Archive for the ‘Argentina’ Category

Bonadio alineado con el massismo allanó el hotel Hotesur

noviembre 21, 2014

HOTESUR
Di Tullio: “Bonadio tiene un claro alineamiento con el massismo, lo cual desenmascara quien está detrás de esta persecución”

21–11–2014 / La presidenta del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Juliana Di Tullio, acusó a la oposición de recurrira su juez para intentar voltear a Cristina“, al rechazar la decisión de Claudio Bonadio de ordenar el allanamiento del hotel Hotesur


DitullioEn ese marco, Di Tullio dijo que “lo que ocurrió ayer con un juez federal, que tiene claro alineamiento con el Frente Renovador, desenmascara a quienes están detrás de esta persecución y amenazan permanentemente a la democracia, las instituciones y al pueblo argentino“.

 “No quieren que Cristina termine su mandato. Ese es su único objetivo”, agregó la jefa de la bancada oficialista, según se consigna en un comunicado de prensa.

 En este sentido, la jefa de bloque señaló que “están armando saqueos, embestidas judiciales falsas, corridas cambiarias para generar un clima de zozobra en la gente“.

Subrayó que “la impotencia e inoperancia de la oposición y todos sus esfuerzos para generar caos, lo único que hace es demostrarle al pueblo argentino quiénes son y de qué son capaces“.

En ese contexto, Di Tullio apuntó que “no les importa la gente, quieren el poder a como dé lugar y no precisamente a través de los votos“.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Derogaciones y reacción conservadora

noviembre 9, 2014

Derogaciones

 Por Luis Bruschtein

Badeniysabsay

Gregorio Badeni.
 Daniel Sabsay
.

08–11–2014 / La idea de derogar fue capturada por la oposición. Apareció en algunos discursos y rápidamente salió de circulación. Es el sueño, es el deseo, pero cuando se dice en voz alta tiene una resonancia impresentable, poco democrática.

Entonces se retiró subrepticiamente y volvió a ser el sueño oculto, la sombra de un resentimiento acunado por el sinsentido de que gobiernen los que no tienen razón, los que piensan, visten, comen y sienten distinto de como lo hace el ciudadano civilizado.

Cuando las cosas vuelvan a su sentido habrá que borrar todo lo que se ha degenerado con estos sinsentidos. Derogar. Es imposible un diálogo democrático cuando la oposición deambula con la idea de que el único sentido es el propio y es incapaz de colegir que puedan existir otros sentidos diferentes.

La ceguera encasilla automáticamente cualquier sentido diferente como delictivo, ilegal o inconstitucional.

La Constitución es concebida como un blindaje mágico de ese único sentido conservador. Pero el blindaje real y no mágico no es la Constitución, sino el universo judicial con que se la rodeó, las academias, las corporaciones, las burocracias y aristocracias, las familias judiciales y los ritos ocultistas de juicios que parecen las viejas misas medievales que hasta la Iglesia ya dejó de lado.

Casi todas las leyes que han ido trazando la cristalización de nuevos derechos han sido, una por una, desestimadas por “inconstitucionales” por la oposición.

Parece un chiste, pero es la representación de la intolerancia. Habría que seguir los artículos del constitucionalista Gregorio Badeni (elegido en 1978 como uno de “los diez jóvenes brillantes” por la Cámara junior de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires) en el diario La Nación, donde la palabra “inconstitucional” se repite con la ley de medios, la de Papel Prensa, la Ley de Abastecimiento y en relación con las decisiones del Gobierno en el ámbito de la Justicia.

Versiones periodísticas aseguran incluso que el fiscal Guillermo Marijuán se asesoró con Badeni antes de su embestida judicial contra la procuradora Alejandra Gils Carbó.

En todo caso, las declaraciones de inconstitucionalidad alimentan y se respaldan en un supuesto derogacionismo republicanista que tiene poco de republicano.

Además de haber sido premiado como uno de los diez jóvenes brillantes de 1978, en ese mismo año Badeni fue designado en la intervención del Banco de Hurlingham, vinculado con la represión contra la familia Graiver y con el caso más truculento de persecución a empresarios durante la dictadura.

Toda la plana mayor del banco fue secuestrada y algunos de ellos quedaron en cautiverio en Campo de Mayo, donde fueron torturados ante la presencia del entonces titular de la Comisión Nacional de Valores, Juan Carlos Echebarne, y del ex juez Rafael Sarmiento.

El constitucionalista ya tenía experiencia como funcionario de otros gobiernos no constitucionales ni republicanos.

