el trámite, que insumió plazos vaticanos. Los Tribunales son, en tendencia, “chicaneros friendly”. No da la impresión que la demora exorbitante sea consecuencia de presiones políticas.

Pudo haberlas hasta la renuncia de Chupete De la Rúa. Pero luego el dirigente fue mancha venenosa para sus correligionarios. Santibañes es un advenedizo en la política, nadie rompe media lanza por él. Los senadores peronistas han perdido peso político, Flamarique se volcó a la actividad privada.

La “Justicia” tarda y se desvirtúa en sus firuletes procesales. No es inocuo porque el transcurso del tiempo deja marcas imborrables: un sospechoso murió, Cantarero no es procesado por estar incapacitado mentalmente.

El veredicto político recorre otros andariveles, a otra velocidad.

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La frase que encabeza esta nota es de un historiador marxista francés. La cita debe tomarse casi como una interpretación libre. En esos términos, el cronista la considera clavada para esta historia. El escándalo, la corrupción, se dirimirá en Tribunales. Ahí los acusados tienen “ventaja deportiva”: sólo serán sancionados si las pruebas son rotundas.

En el espacio político, el veredicto fue pronunciado hace mucho. Fernando de la Rúa fue el peor presidente de la restauración democrática, es un cadáver político. Una enumeración de los motivos de esta justa condena podría prescindir de las coimas senatoriales.

Lo central de esos años fue la política económica antinacional, la abdicación ante los poderes financieros, el recorte de jubilaciones y sueldos de estatales, la nula política social, la carencia de cualquier iniciativa progresista o de ampliación de derechos, la nefasta política de derechos humanos, el megacanje, el blindaje, el déficit cero, el corralito, el estado de sitio, la masacre en Plaza de Mayo… y siguen las firmas.

Tremebundo legado, al que poco añadirá o restará el pronunciamiento del Tribunal Oral.

No se trata de subestimar la corrupción ni de negarle efecto degradante. Aunque sí de colocarla en contexto y ranquearla en el medallero de la Alianza.

El “sistema” político potenció su crisis, la propia ley era más nefasta que los sobornos, interpreta este cronista. Un bipartidismo hueco tocó fondo, la mayor crisis socio-económica de la historia nacional cayó en paralelo, como una breva madura.

De ese fondo venimos, tan abajo cayó la Argentina. La reforma laboral fue derogada y sustituida por una ley superadora durante el gobierno del presidente Néstor Kirchner. Las secuelas del desbaratamiento del Estado, el arrasamiento de los derechos de los trabajadores y el suicidio económico se siguen combatiendo.

El autor de esta columna siempre les dio (les da) crédito a las denuncias. Consideraría edificante y hasta justa una sentencia en consonancia. Lo desea, si hay evidencias contundentes en un debido proceso.

Pero no le caben dudas de que los principales dilemas y desafíos de la Argentina no pasan por Comodoro Py. Que la corrupción fue en esta historia (en casi todas, arriesga) un síntoma de un sistema mucho más vasto y más complejo.

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