Todo funciona según el credo capitalista

ES EL CAPITALISMO

por Enrique Mario Martinez

El sistema político

Capitalismo08–11–2013 / Este mundo en que nos toca vivir ha sido por siglos escenario de violencia económica escondida detrás de guerras hechas en nombre de la bandera, la patria, la raza, lo que fuera.

En todos los casos los triunfadores reales han sido los que han buscado el lucro con mayor obsesión, hasta construir este mercado planetario único, donde los países son meros recovecos en que nos escondemos frente al avance de los ejércitos por la ganancia, más grande, más grande, más grande.

Si ampliamos el detalle, como en un Google Earth pero social, en la base de todo estamos las personas, sometidas a reglas de juego que no hemos definido ni procesado, que ni siquiera conocemos como un catecismo capitalista, pero que en toda faceta de la vida son tributarias de esa competencia por tener todo en una punta, por no morir de hambre en la otra.

Todo funciona según el credo capitalista.

Desde las instituciones de la formalidad democrática hasta la subsistencia más elemental.

A la conducción de las instituciones clave se accede por el voto universal y obligatorio. Ese rol – conducires, sin embargo, una profesión más del sistema, para cuyo desempeño rigen reglas con punto comunes a las de la conducción de cualquier corporación.

La novedosa continuidad de la vida democrática por tres décadas ya transitó suficiente para demostrar que la norma es postularse para un cargo y en caso de salir electo, pensar a cual otro postularse, desde antes de asumir el primero.

Se trata de una carrera sin descanso, porque a diferencia de la vida dentro de una corporación, quien se queda quieto, no puede siquiera vegetar; es desplazado por los que vienen pechando y lisa y llanamente pierde el trabajo.

En esa competencia la ideología se va desdibujando hasta límites impensados.

Hasta los que cuestionan de raíz el capitalismo, no elijen ninguna otra vía, hasta que suceda la evaporación del régimen odiado, que actuar según sus reglas, escritas o no, limitándose en la práctica a discutir la metodología para su aplicación.

Algo menos categórico que una diferencia ideológica, como es la identificación partidaria, se convierte en molesta carga prescindible.

Sin ir más lejos, en las últimas elecciones Sergio Massa, que nunca fue afiliado justicialista, lideró una lista considerada peronista y actualmente aclara que no participará de la interna del PJ, como si fuera lógico que lo hiciera. Es un ejemplo casi elegido al azar, porque los casos similares son numerosos.

En síntesis, la conducción del Estado queda a cargo de la libre elección de los ciudadanos solo de manera aparente.

En rigor, éstos eligen de un menú previamente definido, de manera altamente arbitraria, al interior de un grupo humano que ocupa ese espacio con atributos de propiedad privada, incluyendo la participación de grupos familiares completas y la transmisión de cargos por herencia.

A los efectos de este documento, de los varios problemas que acarrea ese escenario, el más grave son los valores que se convierten en atributos de todos los participantes y en especial de los ganadores.

La competencia antes que la cooperación; la descalificación antes que el análisis de ideas y circunstancias; los proyectos individuales por encima de los colectivos, se convierten en elementos necesarios para la supervivencia y el éxito, en un todo de acuerdo con lo que sucede en el mercado de un producto cualquiera.

Los ciudadanos de a pie cuestionamos la ética de esas conductas, sin advertir que no es otra que la que aplica un fabricante de telas o de baldes respecto de sus competidores, solo que trasladada al marketing político.

Esa es la tendencia inercial, pero no podemos asumirla como un dato, como una característica inevitable.

Si lo hiciéramos, deberíamos descartar cualquier hipótesis que imagine que desde allí surgirán caminos para corregir lo que es un horizonte con desigualdades permanentes tan profundas que, en esencia, no permiten pensar en una vida serena a más que un puñado de habitantes, y éstos rodeados de dispositivos de seguridad que resultan ser carceleros de los poderosos.

