Siempre que llovió, paró. Ahora a trabajar…

por Jorge Carbajal

Siempre que llovió, paró.
AHORA A TRABAJAR.
Desmalezar, puntear, rastrillar, alisar, sembrar, canalizar, regar, cuidar.
Trabajos de recomposición después de una catástrofe.
Mucha mano de obra y constancia se requieren.
El reconocimiento del estrago, es la primera acción para remediar sus consecuencias.
No me escondo, ni rifo mis convicciones.
El mensaje de Scioli, apunta a ese propósito, veremos si tiene fuerza y puntería.

Primero reconocer que es imposible acercarse a una explicación valedera de estas últimas horas desde una óptica personal. Y como debe ser un construcción colectiva, se apreciará cada aporte cercano.

Creo que para tener una mayor aproximación a la realidad deben mensurarse los aportes de diversas ópticas, incluyendo la de nuestros adversarios: que privilegian, que critican, que excluyen, que incluyen, que sufren como pérdidas o que alientan como beneficios.

Esto por que el resultado en sí mismo, aparece unánimemente como una sorpresa inesperada para todos los sectores.

Diluvios hemos soportado varios, en estos últimos 30 años de democracia, con consecuencias nefastas que son difíciles de olvidar: desde tierra arrasada en lo económico, a través de la desarticulación del aparato productivo, a la desaparición de referencias familiares por desintegración social, al contagioso desánimo colectivo y la anomia social consecuente, a la caída de la autoestima, al empobrecimiento intelectual, a la desaparición de la moneda, a tener todos esos síntomas de una sociedad en camino de extinción.

Una gran parcialidad no parece recordar ya hoy, a cuan cerca del precipicio llegamos, TANTO como para otear en su fondo, el peligro de la desarticulación política por pulverización social, ese tiempo angustiante, anómalo, tan de pesadilla, hasta conocer los limites de la capacidad de subsistencia que puso a prueba enormes sectores de la sociedad, no solo a los habituales desfavorecidos por años de políticas impiadosas de un capitalismo brutal, prebendario, extractivo, insolidario, de privilegios, sino a nosotros mismos, es decir a una clase media que desconociendo la práctica de la solidaridad, pareció quedar paralizada e inerme frente al caos.

No fue una casualidad, ni mala suerte, ni un cataclismo de la naturaleza, fue una consecuencia de políticas de endeudamiento, cierre de fuentes de trabajo, dependencia, inequidad, que agotaron reservas monetarias y anímicas.

Fueron consecuencias de actos “inteligentes” de sectores que pujaban por apropiarse de la renta ajena.

Una gran parte de los mismos sectores que sufrieron esa rapiña y perdieron la memoria, quizás un tercio de la sociedad que en algún momento se juraron no olvidar esos tiempos, hoy creen que deben reorientar sus apetencias, poniendo en paralelo aspiraciones propias con los vientos sociales que soplan en nuevas direcciones.

Así años después caen en las mismas trampas de una generación anterior, y aceptan de buena fe, y con una simplificación atroz que todo se puede reciclar a nuevo con éxito, sin exigir certificado de procedencia, ni de consistencia, ni de garantía de sustentación, con solo promesas distribuidas a doquier en envoltorios llamativos.

Por que ayer se votó en gran medida, como una expresión de repudio a una insatisfacción indiscriminada, tanto de rechazo o reproche al estancamiento de los niveles de logros obtenidos, como a las falencias reales o ficticias instaladas por los medios.

Es decir que hubo un gran contenido de voto en contra de algo, de alguien o de todo, o quizás desde donde, o través de quienes se obtuvieron esos beneficios.

Otro tercio de la sociedad siempre estuvo transitando por veredas diferentes a la populares, eso no es una novedad, es previsible y es el sector que cimienta la ideología de derecha.

Lo novedoso es el trasvasamiento de votos de otros sectores dispersos, algunos con identificación aproximada a los popular, que se habían expresado a través de otras parcialidades en las PASO, resignando su mirada, para confluir en un rechazo global, simultáneamente con la incapacidad de los sectores nacionales y populares de contenerlos.

