C5N – Economía Política: Programa 12/06/2016

junio 13, 2016

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NESTOR Y MAURICIO: EL ACTO DE DESCOLGAR CUADROS Y PEDIR DISCULPAS

junio 8, 2016

Por  Eduardo Di Cola*

Un abismo en la diferencia de sentido para una misma acción. Una inconmensurable distancia entre el significado de dos actitudes iguales. Un simple acto, tan sencillo como es el de descolgar un cuadro puede poner en evidencia la filosofía de una gestión de gobierno, con más contundencia que una decisión de fuerte contenido económico.

Los dos en su tiempo, Kirchner y Macri, uno descolgando el cuadro del genocida Videla y el otro removiendo del despacho presidencial los de San Martín y Belgrano, resultan más que suficiente para entender las diferencias y lo que nos está pasando. No es una casualidad y mucho menos se trata de actitudes divorciadas de lo que sustancialmente cada uno piensa.

La historia se repite. Ayer con los cuadros, hoy con el pedido de disculpas. De ahí que no deba extrañarnos la actitud del Ministro Prat Gay en España disculpándose en nuestro nombre ante quienes nos saquearon, los mismos que están presos en su propio país por haber cometido delitos similares.

De nuevo, una misma y simple actitud que surge como gesto de buena educación y en principio inocua, marca una sustancial diferencia en lo esencial. Cuando Néstor Kirchner pidió disculpas lo hizo en nombre del Estado por las atrocidades cometidas en contra de sus propios ciudadanos. Los dos apelaron a las disculpas, pero ¡Que distancia en su significación!.

Si estuviéramos frente al desafío de definir a la actual gestión en unas pocas palabras, nos bastaría con simplemente comentar que es el gobierno que se disculpó ante España y cuyo Presidente retiró de su despacho los cuadros de San Martín y Belgrano.

Todo lo demás, lo económico, cultural, político y social, es su lógica consecuencia.

Cuando Hipólito Yrigoyen ganó las elecciones, fue entrevistado por el Embajador inglés para recordarle la costumbre de los presidentes argentinos de consultarlo para las designaciones en su gabinete. Yrigoyen le respondió notificándole que esa costumbre con él había terminado.

Cuando asume, el embajador insiste pidiéndole una entrevista, y para que no quedaran dudas de cual era la decisión, Yrigoyen acondicionó la sala de espera de tal forma, que el embajador tuvo que aguardar ser atendido sentado de frente a un cuadro que mostraba al comandante inglés William Beresford derrotado en la primera de las invasiones inglesas. También en este caso la mera anécdota de un cuadro es suficiente para comprender y definir la orientación de un gobierno como fue el de Don Hipólito.

 * Ex Diputado Nacional


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EL BLANQUEO NO BORRA DELITOS

mayo 31, 2016

Por Eduardo Di Cola*

El blanqueo no borra delitos cometidos. No transforma en lícito los fondos que tienen un orígen ilícito. No convierte en bien habido al dinero obtenido mediante lo que genéricamente conocemos como corrupción. No legaliza las maniobras irregulares a través de prestanombres, ni disminuye la responsabilidad de los que valiéndose de mecanismos castigados por el código penal se hicieron de dineros oscuros. Mucho menos hace desaparecer esa responsabilidad.

Por ello es llamativo que sea este el momento elegido para lanzar la moratoria, en medio del festival de sociedades off shore intencionalmente ocultadas, con movimientos de fondos puestos al descubierto por una realidad negada por los propios protagonistas, todos ellos funcionarios o ex funcionarios públicos, sus parientes, amigos y socios, con el presidente como principal involucrado.

O empresarios vinculados al Estado a través de la obra pública o la prestación de algún servicio, cuando no directamente relacionado con algún alto funcionario de turno. Es más, se lo intenta hacer con tanta amplitud que, según ha trascendido, posibilitará que puedan adherirse incluso, hasta los imputados por delitos vinculados con operaciones de lavado de dinero o financiamiento del terrorismo, sus cónyuges o parientes. 

Mientras en el mundo los países están generando mecanismo para profundizar la investigación por el escándalo internacional provocado por los Panama Papers, en nuestro país tratan de blanquear, tapar lo que ya no puede ocultarse por la sucesión de información que va saliendo a la luz, pese al empeño de ocultarlo desde el mismo estado.

Como sucede en no pocas oportunidades, la pantalla es un objetivo noble. En este caso los jubilados. El mismo argumento que años atrás se utilizó para privatizar YPF.

Debe respetarse a las autoridades democráticamente elegidas en cuanto al derecho que les asiste para decidir sobre la oportunidad y conveniencia de una política determinada.

