Archivos de la categoría ‘Europa’

Las redes sociales. Espejismos de Un NO-LUGAR

mayo 13, 2013

Marc Augé *: el espacio virtual no configura la identidad del individuo
Las redes sociales son un espejismo… 

RedessocialesEl pensador francés Marc Augécélebre por la acuñación del concepto de “no lugar” (espacios transitorios como aeropuertos, shoppings, autopistas), vislumbra un nuevo y posible horizonte social en su  ensayo ‘Futuro’.

Frente a  la sociedad dividida en tres clases (pudientes, consumidores y excluidos), reivindica a la educación como instrumento trasformador y no utópico. “Ese es el reto de las democracias“, sentencia.

 Alberto Ojeda  /
Periodista de El Cultural
(Diario El Mundo, España) 
 
MarcaugeMarc Augé.

Andaba Marc Augé (Poitiers, 1935) con la mosca detrás de la oreja.

La implantación en la vida de buena parte de la población mundial de los móviles con conexiones a Internet, de los correos electrónicos incesantes reclamando atención, del bullicio trepidante de Twitter, Facebook y derivados, le provocó la sensación de vivir inmerso en una sociedad sometida a “un presente perpetuo”.

Una especie de tiranía en la que el futuro le ha sido arrebatado a la gente.

“Estos medios generan una ilusión de ubicuidad e instantaneidad. En este contexto surgen nuevas formas de miedo. La interconexión constante nos facilita una ingente información de todas las partes del planeta. Y así en nuestras conciencias pesan cada vez más los desastres ecológicos, la violencia terrorista, la economía en manos que no controlamos, el incremento en las diferencias entre ricos y pobres…”.

Y los miedos hacen que le acabemos dando la espalda al porvenir.

Marc Augé rumia en voz alta (con un español esforzado por el que se cuelan vocablos italianos que cree nuestros: paura, percorso…) las disfunciones de nuestro planeta globalizado. Lo hace en un despacho que podría ser calificado de “no lugar”, uno de las decenas que se reparten en el edificio de la embajada francesa en Madrid.

Está en España para presentar su último ensayo publicado aquí, Futuro, y para impartir un seminario en el Círculo de Bellas Artes sobre el porvenir que nos espera. El etnólogo galo rompió las fronteras del circuito intelectual y académico acuñando precisamente este certero concepto en los años 90.

Caló rápidamente entre las capas más o menos cultivadas y ahora es moneda de cambio habitual en los debates sobre los enredos de la contemporaneidad. “No lugareseran entonces, cuando teorizó por primera vez sobre ellos, espacios asépticos y de tránsito en los que los individuos uniformizan su conducta: supermercados, aeropuertos, la televisión

— ¿Siguen siendo los mismos hoy día, o los “no lugares” han conquistado nuevos territorios?

— Donde han ampliado el campo es sobre todo en Internet.

En concreto en las redes sociales. Esas nuevas formas de comunicación están presentando un espejismo a sus usuarios, que piensan que en tales plataformas establecen relaciones sociales. No es así. Ahí falta el tiempo y el espacio, que son dos elementos simbólicos absolutamente necesarios para hablar de la existencia de relaciones sociales.

De hecho, en mi opinión la pertenencia a un grupo en este espacio virtual no configura de ningún modo la identidad del individuo. Un etnólogo no tiene ahí material para leer relaciones sociales específicas de una comunidad.

A Marc Augé le molesta la importancia que se le está concediendo últimamente a estos patios de vecinos virtuales. “Dicen hicieron posible la Primavera Árabe pero no es así. En las calles había miles de pobres desclasados que jamás nunca han utilizado Internet“. Por ahí va una de las denuncias del pensador galo a la expansión del uso de dispositivos y aplicaciones tecnológicas.

Hay capas de la población mundial que ni las huelen. “Hay una brecha cada vez más ancha en este terreno“, lamenta. Y esa brecha va camino de cobrar la amplitud infinita del abismo. No sólo en cuestión del manejo de los aparatitos. También, claro, en los recursos económicos.