Durante la dictadura de Alejandro Lanusse fue letrado de la Fiscalía (similar al cargo de secretario de Cámara) de la Cámara Federal Penal, más conocida como Camarón. Y fue designado a dedo sin tener los antecedentes requeridos para esa función.

El Camarón antiterrorista fue disuelto por el gobierno de Héctor J. Cámpora. Paradójicamente, el constitucionalista Badeni nunca fue funcionario judicial de gobiernos democráticos y sí de dos dictaduras.

Es más, fue socio durante muchos años, en su estudio jurídico, de Mariano Gagliardo, quien llevaba los juicios comerciales de Emilio Eduardo Massera, su viuda e hijos. Gagliardo fue defensor de Massera en el juicio por daños que le hizo y ganó Daniel Tarnopolski por la desaparición de toda su familia secuestrada por el Grupo de Tareas de la ESMA.

Badeni es un académico reconocido y titular de distintas cátedras, pero no deja de ser significativo que un constitucionalista de referencia para la oposición haya sido funcionario judicial en dos dictaduras y nunca lo haya sido en gobiernos democráticos, cuyas medidas, sin embargo, tacha de “inconstitucionales” y antidemocráticas cuando afectan intereses de grandes empresas. Badeni es nada más que un ejemplo.

No se trata de personalizar, sino de mostrar que esta paradoja de rodear la Constitución con intérpretes que pueden justificar una dictadura en defensa de la Constitución está en la raíz del entramado hegemónico del universo judicial, de su conservadurismo y de las fuertes reacciones que produce cualquier medida que tienda a romper esa inercia feudal.

Otro referente menor que aparece en ese cuadro es Daniel Sabsay, un abogado que se autodefine como constitucionalista, pero que nunca presentó una tesis de posgrado en el tema.

Ha quedado en ridículo estos días por la viralización en las redes sociales del certificado de diploma de la presidenta Cristina Kirchner a la que había acusado de no ser abogada. En declaraciones radiales, Sabsay equiparó al Gobierno con algunos hechos del nazismo.

No se puede hacer esas acusaciones a troche y moche sin banalizar así un hecho tan terrible como el Holocausto judío.

Una sociedad que va plasmando derechos está obligada a ir transformando la Justicia, a modernizarla y mejorarla. Son nuevas leyes y nuevas formas de administrar justicia, porque uno de los derechos que se amplían y profundizan es también el de la justicia.

La hegemonía conservadora está tan enraizada en la cultura judicial argentina que en toda esa masa de nuevas leyes y reformas a los códigos que se han producido, la oposición solamente puede ver la búsqueda de impunidad para supuestos actos de corrupción.

Ve el delito y no puede ver una propuesta de progreso, de construcción real de ciudadanía, ya sea debatible o imperfecta. Está tan condicionado ese esquema de pensamiento que cuando se trata de cambiar en un sentido progresivo a la Justicia, solamente puede ver el delito como trasfondo.

Es un pensamiento infantil, como el miedo al hombre de la bolsa. Nadie razonablemente en sus cabales puede pensar que se diseñe y establezca esa masa impresionante de leyes y reformas para lograr impunidad futura por actos de corrupción.

Sería un trabajo monumental al divino botón. Una ley o miles de leyes que establezcan impunidad no tienen futuro, como lo demostraron la autoamnistía de la dictadura, el punto final o la obediencia debida del radicalismo y los indultos de Carlos Menem.

Un argumento poco inteligente como éste sólo puede ser sostenido por ese andamiaje conservador hegemónico que reacciona furiosamente contra los cambios. El miedo no es a la corrupción, sino a los cambios, por eso no se debate, se sueña con derogar y se desea que todo quede como estaba.

La embestida contra la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, forma parte de ese cuadro de fuerte reacción contra los cambios en la Justicia. Cuando fue designada, nadie objetó su idoneidad para el cargo ni su integridad personal.

Cuando movió la estructura del organismo, pasó a convertirse en la peor de todas. En poco tiempo, el fiscal Marijuán abrió varias causas, por la designación de fiscales subrogantes o por el supuesto espionaje a otro fiscal; el portal de Hadad la acusó de corrupción, y también se sumó a esa campaña reaccionaria el sector del gremio de judiciales que responde al moyanista Julio Piumato.

De todas las acusaciones, la más absurda fue la defensa que hizo Marijuán del fiscal Cesar Troncoso, que está siendo investigado porque protegió a un grupo de policías federales acusados de prostituir a dos chiquitas de 13 y 15 años.

