Un cuento sinfónico

Pajaroscantores29–10–2013 / Había una vez, dos veces y mil veces una asociación de pájaros de todo el mundo. La asociación ‘Pájaros cantores’, reunía las mejores voces de aves de todo el mundo.

Los pájaros de cabecita amarrilla y pecho negro entonaban bellos cantos, eran invitados a fiestas para amenizar la velada, y sus voces eran conocidas en todos los rincones de la tierra.
 
Con el paso del tiempo, el coro tuvo perdidas y nuevas llegadas, pero siempre se trataba de pájaros con copete amarillo y pecho negro. Su canto era tan famoso, que
sus canciones eran las únicas que sonaban en los corazones de todas las especies de las selvas que pueblan este mundo…
 
Cuentan los más abuelos, los que nacieron al mundo, que en una primavera húmeda nació un bello pájaro de pecho rojo y copete con manchitas. Nació gritando, y sus gritos eran programáticos: creció gritando, costaba callarlo.
Su voz tuvo eco: su canto era diferente al de los ‘Pájaros Cantores’, y muchos que no tenían acceso al coro y pasaban en silencio, se le arrimaron y fueron juntado voces.
 
En el primer tiempo los pichoncitos cantaban cada uno por su lado y a su ritmo. Los pájaros abuelos se tapaban los oídos ante tanta bulla. Pero ellos no dejaban de cantar, y sus voces fueron creciendo, madurando, armonizándose.

La bulla se hizo caricia para los oídos, y muchos otros animales quisieron sumarse: un día los vieron ensayar en un claro de la selva, y llegó el elefante a hacer la percusión, la jirafa se encargó de los vientos, los peces con sonidos acuáticos y las cebras se encargaron gustosas de las cuerdas.
 
Ese día nacía algo nuevo. Pero los oídos miedosos del poder siempre están atentos. Los pájaros de copete amarillo y pecho negro, dueños absolutos del canto, sintieron un ruido que no era grito ni clamor, algo que parecía un canto.

Y no pudieron soportarlo: nadie más tenía permiso para hacer música, nadie más podía armonizar sus fuerzas para hacer oír sus voces.
 
Entonces el coro ‘Pájaros cantores’ en pleno se presentó en ese claro de la selva, y quisieron dar un regaño ejemplar, estaban dispuestas hasta a colgar un pajarito joven.

Pero sucedió algo maravilloso: los pájaros del poder estaban acostumbrados a gritar en el silencio de los que habían perdido su canto, pero ese día las mil voces nacidas de abajo taparon las bocas arrogantes.
 
Y hubo fiesta en la selva, y hasta los ‘Pájaros cantores’ estuvieron invitados (aunque prefirieron migrar, quizás para colonizar nuevas tierras)… y se cuenta que hasta los árboles se animaron a menear sus hojas y soltar sus piecitos de la tierra para pachanguear un rato!
Porque la vida reverdece con la música, con las muchas voces, con las sinfonías…
 
Chin Pum


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