Para Augé, la sociedad hoy se divide ya en tres clases: “Los pudientes, los consumidores y los excluidos. Y por causa del desempleo, al tercer escalón están cayendo muchos del segundo. Aunque los primeros tienen muy claro que hay que mantener un determinado cupo de consumidores para que sus negocios sigan generando beneficios”.

— ¿Entonces está abierta de nuevo la lucha de clases? ¿Volvemos al origen de la Revolución Industrial?

Desde luego el conflicto es de nuevo evidente. La crisis le ha quitado la máscara al capitalismo liberal que pretendía hacernos creer que existían cauces pacíficos para resolver los intereses encontrados. Y que el final de los enfrentamientos suponía también el fin de la historia, como vaticinó Fukuyama. Pero vemos que no es así. Es muy llamativo que las acciones suban cuando aumenta el desempleo. Está claro que los intereses de unos y de otros están en contraposición.

— Pues, como sabemos ya, la violencia es el paso siguiente. ¿O no?

Bueno, la violencia es uno de los motores de la historia. Si no existiera, significaría que estamos viviendo bajo una dictadura que no permite la discrepancia. Viviríamos en una paz ilusoria. En el momento presente, ya hay brotes de violencia pero están localizadas en puntos concretos.

Yo no creo que haya una revolución planetaria a corto plazo. Tendrá que pasar tiempo. Y espero que esa revolución tenga una base verdaderamente democrática. La utopía que yo defiendo es la de la generalización de la educación. Es la única que puede traernos una prosperidad auténtica.

Marc Augé demuestra todavía fe en la democracia. “Es un ideal sincero“, recalca.

“El problema es que en muchas partes se ha estancado”. Para salir del atolladero, le recomienda que siga el impulso de la ciencia: “Es donde todavía se manifiesta con claridad el esfuerzo por el progreso. La lucha continua para ir ganándole posiciones a la ignorancia. Y tiene la virtud de que constantemente se pone entredicho a sí misma. Ese revisionismo era, en cambio, una especie de fantasma en el ámbito de las ideologías del siglo XIX y XX. No había margen para las dudas“.

El autor de El viajero subterráneo: un etnólogo en el metro, que durante sus investigaciones como antropólogo convivió con tribus africanas y americanas, encadena sus razonamiento buscando en su memoria las palabras que a veces tardan en llegar (“He vivido mucho tiempo en Hispanoamérica pero ahora no practico el español, viajo más a Italia“).

En su gesto no hay atisbo de petulancia. Es todo lo contrario: su rostro lo enciende por instantes una amabilidad risueña.

Muy lejana del hermetismo algo altanero que ha barnizado el pensamiento francés en las últimas décadas. Un prurito que ha denunciado Vargas Llosa en su último ensayo, La civilización espectáculo, en el que acusaba a Lacan y Derrida de un “vacío destructor“. Es decir, de envolver sus teorías en palabrería ampulosa pero hueca. Augé no quiere pillarse los dedos hablando de nombres concretos pero asiente: “Sí, es cierto: el pensamiento francés tiene un problema de arrogancia”.

* Nacido en Francia en 1935. Antropólogo, etnólogo y crítico cultural. Entre 1985 y 1995 fue director de la prestigiosa “Ecole des hautes études en sciences sociales” de París. Su carrera de investigador se inició con una serie de viajes al África occidental. Cobró notoriedad internacional hacia 1995, cuando dio a conocer su teoría de los no-lugares como modo de expresar esas zonas intermedias, de paso, libres de marcas culturales y simbólicas, que definirían a la supermodernidad. Entre su amplia bibliografía, podemos citar ¿Por qué vivimos?, El tiempo en ruinas, El viaje imposible: el turismo y sus imágenes y Los espacios del anonimato. Este artículo se publicó en El Cultural.es, diario El Mundo, España. 19/04/2013.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Franz Kafka. Un artista del trapecio

abril 30, 2013

por Franz Kafka

TrapecioUn artista del trapecio – como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre – había organizado su vida de tal manera – primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica – que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio.

Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.

De esta manera de vivir no se deducían para el trapecista dificultades con el resto del mundo. Sólo resultaba un poco molesto durante los demás números del programa, porque como no se podía ocultar que se había quedado allá arriba, aunque permanecía quieto, siempre alguna mirada del público se desviaba hacia él.

Pero los directores se lo perdonaban, porque era un artista extraordinario, insustituible. Además era sabido que no vivía así por capricho y que sólo de aquella manera podía estar siempre entrenado y conservar la extrema perfección de su arte.

Además, allá arriba se estaba muy bien. Cuando, en los días cálidos del verano, se abrían las ventanas laterales que corrían alrededor de la cúpula y el sol y el aire irrumpían en el ámbito crepuscular del circo, era hasta bello.

Su trato humano estaba muy limitado, naturalmente. Alguna vez trepaba por la cuerda de ascensión algún colega de turné, se sentaba a su lado en el trapecio, apoyado uno en la cuerda de la derecha, otro en la de la izquierda, y charlaban largamente.

O bien los obreros que reparaban la techumbre cambiaban con él algunas palabras por una de las claraboyas o el electricista que comprobaba las conducciones de luz, en la galería más alta, le gritaba alguna palabra respetuosa, si bien poco comprensible.

A no ser entonces, estaba siempre solitario. Alguna vez un empleado que erraba cansadamente a las horas de la siesta por el circo vacío, elevaba su mirada a la casi atrayente altura, donde el trapecista descansaba o se ejercitaba en su arte sin saber que era observado.

Así hubiera podido vivir tranquilo el artista del trapecio a no ser por los inevitables viajes de lugar en lugar, que lo molestaban en sumo grado. Cierto es que el empresario cuidaba de que este sufrimiento no se prolongara innecesariamente.

El trapecista salía para la estación en un automóvil de carreras que corría, a la madrugada, por las calles desiertas, con la velocidad máxima; demasiado lenta, sin embargo, para su nostalgia del trapecio.

En el tren, estaba dispuesto un departamento para él solo, en donde encontraba, arriba, en la redecilla de los equipajes, una sustitución mezquina -pero en algún modo equivalente- de su manera de vivir.

En el sitio de destino ya estaba enarbolado el trapecio mucho antes de su llegada, cuando todavía no se habían cerrado las tablas ni colocado las puertas.

Pero para el empresario era el instante más placentero aquel en que el trapecista apoyaba el pie en la cuerda de subida y en un santiamén se encaramaba de nuevo sobre su trapecio.

A pesar de todas estas precauciones, los viajes perturbaban gravemente los nervios del trapecista, de modo que, por muy afortunados que fueran económicamente para el empresario, siempre le resultaban penosos.

Una vez que viajaban, el artista en la redecilla como soñando, y el empresario recostado en el rincón de la ventana, leyendo un libro, el hombre del trapecio le apostrofó suavemente.

Y le dijo, mordiéndose los labios, que en lo sucesivo necesitaba para su vivir, no un trapecio, como hasta entonces, sino dos, dos trapecios, uno frente a otro.

El empresario accedió en seguida. Pero el trapecista, como si quisiera mostrar que la aceptación del empresario no tenía más importancia que su oposición, añadió que nunca más, en ninguna ocasión, trabajaría únicamente sobre un trapecio.

Parecía horrorizarse ante la idea de que pudiera acontecerle alguna vez. El empresario, deteniéndose y observando a su artista, declaró nuevamente su absoluta conformidad. Dos trapecios son mejor que uno solo. Además, los nuevos trapecios serían más variados y vistosos.

Pero el artista se echó a llorar de pronto. El empresario, profundamente conmovido, se levantó de un salto y le preguntó qué le ocurría, y como no recibiera ninguna respuesta, se subió al asiento, lo acarició y abrazó y estrechó su rostro contra el suyo, hasta sentir las lágrimas en su piel. Después de muchas preguntas y palabras cariñosas, el trapecista exclamó, sollozando:

– Sólo con una barra en las manos, ¡cómo podría yo vivir!

