La lógica de los zócalos mediáticos

Rinde más

 Por Raúl Kollmann

Plazaonce21–12–2013/ En la tarde del miércoles, dos mecheras extranjeras entraron a robar en un negocio de la zona del Once. Mecheras son quienes entran a los locales, hacen de cuenta que van a comprar y se van metiendo ropa en los bolsos que llevan.

El término mechera surge del hecho de que, antiguamente, con la ropa robada hacían una trenza para que les entrara más en el bolso y, dado que el trenzado era parecido al que se hacía con las mechas en las explosiones, quedó esa denominación.

Lo cierto es que las dos mecheras extranjeras fueron sorprendidas por las cámaras del local, el encargado llamó a la policía y terminaron detenidas. Las mujeres no estaban solas: otros cinco hombres salieron a defenderlas y trataron de evitar que los uniformados se las llevaran presas. Hubo gritos y peleas.

A los pocos minutos, dos canales de cable reflejaron los hechos con el siguiente zócalo en la pantalla: “Confusos episodios en Once”. Las imágenes que mostraron eran las únicas posibles, una serie de patrulleros frente al negocio.

Con el clima político creado a partir de las huelgas policiales, era cantado que “Confusos episodios en Oncese traducía como saqueos en ese barrio. El efecto fue rápido: el zócalo era repetido en algunas radios, en redes sociales y, como consecuencia, hubo comerciantes que cerraron sus puertas suponiendo que venían hordas saqueadoras.

Funcionarios del Ministerio de Seguridad se comunicaron entonces con los canales y les informaron lo que había sucedido: no hubo saqueos, sino la detención de dos mecheras y de cinco hombres que salieron a respaldarlas.

El pedido fue que los dos medios cambiaran el zócalo para que no quedara flotando la idea de que había saqueos y no se creara una psicosis.

A los responsables de los canales la aclaración les pareció razonable. De manera que a los pocos minutos cambiaron el zócalo, que pasó a ser “Mecheras detenidas en Once” o “Dos ladronas sorprendidas robando”. Las cosas volvían a cierta normalidad con la rectificación.

Diez minutos más tarde, el zócalo volvió a cambiar. Nuevamente se instalóConfusos episodios en Once”. Los funcionarios se quedaron asombrados: otra vez se impulsaba la psicosis desde los canales y por lo tanto se extendía el cierre de negocios.

Eso motivó un nuevo llamado a los productores de los canales de cable: “Miren, ya se los aclaramos. Se trató de la detención de las mecheras. Les enviamos el parte policial. Si ya habían corregido el zócalo, ¿por qué lo volvieron a cambiar?”.

La respuesta del otro lado llegó seca, corta y apuntando al rating. O a la intencionalidad política: “Sabe qué pasa, es que así rinde más”.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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