Cada pequeño paso que se ha dado para transformar algún aspecto de la sociedad, desde la negociación de la deuda externa, hasta la anulación de las leyes de impunidad, pasando por la reestatización de las jubilaciones y Aerolíneas, entre tantas otras, debió soportar grandes reacciones y protestas de la oposición y de los medios, campañas de difamación, acusaciones que conmocionaron y nunca se comprobaron, todo orquestado como parte de un poderoso arsenal para frenar, destruir y deslegitimar.

La reacción conservadora, que en cada uno de esos ejemplos arrastró corrientes supuestamente progresistas y de izquierda, demostró el peso que siempre ha tenido en la sociedad. Porque no es algo nuevo y, sin embargo, siempre hay que discutirlo como si fuera un descubrimiento.


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Laura Gutman. Una “provocadora” mediática ?

noviembre 8, 2014

La “provocadora” Laura Gutman

07–11–2014 / La mediática Laura Gutman publicó un artículo sobre el abuso sexual infantil en el que la autora se reconoce entre los abusadores y los abusados.

Lauragutman

Por Santiago Gómez *

La mediática psicopedagoga y escritora Laura Gutman difundió un texto tituladoLa sistematización del abuso sexual sobre los niños” que tuvo un merecido rechazo y repudio en los lectores. En él, la autora aborda la sensible problemática del abuso infantil con la liviandad típica de  los gurúes y maestros del buen vivir, llámese Bucay, Coelho o la mismísima Laura Gutman.

El reconocimiento que estos sujetos tienen en la sociedad debe llamarnos a reflexionar al respecto. La problemática del abuso infantil merece un análisis profundo y cuidadoso, que como bien dice la autora va más allá de las demandas punitivas.

El hecho de que la autora escribió su artículo en primera persona, complejiza aún más un análisis sobre el mismo, ya que exige el respetuoso cuidado que merece el testimonio de una víctima de abuso.

La autora se reconoce entre los abusadores y los abusados. Pero eso no nos exime de las críticas pertinentes ante el relativismo cultural que expresa, que nos recuerda a otro “especialista”, el condenado por pedofilia Jorge Corsi, diciendo que “si llevamos las cosas al extremo, tendríamos que decir que San Martín fue un pedófilo porque Remedios tenía 13 años“.

Sabemos que Laura Gutman no hace más que lucrar con las inseguridades de miles de mujeres que, condicionadas por la venta del ideal de “la buena madre”, con fe intentan alcanzarlo. Son las hijas de la generación “Ser padres hoy”, las que compran sus libros.

“Los abusos no los cometemos las personas de mente atormentada”

Con esa frase la autora comienza su artículo, por lo que se presenta entre los que cometen abusos. Se reconoce entre los adultos que se enamoran de niños y de un modo, que no puede generar más que asco, describe el tipo de niños que elige. Afirma que los niños le generan una atracción automática y se pregunta cuál es el problema.

Uno de los problemas, además de que es delito, es que esta mujer tiene miles de lectores y atiende. La autora reconoce que cuando se relaciona con un niño tierno, siente deseos de devorarlo y lo devora tocándolo, frotándose contra él, por lo que le compra regalos para que guarde el secreto.

El texto de Laura Gutman es de difícil lectura, por la perversidad del mismo. Describe el patrón difundido de los abusadores que les exigen a los niños no contar nada y se pregunta. “¿Pero acaso no nos damos cuenta que estamos haciendo algo malo? Depende.

Podemos percibir que es una relación socialmente condenable. Pero honestamente, también es condenable que nuestra infancia haya sido horrible, que nadie se haya ocupado de nosotros o incluso que la única persona que nos cuidó, nos haya proporcionado amor bajo la misma forma de abuso.

¿Entonces? ¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Desde nuestro punto de vista de adultos con emocionalidad de niños…sólo tratamos de satisfacer nuestro vacío”. Ante esto solo voy a decir: sé de un abusado, que luego de abusar de una niña, se fue de su ciudad creyendo que así escaparía de sí, y al no poder evitar repetirlo con otra criatura, se suicidó.

No hay “depende” en el abuso

La referencia a “adultos con emocionalidad de niños”, no debe ser tomada más que como una referencia personal de la autora. El abuso sexual de un niño es condenable social y jurídicamente. Lamentamos que la Laura Gutman haya padecido abusos, y alarma que cuestione lo que está bien y lo que está mal, para justificar por qué se frota lo que no debe.

Podrán decirme que no se trata de un testimonio, que la narración en primera persona no se trata más que de un recurso literario, pero hasta el momento no leí ningún historiador narrar el nazismo diciendo “nosotros los nazis”.

