2004. Causa AMIA. Diez periodistas que no creyeron en Galeano

CAUSA AMIA                                                    19/10/2004

causamia
Caso AMIA, después del derrumbe de la “historia oficial”

Diez periodistas que no creyeron en Galeano

Octubre de 2004. Carlos De Nápoli, Juan Gasparini, Jorge Lanata, Gabriel Levinas, Guillermo Lipis, Horacio Lutzky, Fernando Paolella, Juan Salinas, Cristian Sanz y Daniel Schnitman. Son diez periodistas que en la última década, la mayoría de ellos, nunca creyeron ni en la investigación del juez Galeano por la AMIA, ni en las versiones periodísticas que consumían día a día los lectores de los principales matutinos argentinos. El DsD les remitió el mismo cuestionario. Y ellos, no se callan. Se incluye también una réplica de Gerardo Young de Clarín.

Octubre de 2004. Todos ellos hicieron sus propias investigaciones. Llama la atención el nivel de coincidencia que tienen en varios puntos de la causa. Aún cuando muchos de ellos ni siquiera se conocen entre sí, todos coinciden en criticar la cobertura mediática. Y en que los “grandes diarios” deberían pedirles disculpas a sus lectores.

Algunos mencionan críticamente a profesionales que trabajan aún hoy en Clarín, La Nación o Página/12. Pero tambien hay expresiones de reconocimientos en algún caso puntual. Hay quien sostiene que no es un problema de los periodistas sino de acuerdos con las empresas periodísticas para brindarle credibilidad pública a la investigación Galeano. Otros creen que la prensa debería “autocriticarse” como lo hacen empresas periodísticas de otros países. Claro que algunos de ellos creen que eso no ocurrirá. Y está quien señala que pensar en esa posibilidad es “ilusorio”.

El 2 de septiembre de 2004, el Tribunal Oral Federal número 3, (TOF 3), dio a conocer las sentencias con respecto al caso AMIA. Y con ello echó por tierra con la investigación que había realizado el juez federal, Juan José Galeano, a cargo de la causa desde el momento de la explosión. Pero aún faltan los fundamentos, que pronto se difundirán. Se sabrá recién entonces los detalles.

Tres diarios importantes de la Argentina, Clarín, La Nación y Página/12, durante los diez años de investigación judicial se remitieron a publicar información con la “versión oficial“, que se impulsó tanto desde el despacho de Galeano, como del entonces gobierno del presidente Carlos Menem, como también desde la conducción de la colectividad judía, en aquel tiempo personalizada en Rubén Beraja.

No hubo hasta aquí por parte de las empresas periodísticas ningún atisbo de autocrítica por haber sido inducidos a difundir informaciones al menos falsas o direccionadas por los actores de entonces (el Juzgado, la SIDE, la Policía, etc.).

En Estados Unidos, ya hubo una decena de medios que pidieron disculpas a sus lectores por haber creído en los argumentos de George W. Bush para invadir Irak: la existencia de armas de destrucción masiva y los supuestos vínculos del líder iraquí con Al Qaeda, nunca demostrados. Aquí sin embargo, la prensa argentina, no quiso o no pudo hasta el presente tener un gesto similar, de pedir disculpas a sus lectores por haber contado la “historia oficial”.

Sin embargo, hubo varios periodistas que tuvieron una visión diferente de la difundida por los grandes medios. Que no creyeron en el juez Galeano ni en la historia contada desde el poder de entonces.

Algunos trabajaron de manera independiente, otros en medios de comunicación no masivos, algunos publicaron libros con sus investigaciones y los menos fueron contratados por la parte querellante (AMIA-DAIA) para hacer una pesquisa propia y al ver que la conducción de la colectividad judía no admitía otra hipótesis que la oficial, se desvincularon.

Estos periodistas son – por orden alfabético – Carlos De Nápoli (quien le hizo llegar su disenso con la investigación al propio Galeano), Juan Gasparini (autor del libro “La delgada línea blanca”), Jorge Lanata (autor del libro “Cortinas de humo”, la primera investigación que cuestionó la “historia oficial”), Gabriel Levinas (contratado por la querella para hacer una investigación paralela, tiene la causa digitalizada), Guillermo Lipis (editor del periódico de la colectividad judía Nueva Sión), Horacio Lutzky (ex editor de Nueva Sión e investigador contratado por la querella), Fernando Paolella (de periodicotribuna.com.ar), Juan Salinas (también contratado por la querella, autor del libro “Amia, el atentado” y Revista Poder), Cristian Sanz (de periodicotribuna.com.ar) y Daniel Schnitman (del mensuario “La Voz y La Opinión”). .

El DsD les realizó a todos cuatro preguntas. Hoy compartimos estas opiniones con nuestros lectores.

1) ¿Qué opinión le merece la cobertura periodística del caso AMIA que realizaron durante los últimos diez años los diarios Clarín, La Nación y Página/12?

Carlos De Nápoli: “El desempeño de los medios periodísticos fue pésimo. La causa AMIA merecía destacar al menos un par de periodistas en un intento por seguir la investigación desde el expediente, como base documental, y desde el lugar del hecho como testimonial.

Contrariamente, quienes intervinieron, nunca vieron el expediente y se limitaron a propalar las ‘historias oficiales’ que Galeano y algunos dirigentes menemistas de AMIA/DAIA filtraban.

En otros casos, cobraban tanto del berajismo como de la SIDE para instalar la versión del coche bomba y de la bonaerense, en un intento claro destinado a evitar que Eduardo Duhalde accediera a la presidencia”.

Juan Gasparini: “Me pareció que muchas veces los periodistas eran prisioneros de sus fuentes, en especial del juez Galeano, con falta de autonomía e independencia, no eran libres. A cambio de información, hoy claramente intencionada, parecía que compraban la versión de Galeano, perdiendo toda objetividad.

