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Día del trabajador… por qué se celebra el 1º de mayo?

mayo 1, 2015

/ El Día Internacional de los Trabajadores es la fiesta por excelencia del movimiento obrero mundial. Es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Enterate qué pasó y mirá las postales de este día en el mundo.

Trabjadores

Pintura de los trabajadores-

El reclamo de los trabajadores era claro: “Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa“.

En este contexto, a partir de 1886, se produjeron varios movimientos para conseguir una jornada de trabajo de ocho horas, ya que en esa época era usual que la misma fuera de 12 y 16 horas diarias, pudiendo llegar, según la legislación norteamericana, a las 18.

El 1° de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Trabajo en homenaje a los llamados Mártires de Chicago, grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en 1886. Ese mismo año, la Noble Order of the Knights of Labor, una organización de trabajadores, logró que el sector empresarial cediese ante la presión de las huelgas por todo el país.

Entonces, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó una ley (ley Ingersoll) estableciendo ocho horas de trabajo diario.

Como los empleadores se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons.

La prensa calificaba el movimiento como “indignante e irrespetuoso“, “delirio de lunáticos poco patriotas“, y manifestando que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo“.

A partir de allí el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades de Estados Unidos, entrando en paro más de 400.000 obreros en 5000 huelgas simultáneas.

La magnitud del conflicto causó preocupación al gobierno y al sector empresarial, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.

Sin embargo, la fábrica Mc. Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y el 1 de mayo de aquel año la policía disparó contra los manifestantes que, a las puertas de la fábrica, reivindicaban el nuevo acuerdo.

Durante los siguientes días murieron más trabajadores, hasta que el día 4 una bomba estalló contra las fuerzas policiales, suceso conocido como ‘el atentado de Haymarket‘.

El 21 de junio de 1886 comenzó el juicio a 31 obreros acusados de haber sido los promotores del conflicto. Todos fueron condenados, dos de ellos a cadena perpetua, uno a 15 años de trabajos forzados y cinco a la muerte en la horca.

Relato de la ejecución por José Martí, corresponsal en Chicago del diario La Nación:

 (…) “salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: “la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora».

Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…

La culpabilidad de los condenados nunca fue probada.

En la actualidad, muchos países rememoran el Primero de Mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen, siendo en general países de colonización británica, como Estados Unidos y Canadá, que celebran el Labor Day (Día del Trabajo) el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre.

Fuente: Diagonales


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Buenas razones para eliminar el doblaje cinematográfico

abril 15, 2015

http://hipertextual.com/2015/04/eliminar-el-doblaje

Buenas razones para eliminar el doblaje cinematográfico

Os ofrezco una serie de argumentos por los que eliminar el doblaje de películas y series de televisión sería beneficioso para todos.

Se suele afirmar, lo hemos escuchado infinidad de veces, que en España tenemos a los mejores actores de doblaje del mundo, pero parece que a nadie le resulta sospechoso que esto casi siempre salga de la boca de un español.

Y digo “casi” porque, por ejemplo, el fallecido Carlos Revilla fue reconocido como el mejor doblador europeo de Homer Simpson por la 20th Century Fox, y Woody Allen le agradeció a su doblador en España, Joan Pera, su eficaz entonación y cadencia al prestarle su voz en cada nueva película que cuenta con el neoyorkino. Anécdotas, en cualquier caso.

Es sabido que la masificación del doblaje en España y en otros países tiene su origen en la llegada del cine sonoro a comienzos de los años treinta del siglo pasado y, con ella, en la necesidad de facilitar el acceso al cine extranjero a una población analfabeta que, claro, ni era plurilingüe ni podía leer los subtítulos. La propaganda nacionalista a través de insistir en la identidad lingüística y el control de la censura para filtrar ideas contrarias a las del régimen de turno también cimentaron el doblaje generalizado.

Pero la cuestión hoy, aquí y en cualquiera del resto de países que utiliza el doblaje para cada película y serie extranjera que se estrena, no es si el trabajo de los dobladores es bueno o malo ni si da gusto oír sus particulares voces, sino si resulta conveniente este trabajo fuera de la animación y, quizá, de los documentales.