Estos núcleos tienen sectores que creen que los beneficios adquiridos lo son para siempre, sin peligro de pérdidas, ni que puedan ser afectados por corrientes políticas que no los tienen como prioritarios.

Del vuelco de esos sectores a uno u otro programa, depende el resultado del balotaje. Allí surge la crisis que pone en evidencia el balotaje.

Existe un listado de “perdedores” que alcanzó una amplitud exponencial en la crisis de fin de siglo, como final de ciclo de la ola neoliberal de los 90.

Allí se estampó esa memoria de un angustiante pasado no demasiado lejano, que constituye para un sector importante de la sociedad un capital de experiencias que quedan impresos en su ADN.

Yo me encuentro en ese sector, y me siento acompañado por gran parte de la sociedad.

A veces muy equivocadamente, uno tiende a adjudicar a una parte más importante de la sociedad de la real, la valoración que uno tiene de ese pasado y lo perdurable de ese shock.

Error, que en resultados electorales permite explicar algunas conductas y decisiones no previstas, y por lo visto se paga duramente.
 
Tampoco es novedoso que un sector muy identificado con logros económicos y de progreso, siempre alienta la percepción que revaloriza su capacidad de auto suficiencia, es decir la creencia que su bienestar y progreso, es solo fruto de su esfuerzo, sin atender al contexto, ni a los avances o retrocesos del conjunto social, y que la sociedad NO le devuelve en la misma medida su esfuerzo, y eso genera un cierto resentimiento contra quien identifica como su depredador, ese es El Estado, a quien identifica solamente como un distribuidor.

Ergo, si alguien se queda con su esfuerzo o con parte de él, es su enemigo.
 
Al “beneficiario gratuito de marras”, se le pone nombre estigmatizante; un día pueden ser los que no quieren trabajar, otros los jóvenes que no encuentran trabajo, o los desorientados que no encuentran como incorporarse al estudio, o los adictos, o los que changuean, o los diferentes, o los que vienen de países limítrofes, o los que viven de supuestas prebendas, o los que se jubilaron sin trabajar, o los que se atienden en hospitales de otras jurisdicciones, o acaso algunas pobres niñas que se embarazan para cobrar una mensualidad, llámele como quiera todos sabemos a quienes se refieren.

Son los “otros” esos seres grises, de difícil adaptación a la reglas del mercado, a los que se les tiene miedo, siempre marginados por los que saben, los que tienen, o los indiferentes, que “usufructúan sin derechos adquiridos” una parte proporcional de sus “legítimos dinerillos”.

Se vota en contra de lo importante como el destino de políticas publicas, como de lo secundario por críticas menores a las formas como cada quien interpreta la melodía del poder.

Son tics de cierta porción social, que no se nutre precisamente de experiencias agónicas que nos han marcado tan cruelmente.

Vivimos una época de excepcional resonancia de la comunicación, donde humano somos, es más fácil exponer yerros que aciertos, pues la comunicación hoy va de la mano de la publicidad, el  marketing, el packaging, a través de un concierto ensordecedor de ruidos, donde prima la inmediatez por sobre lo mediato.

Es bueno comenzar a apreciar la capacidad de daño de los medios de comunicación, o la capacidad de instalar mentiras como verdades, y tomar nota que el hombre en su individualidad es carne de cañón para los mensajes reiterados, constantes, deprimentes y sin fundamentos de los medios más agresivos como radio Mitre y TN en primer nivel.

Es  lo que hay, y la sabiduría se fundamenta tanto en saber separar la paja del trigo, como de avanzar aún en situaciones incómodas, y la de saber la importancia que han tenido algunas leyes aún no puestas en vigencia como la ley de medios, por algo sintomáticamente cajoneadas por el poder judicial, el sector que colusiona con los poderes mediáticos.

Son estos los tiempos en que nos toca la acción Política. Es difícil confrontar razones con sentimientos, pero no saber resolverlo es también una falencia. Lo asumo.

Pero con parecidas situaciones de conflicto, supimos en otras etapas repechar la cuesta. No hay que perder el equilibrio, ni el humor, ni mucho menos las convicciones.

