Archive for the ‘Centroamerica’ Category

EEUU. Cuba. Bloqueos y desbloqueos

diciembre 20, 2014

Desbloqueos

 Por Luis Bruschtein

DesbloqueosCon Perón, Argentina fue el primer país latinoamericano en romper el bloqueo a Cuba en 1974.

Es la primera vez –dijo Fidel en esa ocasión– que se presenta esta situación en que un país con una actitud política toma una decisión por la que las empresas (transnacionales) se ven en la necesidad de acatar la política del Departamento de Estado o acatar la política del país donde residen. Este convenio es el más importante de todos, inclusive a nivel mundial, porque significa un rechazo por parte de Argentina a la política de bloqueo contra Cuba.”

El ministro era José Ber Gelbard, pero la orden de abrir el comercio exterior argentino, desideologizarlo y sacarlo del control norteamericano fue de las primeras que recibió de Perón durante las reuniones en Madrid, antes de asumir el gobierno. Fue una decisión que ni siquiera pudo tomar el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile.

Los gobiernos menemistas estuvieron en los antípodas del peronismo a pesar de haber surgido de sus filas. Las “relaciones carnales” con Estados Unidos, y su afinidad con el gobierno derechista español de José María Aznar, los convirtieron en un títere activo –y penoso– de la política impulsada por Washington contra los cubanos.

El gobierno del radical Fernando de la Rúa, con fuerzas supuestamente progresistas, mantuvo esa misma línea de subordinación a Estados Unidos en general y anticubana en especial.

Entre fines de los ’80 y principios de los ‘90, se empezaron a delinear organismos regionales que servían de canal a esas políticas: la histórica OEA controlada por Estados Unidos y el Grupo Río, heredero del Grupo Contadora.

El Mercosur se mantuvo como un sello congelado, cuando en realidad se buscaba la conformación del ALCA. Mientras se atacaba a los cubanos, se consentía el autogolpe de Fujimori en Perú, o se ponían de acuerdo para proteger a Pinochet del juez Baltasar Garzón, y se amnistiaba a los genocidas argentinos.

Néstor Kirchner retomó la línea de Perón. El 25 de mayo de 2003, Fidel Castro fue uno de los invitados principales en el contexto de un mundo que lo satanizaba como impulsor de un terrorismo que había terminado cuando las guerras ideológicas se convirtieron en cruzadas religiosas. El acto público de Fidel desde las escalinatas de la Facultad de Derecho simbolizó el fin de las relaciones carnales.

Entre fines del siglo pasado y principios del actual, cuando reventaron las economías neoliberales en el continente y comenzaron a surgir gobiernos populares y heterodoxos, se remodelaron también las herramientas de integración.

En un mundo en transición, unipolar y sin Guerra Fría, el neoliberalismo conservador –la ideología triunfante y extendida con la globalización– se mostró inestable, de plazos cortos y generador de tensiones explosivas en la sociedad, lo que llevó a una crisis tras otra que terminaron por involucrar también al gran triunfador de la Guerra Fría.

En consecuencia, en América latina decayeron la OEA, las Cumbres Iberoamericanas y el Grupo Río y se rechazó el ALCA, al tiempo que se relanzaba el Mercosur con obras de infraestructura, estableciendo puentes de tipo cultural y político y se incrementaba el intercambio regional.

Se detuvieron golpes antidemocráticos en Bolivia, se condenaron los golpes en Paraguay y Honduras y se sumaron nuevas incorporaciones. La vida política del continente se fue alejando de la hegemonía norteamericana. Surgieron nuevas herramientas de integración como la Unasur y la Celac, que integraron a Cuba pero mantuvieron fuera a Estados Unidos.

Desde allí se presionó para que la OEA integrara a Cuba. Los reclamos contra el embargo norteamericano a Cuba y contra la presencia colonial británica en Malvinas se convirtieron en banderas regionales.

Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial, aunque cuestionada por rebeliones variadas, como los gobiernos populares latinoamericanos por un lado y, por otro carril, los fanatismos religiosos en Medio Oriente, o los resurgimientos de China y Rusia.

Son tironeos con lógicas diferentes entre sí y diferentes a los de la Guerra Fría y, en ese contexto, la persistencia del bloqueo a Cuba se convirtió en un objeto de museo. Paradójicamente aparece como expresión del atraso cultural y político de la potencia que triunfó en la Guerra Fría.