Entonces, ya fue muy fácil al empresario consolarlo. Le prometió que en la primera estación, en la primera parada y fonda, telegrafiaría para que instalasen el segundo trapecio, y se reprochó a sí mismo duramente la crueldad de haber dejado al artista trabajar tanto tiempo en un solo trapecio.

En fin, le dio las gracias por haberle hecho observar al cabo aquella omisión imperdonable. De esta suerte, pudo el empresario tranquilizar al artista y volverse a su rincón.

En cambio, él no estaba tranquilo; con grave preocupación espiaba, a hurtadillas, por encima del libro, al trapecista. Si semejantes pensamientos habían empezado a atormentarlo, ¿podrían ya cesar por completo?

¿No seguirían aumentando día por día? ¿No amenazarían su existencia? Y el empresario, alarmado, creyó ver en aquel sueño, aparentemente tranquilo, en que habían terminado los lloros, comenzar a dibujarse la primera arruga en la lisa frente infantil del artista del trapecio.


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“El deseo suele aparecer bajo la forma de lo que uno no quiere” ???

abril 21, 2013

El deseo

por María-Cruz Estada

moebius12–04–2013 / “El deseo suele aparecer bajo la forma de lo que uno no quiere” (Jacques Lacan: Subversion del sujeto, Escritos).

Esta es una frase que mosquea bastante y, lo que es raro, incluso a los psicoanalistas.

Cada vez que se le dice a alguien, pone cara de extrañeza o sea que arruga la nariz, el ceño y hace un pequeño gesto con el cuello como quien se aleja para mirar mejor.

Y es que el ser humano se ha acostumbrado a poner en el mismo plano lo que quiere, lo que le da ganas, su voluntad, y lo que inconscientemente causa su deseo. Pero no son lo mismo.

La cosa es de Perogrullo: sólo se puede desear lo que a uno le falta, por eso cuando se consigue algo, se abre de nuevo el deseo por otra cosa… ¡por suerte! Pero es que, además, el proceso por el que deseamos es inconsciente.

Claro, es cierto que después la persona intentará dar un nombre a eso que le falta creyendo, no sólo que es eso lo que le falta, sino además que, al poseerlo, va a quedar ya para siempre satisfecho. ¡Y ahí le duele!

Pero Lacan lo dice muy clarito y es que el ser humano se pasa la vida transitando entre la insatisfacción y la angustia, o bien acepta que no existe ni en el macrocosmos ni en el microcosmos un objeto que le satisfaga por completo y para siempre, y en ese caso, en lugar de quejarse de insatisfacción, se dedica a hacer proyectos, búsquedas que suponen hacer algo activo con esa insatisfacción, búsqueda que le produce alegría (no felicidad), o bien decide que nada merece la pena sino ese único objeto que falta, y entonces no sólo se pasa la vida quejándose y dando la lata a los demás, sino que también se angustiará pero, eso sí, seguirá creyendo a pies juntillas que existe el objeto que produce la felicidad, pero que a él o ella no les ha tocado en la vida, o bien que alguien lo posee pero no se lo quiere dar.

Así, a la queja unirán como mucho la reivindicación de justicia, que para un momento puntual está bien, pero como algo que tiñe la vida es una gaita y con ello no harán nada más que entristecerse.

Así que no sólo lo que causa el deseo es algo que falta, sino que ir en pos del deseo, los proyectos, el esfuerzo por conseguir algo que ilusiona… pues eso, que aunque luego da alegría, así de momento es un esfuerzo y eso da a veces mucha pereza y hace creer que lo que uno desea es lo que da ganas, por ejemplo, comer helado a todas horas.

Pero eso no es el deseo, sino la apetencia. Y la pereza que da preparar un trabajo o una conferencia, o actualizar el Currículum Vitae, se identifica con lo que uno NO quiere, cuando en realidad eso no es más que parte de las dificultades que se encuentran en el camino hacia el deseo. De ahí la frase de Lacan en el inicio.


