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Google reconoce que Gmail carece de privacidad en sus “Condiciones del Servicio”

abril 15, 2014

Privacidad
Google reconoció que “lee” todos los correos que entran y salen de Gmail

15–04–2014 / Google actualizó la versión en inglés de sus “Condiciones de servicio”, donde reconoció de forma explícita que todos los correos electrónicos que entran y salen de Gmail son analizados por un software, con el objeto de crear anuncios personalizados.
 

Google reconoció que “lee” todos los correos que entran y salen de Gmail

La revisión de los términos indica que el sistema de Google escanea los contenidos de todos los mails, tanto los que están en tránisto como aquellos almacenados en los servidores de la compañía, una práctica que recientemente fue objeto de litigios.

“Nuestros sistemas automatizados analizan tu contenido (incluyendo a los correos electrónicos) para ofrecerte de forma personal características relevantes de productos, tales como resultados de búsqueda personalizados, publicidad a medida y detección de spam y malware. Este análisis se realiza en el momento en que el contenido se envía, se recibe y se almacena“, indican los nuevos términos de las Condiciones de servicio.

Desde Google Argentina explicaron que el escaneo se realiza sólo en los mails y en los resultados de búsqueda, y subrayaron que no incluye a los documentos almacenados en Google Drive.

También puntualizaron que no se trata de un cambio en las condiciones, sino que se agregó un párrafo con la intención de aclarar los términos.

“Nosotros queremos que nuestras políticas sean simples y fáciles de entender para nuestros usuarios. Estos cambios le darán a la gente aún más claridad y están basados en el feedback que hemos recibido en los últimos meses”, explicó en diálogo con Télam María Florencia Sabatini, gerenta de Comunicaciones y Asuntos Públicos de Google.

El escaneo de los mensajes de Gmail era un secreto a voces -así se explica la existencia de publicidad personalizada en el servicio de correo electrónico-, aunque desde la empresa esperaron hasta ayer para explicitarlo.

La actualización de las Condiciones del servicio llega casi un mes después de que una jueza del Estado de California desestimara una demanda colectiva por violación de la privacidad a cientos de millones de usuarios de Gmail.

El grupo de usuarios del servicio de correo electrónico había acusado a Google de violar las leyes federales y estatales de privacidad, justamente por escanear los mensajes personales.

Desde Google respondieron que los usuarios implícitamente consentían esa actividad, reconociéndola como parte del proceso de envío y recepción de mails.

Este reciente proceso por el escaneo de los correos electrónicos no constituye la primera acusación de violación de privacidad contra Google. De hecho, cuando en junio de 2013 se destapó el escándalo del espionaje masivo de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSA), una de las primeras filtraciones acusaba a la compañía -junto a Facebook, Apple, Microsoft, Yahoo!, Skype, PalTalk, YouTube y AOL- de participar en el programa PRISM.

Según trascendió en base a documentos filtrados por el ex técnico de inteligencia Edward Snowden, la NSA tenía acceso directo a las comunicaciones online y a los servidores de aquellas empresas, con el consentimiento de estas.

“No participamos en ningún programa que permita al gobierno estadounidense ni a ningún otro acceso directo a nuestros servidores“, contestó entonces el co-fundador de Google Larry Page, en una entrada en su blog.

Por su parte, con más de 425 millones de usuarios en todo el mundo, disponible en 75 idiomas y 10 años de existencia, Gmail es el principal servicio de correo electrónico a nivel global, además de ser una puerta de entrada a los distintos servicios de Google.


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Sector Público de Reino Unido y Holanda continuarán recibiendo soporte para WinXP pagando varios millones

abril 7, 2014

Windows XP
El sector público de Reino Unido y Holanda seguirá recibiendo soporte de Windows XP

07–04–2014 / Los gobiernos del Reino Unido y Holanda le pagaron a Microsoft varios millones para extender el soporte de Windows XP -que finalizará mañana-, instalado en miles de computadoras del sector público.

Xppay

El gobierno británico desembolsó por la extensión de las actualizaciones de seguridad unos 5,5 millones de libras (unos 73 millones de pesos), y el soporte será válido sólo por un año, tras el cual el sector de la administración pública cambiará un nuevo software, según informó la revista ComputerWeekly.

“Hicimos un arreglo con el Servicio Comercial de la Corona (Crown Commercial Service) para proporcionar al sector público del Reino Unido la posibilidad de descargar actualizaciones de seguridad de Windows XP, Office 2003 y Exchange 2003 por un año, hasta el 8 de abril de 2015″, sostuvo por su parte un vocero de Microsoft al diario londinense “The Guardian”.