La sociedad política norteamericana mostró más dificultad que el resto del mundo para entender los cambios que su propia hegemonía militar y económica habían provocado. Durante más de diez años, las votaciones en la ONU para terminar el bloqueo ponían en evidencia ese retraso.

Estados Unidos, con dos o tres aliados, frente al resto del planeta. En los últimos meses, The Washington Post y The New York Times empezaron a airear esa paradoja, más o menos desde la misma época en que habían comenzado las conversaciones secretas.

Recién ahora, Estados Unidos termina de ponerse en sintonía con los cambios que produjo en el planeta. Pero lo tiene que hacer un presidente que ya no está preocupado por elecciones.

Desde la lógica de la sociedad norteamericana, el restablecimiento de relaciones con Cuba y la moderación del bloqueo drenan votos, pese a que en poco tiempo serán las medidas por las que recuerden a ese presidente en la historia.

Es como si hubiera una regla a la inversa entre el tamaño de la potencia militar y económica y la pobreza del pensamiento político en una sociedad que ha buscado convertirse en centro irradiante hacia el mundo.

En el centro de esa irradiación está la satanización y el desprecio a todo lo que no responda al liberalismo económico a rajatabla, a la ética del individualismo egoísta, a la riqueza desmedida como patrón de éxito en la vida.

Son los valores que llevaron a las mayores crisis de su historia a países como Argentina, que con el menemismo y la Alianza fue discípula predilecta de esta escuela. Y son los valores que llevaron a las crisis de Europa y de los mismos Estados Unidos.

Cuba es un capricho para Washington, que a su vez está confrontado y esquizofrénico entre lo que simboliza haber elegido al primer presidente negro de su historia y los fanáticos religiosos del Tea Party que abominan de la teoría de la evolución.

La pequeña isla con once millones de habitantes a los que no puede doblegar es una obsesión para la potencia que controla la vida de miles de millones de personas. Y también una consigna electoral para la Florida.

Para los cubanos residentes en Miami, e incluso para algunos de los opositores internos, el bloqueo a Cuba se convirtió en un negocio, una forma de ganarse la vida, de juntar votos, de juntar dinero para fundaciones, campañas, sellos y conspiraciones.

De ese discurso viven miles de activistas anticastristas profesionalizados en Miami y en Cuba, más grandes multimedios y empresas inmobiliarias y de turismo, senadores, gobernadores y diputados.

Como parte de la Guerra Fría, la CIA les abrió puertas para los grandes negocios que cierra a otros inmigrantes latinos y construyó con ellos en Miami el sueño dorado americano que debía competir con la austera utopía revolucionaria. Todavía hay cubanos que piensan que la vía al capitalismo para ellos sería como ese espejismo de Miami y no como la realidad de Santo Domingo o Haití.

Si se restablecen las relaciones diplomáticas y se acaba el bloqueo, ese andamiaje que sostiene a tantas familias en la prosperidad dorada de los anticastristas corre el riesgo de derrumbarse. La inmigración cubana dejaría de ser una aristocracia favorecida en comparación con las otras corrientes migratorias.

Para todos ellos, la decisión de Obama es casi una declaración de guerra contra su calidad de vida. Sus voces indignadas en defensa de la libertad en realidad defienden sus intereses materiales. Un sector de la sociedad norteamericana tiende a convertir en ideología a la maqueta de plástico que construyó en Miami como propaganda política.

Es un camino que llevó al hundimiento de su economía. Hay otro camino que se visualiza con timidez en el escenario norteamericano y con apariencia menos llamativa que los fuegos artificiales de Miami y la épica nazi del Tea Party.

Un camino que ha mostrado destellos en la elección esperanzadora de Barack Obama, el primer presidente negro en un país con mucha discriminación, o en esta decisión de normalizar las relaciones diplomáticas con un país vecino, o en las luchas para abrir la inmigración.