Aceptar que la mitad de la sociedad mira para un lado diferente al que miramos nosotros, con algún fundamento aunque no lo compartamos, es un buen punto de partida para encontrar el hilo conductor hacia una mínima confluencia.

Lo único útil, es comenzar a investigar, desde donde se movilizan los sentimientos tan negativos que lleva a este diálogo de sordos.

Y por que la falta de respuesta tangible a penurias que atraviesa a toda la sociedad, como la inseguridad puede tomar tal envergadura como para acomodar mejor que otros argumentos los melones del carro del Cambiemos, o por otro lado como se puede confrontar al sonsonete falso de un país parado, cuando se percibe sin necesidad de ser un experto todo lo contrario, con un consumo récord abastecido por su industria nacional.

Yo creo que mucho tiene que ver un cóctel ideológico donde se expresan por un lado la indiferencia, los prejuicios, la autoestima, los miedos, la discriminación y otros impulsos primarios de quienes dan la espalda a la realidad, y por otro la valoración que muchos hacen sobre las herramientas y objetivos que la sociedad debe tener, donde priman los intereses construidos a partir de una formación que exalta la individualidad y que acepta a priori las reglas de juego aceptables a la que hay que subordinarse, las que expresa el capitalismo como sistema de producción, de distribución y de valores.

De ambas vertientes y de sus subsistemas provienen los votos contra el que chocó la candidatura de Scioli, como antes nutrieron la oposición al FPV. Nunca creímos que tuviera tanta fortaleza, y hoy la realidad nos pone en evidencia.

El piso para dar la pelea, es muy alto, pues son las grandes transformaciones habidas en la sociedad, a la cual hasta los adversarios deben incluir entre sus promesas de mantenimiento.
Nuestra tarea de 3 períodos ha sido fructuosa, aceptando hoy con objetividad, la nuestra, que entonces podía calificarse de subjetividad, lo que recorrimos en ese período.

Pero nuestra subjetividad en crisis con la realidad de ayer, y puesta en debate, es también un sólido punto de apoyo para apuntar a que, los que nos sucedan, hagan mejores las cosas y tengan más altos logros para el conjunto. Servirá para exigir, y comparar, y veremos cuan taitas son con la cotidianeidad.

Quizás ello nos lleve al llano para recuperar aliento, no es un drama existencial, es una contingencia dura pero razonable, que está dentro del juego democratico, y en la cual hay que abrevar quizás, para valorar la época del kirchnerismo y lo que supo darle de nuevo al conjunto del Nac & Pop.

La justicia social, esa bandera que identificó desde sus orígenes al movimiento creado por Perón, le dio la razón tardíamente, en cuanto recién décadas posteriores, los mismos que lo denostaron, derribaron y proscribieron terminan impulsando a esa bandera como propia, por ser una conquista excluyente de todos los sectores políticos.

Con la de estos tiempos Kirchneristas, ya ha comenzado el reconocimiento, faltan los votos.

Nadie se puede imaginar un catecismo de la derecha que hoy no incluya a la justicia social, tan denostada por décadas por la derecha reaccionaria, la única que hasta ahora hemos conocido en el poder.

Estamos en un momento muy parecido al que supo describir Alfonsín, cuando la ola neoliberal llenó de éxitos electorales al menemismo y a sus versiones extrapartidarias, tan ampliamente como que al finalizar su mandato, ya anidaban y le daban nuevo perfil a su propio partido, desde los sectores propios que lideraba Angeloz y posteriormente se identificara con de la Rúa y que ya no dejó de ser identificado como conservador.

El contexto neoliberal ya había prendido en las ambiciones de los caciques radicales, que se veían lejos de las mieles del poder por décadas.

Alfonsín, como testamento político, dejo su impronta ideológica, con una cruda y expresiva sentencia: “Si la sociedad se derechiza, el radicalismo se tendrá que acostumbrar a perder elecciones”.

No estamos tan lejos de esa interpretación histórica.

Hoy Scioli como candidato del FPV, debe estar analizando que compromisos tomar para recibir votos de sectores ajenos, como la derecha peronista que expresara como ninguno Massa y de la Sota.