Un estudio citado por ComputerWeekly señala que el 85 por ciento de las 800 mil PCs sólo del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés) todavía utilizan Windows XP.

De esta forma, la extensión del soporte le dará al NHS así como al resto de la administración pública un respiro para migrar de sistema operativo, que deberá tener lugar en el plazo máximo de un año.

Por su parte, Holanda entabló con Microsoft una negociación similar, aunque no trascendió el monto del arreglo.

Según “The Guardian“, el ministerio del Interior holandés llegó a un acuerdo “multimillonario” para mantener el soporte de Windows XP en unas 40 mil PCs.

A comienzos de marzo pasado, la corporación fundada por Bill Gates anunció que, tras 12 años de mantenimiento, no habrá más actualizaciones de seguridad para el Windows XP.

“Los clientes que se pasen a un sistema operativo más moderno se beneficiarán radicalmente con una mayor protección“, promueve Microsoft en su sitio, pese a que analistas estiman que la versión XP aún se utiliza en un tercio de las computadoras de todo el mundo.

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CIA: espionaje, tortura y mentiras

marzo 17, 2014

CIA: espionaje, tortura y mentiras

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Publicado el 14 de marzo de 2014

Amy Goodman y Denis Moynihan

Cia“Lo que no me deja dormir por la noche es la posibilidad de que haya otro atentado contra Estados Unidos”, afirmó la Senadora Dianne Feinstein el mes pasado en lo que en ese momento era su defensa habitual del amplio programa de espionaje a nivel mundial de la Agencia de Seguridad Nacional y de otras agencias de inteligencia de Estados Unidos.

Todo eso cambió ahora que piensa que la CIA espió y les mintió a miembros de la comisión que preside, la poderosa Comisión Selecta de Inteligencia del Senado.

La comisión se creó después de que el escándalo de Watergate provocara la caída del Gobierno de Nixon.

La Comisión de Control de las Actividades de los Servicios de Inteligencia, presidida en aquel entonces por el senador demócrata de Idaho Frank Church, realizó una investigación exhaustiva de los abusos cometidos por las agencias de inteligencia de Estados Unidos, con respecto a todas sus actividades, desde el espionaje de manifestantes opositores a la guerra, hasta el asesinato de líderes extranjeros.

Así comenzó la era moderna de la supervisión de las actividades de inteligencia de Estados Unidos por parte del Congreso y el Poder judicial.

La pelea pública entre la defensora de la CIA, Feinstein, y la propia agencia ocurrida esta semana podría alterar brevemente el statu quo, pero se reconciliarán.

Lamentablemente, esta pelea no permite ver un problema más grave: la historia jamás contada de la política secreta del gobierno de Estados Unidos de tortura y entrega de prisioneros (el modo eufemístico de la Casa Blanca de denominar el secuestro).

El conflicto está relacionado con el descomunal informe clasificado de la Comisión de Inteligencia acerca de este tristemente célebre programa del Gobierno de Estados Unidos. Feinstein y otros senadores procuraron que se desclasificara el documento de 6.300 páginas.

Ahora nos enteramos a través de información de la prensa y por un discurso pronunciado esta semana por Feinstein en el Senado que miembros de la Comisión de Inteligencia obtuvieron acceso a documentos de la CIA en un establecimiento secreto de alta seguridad de la CIA, en algún lugar fuera de la sede de la agencia.

Feinstein describió lo sucedido:

“La CIA comenzó a enviar documentos en formato electrónico a los miembros de la Comisión en un establecimiento alquilado por la CIA a mediados de 2009. El número de páginas llegó a ser rápidamente de miles, decenas de miles, cientos de miles, y luego millones. Los documentos facilitados no tenían índice ni una estructura organizativa. Era una verdadera pila de documentos que los miembros de nuestra comisión tuvieron que examinar y tratar de interpretar”.

Aún no sabemos si estaba entre esas millones de páginas o fue proporcionado a los miembros de la Comisión de Inteligencia a través de un informante de la CIA, pero encontramos un documento denominado “Examen Interno Panetta“, claramente denominado así por León Panetta, el entonces director de la CIA.

Feinstein dijo en su discurso ante el Senado:

“Creemos que estos documentos los escribió personal de la CIA para resumir y analizar los materiales que proporcionó al comité para su examen. Los documentos del Examen Panetta no eran más confidenciales que otra información que recibimos para nuestra investigación. De hecho, los documentos parecían estar basados en la misma información que ya había sido proporcionada al comité. Lo que era singular e interesante acerca de los documentos internos no era que estuvieran clasificados, sino su análisis y reconocimiento de las irregularidades graves cometidas por la CIA”.