En ese camino, Cuba, que ha sido fundamental en el proceso de paz en Colombia y que ha sido el país más solidario y comprometido en la lucha contra el ébola en Africa, tiene algo para enseñar.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Los golpes blandos, el relevo de las dictaduras militares. Detalles

marzo 15, 2014

Golpe blando

 Por Luis Bruschtein

Golpesblandos15–03–2014 / Aquellos viejos villanos, los peores del barrio, los que hacían el trabajo sucio de los señoritos, los militares, han sido descartados.

Las elites ya no entregan a sus filas a ninguno de sus hijos. No hay dobles apellidos y ya no son invitados a las reuniones conspirativas de los grandes señores que a veces ya los miran con cierta desconfianza. Los golpes militares, aquella pesadilla infinita, han caído en el desprestigio, perdieron glamour, han pasado de moda. Ahora se habla de golpes blandos.

El golpe blando consiste en travestir a una minoría en mayoría, amplificar sus reclamos, crispar las controversias y enfrentamientos y desgastar a la verdadera mayoría que gobierna, hasta hacerla caer por medio de alguna farsa judicial como fue en Honduras, o parlamentarista, como en Paraguay o forzando una intervención extranjera como se pretende hacer en Venezuela.

Es más complicado que los golpes militares, pero, a diferencia de ellos, tiene el colorido de estos tiempos, con sus arquetipos de tiranuelos bananeros en el bando de los malos, y un bando de los buenos con sus arquetípicos luchadores por la libertad, con sus simulacros de épicas remasterizadas y con sus falsos discursos de heroísmos ciudadanos, todos ellos, buenos y malos, diseñados como protagonistas de una película de acción clase Z por las grandes herramientas de dominación: las corporaciones mediáticas.

En otras épocas, la derecha le reclamó con razón a la izquierda por su poca vocación democrática. Pero cuando las izquierdas populares no elitistas ni vanguardistas se volcaron a la democracia y ganaron elecciones, han sido las derechas las que no aceptaron el juego democrático.

Las derechas tienen siempre a su favor el poder económico y el gran poder de la época: los supermedios. Las izquierdas han legitimado con votos sus gobiernos y son reacias a sostenerse por la fuerza porque valoran esa legitimidad que fundamenta sus mandatos.

Son movimientos cualitativamente diferentes a los de sus orígenes del siglo XX. Han desarrollado una práctica electoral que antes apenas tenían.

Han perdido elecciones y se han mantenido en la oposición en marcos institucionales. Han ganado elecciones con mucho esfuerzo y, a diferencia de los viejos sectarismos, han desarrollado estrategias con mucha flexibilidad y amplitud, han gestionado con mayor o menor eficiencia, y han formado cuadros de gestión de los que antes carecían.

Son calidades que no eran muy características de las izquierdas o progresismos o movimientos nacionales y populares del siglo XX. Y esencialmente son calidades de la democracia.

Estas corrientes políticas latinoamericanas han crecido en calidades democráticas y han sido refrendadas electoralmente varias veces. En Chile volvió el socialismo con Michelle Bachelet después del gobierno derechista de Sebastián Piñera, en El Salvador ganó por segunda vez la vieja guerrilla del Farabundo Martí y esta vez con un ex comandante guerrillero como candidato.

El voto democrático es el principal aliado de estos gobiernos. Entonces desde la derecha dicen que la democracia no es solamente el voto. Lo cual es cierto. Si la mayoría que gobierna no respeta a las minorías, hay una democracia imperfecta.

Pero si sucede al revés, si las minorías quieren imponerse sobre las mayorías que ganaron elecciones, ya ni siquiera es una democracia imperfecta, sino que es una dictadura. De eso se tratan los golpes blandos.

En abril del año pasado en Venezuela, por ejemplo, Nicolás Maduro ganó por escaso margen las elecciones presidenciales a toda la oposición nucleada detrás de la candidatura de Henrique Capriles.

Sin ningún prurito democrático, al perder por escaso margen, el candidato conservador desconoció el triunfo legítimo de su adversario. Y fue respaldado por una campaña internacional de los grandes medios para que nadie reconociera al gobierno de Maduro.

Hasta hoy en día, la Casa Blanca no lo ha hecho. La oposición y Washington creían que esa escasa ventaja a favor del bolivariano desaparecería rápidamente y quedaría como un gobierno débil, vulnerable a cualquier acción destituyente.