“¿Pero cómo vamos a afirmar algo así tan alegremente, sin tomar en cuenta las horribles repercusiones que tiene el abuso sistemático sobre un niño? Por supuesto que las consecuencias son nefastas. Sin embargo es preciso que comprendamos las dinámicas completas con la lógica que las sostiene, si nos interesa abandonar las instancias cotidianas de dominación”.

Esperamos que no haya sido alegremente que escribió un texto como ese.

¿El peligro de comprender al pedófilo?

Entre las respuestas al texto de Laura Gutman, encontramos un artículo en Infobae titulado “Abuso infantil: el peligro de comprender al pedófilo” y citó la declaración de una profesional (a quien no nombro porque no sé si fue así su afirmación), que señaló que el artículo en cuestión “Es un texto que ante todo no piensa en las víctimas.

Y lo que hace, con una enorme ligereza y desconocimiento del tema, es ignorar las profundas consecuencias del abuso sexual infantil. Pareciera que el escrito está pensado para comprender la psicología del pedófilo. Y eso es algo grave para quienes trabajamos con víctimas“.

En lo único que concuerdo de esa afirmación es en la ligereza de Laura Gutman, pero comprender o analizar el comportamiento humano, la psicología humana, aún de los seres humanos más aborrecibles, está dentro del campo de la psicología y el psicoanálisis.

Esto no quiere decir que porque uno comprenda justifique. Adentro del campo psi se puede hablar de una perversión, afuera se trata de un o una hijx de puta. Comprender la psicología o la estructura de un sujeto no es grave para quienes trabajamos con víctimas, sino que nos ayuda a pensar en nuestro trabajo.

Cuando Freud y Lacan se referían a la perversión, no estaban pensando ni en Santos ni Carmelitas descalzas. Si comparto con la colega que citó Infobae que “el pedófilo tuvo una elección ética si fue abusado en la infancia; puede tomar la elección de no dañar a nadie como lo han dañado a él. La víctima, en cambio, no tuvo ninguna elección“.

La peligrosa Laura Gutman

La autora en cuestión no es más que la expresión de una época. Ayer era Coelho, antes de ayer Bucay y hoy los libros de moda son los de ella.

A quienes compran sus libros les decimos que el comportamiento humano, la constitución subjetiva, es producto de diversas variables sociales, a las que si se quiere abordar o se tiene deseo de conocer al respecto, no va a ser a través de un autor de best seller que lo conseguirán.

Recordemos que pasaron décadas hasta que Freud consiguió reconocimiento internacional, y Laura Gutman ya se vende en Brasil.

Lacan, Melanie Klein, Winnicott, Bion, Jorge Alemán, por citar algunos, no escribieron libros de fácil lectura ni escribían frases para señalador, que hoy van a Twitter, como cuando la gurú en cuestión afirma “Si –siendo niños- sostenemos y satisfacemos a nuestra madre, se trata de abuso materno”. Dios nos libre de estos personajes. De lo que no tengan dudas es que si la miran, la sostienen comprándoles los libros, se está abusando de ustedes, no tengan dudas.

Ante el malestar que genera la cultura capitalista, aparecen los mercaderes de la miseria humana a vender recetas de felicidad, sin vergüenzas como la autora, que no asumen la responsabilidad de asumir el lugar de formadores de opinión que la sociedad les otorga, y dar el debido cuidado a las palabras que dicen y escriben, ya que las mismas tienen efecto sobre miles de personas.

Cualquier artículo que uno agarre de Laura Gutman no muestra más que su voracidad de fama y reconocimiento, como fiel reflejo de una época.

Pero debemos reconocer algo, por honestidad intelectual, porque algo de lo que dice es cierto. La autora afirma “Luego -cuando devenimos mayores- quizás recordemos el abuso sexual como una experiencia terrible pero no tendremos conciencia de la entrega de nuestra madre o de quienes tenían que cuidarnos. Al contrario, nos convertiremos en los más firmes defensores de quienes nos lanzaron a la fosa de los leones”.

Ello muestra una realidad conocida por quienes hemos escuchado y acompañado a víctimas de abuso. Muchas veces, el trauma radica en que aquel que debía sancionar el abuso, no lo hizo y tampoco hizo nada para evitar que el mismo se repitiera. Esto merecería un profundo análisis que excede lo que aquí nos hemos propuesto.

Para finalizar, manifiesto mi expreso deseo de que dejen de comprar los libros de esta mujer y de todos aquellos que vendan recetas de vida.

* El autor es periodista y psiconalista


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Efectos de la tecnologia sobre el juego del ajedrez

noviembre 5, 2014

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN EL JUEGO-CIENCIA
¿Se agota el ajedrez?