Si a mí me preguntáis, la respuesta es no. Y estas son las razones que puedo aportar:

Con la voz también se interpreta

eliminar el doblaje

  • La voz de los intérpretes, tanto como la manera en que aprovechan su corporeidad, forma parte de su actuación. Por tanto, suprimirla y sustituirla por otra es mutilar su trabajo interpretativo, malograr la construcción de sus personajes y, así, faltarles al respeto.
  • Los que defienden el doblaje por la excelente labor de sus actores caen en la incoherencia de despreciar a la vez con ello la de los intérpretes originales de las películas, que son los que realmente estuvieron ante las cámaras y a los que pertenecen su personajes.
  • Que a un espectador acostumbrado a ver cine doblado le venga a la cabeza la misma voz cuando piensa en diferentes actores extranjeros muestra, con suma elocuencia, cómo es de lamentable la situación: ¡no conocemos sus voces! Y eso debería avergonzarnos.
  • Hay escenas intensas en películas y series en las que resulta tan importante la entonación de los actores y su cometido en el conjunto de su interpretación del momento que el doblaje, por mucho que lo realice alguien competente o incluso prodigioso, se carga el alcance emocional de dicha escena en el ánimo del espectador. Y eso es tanto como aniquilar buena parte de su arte y de la consideración que luego se tenga de la obra.

Los beneficios de suprimir el doblaje

eliminar el doblaje

  • Los motivos que nos empujaron a crear el doblaje, es decir, el analfabetismo, la propaganda nacionalista y el control de la censura, ya no existen o son irrelevantes, por fortuna.
  • Todo el esfuerzo, el capital humano y su talento y el movimiento económico que genera la industria del doblaje, si se eliminara del cine de imagen real, podría trasvasarse en su totalidad a la animación, darle empuje por pura necesidad de trabajo y, de esa manera, conseguir que el cine animado salga de una vez de su excepción y marginalidad y de ese infantilismo insufrible que aún arrastra en general desde hace demasiado tiempo fuera de Estados Unidos, Japón y algunos países europeos.
  • Ver cine en versión original ayuda sobremanera a la comprensión de otros idiomas, un beneficio que no me parece muy dudoso. Pasado un tiempo, uno se sorprende muy gratamente al darse cuenta de que entiende gran parte de lo que escucha sin necesidad de leer los subtítulos, y no sólo eso: si presencia una conversación en el idioma de las películas y series que esté habituado a ver, se asombrará al comprobar que también entiende mucho de lo que escucha entonces.
  • De los perezosos que se niegan a hacer el esfuerzo de “leer en el cine” no tengo nada que decir: ellos solos se descalifican.

Hay quienes proponen que se mantenga el doblaje y lo que se potencie sea un mayor acceso a la versión original en los cines, pero no estoy de acuerdo con limitarse a ello: tanto por respeto a las obras cinematográficas como por generalizar al menos el bilingüismo en la población, debería ir reduciéndose paulatinamente el doblaje para que no afecte a aquellos cinéfilos a los que, quizá por edad, una reforma así pille tarde, con el objetivo final de que todos, bien educados en la versión original, seamos capaces de ver con gusto películas y series sin que nadie funcione de mutilador intermediario entre nosotros y lo que significan.


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Reflexiones sobre el atentado a la revista Charlie Hebdo

enero 10, 2015

“Si quieren combatir al terrorismo deben investigar a la OTAN”

La periodista Stella Calloni reflexiona sobre el atentado a la revista Charlie Hebdo. “Me parece muy simplista, muy burdo, que por una foto de Mahoma se quiera atribuir automáticamente el hecho a islamistas”.

Por Juan Ciucci

Charliebdo

APU: ¿Cuál es su opinión sobre el atentado?

Stella Calloni: Es una situación muy trágica. Golpea a un grupo de personas vinculadas con la cultura. Ha tenido una gran repercusión en el mundo. Ha sido, naturalmente, repudiado por todos. Es un hecho conmovedor. Se puede aceptar o no el tipo de humor de la revista, pero eso no tiene nada que ver con repudiar lo que ha pasado que es verdaderamente muy trágico.

APU: Ahora empiezan las especulaciones sobre los autores del atentado.