Tres meses después de las elecciones presidenciales hubo elecciones municipales. En una situación muy desfavorable, tras la muerte de un líder carismático como Hugo Chávez, al que debió reemplazar, y con muchos problemas en la economía, Maduro no sólo no perdió esa ventaja sino que la amplió a más de diez puntos y más de un millón de votos. Fue un desastre para la oposición, que creía que finalmente había llegado el momento de cortar el proceso chavista.

El liderazgo de Capriles quedó resquebrajado y Leopoldo López quiso aprovecharse. Capriles sigue siendo mayoría en la oposición y sostiene una estrategia menos violenta. López es hijo de una alta ejecutiva de la organización Cisneros, el principal multimedia del país y convocó a la gente a la calle hasta “echar a Maduro”.

Fueron manifestaciones violentas con barricadas y francotiradores y en ese marco también se produjeron desbordes de la represión. O sea, la minoría de la minoría está en las calles, levanta barricadas y tiene francotiradores. Pero los medios lo presentan como el descontrol de una situación social y tratan de presionar en la OEA para provocar una intervención extranjera. Eso sería un golpe blando.

Venezuela no es un paraíso, afronta problemas importantes. Al igual que todos los países latinoamericanos, ha sido cuestionada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la situación en las cárceles.

Tiene un problema grave de inseguridad. Los estudiantes se incorporaron a las marchas después del asesinato de dos de ellos por delincuentes comunes. También afronta una inflación fuerte y desabastecimiento de algunos productos.

Pero hay un gobierno respaldado por la mayoría de la población para solucionar esos problemas. El sector de Capriles ha insistido en que no apoyan las marchas violentas. Solamente se moviliza una minoría violenta que cuenta con el respaldo de los Estados Unidos y de los grandes medios de la región.

Para respaldar a este sector minoritario de la oposición venezolana, las principales asociaciones de editores de diarios en América latina, entre los cuales se incluyen La Nación y Clarín, de la Argentina, lanzaron el programa Todos Somos Venezuela.

Participan en esa operación la Asociación de Editores de Diarios y Medios Informativos (Andiarios), el Grupo Diarios de las Américas (GDA) y el Grupo Periódicos Latinoamericanos (PAL). En estas corporaciones están representadas las cadenas latinoamericanas de grandes medios escritos.

La operación consiste en que cada periódico tendrá la obligación de publicar una página tituladaTodos somos Venezuela, sin Libertad de Prensa no hay Democraciacon información que será elaborada por los medios opositores de Venezuela.

La decisión de esta corporación regional aparece casi como una confesión, aunque agreguen en un párrafo que también publicarán la información oficial. Se trata de una corporación de multimedios que avanza sobre la soberanía política de un país, conspirando abiertamente contra sus instituciones democráticas.

Pone en evidencia la decisión de hacer campaña, de debilitar al gobierno de Maduro, de mostrar la imagen trucada de una supuesta pueblada y de disfrazar de mayorías libertarias a las minorías violentas.

El dispositivo mediático es como la caballería de los golpes blandos. Está poniendo toda su potencia de fuego sobre Venezuela, pero las marchas opositoras van perdiendo intensidad y la realidad más compleja de ese país empieza a filtrarse por entre esa imagen grotesca que diseña la barrera informativa.

Un elemento a favor de ese proceso ha sido la decisión de los gobiernos de la Unasur que advierten el peligro institucional al que tratan de empujarlos.

Los cancilleres reunidos esta semana en Santiago de Chile decidieron que a Caracas viajará una misión de la Unasur para respaldar las instituciones democráticas y no para hacerles el juego a los más violentos de la derecha opositora como quería el departamento de Estado norteamericano en la OEA, así como el presidente panameño Ricardo Martinelli, uno de sus operadores regionales.

Las fuerzas políticas en general comienzan a reconocer una problemática que en la Argentina se debatió intensamente con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

El rol antidemocrático que plantean las situaciones dominantes en el universo de la información es cada vez más evidente. Una expresión de ese proceso reactivo fue esta semana la decisión del gobierno mexicano de obligar a desmonopolizarse a Televisa, el principal multimedia de ese país y el mayor de habla hispana.

La disputa por democratizar la información es la disputa por democratizar las sociedades y prevenir estos golpes blandos.