El “Examen Interno Panettase contradice específicamente con la propia declaración por escrito que la CIA envió al Comité de Inteligencia. Sí, pescaron a la CIA mintiendo.

Pero la cosa no termina allí. Mike German, profesor adjunto del Centro Brennan para la Justicia de la Universidad de Nueva York, que durante 15 años fue agente del FBI especialista en la lucha contra el terrorismo a nivel nacional, dijo en Democracy Now!:

“Es una situación realmente fuera de lo común. Se supone que la tarea del Senado es vigilar a la CIA, no permitir a la CIA determinar las condiciones de la supervisión de su propio trabajo“.

Feinstein informó que cientos de los documentos proporcionados inicialmente más tarde fueron eliminados de los archivos por la CIA. Por si fuera poco, resulta que la CIA presentó acusaciones penales contra los miembros de la Comisión, aparentemente, por haber robado el informe Panetta.

Ray McGovern es un ex analista de alto nivel de la CIA que criticó públicamente la información de inteligencia utilizada para justificar la invasión de Irak.

McGovern me dijo:

“Esto nos remite a la cuestión fundamental de la supervisión de la comunidad de inteligencia. En la década de 1970, la Comisión de Control de las Actividades de los Servicios de Inteligencia investigaba los abusos de todo tipo, como las escuchas telefónicas ilegales y los asesinatos, y se admitía que la supervisión del Congreso era necesaria. Eso significaba supervisión del Congreso, no que el Congreso hiciera la vista gorda, que es lo que ha ocurrido en los últimos años. Y si adelantamos el tiempo hasta el 11 de septiembre, la gente siempre dice ‘después del 11 de septiembre, todo cambió’. Y es cierto que cambió. En la noche del 11 de septiembre, el Presidente dijo: ‘No me interesa lo que digan los abogados internacionales. Vamos a reventarlos’. ¿Qué fue lo que hicieron a continuación? Bueno, tomaron prisioneros en Afganistán y la primera persona torturada fue John Walker Lindh, un ciudadano estadounidense”.

La tortura era una práctica extendida y sanguinaria, practicada en los centros de detención secretos de todo el mundo.

Esto es lo que se pierde de vista en la lucha por el poder en Washington D.C. entre la Senadora Feinstein y la CIA. Muchas vidas han sido destruidas, algunas personas han muerto violentamente en custodia de Estados Unidos de manos de sus captores.

En el sombrío gulag estadounidense en Bahía de Guantánamo hay prisioneros en huelga de hambre que no han sido acusados de cometer ningún delito, muchos de los cuales tienen orden de liberación hace más de diez años. Los detenidos en huelga de hambre son alimentados por la fuerza y sometidos a técnicas de tortura de la época de la inquisición.

Esperemos que a Feinstein le dure la indignación y que la supervisión de la Comisión de Inteligencia del Senado de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, que tienen cada vez más poder, realmente tome nuevo impulso.

El informante de la NSA Edward Snowden opinó desde su asilo político en Rusia:

“Somos testigos de otro ‘efecto Merkel’, donde a un funcionario público no le interesa que los espías violen los derechos de millones de ciudadanos comunes y corrientes, sino que, de pronto, resulta escandaloso que un político se entere de que lo mismo le sucede a él“.

© 2014 Amy Goodman


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09-02-1964. Memorable. La primera presentación de los Beatles en EE.UU

febrero 12, 2014

El día que cambió la historia de la cultura joven en EE.UU.

El 9 de febrero de 1964, una banda de jóvenes ingleses con “extraños” peinados apareció en The Ed Sullivan Show, el programa más popular del país. En sus palabras, los cuatro fabulosos recuerdan aquellos días de beatlemanía pura.

Los Beatles hicieron una sesión de grabación por la tarde, que sería retransmitida después de su partida, y por la noche tocaron en directo en el Ed Sullivan Show.

Thebeatles

George: –Me dolía la garganta y por eso no estoy en las fotos publicitarias de Central Park. Salen ellos tres con el cielo de Nueva York al fondo. (Lo mismo ocurrió en los ensayos para el Ed Sullivan Show: en las fotos aparecen ensayando sin mí.) Nunca he entendido cómo se les ocurrió salir para hacerse fotos en Central Park con el montón de fans que había por todas partes.

Ringo: –Lo que más recuerdo de cuando actuamos en el primer Ed Sullivan Show es que ensayamos durante toda la tarde. El equipo de la televisión era tan malo (normalmente sigue siéndolo, pero entonces era peor) que grabábamos los ensayos y luego lo trabajábamos en la mesa de sonido. Lo dejamos todo listo con el técnico de sonido y salimos para airearnos. Según dicen, la mujer de la limpieza entró a limpiar la sala y la mesa de mezclas mientras estábamos fuera y pensó: “¿Qué son todas estas marcas de tiza?”, y las borró. Todo nuestro trabajo se fue al carajo. Tuvimos que ir con muchísimo apuro para que el equipo suene bien.

George: –Supimos que el show era importante porque recibimos un telegrama de Elvis y del Coronel Parker. Y me han contado que, mientras se retransmitía, el índice de criminalidad fue casi nulo. Cuando Los Beatles salimos en el Ed Sullivan Show, hasta los delincuentes se dieron un respiro durante diez minutos.

Paul: –El primer programa tuvo 73 millones de teleespectadores. Se cree que aún hoy es uno de los mayores índices de audiencia que ha habido en EEUU. Fue muy importante. Aparecimos de improviso, con un peinado raro y pinta de marionetas. Causamos sensación. Creo que fue decisivo para nuestra fama: el peinado, más que la música, al principio. Muchos padres quisieron quitar la tele diciéndoles a sus hijos: “No se dejen engañar. Llevan peluca”.

John: –Debieron de ser las únicas pelucas con caspa…

Paul: –Muchos padres lo cambiaron, pero muchas madres y sus hijos volvieron a ponerlo. Aquellos niños son ahora adultos y nos dicen que no lo han olvidado. Es como: “¿Dónde estabas cuando asesinaron a Kennedy?”. Hay gente, Dan Akroyd, por ejemplo, que me ha dicho: “Ey, me acuerdo de aquel domingo por la noche; alucinábamos, viendo el Ed Sullivan Show”. Hasta entonces habían sacado a malabaristas y cómicos como Jerry Lewis, y luego, zas, Los Beatles.

John: –Estaban locos, locos de atar. Nunca había visto nada igual. Es como si estuviéramos viendo una película. Tenías la sensación de que a vos no te pasaba, sobre todo cuando veías a George y pensabas: “Oh, ese es George, con toda esa gente subiéndosele encima”. Tenían muchísimos programas y salíamos en todas las noticias. Era absurdo. Al principio no nos lo imaginábamos. Cuando tuvimos los dos primeros éxitos pensamos: “Bueno, ya está. Probablemente ahora nos iremos para abajo”. Pero, parece que seguimos con la buena racha. Ni en un millón de años nos habríamos imaginado nada igual. Suponían que íbamos a actuar como si fueramos una grandes estrellas, pero creo que casi todo el mundo prefería nuestra manera de ser. Venían con esa idea preconcebida. Nosotros actuábamos con naturalidad, y pareció que eso les gustó. No hacíamos más que eso. Si estábamos cansados, se nos notaba, si estábamos contentos, también. No fingíamos. Si no teníamos un buen día, les decíamos la verdad: “Hoy no me encuentro muy bien, lo siento, no voy a estar muy ocurrente”.

Paul: –Murray the K, un DJ neoyorquino, fue el que más de cerca vivió el fenómeno Beatles; las vio venir y no dejó pasar la oportunidad. En realidad era un periodista caradura que en la conferencia de prensa nos hizo unas cuantas preguntas atrevidas, desde la primera fila en lugar de quedarse detrás sin abrir la boca. Sus modales eran: “Hola, ¿todo bien, muchachos? ¿Qué opinan de…?”. Nos dejó muy impresionados y por eso solíamos llamar a su programa de radio cuando estaba en el aire. Le dábamos todas las exclusivas porque lo adorábamos. Y hacía programas en la calle para poder hablar sobre gente como Smokey Robinson, a quien conocía. Para nosotros, Smokey Robinson era un dios.

George: –A menudo me pregunto cómo pudo Murray irrumpir en nuestra habitación y quedarse con nosotros durante todo el viaje. Es curioso, francamente. Nunca he acabado de entender cómo lo consiguió.

Ringo: –Murray the K estaba loco de atar. Era un tipo fenomenal, un DJ fabuloso, un genio en lo suyo. Casi lo matamos, porque venía de gira con nosotros y no se perdía nada de lo que hacíamos. Luego, cuando ya no podíamos más, nos íbamos a dormir, y él tenía que emitir su programa. Se mantenía con veinte minutos de sueño diarios. Lo veíamos languidecer, esfumarse ante nuestros ojos. En Nueva York estaban él y el DJ Cousin Brucie. A Murray lo llamaron el “quinto Beatle” porque siempre ponía nuestro disco: contribuyó a que fuera un éxito.

John: –La radio norteamericana nos dejó tan impresionados que Epstein tuvo que pararnos: telefoneábamos a todas las emisoras de radio de la ciudad, diciendo: “¿Podés poner esto de The Ronettes?”. Queríamos escuchar música. No pedíamos nuestros discos, sino los de otros. Naturalmente, en los viejos tiempos escuchábamos a Elvis, Chuck Berry, Carl Perkins, Little Richard y Eddie Cochran, por citar unos pocos; pero después nos gustaban Marvin Gaye, The Miracles, Shirelles, todo eso. No hacíamos otra cosa en todo el día. Cada uno tenía una radio, todas a un volumen distinto, y cuando en uno ponían un disco que nos gustaba, la subíamos. Era genial. Después empezaron en Gran Bretaña –emisoras pirata, las llamaban– instaladas en barcos, lejos de la costa. Eran parecidas a la británica. Tenés buenos discos todo el día, a diferencia de antes. Me encantaba. Cuando llegamos a Estados Unidos, los anuncios publicitarios nos parecieron excesivos. Supongo que nos acostumbramos. La gente que venía de Gran Bretaña (gente que no tenía televisión comercial), encontraba horrible tanta publicidad; pero te acostumbrabas.

Ringo: Nueva York me encantó en aquella época. Nos paseábamos por Central Park en un coche de caballos. Teníamos unas suites enormes en el Hotel Plaza, con televisión en todas las habitaciones, y radios con auriculares. Era lo mejor. Los medios de comunicación iban a una velocidad de vértigo. Recuerdo que en un canal de televisión ponían una película italiana sobre Hércules. Cuando nos levantamos al día siguiente y pusimos la tele, Hércules seguía en pantalla. Salimos a hacer no sé qué y volvimos por la tarde. Al poner la tele, seguía allí. Y luego salimos por la noche, y al regresar puse ese canal y ¡aún daban la misma película! Pensé que estaba desvariando. Lo que sucedía era que en aquel canal había una “película de la semana”, y la ponían continuamente. Cuando terminaban los créditos, volvían a pasarla. Aquello era demasiado, viniendo de Inglaterra donde sólo hacía un par de años que teníamos televisión en casa. Ahí había incluso un canal que hacía una locura como aquélla.

George: –Lo que me molestaba de la televisión norteamericana era que al levantarte por la mañana ponían un partido de fútbol, que evidentemente no se jugaba por la mañana. Hay cosas que me niego a ver a ciertas horas del día. No soportaría ver I Love Lucy y todos esos programas que ponen por la noche si los pusieran por la mañana. Para mí, las películas no empiezan hasta la tarde.

Ringo: –La actitud nos salvó el pellejo en más de una ocasión, sobre todo entonces, en el tren a Washington, porque la prensa estaba encima nuestro todo el tiempo. Aquellos reporteros de Nueva York empezaron a gritarnos. Pero nosotros no nos achicamos. Cuando luego conocimos mejor a algunos de ellos, nos dijeron: “Veníamos con la intención de hundirlos, pero ustedes se plantaron. Nos parecía increíble”. Hasta entonces, los grupos pop eran un dechado de virtudes ante la prensa, de los que dicen “No, no fumo” y todo eso. Y allí estábamos nosotros, fumando, bebiendo y haciéndoles frente. Aquello nos granjeó su total simpatía.

John: –Para nosotros no era nada nuevo: ya sabíamos tratar a la prensa cuando llegamos. La británica es la más implacable del mundo. Podíamos con todo lo que nos echaran. Sé que durante el viaje pensé: “Oh, no lo lograremos”, pero ésa es mi vena pesimista: sabíamos que los barreríamos si nos daban la oportunidad. No me importaba que la gente nos criticara, porque hubiera sido un problema gustarle a todo el mundo. Tiene que haber gente que te critique. No es nada bueno que todos te encuentren genial. Además, había críticas que nos gustaban. Eran muy divertidas; algunas de las inteligentes, no las que no tenían ni idea, pero algunas de las inteligentes estaban muy bien. Cuando estábamos saturados de trabajo, lo que nos daba fuerzas era sobre todo el humor. Podíamos reírnos de cualquier cosa. Esa es nuestra forma de ser: nos burlamos de todo, incluso de nosotros mismos. Nunca nos tomamos en serio.