SC: Me parece muy simplista, muy burdo, que por una foto de Mahoma se quiera atribuir automáticamente el hecho a islamistas. Estamos perdiendo de vista muchas situaciones que se dieron durante mucho tiempo en Europa.

Por ejemplo, la OTAN tenía un ejército secreto que llevó adelante operaciones en la región que mataron a muchas personas. Sobre ese terrorismo nadie ha actuado, excepto algún valiente juez italiano.

Hoy sabemos que varios atentados que fueron atribuidos a las Brigadas Rojas fueron realizados por ese ejército. Eso está comprobado. Por otro lado, hay que analizar un hecho ocurrido en enero de 2013 cuando un comando similar asesinó a tres dirigentes kurdos en París.

No se está analizando la posibilidad de que pueda ser un comando de falsa bandera el que realizó el atentado. Evidentemente es un comando entrenado militarmente, con un armamento como el que utiliza Al Qaeda o el Estado Islámico, grupos que fueron creados por los servicios secretos de Estados Unidos, Inglaterra e Israel.

Eso ha sido estudiado por investigadores europeos muy serios. Tenemos que exigir que se descubra a los verdaderos responsables del atentado.

Es un momento clave. Esto nos puede pasar a nosotros, nos pueden hacer atentados de falsa bandera para justificar que ingresemos a determinadas guerras. Esto ocurre después que la Corte Penal Internacional aceptó a Palestina, en el mismo momento que ese Estado es reconocido por toda Europa. No tenemos que atarnos al carro de la desinformación.

APU: En ese contexto: ¿cómo analiza la cumbre a la que ha convocado Francia “contra el terrorismo”?

SC: Esto está evidenciando lo que estoy diciendo. La inteligencia francesa ha participado en la destrucción de países, como Libia (donde no dejaron nada), Irak o Siria.

Esto lleva a aumentar las intervenciones e invasiones para lograr lo que ellos sueñan: un Medio Oriente controlado por la OTAN. Quieren países ocupados militarmente.

Si Francia llama a una cumbre antiterrorista tiene que investigar a la OTAN y su actuación durante el último medio siglo.

Si quieren combatir al terrorismo se tienen que combatir a ellos mismos, desde adentro. Hay que evitar que esta situación lleve a convalidar un avance hacia una tercera guerra mundial, que lleve a la desaparición de la humanidad, como tantas veces describió Fidel Castro.

APU: ¿Cuál es su visión sobre el Estado Islámico?

SC: Hay muchos análisis que acá no se conocen. En el Estado Islámico hay un montón de europeos (franceses, italianos, alemanes), muchos mercenarios de todo el mundo. ¿Quién los llevó? ¿Para qué sirve el dinero petrolero de Arabia Saudita, cómplice de la OTAN?

La OTAN debe desaparecer. No sirve para ayudar a los pueblos sino que sirve para atacar países. Estamos viendo un genocidio en Irak y Libia, que no se estudian porque a nadie le importa. En Libia destruyeron a un país, hoy siguen matando a la población que todavía queda.

Llegó el momento de parar esta carrera hacia la guerra. Hay que parar a los fundamentalistas que están operando en este momento. Y debemos denunciar también la complicidad de cierta parte del periodismo con estas guerras y matanzas, que con su accionar se convierten en partícipes necesarios.


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Matarlos a todos

enero 10, 2015

Por Luis Bruschtein

MatarlosatodosEl suicida dejó una nota: “Hay que matar a todos los extremistas”.

Es un cuento mínimo. Si hay que matar a todos los extremistas, el primero que tendría que morir, según esa lógica, sería el que hizo esa afirmación. Y no tan cuento, porque la cabeza de una de las principales fuerzas políticas de Francia, Marine Le Pen, pidió la restauración de la pena de muerte para los extremistas. Aunque crean lo contrario, de esa manera no están pensandoen contra de”, sino “como losasesinos de Cabú, Wolinski, Charb y todos los demás.

Si es que piensan, porque la acción delirante consiguió que los chistes sobre Mahoma se reprodujeran hasta el infinito en todo el mundo y se conocieran en rincones del planeta donde ni siquiera habían escuchado hablar del profeta.