Peor que un crimen, fue un error. Les ocurrió lo mismo que a ciertos periodistas en Estados Unidos e Inglaterra con la guerra en Irak, o pecaron de lo mismo que pecó el gobierno de Aznar al asegurar que el atentado del 11 de marzo fue obra del terrorismo vasco cuando no lo podían afirmar por falta de pruebas que así lo respaldara.

No fueron fieles, enfatizaron sobre el error, alteraron, tergiversaron, no actuaron con sincera claridad, como exige la jurisprudencia de la Corte Suprema para nuestro oficio, fueron inexactos, tuvieron actitudes ofensivas para convencer al lector de versiones que ni ellos mismos podían sostener fehacientemente”.

Jorge Lanata: “Fue errática, poco profesional y estuvo la mayor parte de las veces manejada – conciente o inconcientemente – por los servicios de inteligencia. Más allá de la anécdota en que se transformó cada aniversario, en el cual aparecía, invariablemente, un nuevo arrepentido, otro testigo clave, un nuevo informe secreto, la cobertura no se formuló preguntas básicas y, si lo hizo, no supo darle respuestas”.

Gabriel Levinas: “La mayoría de los medios, incluyendo los tres mencionados tomaron como propia la teoría oficial, los periodistas encargados del tema en lugar de investigar el atentado y la manera en que la investigación era manejada por el Estado y la Justicia, prefirió la comodidad de difundir la información que suministraba el juzgado y la daba por buena sin contradecirla, aun en casos obvios donde el juez se mostraba como verdaderamente ineficaz en el mejor de los casos o cómplice del encubrimiento.
Síntomas de ello existieron claramente desde el inicio de la causa”.

Guillermo Lipis: “Si tuviera que decidirme por alguno de los tres medios, respecto a una cobertura más respetuosa, me inclino por el periódico La Nación.

Conozco a cada uno de los profesionales que han cubierto el tema y me parece que los periodistas de La Nación lo han hecho con un mayor criterio de independencia respecto de los distintos grupos de la comunidad judía interesados y de su propio grupo editorial.

Tanto en Clarín como en Página/12 observé distintos grados de obsecuencia con el juez Galeano que en Página/12 se fue modificando a medida que se caía la construcción ilegal hecha por el juez, y en el caso de Clarín, con la incorporación de otros periodistas a la cobertura.

Me consta que muchos de ellos, tanto en La Nación como en Clarín, manejan más información que la que sus medios transmiten, y en algunos casos, ni siquiera están de acuerdo con la ‘cosmovisión de realidad’ dada por las empresas periodísticas en las que trabajan.”

Horacio Lutzky: “La cobertura periodística realizada por estos medios me ha parecido en términos generales lamentable, aunque con diferencias entre ellos. Sin lugar a dudas, ‘Clarín’ ha sido el peor y tiene una gran responsabilidad por el lugar que ocupa como formador de opinión.

En ese sentido fue algo así como un apéndice del juzgado de Galeano para instalar la ‘historia oficial’, el cual a su vez nutría de ‘primicias’ esas páginas.

En múltiples oportunidades tuve ocasión de ver en las audiencias del juicio oral ante el Tribunal Federal Nº 3 a fines del 2001 y principios del 2002, a las que concurrí, declaraciones fundamentales e impactantes que fisuraban mortalmente la versión oficial y que eran completamente ignoradas en la información de los grandes diarios.

Eran hechos del día, datos al alcance de la mano. Pero el público no llegó a enterarse de los numerosos testimonios que desbarataban parte del encubrimiento o que aportaban precisiones o pistas en un sentido diverso al instalado.

Se trata de una omisión grave, que afecta el derecho a la información. Respecto de ‘La Nación’ no puede acreditársele un rigor o interés mayor en el tema, y le son aplicables similares conceptos, aunque cabe rescatar los esfuerzos individuales de alguno de sus periodistas, particularmente Jorge Urien Berri, que de tanto en tanto a través de los años fue buscando espacios para instalar alguna mirada distinta y condicional respecto de la ‘investigación’.

Con relación a ‘Página/12’, llegó tarde a todo y por años careció de aportes periodísticos propios en lo que podría haber sido el caso de investigación por excelencia. Desde la llamada ‘pista siria’, hasta la profusión de irregularidades y la actuación de personajes como Beraja y su DAIA menemista, no tuvieron entrada en Página/12 durante demasiado tiempo, siendo reflejados solo en unos pocos medios alternativos.

Años después, tímidamente comenzaron a aparecer ‘refritos’ de estos medios, aunque generalmente sin citar la fuente o a los colegas que denunciaron tempranamente lo que ocurría. Más recientemente, comenzó a reflejar los aspectos más salientes del encubrimiento y a producir algunos aportes propios en esa línea.

El balance es igualmente pobre y de escaso rigor investigativo. El silenciamiento general de lo ocurrido fue en este caso posibilitado por la falta de televisación, lo que posibilitó que un reducidísimo grupo empresarial periodístico de hecho decidiera que se sabría y qué no”.

Fernando Paolella: “La cobertura periodística de la masacre de la calle Pasteur me pareció nefasta, pues estos diarios hicieron causa común con la historia oficial pergeñada por el menemismo y el juez Galeano.

Desde que Carlos Menem, poniéndose el sayo de jurista estableció la falacia de la semiplena prueba contra Irán, estos matutinos durante diez años se dedicaron a propalar esta falacia, constituyéndose en la necesaria pata mediática en la cual Galeano pudo sobrevivir 9 años.

Durante este tiempo, largo por cierto, dichos matutinos se metieron a pasear en la Trafic inexistente, incluso avalando el cuento persa de la SIDE, el MOSSAD y la CIA del suicida musulmán proveniente de la Triple Frontera.

El patetismo de esto llegó a su clímax, cuando se intentó aludir que el antecedente directo del 11 de septiembre de 2001 fue precisamente la voladura de la AMIA“.

Juan Salinas: “Total y absolutamente cómplice con el encubrimiento organizado por Carlos Corach (secundado por Hugo Anzorreguy y, obviamente, por el juez Juan José Galeano) por pedido de Carlos Menem

Y de la CIA, y de Israel, siendo esto último quizá lo más sorprendente de todo. Y es que los atentados cometidos en Buenos Aires no fueron fundamentalistas sino mafiosos, y están relacionados con el tráfico de armas y drogas, el lavado de su producido y algunas ‘mexicaneadas’.

Es bueno recordar que el Irangate o Affaire Irán-contras demostró que ya desde hace dos décadas que los servicios secretos de Israel y los Estados Unidos vienen triangulando armas y drogas a través de una red de traficantes integrada por gente como el saudí Adnan Kashoggy, el sirio Monzer Al Kassar, el británico (judío) Judah Eleazar Binstock, y que entonces su banco era el BCCI del saudí Gaith Pharaon, cuya contabilidad central se llevaba la sede del ISI, los servicios secretos de Pakistán.

También es bueno recordar que eran muchos (no sólo Amira Yoma) quienes traían de Estados Unidos valijas Samsonite repletas de dólares provenientes de la comercialización de cocaína colombiana y heroína asiática; que ese trasiego era a todas luces producto de un acuerdo entre Menem y Siria (acuerdo en el que, sospecho, también debieron haber participado los servicios secretos israelíes) y que quien encabeza el lavado de ese dinero era un viejo cubano de Alpha 66 (la colateral de la CIA que organizó el desembarco de Playa Girón o Bahía de los Cochinos) que había sido el principal lavador del general panameño Manuel Noriega mientras Noriega no se rebeló ante las órdenes del padre del presidente Bush, quien cuando era jefe de la CIA le pagaba una suculenta mensualidad.

Curiosamente, horas después de la voladura de la AMIA, la estación de la CIA en Beirut le informó al gobierno argentino que los autores del atentado eran los mismos que al día siguiente (19 de julio) habían derribado de un bombazo un avión en Panamá, con un saldo de dos decenas de muertos.

Pues bien: éste atentado está claramente relacionado con el lavado por parte de uno de los muertos, un joyero judío de la zona franca de la ciudad atlántica de Colón, de los lingotes de oro con los que la mafia italiana pagaba los envíos de cocaína del Cartel de Calí.

Esto está en los primeros cuerpos del expediente judicial y jamás ha sido investigado porque es una papa hirviendo. Panamá era entonces un lava-rap bajo estricto control de la CIA”.

Cristian Sanz: “Una verdadera vergüenza. La peor cobertura fue la de Clarín, seguida por la de Página/12 y finalmente La Nación, las tres patas del mismo pulpo. La falta de la más mínima ética a la hora de escribir es irreparable a esta altura. Es un precepto inevitable de la profesión periodística chequear la información y estos no lo han hecho. Los artículos más indigeribles son los que han escrito los periodistas Daniel Santoro, Raúl Kollman, Román Lejtman y Gerardo Young. Todos tendenciosos y falaces”.

Daniel Schnitman: “En realidad, hubo muy poca investigación periodística. Se puede decir que la cobertura del caso AMIA, prendió fuerte en esos medios al llegar la fecha del 18 de julio de estos 10 años.

Se debe tener en cuenta que esta década infame fue manejada por un inescrupuloso grupo de poder, con el ex presidente Menem a la cabeza. Este grupo tejió alianzas non sanctas con los poderosos medios nacionales, los que se vieron forzados (en algunos casos, en otros no) a mirar la Causa AMIA desde la perspectiva que le convenía al gobierno.”

2) ¿Por qué nunca creyó en la investigación del juez Juan José Galeano y cual es la hipótesis que usted sostiene?

Carlos De Nápoli: “Nunca creí en Galeano ya que era un notorio antisemita y me tocó en suerte conocerlo como secretario del Dr. Velazco (tío de quien sería posteriormente su secretario en la causa y prueba de lo que se conoce vulgarmente como ‘familia judicial’).

Intentaba por entonces lograr que se investigara mi secuestro, ya que existían diversas formas de conocer a la banda policial actuante.

El Dr. Velazco había detenido a varios policías en relación al denominado caso Güemes, si mal no recuerdo por 1987. Velazco llamó a Galeano y le comentó que investigara mis dichos por la documentación que estaba
aportando.

Me citó para el día siguiente. Apareció sin elementos para tomar notas, limitándose a escuchar, explicándome la ‘complejidad’ que significaba investigar a la Policía Federal. Nunca más volví a verlo, hasta que luego del atentado, le recordé el episodio.

Me pidió que no comentara el asunto debido a la complejidad de la causa. En ese momento percibí que en nada había cambiado pese al tiempo transcurrido. En tal circunstancia, me dirigí a la fiscalía de Müllen y Barbachia, transformado ya en un fantasma peligroso para Galeano.

Allí, por primera vez en la causa, plasmé la posibilidad de que hubiera relación entre uno de mis secuestradores durante la dictadura, Raúl Pedro Telleldín, comisario Director de Inteligencia de la Policía de Córdoba y el detenido que por entonces se hacia llamar Carlos Teccedín, para ocultar el origen arábico del apellido. (Tell el Din tiene una acepción similar a Monte de Dios o montaña divina en árabe).

Con estos antecedentes era imposible creerle nada a Galeano. En cuanto a la hipótesis sostenida, se trata sencillamente de la que inicialmente tomó forma en la causa, y hacia la cual se dirigió correctamente la investigación, es decir, que la bomba había sido colocada dentro del volquete.

Cualquiera que acceda a la causa observará, sin dudas ni discusiones, el desarrollo de los sucesos. El personal policial interviniente describe tanto la acción de la explosión, como el estado de los restos del volquete, indicando que contenían también ‘restos del explosivo utilizado’.

Se ordena así la detención de Nassib Haddad y de algunos familiares. Se comprueba de inmediato que Haddad había adquirido enormes cantidades de Amonal (el explosivo utilizado), secuestrándose incluso planos de la calle Pasteur sobre como colocar correctamente el volquete (está agregado a la causa).

En un lugar oculto de la cascotera Santa Rita se encuentran las facturas de compra de los explosivos. Allí se indicaba que habían sido proveídos por la firma Delbene y Serris SRL de Olavaria, sin que Haddad estuviera autorizado a comprar explosivos.

Delbene y Serris, ahora llamada Explosivos Centro es el lugar donde se encontraron horas atrás misiles antiaéreos y una cantidad de detonadores (como el utilizado para la voladura de AMIA).

Continuando con las investigaciones, los fiscales descubren que otro volquete había sido enviado a la calle Constitución al 2.600, un terreno vacío que utilizaba como estacionamiento tanto la Policía Federal como Kanoore Edul, ordenándose su detención.

Kaanore Edul tenía relación de amistad con la familia Menem, y así lo hace saber a los investigadores para presionarlos. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, ya que todo indicaba sin lugar a dudas que el entorno directo de Menem se encontraba involucrado en el atentado (Yoma, Edul, Haddad, Ahmed, etc), entró el sistema destinado en origen a desviar la causa hacia la Trafic fantasma.

Sin embargo, se llevarían una sorpresa ya que del escaso control de llamadas realizado, una de ellas fue de Kanoore Edul a Telleldín.

En resumen, esta probado en la causa que la bomba se colocó en el volquete, que Haddad proveyó los explosivos y los expertos en armar la bomba, que a ellos se los proveyó Delbene y Serris, que fue armada en una propiedad que regenteaba Kannore Edul, que la colocó el camionero Díaz , que todo el entorno de Menem participó del atentado, y que Galeano construyó lo necesario para evitar la caída del presidente, inventando con ayuda de Telleldín y de la Federal una Trafic inexistente”.

Juan Gasparini: “En el libro ‘La delgada línea blanca’, que escribiera con mi colega chileno Rodrigo de Castro, exploré la pista Monzer Al Kassar en una serie de ilícitos en Argentina, y allí surgió una trama relacionada con la AMIA e, incluso con la Embajada.

Nunca Galeano se decidió chequearla, ni a investigarla. Por otra parte, en ese mismo libro revelé la existencia de una cuenta en Suiza de Nicolás Becerra, entonces Procurador General de la Nación, artífice de la naturalización irregular de Al Kassar en Argentina.

Mi revelación fue recogida por el abogado Juan Carlos Iglesias que presentó una denuncia en tribunales. El caso cayó en manos de Galeano, que avisó a los fiscales Rívolo y Navas que pediría el levantamiento del secreto a Suiza y la notificación de la cuenta. Los fiscales lo anunciaron oficialmente a la prensa en junio de 2001, pero después Galeano echo para atrás. Cubrió a Becerra para que no se lo investigara”.

Jorge Lanata: “Galeano nunca investigó, sino que realizó el camino inverso: eligió el culpable y construyó la manera de llegar a él. En la elección de ese culpable influyeron intereses geopolíticos (de Israel, Estados Unidos y Argentina) espurios (de los que ocultaron pruebas o crearon pistas falsas) y burocráticos (de la “apariencia” de una investigación que debía mantenerse hasta el final).

En “Cortinas de humo” publicamos, seis meses después del atentado, que no había sido un hecho centralmente antisemita, sino que se trataba de una factura por acuerdos incumplidos de lavado de dinero a Carlos Menem.”

Gabriel Levinas: “Básicamente porque la forma en que investigaba, como dejaba de lado pistas importantes y como forzó una versión única, indicaban claramente que su rol no era precisamente encontrar a los culpables sino simplemente reemplazarlo por cualquier culpable.”

Guillermo Lipis: “Nadie puede decir que nunca creyó en el juez Galeano porque sería faltar a la verdad acerca de la buena fe inicial que uno debe tener frente a cualquier ámbito de la vida, incluida esta investigación. Quiero aclarar que desde mi función de editor no investigué en profundidad la Causa AMIA sino que pude ir formando una lectura crítica desde la interpretación de los acontecimientos.

No me involucré directamente sobre los expedientes como algunos de los colegas que aparecen en estas páginas, pero las narraciones o lecturas de acontecimientos vinculados a las investigaciones no siempre aparecían bien hilvanados. Podían detectarse interpretaciones o lecturas, al menos, curiosas de los acontecimientos.

¿Por qué no todos los querellantes tenían las mismas facilidades para seguir el expediente? ¿Por qué Galeano viajó sólo con la doctora Marta Nercellas a tomar declaración al testigo “C” y no viajó ningún otro representante de lo que luego sería la otra querella? ¿Por qué Galeano se reunía con Menem dejando de lado la necesaria división de poderes? ¿Por qué la doctora Nercellas no fue ni siquiera observada cuando grabó ilegalmente a los policías bonaerenses?

Y la frutilla del postre terminó siendo la oferta de los 400.000 dólares para inculpar a los policías bonaerenses. Mi hipótesis es que se trató de construir una trama que alejara la investigación del entorno menemista y la llamada ‘pista siria’.

Respecto al ex Presidente Carlos Menem, ‘C’ – según da a conocer la Oficina Anticorrupción (OA) en un escrito de 77 páginas que refuerza el pedido de juicio político al aún juez Juan José Galeano-, afirma que el encargado cultural iraní en Argentina para esa época, Hossein Joseini ‘había conseguido tomar contacto directo con la gente del entorno de Carlos Menem‘y ‘se había dado cuenta que Menem era más antisemita que los iraníes.

Que esta posición antisemita de Menem fue informada a Irán. Sabiendo el compareciente – por ‘C’ – que vendría a declarar, trató de buscar los nombres del entorno mencionado de Menem con los cuales Joseini tenía contactos pero no los encontró.

Uno de ellos viajó cuatro veces a Irán después del atentado de 1994 y trabajaba en una oficina de la Presidencia de la Nación’. Y respecto a la ‘pista siria’, ésta no reemplaza a la iraní sino que la complementa.

No es una u otra sino las dos juntas. Ni la iraní ni la siria sola. Basándome nuevamente en información confiable de la Unidad Especial de Investigación de la OA, sustentada en escritos del Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal, la Unidad Especial de Inteligencia Antiterrorista de la Gendarmería Nacional y la División Antiterrorismo de la Prefectura Naval, ‘se señalan las relaciones IránSiria como un elemento de suma importancia en la geopolítica de Oriente Medio, toda vez que el Hezbollah, brazo armado del régimen iraní, quedaría militarmente paralizado sin el apoyo directo o indirecto de Siria, a partir de lo cual, se señala que si bien no puede determinarse una participación directa en los atentados en la República Argentina, se infiere que Siria -cuanto menos- tenía conocimiento previo de las operaciones terroristas’.

En buen criollo, también están diciendo que si Siria hubiera querido, habría tenido la suficiente capacidad de intervención para detener los atentados de la Embajada de Israel y la AMIA.

Como podemos observar a través de estos dos ejemplos, que podríamos multiplicar por varios más, había motivos más que suficientes para que Galeano se reuniera con el entonces Presidente Menem, lo tuviera al tanto de los acontecimientos y se mezclaran los intereses de los poderes de Estado.”

Horacio Lutzky: “Nunca le creí a Galeano porque frente a un hecho criminal de semejante magnitud desconfiaba de la capacidad y criterio de un magistrado que -como publiqué en agosto de 1994 en una notita que llevó por título ‘El pebete federal’-, como antecedente cercano más relevante, exhibía su decisión de promover una causa contra un preso que había comido furtivamente medio sandwich de una funcionaria de su juzgado.

Fuera de ello, estaba convencido de la responsabilidad política del presidente Menem, y así lo firmé en un editorial de Nueva Sión de la misma semana del atentado, ‘carta abierta al presidente Carlos Saúl Menem‘, algunos de cuyos párrafos fueron levantados por el New York Times.

Siguiendo ese razonamiento, y conociendo como fue el escandaloso procedimiento de nombramiento de jueces federales en los 90, había razones para ser escépticos. Poco a poco se fueron sumando elementos ya más concretos que demostraban la absoluta sujeción del juez a los designios del poder ejecutivo y la SIDE, siendo que esta última tenía entre sus ‘investigadores’ a nazis confesos y personajes que jamás podrían estar interesados en el esclarecimiento.

En lo personal, comencé a tener conciencia de que se estaba consumando el encubrimiento en ocasión de estar al frente de la dirección de noticias de la señal de cable Alef Network junto a Marcos Doño. Rubén Beraja era el principal socio capitalista y presidente del canal.

Ni bien comenzamos a emitir, a partir de julio de 1995, privilegiamos el tema del atentado y la impunidad. Y muy rápidamente comenzamos a recibir incomprensibles presiones para eliminar el departamento de noticias del canal, aunque alegando razones presupuestarias.

Fue despedido el personal que trabajaba en el mismo, con excepción de alguno que fue reubicado en otra sección, y Beraja comunicó que ‘esto no es un canal de noticias’. Era evidente el interés en bajar los decibeles con relación a este tema.

Tiempo después, y dentro de un ciclo ‘cultural’ que denominamos ‘La Pluma’, al cumplirse el segundo aniversario preparamos un informe especial (‘¿Por qué la impunidad?’) con intervenciones de periodistas críticos como Carlos Juvenal y Rogelio García Lupo, y diversos testimonios que apuntaban al encubrimiento del menemismo, a la ‘pista siria’, a la SIDE y la Federal, que desató la ira de Beraja y sus socios del banco Mayo.

Años después, se probó que la misma semana en que se emitió ese programa especial, le habían pagado a Telleldín los primeros U$S 200.000 del soborno para desviar la investigación. Poco tiempo después no pudimos ni pisar la vereda del canal.

Considero como sumamente probable que en los atentados a la Embajada y a la AMIA haya actuado una misma matriz mafiosa ligada a sectores de Medio Oriente que movilizaron cuantiosos recursos y apoyos de todo tipo para la campaña presidencial de Menem de 1988, a partir de la interna con Cafiero.

Son abundantes y consistentes los testimonios y documentos acerca de los irresponsables compromisos asumidos por el candidato Menem, sobre las sumas millonarias recibidas por él o sus delegados y sobre la posterior instalación en el país de personajes del estilo de Monzer Al Kassar o Ibrahim al Ibrahim, como evidente principio de cumplimiento de tales promesas.

Estando estratégicamente instaladas en el país esas redes mafiosas, la relación sin embargo se deteriora a fines de 1991 tras la cancelación del proyecto misil Cóndor y del contrato de suministro nuclear a Irán, por presiones norteamericanas, a lo que puede sumarse la publicidad del escándalo conocido como ‘Yomagate'(o ‘Narcogate’) y el envío de naves argentinas al Golfo Pérsico.

A la hora de elegir un blanco occidental, los factores extranjeros que están detrás de los atentados encontraron en Argentina varios beneficios secundarios: 1) venganza contra Menem; 2) infiltración estratégica, con seguridad de movimientos garantizada (aduanas; aeropuertos y depósitos fiscales; migraciones, Fabricaciones Militares, etc.) 3) corrupción en fuerzas de seguridad y en el Poder Judicial; 4) abundancia de elementos policiales de formación antisemita.; 5) seguridad de que el mensaje sería entendido por quien consideraban traidor y que éste guardaría silencio.

No se ha investigado debidamente la evidente zona liberada de ambos atentados ni, en el caso de la AMIA, otras hipótesis que desde siempre tuvieron importante sustento, y que orientan a considerar la posibilidad de una doble explosión: una ocurrida en una pila de bolsas dejadas momentos antes en la entrada del edificio y una menor en un volquete depositado en los cuatro o cinco minutos previos por un empleado que declaró con mendacidad y graves contradicciones.

Indudablemente existió una Trafic (o partes de) que formó parte del operativo terrorista, lo que de ninguna equivale a tener por cierto que la misma portaba la bomba y que entró circulando por Pasteur.

Hay más de una decena de testigos presenciales, la mayoría sobrevivientes, que desmienten ese supuesto, no obstante lo cual su rol será judicialmente tenido por comprobado en base a elementos recolectados en forma totalmente irregular y a algunas pericias que a nuestro criterio no ofrecen garantías de fiabilidad.”

Fernando Paolella: “Galeano fue el claro ejemplo de la dependencia del poder judicial al ejecutivo. Desde que llegó al cargo, gracias a los buenos oficios de Menem-Anzorreguy, se mostró más que proclive a atender los requerimientos que bajaban del entonces Polideportivo de Olivos.

Ni bien se hizo cargo del caso AMIA, todos sus esfuerzos estuvieron encaminados en que se acusara al fundamentalismo islámico del ataque, tal como le habían dictado desde el menemismo.

Por eso, la insistencia en inculpar a Telleldín-Ribelli, con el cuento de la conexión local necesaria y la Trafic fantasma. La hipótesis que manejo sostiene que los atentados contra la embajada israelí y la AMIA, fueron consecuencia de las promesas incumplidas de Menem a la tierra de sus ancestros, o sea Siria.

Hafez Al Assad, el dictador de ese país fallecido en junio de 2000, le había hecho pagar con creces su traición, mediante sendos mensajes en forma de hongo explosivo.

Si bien el aludido se dio perfectamente cuenta de donde venía la mano, se cuidó muy bien de exponer esto a la luz pública, dando rienda suelta a un monumental encubrimiento.”

Juan Salinas: “No fue una cosa instantánea, sino un proceso paulatino. Yo integraba un grupo de investigación de la propia AMIA, equipo que enseguida sufrió el embate de Israel y de la DAIA para que la AMIA lo disolviese.

Y luego, cuando el marco de un equipo mucho menor presentamos nuestro primer informe ante el juzgado -a mediados de 1995– nos encontramos que nuestro contratante, el abogado de la AMIA, Luis Dobniewski, era renuente a presentarlo.

Hasta el punto de que tuvimos que hacerlo con quien era entonces mi abogado y el de la Cooperativa de Periodistas Independientes que editaba el mensuario El Porteño, Aníbal Ibarra.

Ya en ese momento tuvimos claro que Galeano jamás investigaría el entorno de Menem y el secretario Javier De Gamas nos dijo con mucha claridad que jamás investigaría el papel de los custodios de la Policía Federal.”

Cristian Sanz: “Había demasiadas contradicciones y ya se avizoraban datos que vinculaban a personajes de la comunidad siria en el atentado que no eran tenidos en cuenta por el juez Galeano. El propio Jorge Lanata se animó a mostrar tímidamente algunos indicios reveladores que nunca fueron tomados en cuenta ni por el periodismo ni por la justicia. Y no hablamos del año 2000, sino de fines de 1994.”

Daniel Schnitman: “Todo lo manejado por del poder Menemista me olía a podrido. Los jueces, especialmente, que llegaron a ocupar esa honorable posición no en base a merecimientos propios sino por amiguismo, sociedades o negocios.

El Juez J. J. Galeano no salía de esa nefasta regla, por lo que nunca creí que investigaría el atentado de la AMIA, sino todo lo contrario, y, lamentablemente así sucedió. Es difícil, hasta este momento, emitir opinión certera sobre el porque de la no investigación.

Seguramente en la nueva perspectiva judicial en que se encuadra la investigación se verán a los cobardes defendiéndose y tratando e zafar de sus encubrimientos. Para ello, van a inculpar a otros, quienes también tratarán de escapar al escarmiento judicial.

Allí está la clave, la pelea interna entre quienes encubrieron, falsificaron pruebas, sobornaron, espiaron etc. De este berenjenal de inescrupulosos saldrá quienes tuvieron más o menos participación en el embarramiento del atentado más horrendo padecido por este país en toda su historia.”

3.- ¿Tuvo alguna vez la oportunidad de advertirle a los periodistas de los diarios citados – o a sus responsables – que estaban difundiendo información falsa?

Carlos De Nápoli: “Sí”

Juan Gasparini: “No”

Jorge Lanata: “Por supuesto. En particular a la gente de Página/12 que hizo la cobertura. En uno de los casos, Román Lejtman, decidí despedirlo de mi programa de radio porque operaba para determinados intereses vinculados a la causa.”

Gabriel Levinas: “En innumerables oportunidades les llevé material del expediente información que era inexplicablemente desechada, Daniel Santoro (Clarín) es un ejemplo de ello. Y un defensor del juez Galeano y de los fiscales Mullen y Barbaccia hasta último momento, pero no fue el único.”

Guillermo Lipis: “Tuve oportunidad de ofrecerles otro tipo de información que, por lo que aparecía en los medios nacionales, presuponía que no la disponían. Pero supongo que en muchos casos las decisiones editoriales primaron sobre sus propios artículos; y en otros casos, me convencí de que no querían mostrar otra verdad más que la oficial.

En otros casos, no resultaba convincente para ellos que un medio chico como Nueva Sión manejara información e interpretaciones que ellos mismos podían hacerlo si leían los datos con una óptica diferente.

Lamentablemente, en muchos casos, este tipo de lecturas estuvo impulsada, también por el establishment de la dirigencia de la comunidad judía que especulaba con su poder de lobby frente al temor implícito de los medios a ser tildados de antisemitas.

Por ese mismo motivo, en muchos casos, no era considerada la opinión contraria a Galeano de Memoria Activa o APEMIA, opuesta hasta casi los últimos días del juicio de la AMIA y la DAIA. Estas instituciones comenzaron a hablar de la caída de la causa pero no percibieron (¿o sí?) que fueron partícipes de ello.

La AMIA, a través de su abogado -el doctor Avila- cuyo trabajo dentro del equipo de abogados de la querella oficial no coincidía con un discurso progresista del Presidente de la institución, Abraham Kaul. Y la DAIA, que actuara en un tono coincidente entre la doctora Nercellas y la dirigencia de turno hasta la caída de la causa, excepto el corto plazo que presidiera Gilbert Lewi.

En conversaciones de ‘off’ absoluto, muchos periodistas de medios nacionales afirman que nunca un medio nacional va a “tirarse” contra la opinión del establishment estatuido de la comunidad judía de la Argentina.

Este argumento no fue el único elemento instituido para que los medios sustentaran, por ejemplo, la existencia de la Trafic sin siquiera poner un verbo en potencial; pero creo que habría que buscar las razones entre esta rara y explosiva mezcla de incredulidad frente a la gran y perversa estrategia menemista por obstruir la búsqueda de la otra verdad y una inexplicable asociación de algunos sectores de la interna comunitaria que han defendido a Galeano hasta casi las últimas consecuencias y no quisieron escuchar otras alternativas.

De hecho, quien suscribe -junto al periodista Juan Salinas-, tiempo antes del inicio del juicio oral, estuvimos reunidos en el quinto piso de la sede de la AMIA con el abogado de la institución, el doctor Avila y su equipo, a quienes le dimos a conocer nuestras hipótesis. Nunca más fuimos convocados.

Horacio Lutzky: “Participé en algunas reuniones y debates sobre este tema, tanto públicas como privadas. Fuera de haber padecido censura en algún otro medio, como en la revista “Tres Puntos“, de una nota recibida para su suplemento “Diario del Juicio“, que según su Secretario de Redacción Luis Sicilia habían decidido mandarla a tapa.

Su entonces editor, Mauricio Farberman, sostuvo en presencia de testigos que el problema era que “sonaba muy del estilo de Memoria Activa“. En privado reconoció “presiones“. Dos números después, el suplemento especial y tapa de “Tres Puntos” fue “Pou, el Banquero Antisemita“, a favor del ex titular del Banco Mayo.

Justamente, en uno de esos debates, el periodista de ‘Clarín’ argumentó que el diario no se iba a tirar contra el establishment de la comunidad judía, y si esa dirigencia apoya al juzgado y a la versión oficial, cambiar esa situación no es responsabilidad del periódico.

En Página 12 en el año 2001 fue publicada una nota de mi autoría conectando las causas AMIA y Embajada con la del contrabando de armas a Croacia y Ecuador, pero existía una similar resistencia a entrar en cuestionamientos directos a la “historia oficial” y a temas que consideraban propios de la interna judía.

En los últimos años el berajismo dejó de ser un tema tabú. En ‘La Nación’ encontré el sincero interés y receptividad de Urien Berri, que en varias ocasiones dio lugar a voces disidentes, aunque en casos como éste es necesaria una fuerte decisión editorial.”

Fernando Paolella: “Sí, en ocasiones traté mediante sendos artículos advertir el cariz que estaba tomando la investigación de este caso en la corporación mediática nacional, pero fue en vano dado los poderosos intereses internos y externos que sostienen la historia oficial falaz.”

Juan Salinas: “La clave del encubrimiento es la supuesta Traffic-bomba. Jamás hubo una camioneta-bomba, ni en la embajada de Israel ni en la AMIA, donde sin embargo si hubo una Traffic-señuelo, un elemento central de la operación terrorista, colocado por los asesinos a sabiendas de que algunas de las ‘víctimas’ (como Menem y los servicios secretos de Israel) se aferrarían a él.

Que harían cualquier cosa con tal de impedir que quedara a la luz quienes y por qué cometieron los atentados. Les advertí a varios colegas de los Clarín, La Nación y Página/12 de que estaban colaborando con el encubrimiento y sigo haciéndolo ahora, cuando fracasado el encubrimiento original, se ha puesto en marcha un segundo encubrimiento…

¿O alguien cree que el fiscal Nisman – ladero de Mullen y Barbaccia– puede encabezar la búsqueda de la verdad?

La clave es que la SIDE del ingeniero Stiusso (el hombre de confianza de la CIA y el Mossad, según proclamó Miguel Angel Toma) hará lo imposible para mantener la idea (que carece prácticamente de encarnadura, de materialidad) de la (supuesta) Traffic-bomba, ya que ella remite a fanáticos religiosos y a suicidas.

Si se deja de pensar en la Traffic-bomba, enseguida se ve que los atentados fueron cometidos aprovechando que ambos edificios estaban en refacciones y que los cometió una banda de mercenarios locales, integrada muy mayoritariamente por policías federales (en activo, retirados y exonerados) y plumas (civiles adscriptos), banda continuadora de los ‘grupos de tareas’ de la dictadura y emparentada con la célebre ‘Banda de los comisarios’ (de la que, dicho sea de paso, jamás fue detenido el comisario que la dirigía). Y que en el ataque estuvieron involucrados íntimos y familiares de Menem.”

Cristian Sanz: “Una veintena de veces. He ofrecido (Junto a mi colega Fernando Paolella) evidencia concreta de manera gratuita a estos medios sin respuesta alguna. Con Santoro he tenido un intercambio epistolar de novela sin lograr que respondiera siquiera algo lógico en su defensa. Fuera de eso, envié unas quince cartas de lectores que nunca fueron publicadas.”

Daniel Schnitman: “Por supuesto que lo hice, no desde el punto de asociarlos a esa falsedad, pero si en apuntarles lo equivocados que estaban al difundir noticias sin fundamento alguno.”

4.- ¿Deberían los periodistas o las empresas periodísticas mencionadas decirle a sus lectores que, al menos, publicaron información o investigaciones falsas?

Carlos De Nápoli: “Si”

Juan Gasparini: “Si. Lo están haciendo diarios y medios en Estados Unidos e Inglaterra, a raíz de la guerra en Irak y problemas colaterales. Los que lo han hecho han salido fortalecidos, pero la soberbia es tal en Argentina, que ninguno de los que informaron equivocadamente y muchos a sabiendas lo harán. Peor para ellos.”

Jorge Lanata: “Mientras no lo hagan seguirán siendo tan poco creíbles como hasta ahora.”

Gabriel Levinas: “Debieran reconocer primero la verdad actual del caso y dar espacio a las distintas líneas de investigación en lugar de volver a cometer, como ya se percibe, el mismo error de aceptar otra nueva versión oficial.”

Guillermo Lipis: “En un periodismo serio y de autocrítica, deberían hacerlo. En definitiva, los medios están hechos día a día por seres humanos y no por marcianos omnipotentes. Sin embargo, ya tenemos ejemplos de la no autocrítica en relación al funcionamiento de los medios durante la dictadura. ¿Por qué habrían de hacerlo en este caso?”

Horacio Lutzky: “Sin lugar a dudas, es imprescindible un debate serio y profundo sobre el rol jugado, en distinta medida, por estos diarios en la desinformación diseminada en estos diez años. Es sumamente grave lo ocurrido, por acción o por omisión.

Ninguno de estos medios destinó recursos especiales ni formó equipos de investigación con un mínimo de continuidad para los que han sido los hechos criminales más graves de la historia argentina, con condimentos políticos que tienen algún punto de contacto con otros crímenes y episodios de corrupción de los 90, y que no se limitan sólo y exclusivamente al difuso concepto del ‘terrorismo internacional’.

Un fenómeno Blumberg sería impensable sin el accionar – controvertido – de un grupo de medios de comunicación. En otro sentido, cabe entonces también analizar la relación entre el tratamiento informativo de los casos AMIA y Embajada y la desmovilización social, con más de un centenar de muertes impunes.

Considero que así como los medios reproducen las distinciones de que son objeto sus periodistas o las empresas, en un caso de defección tan notorio deberían realizar una sincera autocrítica frente a sus lectores.”

Fernando Paolella: “Deberían por cierto hacerlo, además de efectuar una necesaria autocrítica ante la sociedad pero todavía no se han dado por enterado.”

Juan Salinas: “Deberían… pero no lo harán. Un colega, cuando pudo, lo hizo entre líneas. Si hubiera sido más explícito, sus jefes no le hubieran dejado.

O hubiera sufrido represalias: fueron las direcciones de los diarios, no los periodistas de a pie, los que acordaron plegarse al encubrimiento organizado desde la cúspide del Estado, supongo que a cambio de canonjías y devolución de atenciones.

Hay que tener en cuenta que la directora y propietaria del mayor diario de la Argentina rapiñó dos hijos de detenidos-desaparecidos y ahí sigue, impune y sin colaborar en lo más mínimo para que se establezca la verdad. Además, los tres diarios mencionados son como la Santísima Trinidad.

Son tres, pero a la vez son uno. Estos misterios son de la misma naturaleza que la supuesta Trafic-bomba. Si uno dice que no existió, tiene que estar preparado para que se lo acuse de los peores crímenes.”

Cristian Sanz: “Eso es lo menos que tienen que hacer ante el vergonzoso revés que han sufrido y que salpicó inmerecidamente al periodismo vernáculo. Estos medios demostraron (terminaron de demostrar) que no son más que meros operadores del poder de turno.

Quienes trabajamos en esta profesión sabemos que estos no son creíbles ni independientes, pero la gente no lo sabe. Ojalá haya un mea culpa, pero me parece que esperar semejante gesto por parte de esta gente sería demasiado ilusorio.”

Daniel Schnitman: “Sí, deberían hacerlo, como se hace en cualquier país serio. Por supuesto que Argentina no lo es, y no lo fue especialmente durante la administración Menemista. El tema es que estos medios, que se mueven de acuerdo a sus intereses, todavía no deben tener bien definido que es lo que les conviene. Estarán, seguramente, barajando la posibilidad de un futuro kirchnerista, Menemista o de otro.


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