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PAPA FRANCISCO. Dos Cuestiones que Alimentan la Esperanza

abril 16, 2013

Por Eduardo Di Cola *

Bergoglio1Las ONGs  son una realidad con dos caras. De un lado están los que con voluntad destinan tiempo y esfuerzo con un propósito que va más allá de su interés personal. Actitud digna del mejor de los elogios.

A su reverso se encuentran quienes aportan dinero, los que no siempre están iluminados por el espíritu solidario.

Muchas veces porque tienen eximiciones impositivas, o desean generar compromisos que puedan servir a sus intereses, o congraciarse con determinado sector que les pueda redituar algún beneficio en el futuro, por citar solo algunas razones.

No me opongo a las ONG, todo lo contrario, estoy a favor. Incluso hasta ciertos límites resulta razonable que alguien que realice el aporte tenga alguna expectativa que va más allá de la colaboración en sí misma.

Simplemente trato de describir como es la lógica de su funcionamiento. No debe resultarnos indiferente que entre los aportantes abundan los que no dan puntadas sin hilo.

Fue muy importante que Su Santidad Francisco haya afirmado que la iglesia no debe convertirse en una ONG piadosa. Es toda una definición que ubica a la Iglesia Católica en la dimensión que debe tener. 

No hay dudas que entre algunos de sus aportantes están los que especulan con los beneficios que puedan obtener a cambio, y que en no pocas oportunidades  terminan generando relaciones no convenientes y perjudiciales para la propia iglesia.

Esta afirmación del Papa Francisco no ha sido analizada en la profundidad y dimensión que realmente tiene. Fue una definición, la primera que realizó en oportunidad de su primera homilía, realmente trascendente para el rol esencial que debe cumplir la Iglesia Católica.

La segunda cuestión se desprende de las definiciones que tuvo en oportunidad de reunirse con la Presidenta Cristina Kirchner. Planteó la unidad latinoamericana, la importancia de la participación juvenil en la política resaltando la gestión del gobierno en este sentido, rescató a San Martín y Bolívar y se refirió a la Patria Grande.

Nos muestra que el Papa Francisco no se priva en compartir opiniones de política estratégica con quien al menos sobre esos temas tiene coincidencia de opinión.
Para que se termine de entender.

Mientras con la Presidenta tuvo estas definiciones, Macri lo que resaltó de su entrevista es que le había preguntado por su hija Antonia.
                                                                                                                  * Diputado Nacional (MC)


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Falleció la “dama de hierro” Margaret Thatcher

abril 8, 2013

GRAN BRETAÑA
Margaret Thatcher murió impune

08–04–2013 / La exprimera ministra británica conservadora murió a los 87 años en Londres a causa de un ataque cerebral. Thatcher permaneció 11 años en Downing Street, entre 1979 y 1990, y más de dos décadas después, el legado de la “Dama de Hierro“, implacable abanderada del conservadurismo político y del liberalismo económico, continúa dividiendo a los británicos. La exprimera ministra, impulsora del Consenso de Washington junto al presidente estadounidense Ronald Reagan, dirigió los ataques durante la Guerra de Malvinas.


Margaret1“Hemos perdido a un gran dirigente, un gran primer ministro y a una gran británica“, declaró el primer ministro David Cameron, quien continúa el camino del conservadurismo defendido por Thatcher. Por su parte, la reina Isabel II se declaró “triste“, anunció el palacio de Buckingham en un comunicado.

La salud de la “Dama de Hierrocomenzó a deteriorarse a partir de 2002, un año antes de la muerte de su esposo Denis, y sus incursiones en la vida pública fueron desde entonces cada vez más escasas. En 2008, su hija Carol reveló en sus memorias que su madre sufría demencia senil desde hacía siete años. También había sufrido varios ataques cerebrales.

La exprimera ministra británica fue una “gran política” que pasará a la historia, reconoció el expresidente soviético Mijaíl Gorbachov.


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