Los asesinos lograron lo contrario de lo que decían buscar y también llenaron de vergüenza al creyente musulmán, que no piensa en guerra ni fanatismos y que se sintió insultado por semejante crimen en su nombre.

Para sus parámetros, ellos han sido sus principales enemigos. Si no hubiera sido por ellos, la inmensa mayoría del planeta ni siquiera se hubiera enterado de que existían esos chistes.

La radio del oscuro y enigmático Estado Islámico los calificó de héroes a pesar de haber logrado esta difusión masiva y mundial de los chistes sobre Mahoma. Con esta acción tan oscura y enigmática como ella, los asesinos se referenciaron con esta organización.

El Estado Islámico tiene unos 15 mil combatientes en Siria e Irak. Se calcula que mil de ellos son franceses y otros varios miles son de otras nacionalidades europeas, alemanes, belgas, británicos, italianos y demás. Otros provienen de Pakistán o Turquía.

Constituyen un ejército de mayoría no árabe que intenta imponer un califato en el mundo árabe, en el corazón de lo que fuera una de las principales potencias petroleras, financiado por millonarios kuwaitíes, sauditas y qataríes, con la vista gorda de esos gobiernos, que son, a su vez, los principales aliados de Estados Unidos y los países occidentales, que, a su vez, los padecen como enemigos en la guerra.

Son aliados en los negocios y enemigos crueles en la guerra. Todo parece un desatino que debe tener algún punto de contacto en algún lado, en territorio de bancos y petroleras.

El fanatismo religioso del Estado Islámico, tan poco cartesiano, tiene un fuerte componente de la descomposición del estado de bienestar y la crisis europea, de la caída de la Unión Soviética y el realineamiento del mundo árabe e islámico alrededor de la hegemonía norteamericana y sus aliados.

Empezó como un instrumento para enfrentar y contrarrestar la influencia del que, unos años atrás, estaba considerado el peor enemigo de Occidente, que era el gobierno chiíta iraní, y también se usó para derrocar a los Estados laicos que habían sido aliados de la desaparecida URSS en Irak, Siria, Sudán, Etiopía, Libia, Yemen e incluso Egipto.

Todo insuflado por la CIA y disfrazado de primavera. Una primavera que sólo cuajó como tal en Túnez. Todos los demás se sumergieron en sangrientas guerras tribales y religiosas o pasaron a ser gobernados por gobiernos autocráticos medievales.

El fanatismo religioso tiene algún ingrediente que lo hace complementario de la globalización y las nuevas sociedades que produce el neoliberalismo de mercado. No es solamente islámico sino también el fanatismo cristiano que controló gran parte del gobierno de George Bush y el fanatismo religioso judío que tiene cada vez más presencia militarista en el gobierno israelí.

El atentado criminal en Francia tiene una lógica de nueva sociedad, de tensiones explosivas que acumula la dinámica de un capitalismo voraz y depredador sin límite, que pone reglas para que las cumplan los demás, pero que no está dispuesto a respetar.

La violencia religiosa tiene la misma raíz que la violencia narco. Los crímenes en Charlie Hebdo se produjeron cuando todavía no se borraba el recuerdo de los 43 adolescentes asesinados en México.

El mismo absurdo, la misma barbarie, la misma incongruencia deshumanizada. Son formas nuevas de violencia exponencial, sin reparos, que cosifican a las víctimas y que no buscan una reivindicación social o política, pero que están expresando consecuencias, subproductos, que fue generando este nuevo orden mundial.

El dinero del narcotráfico tiene el volumen del PBI de varios países. La DEA reconoce que serían unos 500 mil millones de dólares al año, lo que la ubicaría en el PBI 20 del mundo.

Son fortunas prácticamente inocultables, que solamente podrían pasar más o menos desapercibidas entre fortunas similares, aquellos rincones donde existan las mismas cantidades de dinero, como fondos de inversión o grandes bancos.

El dinero es el dinero, este nuevo orden económico internacional acepta prácticas usurarias y desleales como las de los fondos buitre. Sin reglas de juego, no tendría por qué rechazar esa cantidad infernal de plata que proviene del narcotráfico.

Es una cantidad tan enorme que no podría circular por economías negras, paralelas o ilegales. El dinero del narcotráfico circula necesariamente y de alguna manera por la economía legal planetaria. Al mismo tiempo que genera así grandes ganancias para las economías centrales, las va destruyendo desde dentro.