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¿Qué fue de tu vida? Carlos Loiseau, Caloi (22-07-11)

mayo 8, 2012

Entrevista de Felipe Pigna al dibujante e historietista argentino Carlos Loiseau, Caloi. Sus influencias, las publicaciones satíricas y lecturas con las que se formó. Sus primeros trabajos en el humor gráfico; su militancia política-artística; el crecimiento de su personaje “Clemente” y su experiencia en “Caloi en su tinta“.

Adelanto


Parte 1/4


Parte 2/4


Parte 3/4


Parte 4/4


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La cumbre de la CELAC aprobó un documento final. Apoyo para reclamo de Malvinas

diciembre 3, 2011

CARACAS
La Cumbre de la Celac aprobó el documento final y expresó su apoyo unánime a la Argentina

03–12–2011 / La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), concluyó su cumbre fundacional de presidentes y jefes de gobierno, aprobando una declaración política, un plan de acción y varios documentos, entre ellos uno de apoyo a la Argentina en sus reclamos soberanos por Malvinas.

Fotocelac


La cumbre de Caracas contó con la presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, junto a mandatarios de toda la región como Dilma Rousseff (Brasil), Felipe Calderón (México), Rafael Correa (Ecuador), Juan Manuel Santos (Colombia), Raúl Castro (Cuba), Sebastián Piñera (Chile), José Mujica (Uruguay), Evo Morales (Bolivia), Alvaro Colom (Guatemala), Daniel Ortega (Nicaragua), Porfirio Lobo (Honduras), entre otros.

“Si decimos que hemos protagonizado una jornada histórica no exageramos”, afirmó el titular saliente de la CELAC, el presidente venezolano Hugo Chávez, quien le entregó la titularidad “pro témpore” del organismo a su colega chileno, Sebastián Piñera, quien será anfitrión de la próxima cumbre en 2012.

El flamante organismo hemisférico nuclea a 33 países de la región -todo el continente excepto Estados Unidos y Canadá), y quedó conformado como nuevo mecanismo de resolución de conflictos y elaboración de políticas comunes.

Los mandatarios aprobaron varias declaraciones, entre ellas una de apoyo a la Argentina en sus reclamos de soberanía ante el Reino Unido por las islas Malvinas.

Además se aprobaron, y en todos los casos por unanimidad, otros documentos con pronunciamientos sobre temas como la defensa de las democracias de la región, por el fin del bloqueo estadounidense a Cuba, por la inclusión social en todo el continente, y por políticas de seguridad alimentaria, entre otros asuntos de interés común, se informó al cerrar el encuentro.

La cumbre de Caracas dejó establecido un funcionamiento orgánico logrando superar las diferencias respecto a un punto crucial, como el de la forma de votaciones internas, que se debatía entre una mayoría calificada o el consenso.

Hemos hallado una fórmula, que es dejar pendiente la aprobación de ese único artículo para más adelante, y mientras tanto seguiremos tomando las decisiones como hasta ahora (en el Grupo de Río y luego en la CELC) por consenso“, explicó Chávez.

Como forma de coordinar las acciones de la CELAC, que según se anunció incluirán permanentes encuentros de consulta a nivel de cancillerías, se dejó conformado un órgano permanente al que se nominó Troika, conformado por tres presidentes de la región.

La Troika estará integrada por el presidente pro témpore saliente, al actual y el próximo.

De esta manera la integran, respectivamente, Hugo Chávez, el chileno Sebastián Piñera -próximo anfitrión en la cumbre prevista para 2012 en Santiago-, y Raúl Castro, quien será dueño de casa en 2013 en La Habana.

También se postergó para la próxima cumbre la decisión sobre crear una Secretaría General, presentada por el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, quien además ofreció a la capital de su país como lugar para establecer una sede permanente para la CELAC.

Otro de los temas que se dejó para la cumbre de Chile es una propuesta realizada durante el debate por la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad Bissesar, quien solicitó que se incorpore a la Troika a un representante de los 14 países anglo parlantes de la región.

La cumbre de nivel presidencial de la CELAC sesionó a lo largo de dos días en una carpa de grandes dimensiones levantada en el Patio de Honor de la Academia Militar Bolivariana, en el suroeste de Caracas, dentro del histórico Fuerte Tiuna, donde Chávez estuvo preso durante el intento de golpe de Estado de 2002.