La deconstrucción y reemplazo de un sistema político que aquí y en todo el mundo se muestra como enteramente funcional a la perpetuación de un régimen altamente asimétrico de la distribución de los frutos del trabajo colectivo, es un problema que existe, que está en medio de la mesa y que obviamente no resolveremos negándolo.

He dicho y reitero que el capitalismo ordena la política en función de la economía y no a la inversa. Por lo tanto, para tener iniciativas en el plano institucional se necesita contar previamente con un marco en el plano económico.

El sistema económico

Nadie discute la feroz tendencia a la concentración de poder económico. Hasta los nuevos instrumentos de comunicación masiva, que nacen como elementos democratizadores, paso a paso van siendo convertidos en formas de profundización de esa concentración o quienes los administran son sumados a la élite concentradora.

A los gobiernos nacionales con vocación de alguna justicia social o, con mayor cinismo, de alguna sustentabilidad electoral, pareciera quedarles solo el camino de subirse al bote, cobrarle impuestos a los que tienen y compensar a los perdedores, sin mayores aspiraciones de incluirlos en el juego.

La inestabilidad macroeconómica está siempre latente en los países periféricos – como el nuestro – ante modelos así, por el déficit fiscal que generan las ayudas y compensaciones y por el déficit externo que genera la baja productividad media y los giros de utilidades de corporaciones hegemónicas al exterior. Los economistas se trenzan en infinitas discusiones en esos dos frentes.

No obstante, podría simplificar diciendo que Argentina tiene una dotación de recursos naturales que le permite moverse por esos torbellinos, aunque a veces la proa parezca que se hunde en los remolinos y durante mucho tiempo se navegue en círculo.

Más grave, mucho más grave, que los posibles déficits, es el doloroso tejido social que resulta de una estructura con 15/20% de excluidos que comen y se visten malamente porque hay un sistema que les pone algo de dinero en el bolsillo, aunque no produzcan nada.

La brecha de destinos, aunque con esfuerzo reemplacemos el secundario por el plan Fines o consigamos que cada chico tenga una netbook resulta evidente. La brecha de miradas, es menos notoria, pero inmediatamente imaginable.

La tensión social, que no es la inseguridad que muestra la televisión, sino la agresión mutua sin causa aparente ni límite, se ha diseminado y lo sigue haciendo, al interior de las barriadas más humildes.

La falta de confianza en cualquier plan de generación de trabajo decente es paralela a la dependencia de la dirigencia que administra los subsidios. Las opciones individuales para dar el salto de consumo a pesar que eso deteriore el respeto básico por la vida y la muerte ajenas y por la propia, florecen como el trébol en primavera.

Por un lado, resulta claro que la dignidad no es traccionable por el crecimiento. En el capitalismo global de un país periférico, el porcentaje de excluidos tiende a estabilizarse.

Por otro lado, lamentablemente también queda claro que buena parte de la dirigencia política, especialmente de nivel municipal, se maneja con relativa comodidad en ese ámbito, que cree fortalece sus posibilidades de continuidad en la gestión. Por lo tanto, por aquí no aparecerá la mejora.

Qué hacer

Si detenemos la lectura aquí y releemos lo previo alguien podría decir que se hace un diagnóstico de un dramatismo que ignora el concepto de la evolución, la medida de lo relativo; que se bloquea así la capacidad de comparar, por caso, el año 2001 con el 2013 y advertir los avances concretados.

No es esa la intención y pretendo que quien lea esto comparta que no es ese el resultado. Asignar dramatismo al escenario social y político actual, no significa negar las virtudes de un proceso histórico.

Eso sí, se intenta evitar el conformismo que surge de creer que los escenarios sociales mejoran de manera lineal y uniforme.

Se intenta evitar que creamos que un crecimiento del Producto Bruto del 80% en una década sucede sin asimetrías, que todos se benefician de una manera tal que es cuestión de aspirar a repetir los resultados en la próxima década y estaremos cerca de la solución general.