Otra vez se trata del gran socio comercial, pero el enemigo en algún lugar, como el Estado Islámico. Y los ejércitos en campaña, como el del Estado Islámico, no se alimentan del aire ni obtienen su armamento por arte de magia.

Hay grandes bancos que mueven dinero del petróleo, del narco y de la industria armamentística, que los financian y que hacen negocios en fondos de inversión, algunos de los cuales operan también para la destrucción de la economía de otros países, como sucede con los fondos buitre y la Argentina.

Por debajo de esas elites económicas están las guerras y los fanatismos inducidos, los carteles de la droga y sociedades vulnerables que sacrifican a sus adolescentes pobres en ese holocausto.

El futuro que promueve este nuevo orden económico internacional son sociedades con grandes desigualdades, con gran concentración del capital y con sus elites aisladas en burbujas de riqueza.

México se acerca peligrosamente a ese futuro, al igual que gran parte del mundo árabe. La declinación de Europa la ubicó también en una zona sensible de ese proceso de destrucción.

Las explosiones de un nivel inaudito de violencia ni siquiera buscan la transformación de ese mundo para pocos. Estas nuevas sociedades les exigen abundancia a los jóvenes como único sentido de la vida, pero les ofrecen austeridad o pobreza. El espejismo del narcotráfico los atrae con una vida corta pero abundante. Y el fanatismo religioso les asegura la abundancia, pero en otra vida.

Las formas de violencia como la que segó las vidas de los adolescentes en México o de los humoristas en Francia ni siquiera se plantean –aunque fuera en forma equivocada– transformar las sociedades que han llevado a sus protagonistas a esas situaciones de víctimas o victimarios.

Las elites se sienten fuera del alcance de estos fenómenos del narcotráfico y los fanatismos religiosos.

La profundización de la desigualdad va a generar grandes zonas donde estas formas de violencia serán crónicas porque no implican riesgo para las estructuras de injusticia que las originan, traspapelan el conflicto social y obstaculizan las políticas de cambio que puedan impulsar movimientos políticos populares, como los que aparecieron en América latina.

La gran batalla para evitar ese futuro apocalíptico no estará solamente en derrotar al narco y a los fanáticos, sino que se dará en el escenario interno de cada país, pero fundamentalmente en el plano internacional, para transformar los parámetros que se impusieron en una economía que, por primera vez en la historia de la humanidad, abarca a todo el planeta.

Fuente: Pagina/12


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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El camino hacia una tercera guerra “mundial”…

diciembre 30, 2014

¿Una tercera guerra mundial?

 Por Boaventura de Sousa Santos *

GuerramundialTodo indica que se está preparando una tercera guerra mundial, si entendemos por “mundial” una guerra que tiene su principal teatro de operaciones en Europa y repercute en diferentes partes del planeta.

Es una guerra provocada unilateralmente por los Estados Unidos, con la complicidad activa de Europa. Su blanco principal es Rusia y, en forma indirecta, China.

El pretexto es Ucrania. En un raro momento de consenso entre demócratas y republicanos, el Congreso estadounidense aprobó, el 4 de diciembre pasado, la Resolución 758, que autoriza al presidente a adoptar medidas más agresivas para sancionar y aislar a Rusia, a proporcionar armas y otro tipo de apoyo al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar de EE.UU. en los países vecinos de Rusia.

La escalada de provocaciones a Rusia tiene varios componentes que, en conjunto, constituyen una segunda Guerra Fría.

A diferencia de la primera, en ésta Europa es un participante activo, aunque subordinado a EE.UU., y ahora se asume la posibilidad de una guerra total y, por lo tanto, nuclear. Varias agencias de seguridad ya están haciendo planes para el día después de un enfrentamiento nuclear.

La provocación occidental tiene tres componentes: sanciones para debilitar a Rusia, instalación de un gobierno satélite en Kiev y guerra de propaganda. Las sanciones son conocidas.

La más insidiosa es la baja del precio del petróleo, que afecta de manera decisiva las exportaciones rusas, ya que el petróleo es una de las principales fuentes de financiación del país.

