Un día de esos…

A veces, me despierto con cierto sentimiento que no se me va en todo el día. Y entonces, sé que tengo “un día de esos”. Un día de esos en el que no quiero ver a nadie ni hablar con nadie. Los sentimientos no están claros, vienen como en torbellino. O, lo que es peor, un solo sentimiento indefinido se impone a todo. Aunque ya tengo cierto entrenamiento para observarme, no atino a saber si me siento angustiada o triste -que no son lo mismo, obvio, pues no habría dos palabras.

Si no recuerdo haber tenido algún mal sueño que me pudiera haber dejado inmersa en esta tiniebla, entonces, observo cuáles imágenes y cuáles sentimientos se me imponen. Puedo tardar horas en entender lo que me está pasando. Y puede ocurrir que un nuevo día empiece y yo siga sin comprender qué me pasó en ese día… “un día de esos”.

Lunática” es una expresión que suele usarse graciosamente. Pero no tiene nada de gracioso cuando está ocurriendo. Los neurólogos u otra clase de especialistas de los llamados “científicos” apostarían a que se trata de algún cambio hormonal o de la bio-físico-química de las neutransmisiones… Quién sabe… Quizás algo de razón tengan, pues, por algo se me da por tomar más cafés y no tengo hambre.

Tanto ellos como sus primos psiquiatras recomendarían tomar alguna de esas pastillas que según ellos sirven para la angustia, o para la ansiedad o para la depresión. Da igual. Tapar los sentimientos pareciera ser su objetivo.

Por suerte, -o por desgracia, no sé- más que a éstos yo he frecuentado a esa clase de psicoterapeutas que te instan a ubicar el sentimiento del cuál se trata. O, si se te da por remontarte al pasado, -pues te invaden los recuerdos, las reminiscencias, o las evocaciones o alguna sensación indefinida de un “no sé qué” -que no son lo mismo, obvio-, te hacen alguna pregunta como ésta:

¿Qué es lo actual? Qué pasó estos días… qué viste… qué oíste… cuál “ecuación”, cuál “construcción”, qué “argumento” pensó tu psiquismo que te pudo haber puesto en este estado?

El problema es que no lo sé… no lo tengo… no lo tengo en mi conciencia. Algo debí haber pensado… pero no lo he podido atrapar, pescar, cazar… o la metáfora que más guste.

La cuestión es que, mientras dura, preciso del silencio, preciso de alguno de mis peluches, preciso de estar sola. Y, tal vez, después de estar un largo rato semisentada en mi cama, abrazada a mi conejo de cincuenta centímetros y lo suficientemente regordete como para ocupar el espacio entre mis brazos, tal vez, sólo tal vez, después de ese abrazo puedo sentarme a la compu a escribir como ahora mismo… y des-ahogarme.

Y qué es lo que está pasando?

Mientras abrazaba al inanimado animalito pensé en mi papá. Cuántos años hace ya que no le veo!!! Demasiados para seguir soportándolo. Un padre no puede estar tanto tiempo ausente… No tendría que pasarme esto…

Ahora mismo, en este preciso instante, en nuestras provincias pobres, en los países del Tercer Mundo se nos están muriendo chiquitos que ni tuvieron la posibilidad de sentir esto que yo siento… tal vez, ni conocieron a su papá… no hay peluche, ni compu, ni siquiera una cama.

Y yo aquí lamentándome… rodando por mi rostro estas lágrimas…

Pero ese dolor -compartido- no calma mi dolor -singular… En cambio, lo acentúa… Pues, un padre no debería estar ausente… Tampoco debería estar ausente la función paterna ejercida por un Estado contenedor… ejercida por un mundo un poco más solidario.

Y me doy cuenta que transaría con el mismísimo Mefistófeles si él pudiera hacer que mi padre viniera, en este día -“un día de esos”-, a abrazarme como sólo un padre te puede abrazar.

Y bueno, me tendré que conformar con los abrazos de mis amigos… Ellos seguro que también se ven, cada tanto, inmersos en días de estos.

Luz N.C.M.

PD: ¿A vos también te pasa? O no?


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2 Comments »

  1. 1
    mar mar Says:

    Me pasa pero no me pasa. Y sí. Pero hoy también me siento extraña, así le llamo yo a “ese” sentimiento: yo “extraña”. Y luego se pasa. Merodeo por casa. Voy, vengo, hago cosas, no hago nada, doy vueltas, no pienso, pienso. yo no extraño a mi papá, aunque un poco, pero no me produce lo que a vos eso. Extraño la niñez, la sorpresa, los destellos de novedades, lo increíble, la pasióoooon de la vida, los días se suceden, se repiten, se amontonan como nadas insulsas… a veces llega ese sentimiento y es f-e-o.
    pero ellos están, todos esos niños, y esos grandes, y todos ellos que no tienen oportunidades “felices”. Todos Ellos… eso duele. Y duele tanto como no podemos nosotros concebir. Entonces vuelvo, vuelvo de ese lugar, vuelvo de esa extrañez, y trato de sentir la vida, VIVA. Para no ser desagradecida. Y cuando puedo dar algo simplemente lo hago.
    Sentirse extraño, a veces, puede servir. Para crecer, para vivir, para ser… para sentir.
    Besos.

  2. 2
    Walter Says:

    Leyendo tus líneas con cada oración se dibujaba mi novia. Más leía y más definición esta imagen tenía.

    Agradezco que hayas plamado tus palabras en la red


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