Ringo: –En Washington asistimos a una celebración lamentable en la embajada británica. A principios de los años 60 aún había mucha diferencia entre la gente del norte de Inglaterra y los diplomáticos ingleses. Ellos eran muy finos, del estilo de Brian Epstein, y nosotros preferíamos llamar a las cosas por su nombre. Pero fuimos. Dios sabe por qué. Tal vez porque de repente nos habíamos convertido en embajadores y querían conocernos, y creo que Brian lo consideraba importante. Allí estábamos, comportándonos y tomando algo, cuando alguien me cortó un mechón de pelo. Me puse furioso. ¿Por qué llevaba unas tijeras? Me volví y le dije: “¿Qué carajo hace?”. Él respondió: “Oh, no pasa nada, amigo…”. Fue un incidente absurdo; querer cortarle el pelo a un Beatle.

John: –La gente nos tocaba al pasar, cosas así, y allí adonde íbamos, nos miraban como a bichos raros. Por lo visto teníamos que aguantar todas las pelotudeces de los diplomáticos y sus esposas, y que nos tocaran y acosaran como en Qué noche la de aquel día, sólo que un millón de veces más. En la embajada estadounidense, o la embajada británica en Washington, un animal le cortó el pelo a Ringo. Me largué, maldiciéndolos a todos. Me fui en plena celebración.

Paul: –Después tocamos en el Carnegie Hall, porque a Brian le hacía ilusión que actuáramos en un auditorio clásico, y luego fuimos a Miami y rodamos el segundo Ed Sullivan Show. Miami nos pareció un paraíso. Nunca habíamos estado en un sitio donde hubiera palmeras. Éramos como turistas; íbamos con las cámaras Pentax y sacamos un montón de fotos. Aún conservo muchas de la policía montada. Nunca habíamos visto policías armados, y los de Miami tenían una pinta genial. Nos lo pasamos en grande. Tocamos en uno de los hoteles. Todos los grandes hoteles tenían cabarets en el sótano. Y veíamos la playa, donde las fans escribían en la arena I love John, en letras tan grandes que las leíamos desde la habitación.

John: –Pero si las saludábamos, siempre nos decían: “No las saluden, que las están provocando”.

Ringo: –Es el mejor sitio en el que he estado jamás. La gente nos dejaba su yate, todo lo que queríamos. Me pasaron dos cosas geniales en Florida. Una: dos chicas amabilísimas me llevaron a mi primer autocine en un Lincoln Continental. Dos: una familia nos prestó su yate y me dejó conducirlo.

Paul: –Le habíamos dicho a Brian que queríamos ir a una pileta, y un tipo de la discográfica tenía una. Para ser de Miami, era una bastante modesta. Nada del otro mundo. Íbamos por la tarde y nadie nos molestaba. Para cuatro pibes de Liverpool era genial. “¡A ponerse la malla!” La revista Life nos sacaba fotos mientras nos bañábamos.

George: –Estábamos causando sensación, desde luego, porque toda aquella gente se moría por conocernos. Como Muhammad Ali, por ejemplo. Nos llevaron a conocerlo en nuestro primer viaje. Fue un montaje publicitario tremendo. Ser un Beatle implicaba que te llevaran de aquí para allá y te metieran en una sala llena de periodistas que te hacían fotos y preguntas. Muhammad Ali fue muy astuto. Al cabo de un par de días combatía con Sonny Liston.

Ringo: –Yo entrené con Cassius Clay, como entonces se llamaba; le enseñé todo lo que sabía. Aquello era muy emocionante, por supuesto, y yo había apostado por Liston. ¡Sabía lo que me hacía!.


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La potencia del frio intenso

enero 8, 2014

PRISIONERO

PrisioneroRobert Vick, de 42 años, estaba prisionero en el centro de detención de Blackburn, Kentucky, EE.UU. Planificó su fuga durante varios meses hasta que este domingo lo logró. Sin embargo, el reo se presentó ayer en el Sunset Motel de Lexington y pidió llamar a la policía para entregarse. Derrotado, explicó a la recepcionista que decidió entregarse por las temperaturas de 20 grados bajo cero. Vick fue puesto en observación debido a su “exposición al frío” y regresó a la prisión, más caliente que su congelada y efímera libertad.


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