El presupuesto de Rusia para 2015 fue elaborado previendo que el barril de petróleo iba a costar 100 dólares. La reducción del precio, combinada con otras sanciones y con la devaluación del rublo, agravará peligrosamente el déficit presupuestario.

Además, esta reducción ocasionará graves problemas en otros países considerados hostiles (Venezuela, Irán y Ecuador).

La reducción del precio del petróleo es posible gracias al pacto celebrado entre EE.UU. y Arabia Saudita, a través del cual EE.UU. protege a la familia real (odiada en la región) a cambio de que se mantenga la economía de los petrodólares (transacciones mundiales de petróleo en dólares), sin la cual el dólar colapsaría como reserva internacional y, con él, la economía de EE.UU., el país con la mayor y más obviamente impagable deuda del mundo.

El segundo componente de la provocación es el control total del gobierno de Ucrania, para transformar este país en un Estado satélite.

El respetado periodista Robert Parry informa que la nueva ministra de Finanzas de Ucrania, Natalie Jaresko, es una ex funcionaria del Departamento de Estado, una ciudadana estadounidense que obtuvo la nacionalidad ucraniana días antes de asumir el cargo.

Hasta ahora presidió varias empresas financiadas por el gobierno norteamericano, creadas para trabajar en Ucrania.

Ahora se entiende mejor la explosión, en febrero pasado, de la secretaria de Estado norteamericana para Asuntos Europeos, Victoria Nulland: “A la mierda la Unión Europea”.

Lo que quería decir era: “¡Maldición! Ucrania es nuestra. Pagamos para eso”. El tercer componente es la guerra de propaganda.

Los grandes medios de comunicación y sus periodistas están siendo presionados para difundir todo lo que legitime la provocación occidental y para ocultar todo lo que la ponga en cuestión.

Los mismos periodistas que, después de mantener reuniones en Washington y en las embajadas de Estados Unidos, llenaban las páginas de los diarios con la mentira de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, ahora las llenan con la mentira de la agresión de Rusia contra Ucrania.

Pido a los lectores que imaginen el escándalo mediático que estallaría si se supiera que el presidente de Siria nombró ministro a un iraní al que días antes había concedido la nacionalidad siria.

O que comparen el modo en que se informó sobre las protestas en Kiev en febrero pasado y sobre las protestas en Hong Kong en las últimas semanas.

O que evalúen la relevancia que se le dio a la declaración de Henry Kissinger, para quien es temerario que se esté provocando a Rusia.

Otro gran periodista, John Pilger, dijo recientemente que si los periodistas hubiesen resistido la guerra de propaganda, quizá se podría haber evitado la guerra de Irak, en la que ya murieron 1.455.590 iraquíes y 4801 soldados estadounidenses. ¿Cuántos ucranianos morirán en la guerra que se está preparando? ¿Y cuántos no ucranianos?

¿Estamos en democracia cuando el 67 por ciento de los estadounidenses está en contra de la entrega de armas a Ucrania y el 98 por ciento de sus representantes votó a favor?

¿Estamos en democracia cuando los países europeos en la OTAN son conducidos, a espaldas de los ciudadanos, hacia una guerra contra Rusia en beneficio de los Estados Unidos?

¿O cuando el Parlamento europeo sigue con sus cómodas rutinas mientras están preparando al continente para ser el próximo teatro de guerra y a Ucrania, la próxima Libia?

Las razones de la locura

Para entender lo que está pasando, es necesario tener en cuenta dos hechos: la declinación de Estados Unidos como país hegemónico y el negocio altamente rentable de la guerra.

La declinación del poder económico-financiero de EE.UU. es cada vez más evidente. Después del 11 de septiembre de 2001, la CIA financió el llamado Proyecto Profecía, diseñado para prever posibles nuevos ataques contra EE.UU. a partir de movimientos financieros extraños y de gran envergadura.