El nuevo organismo funcionará a la manera de un foro regional, y es heredero directo del Grupo de Río -creado en 1986 por la Argentina, Brasil, Perú, Uruguay, Panamá, Colombia, Venezuela y México-, y de la Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) conformada por el anterior en 2010.


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La creación del CELAC. Otro paso para la integración latinoamericana

diciembre 3, 2011

Revisionismo y Celac

 Por Luis Bruschtein

CELAC03–12–2011 / Mientras Hugo Chávez leía en Caracas Memorias de la Nación Latinoamericana, un clásico del revisionismo histórico de izquierda, en la Argentina se creó un instituto que agrupa a los historiadores enrolados en esa corriente.

Insólitamente, la creación del Instituto Dorrego levantó tanta espuma e hirió tantas susceptibilidades que dio la impresión nuevamente de que se estaba discutiendo algo más y que ese revisionismo que muchos de sus críticos habían dado por muerto sigue siendo mala palabra en las universidades y en la academia que administran el conocimiento.

La idea de la Patria Grande Latinoamericana y la negación o el énfasis sobre el impacto que tuvieron los imperialismos en el desarrollo de la historia de América latina han sido grandes divisores de aguas que generaron partidos políticos o los dividieron o les dieron forma.

Sin maniqueísmos, esas líneas se cruzaron y encimaron, hubo un desarrollo inarmónico pero, aunque algunos lo niegan, esos lineamientos fueron algunas de las coordinadas de esa movilidad en la historia.

Hubo quienes prefirieron ver en Estados Unidos un modelo de organización democrática y otros que lo vieron como una amenaza expansionista.

Lo real es que, más allá del modelo que necesariamente planteaba la primera revolución independentista y republicana del continente, desde el comienzo de la doctrina Monroe en el siglo XIX, Estados Unidos desarrolló una política de patio trasero con América latina.

Se apropió de la mitad de México, invadió varias veces Nicaragua, Cuba, El Salvador, Honduras y Panamá y, ya en el siglo XX, Guatemala, Santo Domingo, Granada, Panamá, absorbió a Puerto Rico, creó la siniestra Escuela de las Américas, promovió golpes militares en toda la región y expulsó a Cuba del concierto institucional de la región.

La idea de la Patria Grande Latinoamericana estaba en la cabeza de San Martín y Bolívar y de los próceres independentistas como algo natural y fue también la bandera de los últimos caudillos montoneros como Felipe Varela y Ricardo López Jordán.

Sin embargo, América latina desarrolló su historia en forma compartimentada.

Surgieron los países y durante dos siglos, esas naciones se mantuvieron distanciadas. En esos dos siglos prácticamente no se crearon flujos comerciales intrarregionales.

Cada país encaró sus relacionamientos hacia el exterior sin mirar a los costados. La configuración de esas relaciones fue la de un embudo, ya que la mayoría de ese flujo fue entre cada país y los Estados Unidos.

Esa configuración, donde todo confluía en Washington, implicaba también que la capacidad de tomar decisiones políticas, económicas y de todo tipo se concentrara de la misma manera y por lo tanto el entramado de las instituciones regionales como la OEA, organismos financieros y tratados militares, terminaban también por reflejar ese mecanismo.

Esa estructura de las relaciones económicas, militares y políticas en el continente, tan dependiente de los Estados Unidos, hizo que se hablara de la necesidad de una segunda independencia, lo que implicaba guerras insurreccionales, guerrilleras y grandes revoluciones en el pensamiento del siglo XX.

Ese cuadro cambió y comenzó a descongelarse con la globalización a principios de los ’80.

Sin que se produjeran esas grandes revoluciones y con una épica de lucha callejera y contienda electoral como marco, comenzó un incipiente intercambio comercial entre los países vecinos.

Washington trató de interponer entonces los Tratados de Libre Comercio (TLC), como el ALCA, para controlar y encuadrar esos flujos comerciales. Al mismo tiempo comienzan a aparecer en forma muy volátil el Mercosur y los primeros roces con los TLC.

Pero las tendencias políticas reactivas no aparecieron con fuerza a nivel institucional hasta la crisis regional de las economías neoliberales a fines del 2000. Aparecen entonces gobiernos que confrontan con el modelo hegemónico de los Estados Unidos en la región, como venía haciéndolo en soledad el cubano desde mediados del siglo XX.