Ahora bien, el blanqueo impositivo no debe ser otra cosa que la posibilidad de regularizar fondos que fueron ganados lícitamente y por los cuales no se pagaron los impuestos correspondientes. Fuera de este esquema siempre queda abierta la posibilidad de persecución penal para los que delinquieron.

 *Ex Diputado Nacional
 *Ex Presidente de la Comisión Investigadora de Fuga de Divisas de la Cámara de Diputados años 2002/03


 

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VIVEN EN UN TERMO. Tarifas del Gas

mayo 29, 2016

Por Eduardo Di Cola*

La realidad nos está mostrando que los gerentes de las multinacionales encaramados en el gobierno nacional, poca idea tienen de lo que es la administración pública.

Lo reconoció sin dobleces la presidenta de Aerolíneas Argentinas cuando señaló: “cruzar de lo privado a lo público es mucho más difícil de lo que creía”. Lo más grave es que algunos de ellos ni siquiera están demostrando sentido común para manejarse con eficiencia desde la lógica de la actividad privada.

Proponer como solución salvadora al comercio, hoteles y pymes de la Patagonia, financiarles una parte del consumo de gas, es no tener noción no sólo de lo que es la gestión pública, sino tampoco de la propia actividad privada, desde donde precisamente provienen.

Recordemos que estamos hablando de la decisión del gobierno de incrementar hasta en un 2.000% el costo del consumo del gas, y como salida ofrece financiar el 50% del importe de las facturas recibidas.

Naturalmente al no cambiarse el cuadro tarifario, las facturas seguirán llegando con importes similares y por ende igualmente impagables.

No se entiende que alguien con experiencia empresaria no advierta que no hay actividad viable posible, si ni siquiera es capaz de solventar el pago de un insumo vital e inelástico como es el energético. Dicho de otra manera más simple y llana, si no puede afrontarse el pago del gas y de la luz no hay emprendimiento económica sustentable.

Es incomprensible que alguien que dice conocer la actividad privada pueda creer que lo que está proponiendo se acerque a una solución. En realidad se parece más a una broma. No tengo dudas que si algunos de estos señores han tenido “éxito” como gerentes de una multinacional, ha sido porque se manejaron en un mercado cuasi monopólico y de altísima rentabilidad.

Como dicen los jóvenes, han vivido y viven en un termo. Lo lamentable es que están tomando decisiones que nos afecta a todos los argentinos, involucrando seriamente el futuro de la nación. 

*Ex Diputado Nacional


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Reflexión de Zizek acerca de los Panamá Papers

mayo 27, 2016

AcuarelaDePalabras

 Quisiera compartir esta reflexión de Zizek acerca de los PanamáPapers:

Explicación sobre los Panama Papers o cómo un perro se lame a sí mismo. Por Slavoj Zizek. Publicado el: 16/04/2016 en Antroposmoderno:

Lo único realmente sorprendente sobre los Panamá Papers es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no sabíamos de modo preciso lo que esperábamos aprender allí?

Aunque una cosa es saber sobre las cuentas bancarias offshore en general y otra, tener pruebas concretas.

Es como sospechar que nuestra pareja nos engaña; uno puede aceptar el conocimiento abstracto, pero saltamos de dolor cuando accedemos a los detalles más escabrosos. Y cuando uno tiene fotografías de lo que está pasando… Así que con los Panamá Papers ya estamos frente a las imágenes más sucias de la pornografía financiera del mundo de los ricos, y ya no podemos pretender que no sabemos.

En 1843 el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemánsólo imaginaba que creía en sí mismo y exigía al mundo que debía imaginar la misma cosa.” En tal situación, avergonzar a quienes están en el poder se convierte en un arma en sí.

O, como continuaba Marx, “la presión real debe ser más apremiante si se le añade la conciencia de esa presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa mediante su publicidad.”

Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación.

Un rápido vistazo a Panamá Papers revela una característica positiva y sobresaliente y otra negativa. Lo positivo es la solidaridad total entre los participantes: en el sombrío mundo del capital global, todos somos hermanos. El mundo occidental desarrollado está allí, incluyendo a los escandinavos no corruptos, quienes se dan la mano con Vladimir Putin. Y el presidente de China, Xi, Irán y Corea del Norte también están ahí.

Los musulmanes y los judíos intercambian guiños amigables, es el verdadero reino del multiculturalismo, donde todos son iguales y todos diferentes.

La característica negativa: la contundente ausencia de los Estados Unidos, que le presta cierta credibilidad al reclamo de Rusia y China de que hay involucrados en la investigación intereses políticos particularizados.

Entonces, ¿qué vamos a hacer con todos estos datos? La primera y predominante reacción es la explosión de furia moralista, por supuesto. Pero debemos cambiar de tema de inmediato, de la moral a nuestro sistema económico: los políticos, los banqueros y gerentes siempre fueron codiciosos, así que ¿qué es lo que nuestro sistema legal y económico les facilitó para que se realizaran en esa avaricia de manera tan desmedida?

Desde la crisis financiera de 2008 en adelante, las figuras públicas, del Papa hacia abajo, nos bombardean con mandatos para luchar contra la cultura de la codicia excesiva y el consumo.

Como lo dijo uno de los teólogos cercanos al Papa: “La crisis actual no es una crisis del capitalismo, sino una crisis de la moral.” Incluso hay sectores de la izquierda que siguen ese camino. No falta anti-capitalismo hoy día: las protestas de Occupy estallaron hace un par de años, e incluso asistimos a una sobrecarga de la crítica de los horrores del capitalismo: libros, investigaciones pormenorizadas y reportajes de televisión abundan en empresas sin piedad, en la contaminación de nuestro medio ambiente, en los banqueros corruptos que obtienen gordas bonificaciones mientras que sus bancos tienen que ser salvados por el dinero público, de los talleres clandestinos que funcionan con horas extras de trabajo infantil.

Hay, sin embargo, un retén a todo este desborde de la crítica: lo que por regla general no se cuestiona es el marco democrático-liberal de lucha contra estos excesos. El objetivo explícito o implícito es democratizar el capitalismo para extender el control democrático sobre la economía a través de la presión de los medios, las investigaciones gubernamentales, leyes más duras, y las investigaciones policiales honestas.

Pero el sistema como tal no se cuestiona y el marco institucional democrático del Estado de Derecho sigue siendo la vaca sagrada, incluso las formas más radicales de este “anti-capitalismo ético”, como el movimiento Occupy, no lo toca.

El error a evitar aquí se ejemplifica mejor con la anécdota, acaso apócrifa, sobre el economista izquierdista-keynesiano John Galbraith, quien antes de un viaje a la Unión Soviética, a fines de 1950, escribió a su amigo anticomunista Sidney Hook: “No te preocupes, no me dejaré seducir por los soviéticos para regresar a casa diciendo que tienen socialismo”.

A lo que Hook le respondió de inmediato: “¡Pero lo que me preocupa es que regreses alegando la URSS NO es socialista.” Lo que más preocupaba a Hook era la ingenua defensa de la pureza del concepto: si las cosas van mal con la construcción de una sociedad socialista, esto no invalida la idea en sí, sólo significa que no se implementó del modo correcto. ¿No detectamos la misma ingenuidad hoy en día en boca de los fundamentalistas del mercado?

Cuando hace un par de años, durante un debate televisivo en Francia, el intelectual francés Guy Sorman afirmó que la democracia y el capitalismo necesariamente van de la mano, no pude resistir hacerle la pregunta obvia: “¿Pero qué pasa con la China actual”

Sorman espetó : “¡En china no hay capitalismo!” Para el Sorman, fanáticamente pro-capitalista, si un país no es democrático, significa simplemente que no es de verdad capitalista, sino que ejerce su versión desfigurada; de la misma exacta manera que una democracia estalinista comunista no es una forma auténtica de comunismo.

El error subyacente no es difícil de identificar, es el mismo que en el célebre chiste: “Mi novio nunca llega tarde a una cita, porque en el momento que llegue tarde ya no es más mi novio.”

Así es como los apologistas actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito, explican la crisis de 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que lo causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que nuestra economía de mercado no era verdadera, que todavía estaba en las garras del Estado de Bienestar.

La lección de los Panamá Papers es que, precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico.

La realidad que surge de los PP es la de la división de clases, tan simple como eso. Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un mundo separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el sistema legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los protegen, sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente las leyes para acomodarlos.

Ya hay muchas reacciones de la derecha liberal a los Panamá Papers que ponen la culpa en los excesos de nuestro Estado de Bienestar, o lo que queda de él. Dado que la riqueza está tan fuertemente gravada, no es de extrañar que los propietarios traten de moverla a lugares con menores impuestos, ya que en última instancia no hay nada ilegal.

Ridículo como esta excusa es que este argumento tiene algo de verdad, y trae dos puntos dignos de mención. En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una cuestión de interpretación.

En segundo lugar, los dueños de la riqueza que se trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza. En el capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación financiera y mantener sano al bebé de la economía real. El agua sucia es efectivamente la línea de sangre, el linaje del bebé sano.

No debemos temer aquí llegar hasta el final. El sistema jurídico capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.

Entonces, ¿por qué miles de hombres de negocios y políticos hacen lo que documentan los Panamá Papers? La respuesta es la misma que la del antiguo y vulgar enigma popular: “¿Por qué se lamen los perros? Porque pueden.”

Traducción: Pablo Makovsky
Nota original: http://www.newsweek.com/panama-papers-dogs-themselves-north-korea-vladimir-putin-444791?rx=us&piano_t=1

Leído en: http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1483


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