05–11–2014 / Los programas de análisis implicaron una gran transformación en el modo de jugar. Un recorrido histórico por el rol del pensamiento artificial en esta disciplina permite evaluar los alcances de estas innovaciones.


 Por Sergio Slipak (Gran Maestro) *

CompuchessEl ajedrez actual no puede pensarse por fuera del mundo de la computación. No porque no se pueda jugar sin acudir a una máquina, sino porque la tecnología interfirió en las mismas formas mentales de disponernos frente al tablero.

Las consecuencias concretas de la aparición de programas informáticos de análisis de posiciones representaron un progreso en el conocimiento teórico del juego, al brindar certezas sobre la evaluación de posiciones –que antes estaban sujetas a polémicas– y a su poder de almacenar la totalidad de partidas jugadas en el mundo.

¿Estamos ante la posibilidad del agotamiento del ajedrez? ¿Supera la máquina –inventada por el hombre– al mejor ajedrecista del mundo?

¿Son aprehensibles no ya el cuerpo de datos alojado en una máquina, sino los criterios conforme a los cuales se decide una jugada en una determinada posición?

Un recorrido histórico por el camino de la relación hombre-máquina en el ajedrez nos puede ayudar a examinar la cuestión.

Los anhelos de construir una máquina con capacidad de “pensar” se remontan muy atrás en la historia de la humanidad.

Casi tanto como el amor por el ajedrez. No pasó mucho tiempo antes de que se hiciera claro que éste era un juego que, por su simplicidad de reglas y complejidad estratégica, se prestaba como campo fecundo para estudiar las posibilidades de la inteligencia artificial. Producir un artificio que pudiera jugar (y bien) al ajedrez fue, entonces, una hazaña a cumplir.

En el siglo XVIII, el húngaro Wolfgang von Kempelen construyó una máquina que –decía– jugaba al ajedrez con maestría. La llamó “El Turco”. Se trataba de una figura humana que emergía de una gran caja, con un tablero en su superficie, y que contaba con una mano mecánica que respondía a las jugadas de los rivales humanos.

“El Turco” desafió a grandes jugadores (incluido el mismísimo Philidor) y les ganó a muchos de ellos. Varias décadas después, se comprobó que se trataba de una complejísima ilusión: un ajedrecista de baja estatura controlaba al Turco desde la caja de engranajes. Mientras duró el engaño, sin embargo, el artificio fue extremadamente popular, presentándose en salas de teatro y atrayendo importantes audiencias.

Casi dos siglos más tarde, en 1948 –apenas una década después de sentar las bases conceptuales de la computabilidad–, el padre de la ciencia de la computación, Alan Turing, escribió el primer “programa” que jugaba al ajedrez.

Se trataba de una serie de algoritmos escritos en papel para una máquina que todavía no existía. Pero Turing puso a prueba ese “programa”, jugando partidas en las que él mismo seguía los algoritmos, haciendo las veces de computadora.

Al año siguiente, apareció el primer paper dedicado a la teoría de la programación de una computadora que jugara al ajedrez.

Se trataba del trabajo de Claude Shannon, que establecía las que –hasta hoy– son las dos tareas principales de un programa de ajedrez: la búsqueda dentro del árbol de posibles jugadas y la evaluación de una posición cualquiera en el tablero. Durante las décadas del ’50 y del ’60 aparecieron numerosos trabajos destinados a elevar el nivel de los programas existentes.

El progreso de las investigaciones fue arrojando resultados escalonados: resolución de problemas de jaque mate en dos jugadas, posibilidad de juego de partida completa, triunfos de la máquina frente a jugadores amateurs.

Curiosamente, la carrera espacial no fue el único correlato de la Guerra Fría en el ámbito científico. En esos años, el Instituto de Física Teórica y Experimental (ITEP) de Moscú desarrolló un programa para jugar al ajedrez que inició hacia fines de 1966 un match por correspondencia con el Kotok-McCarthy, un software estadounidense. Nueve meses más tarde, el programa soviético se imponía 3-1 al norteamericano.

El ajedrez jugado por máquinas ya era, para entonces, una realidad. En 1970 se realizó el primer torneo de ajedrez exclusivamente para computadoras, algo que desde entonces se volvió regular, con un torneo anual en Estados Unidos y uno mundial cada tres años.

Así comenzó una revolución en este campo, que implicó nuevas y refinadas técnicas computacionales y la inclusión de elementos exclusivamente ajedrecísticos, como las bases de datos de aperturas y finales.

Los avances, tanto en hardware como en software, se aceleraron vertiginosamente en la década siguiente. El programa Sargon, que en 1980 jugaba con un nivel de 1736 de ELO, tenía en 1991 un ranking de 2276. Muy pronto, el software de ajedrez –corriendo en computadoras personales– pudo desafiar a Grandes Maestros.

A fines de los ’80, IBM empezó a desarrollar una computadora cuyo propósito exclusivo era jugar ajedrez, para lo que contrató a un equipo de la Universidad de Carnegie Mellon que había desarrollado un hardware especializado en la búsqueda en árboles de decisión. Esa máquina no era otra que la famosa Deep Blue, que en 1997 derrotó en un match a Gary Kasparov: la primera vez que una computadora vencía a un campeón mundial.

En aquel entonces, Deep Blue podía computar 100 millones de posiciones por segundo. Hoy en día, sin embargo, las máquinas llegaron a un grado alto de perfeccionamiento conceptual: no solamente operan a través de “fuerza bruta” –es decir, con profundidad de cálculo de posiciones–, sino que también aplican leyes de índole estratégico.

Retomando las preguntas propuestas al principio, hay algo que hoy podemos asegurar: los programas más evolucionados de la actualidad juegan mejor que el campeón mundial, el Gran Maestro no-ruego Magnus Carlsen. Para dar una idea del significado de la expresión “mejor”, podríamos aventurarnos a pronosticar el resultado aproximado de un hipotético match entre ambos, en base a las estadísticas y al sistema ELO: un score probable, en un match a diez partidas, sería de cuatro triunfos para el programa y seis empates.

Es decir, aun para el campeón mundial sería muy difícil, aunque no imposible, ganarle una partida a cualquiera de los programas líderes de ajedrez. Pero, al mismo tiempo, el mejor jugador humano del planeta estaría lejos de perder todas las partidas.

Esta definición nos lleva a preguntarnos, como al comienzo: ¿puede el ajedrez agotarse en un plazo relativamente breve? Si las computadoras ya superaron al hombre, ¿pueden ahora “refutar” el juego, mostrando caminos para forzar la victoria o secuencias que culminen en un empate forzado?

La respuesta es no. Las computadoras lograron agotar algunas posiciones muy simplificadas, con un número muy reducido de piezas, pero están aún muy lejos de lo que sería la perfección ajedrecística.

Desde el punto de vista humano, aun en las situaciones “agotadas” (cuando hay muy pocas piezas sobre el tablero y los programas pueden presumir de un juego sin errores), no se puede “copiar” ese juego perfecto de la máquina.

Trabajando sobre esas posiciones se puede aprender –como de un muy buen libro–, pero no se podría asegurar que una persona no cometa errores si le toca enfrentar una posición similar.

En este sentido, hay una idea que circula en nuestro ambiente desde hace años. Sostiene que así como el invento del automóvil no terminó con deportes como el atletismo o el ciclismo, tampoco es razonable suponer que el progreso de las computadoras termine con las competencias ajedrecísticas entre humanos.

Sin duda, para cualquier ajedrecista actual de elite es muy interesante explorar cuánto se puede aprender de las computadoras.

Evidentemente, el humano no puede imitar a la máquina en sus cálculos de millones de opciones en segundos, pero está claro que podrá ir sacando conclusiones a medida que vaya conceptualizando el modo de jugar de los programas, profundizando en lo que sería el “estilo” de la computadora.

Con la aparición de las computadoras como modelo a imitar, el ajedrez habría dado un paso más en la “tendencia dinámica” que signó la evolución de las escuelas ajedrecísticas del siglo XX, desde la Escuela Clásica a la Escuela Soviética, pasando por el ajedrez “hipermoderno”, es decir, el proceso por el cual los elementos dinámicos fueron ganando terreno por sobre los estáticos.

Dicho de otro modo: la importancia de la coordinación de las piezas fue imponiéndose, mientras que factores como la estructura de peones o el espacio fueron quedando (un poco) relegados.

La tarea de señalar lo que los programas podrían enseñarnos en distintas posiciones estudiadas por el ajedrez clásico, buscando conceptualizarlo de manera humana, está aún por hacerse. Y podríamos decir que se trata de una de las claves del ajedrez actual.

Es cuestión de tiempo: tarde o temprano el humano podrá conceptualizar diversas situaciones y sacar conclusiones sobre el juego de las computadoras, para progresar en la comprensión del “juegociencia”. Esto es algo que ya ocurre a nivel intuitivo: los jóvenes que juegan y analizan con los modernos programas durante horas y horas van asimilando muchos elementos que comienzan a formar parte de su estilo.

La tecnología también resulta un instrumento poderoso para sistematizar el material existente en el ajedrez disputado por humanos. En efecto, desde hace 25 años las bases de datos son imprescindibles en el entrenamiento de cualquier ajedrecista, al permitirle estar al tanto de las partidas disputadas hace un mes, una semana, o unas horas.

Con el hombre aprendiendo de su propio invento, se cierra un escalón de la espiral dialéctica del progreso. El humano crea la máquina que juega al ajedrez. La máquina llega a superarlo. El hombre se supera a sí mismo aprendiendo de la máquina.

* Investigación de Ignacio Pérez.


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Justicieros

noviembre 1, 2014

http://tinyurl.com/klw9uph

 Por Luis Bruschtein

Dilmayevo

01–11–2014 / La novedad en América latina no son los movimientos populares y progresistas, sino que sus gobiernos han podido ser confirmados varias veces en elecciones democráticas como las recientes en Bolivia, Brasil y Uruguay.

Durante muchos años se pensó que era imposible lograr cambios en democracia porque los militares aparecían como una barrera infranqueable. Los gobiernos que los impulsaron cayeron por golpes militares, judiciales, de mercado o invasiones.

Ante ese muro insalvable fue creciendo la idea de que los cambios no podrían lograrse en democracia ni de manera pacífica. La consagración de ese conflicto fue la proliferación de las dictaduras y de la lucha armada en los años ’60 y ’70.

Hubo un pensamiento supuestamente democrático –que en realidad era conservador– que sostuvo a las dictaduras desde la sociedad civil. Este pensamiento estructuró las instituciones, desde la Justicia hasta la Iglesia, los medios de comunicación y los partidos políticos.

El retorno a la democracia no implicó la transformación automática de este pensamiento autoritario ni de las estructuras que generó. Se trata de un desarrollo permanente, lleno de idas y vueltas.

La designación en Argentina de Eugenio Zaffaroni en la Corte fue una expresión emblemática de los cambios progresivos que se fueron produciendo en la sociedad y, sobre todo, de los que debían producirse en la Justicia.

La sostenida ratificación electoral de los movimientos populares latinoamericanos conformó también un hecho nuevo en la región. No hubo otro proceso similar en la historia con esta continuidad. Es un fenómeno que confirma la viabilidad de los cambios en democracia y en forma pacífica.

Pero esta buena noticia produce una reacción igual de fuerte en sentido contrario, como se pudo escuchar en algunos discursos que se pronunciaron en el coloquio de IDEA en Mar del Plata. El mismo autoritarismo que acunó dictaduras regresó para acusar de “autoritarios” a los que ganan elecciones democráticas.

Los triunfos de Evo Morales –sobre todo en el departamento de Santa Cruz, que era la cabeza de la reacción conservadora–, de Dilma Rousseff –en un Brasil que ya daban por recuperado– y de Tabaré Vázquezque prácticamente ganó en primera vueltafueron decepcionantes para las oposiciones conservadoras a derecha e izquierda.

Para estos grupos reaccionarios, la decisión de esas mayorías solamente puede ser considerada respetable cuando coincide con ellos. Estas oposiciones son cortadas por la misma tijera de los grandes medios de la región.

Así funciona la única “república” posible para este pensamiento que se considera el único que no es autoritario. Por sí solo, sin más consideraciones, cualquier grupo o persona o corriente política que asuma esa “propiedad exclusiva” de la república y la democracia resulta autoritaria y muy violenta hacia los que piensan diferente.

El sectarismo de algunos grupos de la izquierda es una derivación de este pensamiento elitista de las clases dominantes, una expresión de esa instancia de supremacía clasista.

La esencia del golpismo no estaba en los discursos cuadrados de los generales sino en las palabras de sus socios civiles. Los golpes se dieron siempre para defender una democracia supuestamente amenazada por gobiernos populistas o comunistas “estatistas” o “intervencionistas”.

Así fue el del ’30 contra Yrigoyen y el del ’55 contra Perón, y los que le sucedieron. La reacción conservadora, que ha sido inspiradora de estos golpes, ve una amenaza contra la democracia en los gobiernos de mayorías populares.

Mientras en Brasil y Uruguay ganaban los candidatos populares, en el coloquio de los empresarios de Idea, en Mar del Plata, algunos de los discursos fueron muy ilustrativos de la reacción conservadora que brota de las oposiciones. El más violento fue el abogado Daniel Sabsay.

“Me han dicho si no tenía miedo de que me maten”, declaró el hombre después, como si hubiera tenido el valor de hacerlo durante la dictadura. Seguramente no tenía miedo porque en once años de gobierno kirchnerista no se mató, ni se encarceló ni se persiguió a nadie por un discurso.

Simplemente es uno más de la lista que ha insultado a la Presidenta, a la que también acusó de no ser abogada, lo cual es un recurso mediocre. Sabsay describió a este gobierno como una dictadura, afirmó que el voto de las mayorías es un factor secundario y después atacó al canciller Héctor Timerman por ser “mal judío”.

El abogado había sido presentado hasta ahora por la UCR como un personaje moderado, con un discurso crítico pero no agresivo y más argumentado que violento. El discurso en Mar del Plata rompió esa apariencia de sobriedad académica y mostró un personaje mediocre con pocos recursos argumentales.

Sabsay se autodefine como constitucionalista, pero no tiene ninguna tesis de posgrado en esa especialidad y su relación con los derechos humanos es sólo desde el derecho ambiental, porque en la Argentina no se le conoce ningún aporte en el campo específico de los derechos humanos. Se trata de un abogado ambientalista y su discurso fue expresión de un estado de ánimo en los sectores más reaccionarios de la Justicia.

La renuncia de Zaffaroni a la Corte era esperada porque a principios de enero cumplirá 75 años, la edad límite para los magistrados. Zaffaroni tiene ocho doctorados y es doctor honoris causa en más de veinte universidades de distintos países.

Por lejos, es el penalista argentino con más prestigio internacional. Hizo toda la carrera judicial y ha sido muy activo en las agrupaciones corporativas de la Justicia, donde siempre fue muy resistido por sus posiciones de avanzada, las que, en contrapartida, eran muy respetadas en el ámbito académico.

Su designación en la Corte, propuesta por Néstor Kirchner, fue un acto de herejía para la Justicia tradicional. Zaffaroni fue afiliado a la UCRI en los años ’60, y en los ’90 fue constituyente por el Frente Grande.

Cuando Kirchner forzó la renovación de la Corte desprestigiada que había heredado del menemismo y la Alianza, no conformó un tribunal kirchnerista. Si no pudo o no quiso, es una discusión secundaria.

Lo real es que no surgió una Corte kirchnerista y fue la primera en la historia con dos mujeres y con un penalista que no procedían del riñón conservador de la corporación ni de los grandes estudios vinculados con las principales empresas.

El enfoque de Zaffaroni ha jerarquizado las temáticas de derechos humanos, sociales, económicos y de género en una Corte en la que representó, no al kirchnerismo, sino al impulso de cambio progresivo que estaba en el seno de la sociedad y que Néstor Kirchner supo interpretar.

En el ámbito judicial y del derecho se han producido cambios, hay un debate abierto y tensiones para modernizarse y acompañar las transformaciones en el resto de la sociedad, aunque prevalece la mirada conservadora tradicional que se resiste a esa dinámica a veces con un discurso violento y chabacano como el de Sabsay.

La salida de Zaffaroni de la Corte es simultánea con las coyunturas de revalidación electoral que se están produciendo en la región y que se verificarán en Argentina el año próximo.

El debate por su reemplazo pondrá en evidencia el mismo dilema que se plantea en esos procesos electorales entre las tendencias que pujan por cambios progresivos y las propuestas conservadoras que buscan retornar al endeudamiento y el neoliberalismo. No es una imagen forzada, la vieja Corte menemista era coherente con esas políticas.

Para mantener el mismo juego de equilibrios internos, la Corte debería incorporar a un magistrado con características parecidas al saliente.

Pero si el reemplazo es de signo contrario, se habrá empezado a transitar el camino de regreso a las viejas Cortes tradicionales y conservadoras, en consonancia con las propuestas políticas opositoras. Según el mecanismo vigente, el candidato es presentado por la Presidenta y debe contar con el respaldo de los dos tercios de los senadores presentes.

La advertencia del radicalismo de que no hay condiciones para renovar la Corte y que no acompañará ninguna candidatura no cayó bien en el ámbito judicial.

Apareció como un intento burdo de controlar esa designación con un resultado electoral favorable y como un intento antidemocrático para recortar atribuciones de una Presidenta que tiene más del 40 por ciento de imagen positiva y que encabeza un gobierno legal, legítimo y representativo.

Por su parte, los magistrados aclararon que no existe ningún obstáculo para que se haga esa renovación. La alternativa es que la Corte funcione durante un año con sólo cuatro jueces, uno de ellos de 96 años, a pesar de los cuales se niega a jubilarse, lo que demuestra que debería hacerlo.


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