Para no caer en ese error es inevitable que analicemos con crudeza nuestro país actual, el que tenemos hoy y a partir del cual debemos procurar mejorar la condición general, con especial atención por los que peor están.

Y que ese análisis lo hagamos sin beneficio de inventario, vale decir: identificando y explicando nuestros problemas presentes, sin importar si antes eran mayores; lo central es entender sus causas reales y actuales.

En ese marco y con el criterio expuesto, resulta necesario asumir un concepto central:

El capitalismo global genera exclusión permanente y consigue que la conducción institucional de un país adopte como naturales sus reglas de vinculación entre los seres humanos.

Se plantean a partir de allí tres escenarios posibles, descartando un cuarto que postule que está todo fenómeno.

1 – Escenario resignado: Se admite que la cultura del lucro como motor de la actividad humana es irremplazable y se fortalece el Estado de bienestar, para compensar con ingresos de subsistencia a los excluidos, además de un Estado policía, para contener las tensiones sociales fruto de los horizontes de vida tan distintos.

2 – Escenario todo o nada: Se sostiene que nada esencial se puede mejorar si no se elimina el capitalismo y se plantean escenarios de acumulación política en esa dirección.

3 – Escenario creativo: Se construye un Estado por la justicia plena, que se aplique a concretar horizontes de vida digna en los ámbitos hoy excluidos. La aspiración debe ser conseguir recorrer un camino de trasvasamiento, donde el crecimiento de este Estado implique la reducción del Estado policía y del Estado de bienestar, como se los define en el escenario resignado.

EL ESCENARIO CREATIVO

Las limitaciones de los dos primeros escenarios ya han sido señaladas, en parte en este documento y en parte en anteriores.

El desafío es hacer otra cosa, creíble y viable.

Las condiciones de contorno centrales son las siguientes:

. Se reorienta el Estado de bienestar para que haya derechos universales para el acceso a condiciones mínimas de vida digna: alimentación, vivienda, vestimenta, educación, salud. Esto no debe ser interpretado como una extensión de la lógica actual, que termine en subsidiar en dinero o en especie todas las necesidades. La nueva interpretación debería ser que el Estado se hace responsable que la economía de mercado no bloquee el acceso a los bienes básicos y construye los instrumentos para evitar que eso suceda.

. Se construyen espacios de trabajo decente para que aquellos que hoy están fuera del mundo laboral activo atiendan demandas socialmente necesarias, en campos como el cuidado del ambiente, la producción de alimentos a cargo de la agricultura familiar, la producción de indumentaria, la infraestructura y vivienda popular y la producción y ahorro de energía de modo distribuido. Este tema ya ha sido tratado en otros documentos, al menos presentado, y se puede profundizar en www.produccionpopular.com.ar

. Se construye el Estado por la justicia plena, que es el administrador político imprescindible para que los dos puntos anteriores tengan viabilidad. Aquí es condición necesaria conseguir una mutación en la lógica política y funcionarial que se ha expuesto al principio de este documento. No parece haber otro modo para ello, que buscar agrupar la lucidez de una masa crítica de cuadros políticos, que puedan discutir la necesidad del cambio y la forma en que la integración de los sectores afectados por las decisiones gubernamentales a los ámbitos de decisión es decisiva para lograr ese cambio. Sin participación popular no acotada ni manipulada no se modificará la conducta de buena parte de la dirigencia, que es funcional por acción o por omisión a la profundización de los problemas causados por el capitalismo concentrado.

Cada una de las tres condiciones de contorno requiere análisis de detalle y discusiones conceptuales complejas, como cabe a todo ámbito socialmente heterodoxo.

Pero de poco servirá que se incursione en ellas sin que previamente haya un conjunto de involucrados en la política argentina que acepten que los problemas enunciados existen y que la forma de encararlos es la señalada o la mejoren.

Ese conjunto está? Tratemos entre todos que se haga ver.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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