Con diferentes formas, ese proyecto ha continuado y uno de sus participantes prevé un próximo crash del sistema financiero a partir de las siguientes señales: Rusia y China, los mayores acreedores de EE.UU., han estado vendiendo los títulos del Tesoro estadounidense y, en cambio, han estado comprando enormes cantidades de oro; extrañamente, esos títulos vienen siendo adquiridos en grandes cantidades por misteriosos inversores belgas, y muy por encima de la capacidad de este pequeño país; tanto Rusia como China están utilizando cada vez más sus monedas y no los petrodólares en las transacciones de petróleo (todos recuerdan que Saddam y Khadafi intentaron utilizar el euro y el precio que pagaron por esa osadía); finalmente, el FMI se prepara para que el dólar deje de ser, en los próximos años, la moneda de reserva y sea sustituido por una moneda global, los SDR (derechos especiales de giro, por su sigla en inglés).

Para los creadores del Proyecto Profecía, todo esto indica que un ataque contra EE.UU. está cerca y que, para defenderse, los norteamericanos deben mantener los petrodólares a toda costa, asegurándose un acceso privilegiado al petróleo y al gas, deben contener a China y debilitar a Rusia, para lo que lo ideal sería provocar su desintegración, al estilo de Yugoslavia.

Curiosamente, los “expertos” que ven en la venta de deuda una actitud hostil por parte de potencias agresoras son los mismos que aconsejan a los inversores estadounidenses proceder de la misma manera, es decir, deshacerse de los títulos públicos, comprar oro e invertir en bienes sin los cuales los seres humanos no pueden vivir: tierra, agua, alimentos, recursos naturales, energía.

Transformar las obvias señales de declinación en previsiones de agresión busca justificar a la guerra como medio de defensa.

Hoy la guerra es altamente rentable debido a la superioridad de EE.UU. en la conducción bélica, el suministro de equipamiento y los trabajos de reconstrucción.

Y la verdad es que, como escribió Howard Zinn, EE.UU. ha estado constantemente en guerra desde su fundación. Además, a diferencia de Europa, la guerra nunca se libra en suelo estadounidense, salvo, claro, que se trate de una guerra nuclear.

El 14 de octubre pasado, The New York Times difundió un informe de la CIA sobre el suministro clandestino e ilegal de armas y el financiamiento bélico en los últimos 67 años en muchos países, entre ellos Cuba, Angola y Nicaragua.

Noam Chomsky dijo que ese documento sólo podía tener el siguiente título: “Sí, nos declaramos como el Estado terrorista más importante del mundo. Estamos orgullosos de eso”.

Un país en declive tiende a volverse caótico y errático en su política internacional. Immanuel Wallerstein dice que los EE.UU. se transformaron en un cañón descontrolado, un poder cuyas acciones son imprevisibles, incontrolables y peligrosas para sí mismos y para los demás.

La consecuencia más dramática es que esta irracionalidad repercute y se intensifica en la política de sus aliados. Al dejarse envolver en esta nueva Guerra Fría, Europa no sólo actúa contra sus propios intereses económicos, sino que pierde la relativa autonomía que había logrado construir en el plano internacional después de 1945.

Europa tiene todo el interés en seguir intensificando sus relaciones comerciales con Rusia y en contarla como proveedora de petróleo y gas. Las sanciones contra Rusia pueden llegar a afectar más a Europa que a Rusia.

Al alinearse con el militarismo de la OTAN, donde EE.UU. tiene total preponderancia, Europa pone su economía al servicio de la política geoestratégica norteamericana, se vuelve energéticamente más dependiente de EE.UU. y sus estados satélites, y pierde la oportunidad de ampliarse con la entrada de Turquía en la Unión Europea.

Y lo más grave es que esta irracionalidad no es un mero error de evaluación sobre los intereses de los europeos. Es muy probablemente un acto de sabotaje por parte de las élites neoconservadoras europeas para volver a Europa más dependiente de EE.UU., tanto en el plano energético y económico como en el plano militar.

Por eso, la profundización de la participación en la OTAN y el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y EE.UU. (la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión) son las dos caras de la misma moneda.

Puede argumentarse que la nueva Guerra fría, tal como la anterior, no desembocará en un enfrentamiento total. Pero no olvidemos que, cuando comenzó, la Primera Guerra Mundial fue considerada una escaramuza que no duraría más que unos pocos meses. Duró cuatro años y costó entre 9 y 15 millones de muertes.

* Doctor en Sociología del Derecho. Traducción: Javier Lorca.


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