Me atrevo a tomar posición en que el costo de bajar banderas progresistas que hasta aquí después de 12 años nos han llevado  a representar una convicción nacional, popular y democrática, no debe estar en juego de ninguna manera.

No se debe claudicar en los objetivos de inclusión social, equidad, autonomía economía, desendeudamiento soberano, que nos han permitido recuperar la identidad diluida de los movimientos nacionales de la Patria Grande, hoy todos en crisis.

El peronismo es lo más radicalizado que la sociedad, hoy envuelta en una ola derechosa de algunos sectores medios, parece soportar. No despilfarremos esa identidad por una pelea circunstancial de posiciones.

No haber sabido traducir en mejores propuestas, aquellas que movilizan, incluyen y dan amplitud a los movimientos políticos es una gran responsabilidad que atañe también a la conducción, no solo del eventual candidato.

Recuperemos objetivos, precisemos el rumbo, emprolijemos los vínculos, ampliemos los diálogos, seamos exactos con las definiciones programáticas, pero no cedamos ante el peligro de quedar expuestos al fracaso de un remanido llamado al consenso.

Consensuar con quien tiene objetivos opuestos, es una traición y tiene objetivos de cortísimos plazos. Ese es un límite que no hay que traspasar. Si la sociedad confunde falta de diálogos con falta de consensos, no es este el momento de claudicar.

Una oportunidad es ampliar diálogos y encontrar consensos con el movimiento obrero organizado prioritariamente.

Son parte inescindible del Movimiento Nacional, más allá de posiciones circunstanciales de caciques de ocasión.

Otra oportunidad es profundizar diálogos con otras vertientes del peronismo y de la izquierda, SIN PONER EN RIESGO, las posiciones más avanzadas tenidas sobre los derechos humanos y los derechos individuales, sobre la inclusión, la creación de nuevos derechos, la incorporación de las voces de nuevas minorías y la revalorización de las necesidades prioritarias de todas las regiones.

Ello sin transar con promesas demagógicas, que desfinancian a corto plazo al Estado o determinan la necesidad de ajustes o de toma de deuda para gastos comunes. Esos son límites que no se pueden transgredir.

Otra cosa es buscar consensos con sectores del capitalismo dominante, los que predican implementar herramientas de exclusión, donde los intereses son antagónicos y excluyentes con los de la mayorias populares.

La identidad es un valor permanente, eso no se debe perder; recuperarla es después muy difícil y más costoso.

Hoy el país al calor de una ola de insatisfacción de orígenes disímiles, es un territorio difícil para recuperar confiabilidad.

Por eso repasemos lo que creemos es la múltiple identidad de los que se encuentran cómodos dentro del paraguas del PRO.

Creo que existen vertientes que se identifican con un neoliberalismo noventista con su escala de valores;
Otras son vertientes de un neo conservadurismo popular que se acomoda muy bien en determinadas provincias;
Otras provienen de un pasado alfonsinista con impronta ética devenido en una tecnocracia progresista;
Otras vertientes provienen del catolicismo ultramontano;
Todos tienen en común el aborrecimiento de la confrontación, aspirando a un país de sueños donde la buena fe, la voluntad de amucharse, los eslogan de vivir en paz y mejor parecen asumir categorías de dogma.

La vida es otra cosa.

En resumen, hay que intentar dar vuelta el resultado electoral, pero no a cualquier costo.

Una última palabra, sobre Aníbal Fernández. Fue el hombre a golpear, para demoler la credibilidad de la Política. Lo siento profundamente pues creo que sigue siendo un referente necesario para construir políticas. Aunque usted no lo crea.

Y un llamado de atención más allá de los resultados del balotaje.

La demolición de candidatos mediocres del FPV, en la provincia, producidos por candidatos del PRO, que no tienen demasiado antecedentes, es un castigo ejemplarizador, por no haber tenido la energía necesaria para hacer esa tarea internamente de recambio cupular, regeneración del tejido político y reconstrucción de la organización social, tareas todas imprescindibles para los nuevos tiempos.

Nadie en muchos lugares, llego con palabras autorizadas a transmitir ni mística, ni proyectos, ni esperanzas.