Se llegó así a la reunión del ALCA en diciembre de 2005 en Mar del Plata.

Allí hubo 3 presidentes que tenían claro lo que estaba en juego: Hugo Chávez, de Venezuela; Lula da Silva, de Brasil, y Néstor Kirchner, de Argentina.

Los 3 provenían de procesos muy diferentes así como de orígenes políticos e ideológicos distintos. Pero tuvieron la inteligencia de apartar esas diferencias para trabajar sobre lo que podía significar un giro total en la historia de América latina.

Se opusieron al ALCA y lograron frustrar ese proyecto hegemónico de Estados Unidos.

Y al mismo tiempo priorizaron como nunca antes los procesos de integración regional. También estaban allí Tabaré Vázquez, de Uruguay; y Nicanor Duarte Frutos, de Paraguay, que se sumaron al rechazo al ALCA, pero lo hicieron un poco por la presión de sus socios del Mercosur. Tabaré nunca descartó la posibilidad de un TLC propio con Washington.

Otros gobiernos se fueron sumando al impulso que le dieron los 3 conjurados a esa nueva realidad que se iba plasmando primero a nivel de la región, con el Mercosur; después en el plano de subcontinente, con la Unasur, y que acaba de culminar ayer con la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), con la participación de los mandatarios de 33 países, menos Estados Unidos y Canadá.

El proceso que iniciaron Lula, Chávez y Kirchner produjo un vuelco total de la carga histórica de la región.

De aquel paraguas hegemónico y la dispersión se pasó a una organización en la que coinciden todos los gobiernos latinoamericanos y caribeños, por primera vez en la historia, para organizarseincorporando a Cuba, que había quedado fuera del sistema regional– y sin la tutela omnipresente de Washington.

Lo que hasta los años ’80 parecía que iba a ser un camino de guerras y revoluciones fue transitado en cambio con el tranco más lento pero más democrático y menos sangriento de las protestas callejeras y la conformación de grandes consensos populares que consolidaron sus proyectos en las urnas.

Fueron acompañados también por un proceso económico donde las burguesías necesitaron ampliar sus negocios hacia los países vecinos para encontrar mercados a escala.

Y al mismo tiempo surgieron dirigentes como Lula, Chávez y Kirchner y más tarde Evo Morales, Rafael Correa, José Mujica, Fernando Lugo y otros que supieron entender y orientar esos nuevos fenómenos.

Ningún proceso es lineal, sin que se produzcan avances y retrocesos, pero a partir de ahora, Washington tendrá que cambiar todo su esquema de relacionamiento con la región.

Es impresionante el cambio del escenario regional producido en los últimos 7 u 8 años.

Es un cambio que estaría en línea con gran parte de la discusión histórica planteada por el revisionismo, que siempre fue tratado con desdén y desprecio por la academia y la universidad.

La última guerra de independencia fue la cubana y por lo tanto su prócer, José Martí, fue el de ideas más modernas con relación a las demás independencias.

Martí sentía una gran admiración por Sarmiento, pero cuando se publicó Civilización y Barbarie, el prócer cubano, con mucho respeto y con mucha inteligencia, publicó a su vez un pequeño libro, un opúsculo, que se llamó Nuestra América, que fue la contracara del texto sarmientino.

Más allá de lo literario, en el contenido, la comparación no es buena para ese gran pensador y educador argentino.

Siempre fue estúpida la actitud paternalista y furiosamente despectiva de un sector de la academia y la universidad hacia un revisionismo histórico al que hay que reconocerle que puso el foco crítico sobre muchos aspectos de la historia que hoy están asumidos por todo el mundo.

Y en ese sentido el revisionismo dio una clase de historia a muchos de los historiadores más renombrados entre los seudocientíficos de la actualidad.

Estos historiadores “científicosaseguran que el revisionismo y sus polémicas están perimidos, pero la histeria apenas contenida con la que reaccionan está diciendo lo contrario.

Lo que se puede entrever de esa furia es que otra vez la historia es usada por ellos como excusa para discutir la política del presente (en realidad siempre es así) y sería bueno, entonces, que se blanqueara esa metadiscusión.


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