Así mucho quedó librado a la presión social de los diferentes ámbitos; no todos tienen muchas armas para sostener ese bombardeo mediático e ideológico.

Las buenas administraciones son premiadas con reelecciones, más allá del tiempo de vigencia que acumulen y tienen detrás de si consistencia social, es decir va más allá de la obra de prestación de servicios para instalar un diálogo de mutua confianza con el vecino.

Lo que está en juego es la capacidad de administrar para el común, y desde esa pirámide llegar a las conducciones, no para consolidar aparatos corruptibles o ineficientes, sino para oxigenar el pensamiento, coordinar tareas comunes y facilitar los recambios generacionales.

No fuimos capaces de mostrar otra opción frente a las administraciones de caducos barones del conurbano, que representantes de la Cámpora, los únicos que se atrevieron y bienvenidos sean, sin poder poner en juego otras vertientes del campo social, o del encuadramiento político que pueden representar legitimas opciones, más amplias, más representativas, más diversas.

No es fácil, no es imposible. Hay que reconstruir el frente político que dio base de apoyo a las políticas del kirchnerismo. Peor se la vieron Néstor y Cristina, que construyeron desde la nada, pero eran los Kirchner.

A recomponer el ánimo que la tarea está clara. El clima no ayuda, pero no tenemos menos capital electoral que el PRO.

Cada cual desde donde pueda, nadie debiera quedar ni ocioso ni marginado. Y si el trabajo es un gran organizador social, y el trabajo social es siempre una deuda pendiente,

El trabajo político es el más enriquecedor de los aportes comunitarios.

El drama no es perder, el éxito no legitima de por sí.

El drama es no tener ni razón ni pasión.


Si has disfrutado este post Suscribete al boletin de Novedades de Soy donde no pienso o agregame feeds a tu lector de noticias preferido

 

2 Comments »

  1. LE FELICITO, MUY ACERTADO EL COMENTARIO, DE UNA REALIDAD QUE SE AVIZORABA EN EL HORIZONTE, LA CREENCIA OFICIALISTA QUE PONIA LOS MOMIOS A SU FAVOR, LOS HA HECHIO DESPERTAR ANTE UNA DERROTA QUE SE LES VIENE ENCIMA, ESA MISMA REALIDAD SE INTUYE EN EL HORIZONTE VENEZOLANO

  2. 2
    LUCIA Says:

    oct 29 a las 3:52 P.M.

    “NO TE RINDAS”
    No te rindas, aún estás a tiempo
    de alcanzar y comenzar de nuevo,
    Aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
    liberar el lastre, retomar el vuelo.
    No te rindas que la vida es eso,
    continuar el viaje, perseguir tus sueños,
    destrabar el tiempo, correr los escombros,
    y destapar el cielo.
    No te rindas, por favor no cedas,
    Aunque el frío queme,
    Aunque el miedo muerda,
    Aunque el sol se esconda,
    Y se calle el viento,
    Aún hay fuego en tu alma
    Aún hay vida en tus sueños.
    Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
    Porque lo has querido y porque te quiero
    Porque existe el vino y el amor, es cierto.
    Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
    Abrir las puertas,
    Quitar los cerrojos,
    Abandonar las murallas que te protegieron,
    Vivir la vida y aceptar el reto,
    Recuperar la risa,
    Ensayar un canto,
    Bajar la guardia y extender las manos
    Desplegar las alas
    E intentar de nuevo,
    Celebrar la vida y retomar los cielos.
    No te rindas, por favor no cedas,
    Aunque el frío queme,
    Aunque el miedo muerda,
    Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
    Aún hay fuego en tu alma,
    Aún hay vida en tus sueños
    Porque cada día es un comienzo nuevo,
    Porque esta es la hora y el mejor momento.
    Porque no estás solo, porque yo te quiero.
    Mario Benedetti
    Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia nació el 14 de septiembre de 1920, en Paso de los Toros, Uruguay. Miembro de la Generación del 45′ publicó mas de ochenta obras, algunas de ellos traducidas a más de 20 idiomas.
    Murió en Montevideo, Uruguay, el 17 de mayo de 2009


RSS Feed for this entry

Deja tu respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: